sindinero.org

Bueno, por dónde empezar…la idea de montar esta modesta web surgió de la necesidad de aglutinar en un único sitio toda una serie de recursos (información, básicamente, proporcionada por sitios web de muy distinto origen) que generalmente se encuentran dispersos, descentralizados en la inmensa red que es internet. Dicha información nos debe poder permitir vivir una vida donde reduzcamos nuestra dependencia del vil metal (el dinero). El objetivo es tener esta información localizada, concentrada y organizada, de tal manera que nos permita manejarla fácilmente según nuestras necesidades (se intentará lo mejor posible).

Vivimos en una sociedad en la que se fomenta un consumismo fuera de control. Nuestra importancia social reside en nuestra capacidad de consumo…tanto tienes, tanto vales. ¿Cuántos ciudadanos están malgastando sus breves e inciertas existencias en llevar un modo de vida irracional e inhumano? Hipotecas cada vez más onerosas, el colegio de los niños, las letras del mono-volumen, vacaciones exóticas cada vez más horteras,…mantener toda esta mierda nos obliga a dejarnos la salud en trabajos esclavizantes que lo único que dignifican es la cuenta de resultados y los balances de las empresas.

Así pues, esta página (que no deja de ser una página de enlaces muy sencillita) se concibe para luchar contra el consumismo y fomentar lo gratuito frente a lo monetario. Formación gratuita de todo tipo, trueque, alojamiento gratis, cultura popular, «hazlo tú misma/o»…se trata de reducir al máximo la dependencia del puto dinero (eliminarla es imposible, nos tememos), y así poder vivir una vida menos esclavizante.

Los enlaces del apartado de OCIO corresponden básicamente a la Comunidad de Madrid, y no otras comunidades porque es donde vivimos y donde nos resulta más fácil conseguir la información. Seguir otras comunidades sería un esfuerzo de cojones que de momento no estamos en condiciones de asumir. Para que os sea más fácil identificarlos hemos añadido una bandera como ésta bandera madrid en los enlaces exclusivos de madrid. En el resto de los apartados (FORMACIÓN, VIAJAR…) la mayoría de enlaces servirán por igual a gente de fuera de Madrid, incluso fuera de españa.

En el apartado de CONTACTO podéis notificarnos si algún enlace ha dejado de funcionar y enviarnos enlaces interesantes correspondientes a actividades de ocio y formación gratuitas, recursos, trueque, etc. De esta manera la web podrá ir creciendo y cumplir su objetivo con mayor eficacia[.

http://www.sindinero.org

Uno de cada cuatro niños españoles bajo en umbral de la pobreza, según CARITAS

Cáritas Española reclama la puesta en marcha de un sistema de protección familiar mucho más amplio en nuestro país para poder combatir la elevada tasa de incidencia de los niveles de pobreza que se dan entre la población infantil.

De acuerdo con los datos recogidos en el informe “Familia, Infancia y Privación Social. Estudio de las situaciones de pobreza en España”, impulsado por la Fundación FOESSA y Cáritas Española, uno de cuatro niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que supone que alrededor de 1,8 millones de niños viven en familias cuya renta mensual está por debajo del umbral de pobreza, es decir, cada miembro vive con menos del 60% de la media de ingresos de los hogares españoles (alrededor de 523 euros mensuales).

El estudio ha sido elaborado por los investigadores Luis Ayala y Rosa Martínez, profesores de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos, y Mercedes Sastre, profesora de la misma disciplina en la Universidad Complutense de Madrid.

Mayor crecimiento, pobreza persistente

Algunas de las conclusiones de la investigación señaladas por Luis Ayala confirman que los altos niveles de crecimiento económico registrados en los últimos años tanto en el conjunto de la UE como en el caso específico de España, “no han bastado para reducir sustancialmente las condiciones de vulnerabilidad y riesgo social de los niños pertenecientes a núcleos familiares pobres”.

Según los autores del estudio, en el caso de nuestro país llama la atención que “pese a ser uno de los países del mundo desarrollado donde la incidencia de la pobreza infantil es más elevada, no se han diseñado programas específicos para rebajar su alcance ni se le ha dado a la lucha contra la pobreza y la exclusión social de los niños un lugar preeminente entre las prioridades de la intervención pública”.

Como paradigma de la lucha contra la pobreza infantil en Europa, destaca el caso del Reino Unido, donde la decidida política de protección familiar impulsada en la última década se ha traducido en una mejora notable de las condiciones de vida de la población infantil que estaba bajo el umbral de la pobreza.

Necesidad de un sistema de protección más extenso y eficaz
Los principales factores que fomentan esta situación de vulnerabilidad de la infancia “tienen que ver, sobre todo, con la fluctuación de estabilidad laboral de los sustentadores de la familia y con el sistema de prestaciones sociales, cuyo actual concede una menor protección relativa a la infancia que al resto de la población”, señala la organización.

Según el secretario general de Cáritas Española, Silverio Agea, el hecho de que estos resultados se hayan mantenido en un contexto general favorable para la mejora de las condiciones de los hogares con niños lleva a insistir en “la necesidad de dotar de una intensidad protectora mucho mayor a la red de servicios y prestaciones destinadas a mejorar el bienestar de la infancia”..

Datos del INE sobre la pobreza

– Uno de cada cinco residentes en España vive por debajo del umbral de la pobreza

– La tasa de pobreza es mayor en el caso de las mujeres (20,9%) que en el de los hombres (18,6%)

– Los grupos más afectados por la pobreza relativa son las personas de 65 o más años (con una tasa del 29,4%) y los menores de 16 años (cuya tasa es del 24,2%)
Datos de la Encuesta de Condiciones de Vida 2005 del Instituto Nacional de Estadística (INE).

¿Qué es el umbral de la pobreza?

Según el INE, la línea de pobreza o umbral de pobreza se fija en el 60% de la media de la distribución de los ingresos por unidad de consumo adjudicados a las personas.

En España, el valor del umbral de pobreza es de 6.278,7 euros al año

Un año desde las movilizaciones en los barrios franceses

Hace ya un año de esos días que, entre la sorpresa y esperanza, asistimos al proceso de revuelta popular de los jóvenes en los barrios franceses.

Por unos días, los chavales dejaron de ser víctimas del maltrato sistemático que sufrían, y sufren, y fueron capaces de sacar hacia fuera lo que les quema por dentro, y hacer que la sociedad satisfecha visualizara las condiciones de vida reales de los barrios y las situaciones de precariedad existencial a las que les condena a vivir.

Por unos días se puedieron poner rostros a la marginalidad, al hastío y la maltrato, sacando por fin, de los despachos de trabajadores sociales , gobiernos y ONGs, el drama humano que conlleva crecer sin nada y recibiendo hostias por todos lados.

En el periódico Diagonal se publica un artículo que valora lo acontecido durante este año de revueltas silenciadas y represión sitematizada.

Visto en la página de: Con los niños no se juega

Artículo en el periódico Diagonal: Un año más tarde, un año para nada…

Juegos y juguetes: consumo responsable

* «Consumo responsable es detenernos antes de consumir e intentar conocer las implicaciones que un acto de consumo tiene sobre nuestra vida, nuestra sociedad y nuestro medio»


¿Qué entendemos por consumo responsable? ¿De qué forma se puede aplicar este concepto al sector del juego y el juguete?

Se pueden entender distintas cosas. Nosotros entendemos que es el hecho de no consumir sin pensar, tal como nos viene dado, sino de detenernos antes de consumir e intentar conocer las implicaciones que un acto de consumo tiene sobre nuestra vida, nuestra sociedad y nuestro medio. Por eso preferimos llamarle consumo consciente: lo asociamos más con una reflexión personal buscando algún grado de coherencia con uno mismo que con la adopción de ciertas pautas dadas.

En cualquier sector, hacer un consumo consciente empieza por plantearnos cuál es la necesidad o deseo que queremos satisfacer, y buscar formas de hacerlo que no impliquen un consumo de nuevos recursos (es decir reutilizando; por ejemplo, juguetes de hermanos mayores u objetos como cajas de cartón o telas viejas, que a la vez permiten a los niños desarrollar la imaginación y las habilidades manuales). Si decidimos que necesitamos comprar, busquemos calidad material (que sea duradero: un cochecito resistente a los golpes) y funcional (que sea eficaz: un lápiz de colores que pinte bien, un juguete que aporte algo al niño (formación, estimulación de la creatividad, desarrollo de las aptitudes, etc.)) y adecuación a quien vaya a usarlo (que nos guste, que se adecúe a la edad…). Busquemos que la producción sea lo más respetuosa posible con el medio (producción cercana, materiales de extracción sostenible…) y con las personas (fabricación sin explotación, publicidad no engañosa…).

Una de las primeras cosas que nos saldrán al plantearnos el consumo de juguetes es que de lo que se trata es de jugar y para ello los juguetes no siempre son necesarios. Y cuando lo son, tienen que ser una herramienta y no un fin en sí mismos.


¿Qué agentes están implicados en la formación para el consumo responsable?

Hacer un consumo consciente hoy es imprescindible si queremos que la vida en el planeta perdure y sea pacífica y placentera. Pero requiere un cambio cultural de gran envergadura. Por lo tanto cualquier agente debería estar implicado en ello. Es igualmente fundamental el papel de cada individuo (que es quien lleva a cabo los cambios de hábitos en última instancia), el de los gobiernos (que tienen la posibilidad de introducir pautas de cambio de envergadura), el de los sectores productivos (que pueden transformar formas de producción y dinámicas comerciales), el de las familias (que transmiten patrones culturales a sus hijos), el de las organizaciones sociales (que reflexionan sobre las necesidades comunes y luchan por satisfacerlas)…


¿Cómo se debe repartir la responsabilidad educativa, en materia de consumo responsable, entre las familias y los educadores?

De la misma forma en que se reparta la responsabilidad educativa en cualquier otra cuestión. Mi opinión personal es que es la vida en casa la que más configura para el niño una visión del mundo, y que la mayor responsabilidad sobre cómo se oriente la vida de esa persona es claramente de sus padres.


¿Qué edad es la más adecuada para introducir este concepto?

No hay edad, porque no se trata de introducir un concepto sino de adoptar hábitos de conducta. El niño viene al mundo y ve que las cosas se hacen de determinada forma. Se sale a comprar por doquier y se tiene la casa llena de juguetes no usados, o se habla entre todos de a qué jugamos y con qué. De nada sirve tratar de introducir el concepto de consumo responsable en el primer caso, y en el segundo tampoco porque ya está incorporado en el comportamiento.

¿Existen materiales didácticos, proyectos o actividades adecuados para educar en el consumo responsable?

Existe una Guía educativa para el consumo crítico (Ediciones de la Catarata, 1999) para secundaria. La red Edualter quizás tenga algún material o proyecto. Nos consta que varias escuelas utilizan la revista Opcions como fuente de información para preparar las clases.


¿Considera que los profesionales de la educación está preparados para formar en el consumo responsable? ¿Debería haber profesionales que se dedicaran específicamente a estas acciones formativas?

No específicamente. Cada uno lo estará más o menos según su formación personal.
Creemos que idealmente no, ya que tendría que ser una actitud general más que una materia específica, como hemos dicho. Ahora bien, hoy por hoy sin duda necesitamos formación específica para llegar a dar este giro cultural.

En la actualidad, muchos juegos y juguetes reciben la calificación de “juego educativo”, ¿considera que esta etiqueta es importante para que los consumidores se definan por un juguete u otro? ¿Cómo afecta este hecho al consumo responsable?

Seguramente este reclamo hace que algunos consumidores se decanten por ese juguete. No tenemos ningún dato sobre qué proporción pueden ser.

Los reclamos pueden ser una buena herramienta de información para el consumidor, siempre que respondan a realidades y haya un control para evitar desinformaciones. Lamentablemente no es el caso. En cualquier caso los padres deberían valorar por sí mismos (ayudados por fuentes de información en las que confíen) cuán educativo es el juego; si no puede ser antes de comprarlo, después.


¿Qué influencia tienen las campañas publicitarias en el consumo de juguetes? ¿Estas campañas pueden contribuir a fomentar el consumo responsable? O por el contrario, ¿generan situaciones de consumismo?

Mucha. Desde luego potencian mucho más el consumismo que el consumo responsable, al igual que todo el sistema publicitario y de hecho prácticamente todo en nuestra sociedad, muy bien definida por el término sociedad de consumo: lo que en el discurso público se admite muy mayoritariamente como bueno es justamente consumir inconscientemente (el crecimiento económico sostenido es el objetivo sagrado cuya persecución justifica no tener en cuenta ninguna otra consideración). Otra cuestión es que uno internamente pueda intuir que ese consumismo tiene inconvenientes muy significativos en varios ámbitos, incluyendo la felicidad de uno mismo.

FUENTE: educaweb.com

La traducción como activismo

Sentado en un banco frío de la Facultad de Derecho de la UBA, Manuel Talens dice que la traducción puede darle voz a los que no la tienen o ya la perdieron. Y esa es una reivindicación del traductor que actúa como un activista y que trata de revertir el desequilibrio idiomático que produce el inglés y de que el mensaje social se desparrame en todos los idiomas posibles. «El darle voz a los que no la tienen es un acto voluntario practicado por activistas fuera del horario laboral para que la voz que clama en el desierto resuene asimismo en la plaza pública.» La definición llega por mail y corresponde a un Talens que cumple múltiples funciones. Es traductor, novelista, poeta, periodista, y estuvo hace pocos días en Buenos Aires participando del primer Congreso de Traducción Especializada organizado por el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.Talens forma parte de Tlaxcala un grupo formado por más de cincuenta traductores que trabajan con lenguas no tan masivas como el inglés. Militan traduciendo a idiomas hablados en Africa, Asia y al español y portugués textos que sólo se conocen en inglés. Además es médico y como tal, una de sus especialidades es la traducción médica. Allí, Talens encuentra que «nos guste o no, está sometida en la actualidad a la dictadura del inglés, lengua que -al igual que en otras épocas el latín, el español o el francés- es cualquier cosa menos inocente, puesto que su carácter imperial se lo impide.

Visto en la página de: Vamos a cambiar el mundo sin tomar el poder

Más información:

http://www.tlaxcala.es/

http://www.educarueca.org/article.tlaxcala

Estas navidades, regala Comercio Justo!

El MOVIMIENTO DE COMERCIO JUSTO nace en Europa en la década de los 60 como una alternativa frente a las desequilibradas relaciones comerciales existentes entre el Norte y el Sur que perjudican y empobrecen a los habitantes de los países del Sur, obligándoles a jugar el papel de mano de obra barata o cultivadores de productos para la exportación, con precios cada vez más bajos e insuficientes para poder mantener un nivel de vida digno.

Su principio fundamental es garantizar a los productores del Sur una compensación justa por su trabajo, así como unas condiciones laborales dignas y respetuosas con el medio ambiente.

En 1969 se abre en Holanda la primera «tienda solidaria». Actualmente, en España hay 27 organizaciones pertenecientes a la Coordinadora Estatal de Organizaciones de Comercio Justo, con más de 50 puntos de venta reconocidos en todo el territorio nacional.

Si esta forma de comercio te parece más justa y quieres pasar a la acción aquí va la dirección de la tienda «electrónica» de la ONG SETEM:

http://www.comerciojusto.com/

Esta navidad es insostenible

Papa noel perdió la cabeza

Compre en su supermercado una pack individual en lata de 12 uvas sin pepita y dispóngase a disfrutar del fin de año.

El gasto familiar en todas las zonas del Estado español se dispara al llegar la navidad. Se ha conseguido instaurar en las cabezas de los consumidores un principio: celebrar la navidad requiere ineludiblemente ir de compras. Este principio debe ser sustituido por otros más responsables social y ambientalmente.

Durante el resto del año son varias las cuestiones por las cuales los/as consumidores/as nos quejamos del precio de los productos: por el gasto escolar al comienzo del curso en septiembre, por la subida de la gasolina… Sin embargo con la navidad se produce el efecto contrario, todo el mundo tiene asumido que celebrar la navidad significa comprar, así que se decide salir de compras justo en el momento del año en el que son más caros la mayoría de los productos.

Sin duda hay algo detrás que nos impulsa a comprar a pesar de que las economías familiares se resientan. La publicidad aprovecha estos momentos en los que afloran nuestros mejores deseos y sentimientos para reconducirlos hacia el consumo, y ese continuo mensaje cala en nuestra sociedad sin que echemos la vista atrás para ver que, no hace tanto tiempo, éramos felices celebrando la navidad de otro modo. Este continuo bombardeo publicitario empieza más de un mes antes de que llegue la navidad, y lo hace comenzando por meter en las cabecitas de los más pequeños de la casa un montón de anuncios de juguetes.

Muchos padres y madres, sometidos a la presión de sus hijos e hijas, acaban por convencerse de que para demostrar lo mucho que les quieren les tienen que comprar más regalos, y terminan sometiéndose a la dictadura de la publicidad olvidando alternativas de consumo más justas social y ambientalmente, como pueden ser buscar juguetes de artesanía local, sin embalajes innecesarios, no sexistas ni bélicos, que estimulen la creatividad, adecuados a cada tipo de edad, con materiales naturales y biodegradables, juguetes en los que se esté pagando el producto, y no su publicidad. Además, estamos olvidando incluso lo más importante: que es posible jugar sin juguetes.

Es importante recuperar la creatividad a la hora de celebrar estas fiestas, una creatividad que nos ayude, en definitiva, a no pasar la navidad persiguiendo los inalcanzables sueños que proponen los anuncios, sino que nos muestre un camino más certero de conseguir nuestros deseos, y que tenga como punto de partida una forma de celebración más justa social y ambientalmente.

María González

Fuente: ConsumeHastaMorir

Película – PROMESAS

Cuando la guerra tiene otros ojos

Viven a 20 minutos de distancia entre sí, pero no sólo hablan distintos idiomas: en la mayoría de los casos, también se consideran enemigos. Son siete chicos, cuatro israelíes y tres palestinos, entre 9 y 13 años. Todos son víctimas, no sólo de una situación de guerra cotidiana sino también de la violencia atávica y de los prejuicios con que han sido inculcados desde que nacieron. Varios de ellos, además, tienen la experiencia de haber padecido la muerte violenta de algún amigo o familiar directo, en un atentado terrorista palestino o bajo la metralla indiscriminada del ejército israelí. El mérito de Promesas, un documental realizado por tres cineastas noveles de orígenes muy diversos -B. Z. Goldberg es estadounidense/israelí, Carlos Bolado, mexicano, y Justine Shapiro proviene de Sudáfrica,- es haber sabido mirar hacia una realidad que está allí, al alcance de todos, pero que es permanentemente olvidada por la cobertura de los medios: la de los chicos de la guerra.

Filmada en Israel y en los territorios ocupados de la franja occidental entre 1997, 1998 y 2000, un período de relativa calma que siguió a los acuerdos de Oslo (luego echados por tierra), Promesas tiene el pudor y la nobleza de evitar los golpes bajos, de cualquier índole. La película se limita a hacer preguntas sencillas y a escuchar atentamente las respuestas de unos y a otros, hasta eventualmente ilusionarse con la posibilidad de un encuentro, aunque sea fugaz, entre algunos de ellos. Nada más, pero tampoco nada menos.

Yarko y Daniel son mellizos, viven en el sector judío de Jerusalén, pero no son religiosos. Admiran la figura de su abuelo, que sobrevivió a la Shoah y que les dice claramente que no cree en Dios. Ellos mismos, cuando van de visita al Muro de los Lamentos con uno de los cineastas -“B. Z.”, que habla varios idiomas y se logra entender con todos- reconocen que esos hombres barbados, vestidos de negro y murmurando con severidad sus oraciones les dan literalmente “miedo”. Otro de sus miedos: tomar el ómnibus. La línea 28, que los lleva al colegio, es una de las que más atentados ha sufrido, pero tomar el 22 no necesariamente los deja más tranquilos. “Siempre estamos viendo gente sospechosa”, reconoce uno de los mellizos.

Del otro lado de los pasos de frontera y de los checkpoints a cargo del ejército israelí -sin enunciarlo jamás, el film denuncia claramente el estado de ocupación bajo el cual vive gran parte del pueblo palestino-, en el campo de refugiados de Deheishe viven Sanabel y Faraj. La chica es hija de un dirigente palestino, que lleva ya dos años en prisión sin cargos ni juicio a la vista. Aprende baile y forma parte de un grupo que cuenta la historia de su pueblo a través de la danza. Por su parte, el chico, Faraj, tiene un discurso abiertamente anti-israelí y -con la ayuda de los cineastas, que los introducen clandestinamente del lado prohibido de la frontera- acompaña a su abuela a visitar la aldea en donde alguna vez vivió su familia. Todo ha sido arrasado. Sólo queda piedra sobre piedra.

No muy lejos de allí, en un asentamiento judío de la línea dura, Moishe le dice a la cámara que no quiere conocer a ningún chico palestino. Ni siquiera verlos de cerca. Como para darle la razón, del otro lado del alambre de púas, Mahmoud, un admirador de Hamas, afirma muy suelto de cuerpo que “cuantos más judíos matemos, menos habrá”. Y en la ciudad vieja de Jerusalén, el pequeño Shlomo, hijo de un rabino y dedicado a estudiar la Torah 12 horas por día, también se resiste a un encuentro, pero enfrentado azarosamente, cara a cara, con un par palestino, se resigna -ante la falta de otro lenguaje en común- a una improvisada competencia de eructos, que al menos les arranca a ambos una tímida, desconfiada sonrisa.

Pero los cineastas van por más y convencen a los mellizos israelíes, los más abiertos al diálogo, a visitar un campo palestino de refugiados. Faraj se resiste, pero finalmente Sanabel lo convence: “No conozco a un solo chico palestino que haya tratado de explicarle nuestra situación a un chico israelí”, le dice. Todo en el film está dirigido a este encuentro, que prueba ser aún mucho más fructífero y emotivo de lo que los mismos cineastas parecían esperar. La película -que por momentos es formalmente bastante primitiva y a veces incluso hasta un poco torpe- consigue otro hallazgo. Dos años después de esa reunión, en la que parecía que había un futuro común por delante, la cámara vuelve a entrevistar a los mellizos y a Faraj. Ya son preadolescentes, tienen otras preocupaciones y, por encima de todo, el contexto político ha empeorado gravemente. Ya no es tan fácil ahora mantener esas promesas de las que habla el título del film y que quedan suspendidas, más que como una esperanza, como un interrogante cruel.

Más información: http://promisesproject.org/

Fuente: http://www.fotograma.com

Más información: http://sepiensa.org

Educar versus enseñar

Desde hace dieciocho años soy profesora de filosofía y de lengua castellana
en un instituto de enseñanza secundaria y quisiera recordar con todos
vosotros cómo hemos llegado a donde estamos en la enseñanza pública y,
al mismo tiempo, quisiera narrar parte de mi propia historia con la
enseñanza y con el SAT (programa de desarrollo personal creado por el
Dr. Claudio Naranjo y en cuyas siglas hay una triple alusión: a la palabra
sánscrita que designa Ser y Verdad, a las iniciales de Seekers After Truth,
Buscadores de la Verdad, y, a través del simbolismo fonético, a una visión
tripartita -emoción, cuerpo e intelecto- de la realidad humana).
A la muerte de Franco, no os asustéis si voy tan lejos pues el repaso es
somero, cuando empezamos a poder pensar en voz alta, la enseñanza
también fue, por supuesto, motivo de debate. En un principio, tal y como ha
señalado Antonio García Santesmases, el debate se situó entre aquellos
(democristianos principalmente) a los que les interesaba garantizar la
libertad de los padres a la hora de elegir el centro en el que educar a sus
hijos y aquellos otros (la izquierda en general) que planteaban la libertad de
cátedra de los profesores. El debate pues estaba, según plantea el propio
García Santesmases, entre el pluralismo dentro de los centros escolares
frente al pluralismo de centros educativos. En los años 80-85 la reflexión
seguía girando en torno al mismo eje, pero algo empezó a cambiar en la
segunda mitad de la década de los 80. En 1987 se produjo la huelga de
estudiantes, en 1988 la de profesores y, finalmente, la huelga general del
14 de diciembre de ese mismo año. Esta secuencia cambió el curso de las
cosas y desplazó los términos del debate.

La nuestra fue una huelga dura, difícil, con momentos de crispación y de
exaltaciones, que ahora con el paso del tiempo se pueden interpretar como
el canto del cisne del colectivo de profesores en tanto que colectivo, aunque
hay indicios como para pensar que no somos un cisne sino una suerte de
ave fénix que intenta resurgir de sus propias cenizas, la prueba es que
estamos aquí, la prueba es que somos muchos lo que queremos seguir
intentando cambiar y mejorar realmente nuestra práctica profesional.
Celebramos el final de la huelga en la antigua sala de fiestas Cibeles.
Todavía recuerdo nuestro regocijo en aquella noche de celebración y
también recuerdo la falta palpable de motivo para dicha celebración. En
medio de la oscuridad de la sala de baile, de la música y del humo,
dábamos saltos y recuerdo que en uno de aquellos saltos, me encontré en el
aire con un compañero y le dije: “¿Tú sabes que estamos celebrando?” “Yo
no, me contestó, pero hemos aguantado, hemos aguantado”. Y desde
entonces… desde entonces yo tengo la impresión de que es a lo que hemos
dedicado más energía: a aguantar.

A partir de ese momento, el problema ya dejó de ser el anteriormente
señalado para pasar a ser la enseñanza pública directamente el tema de
reflexión. Las diversas leyes se iban y se siguen sucediendo. Se promovió
la LODE con la idea de impulsar un funcionamiento democrático en los
centros, iniciativa que languideció, por no decir directamente que murió,
ante la falta de resultados que se hizo visible inmediatamente después de
su aplicación. Luego vino la LOGSE con la intención inicial de favorecer
en principio la resolución de tres conflictos:

a) Que los alumnos no se vieran forzados a elegir entre la opción de
continuar estudiando o dirigirse tempranamente hacia el mundo
laboral, lo que implicaba un tronco común para todo el alumnado.

b) No enfrentar tampoco a los alumnos al dilema puro y duro de
estudiar o no estudiar, de ahí la escolarización hasta los dieciséis
años.

c) Evitar la sospecha de una escuela cobarde que no se atreve a mirar de
frente las desigualdades y, por tanto, dar cabida a la diversidad en las
aulas.

La verdad es que la supuesta resolución de estos tres dilemas ha sido a
costa de crear un dilema mayor entre lo que Santesmases llama la escuela
pública comprensiva (comprensiva con la diversidad, con los más
desfavorecidos…) y la escuela concertada selectiva (selección que ha
permitido, por ejemplo, invertir la clara tendencia de épocas anteriores a
que los alumnos de la pública obtuvieran mejores resultados que los de la
privada en Selectividad).

Todo esto ha ido generando sensaciones, comentadas en diversos medios y
foros, de frustración y cansancio entre los profesores, pero no nos
equivoquemos, porque como dicen los alumnos de la escuela de Barbiana
en Carta a una maestra, es el descontento lo que nos cansa, no las horas.
Creo que fue el músico Schumann el que un día preguntó: “¿Han oído
ustedes una música alegre?” La pregunta era, evidentemente, retórica
porque ya contenía la respuesta que él se aprestó a dar: “Yo no”. Yo, al
contrario que él, pienso que sí, que hay música alegre: la suya, a su pesar, a veces lo es. Creo que entre todos podemos aspirar en la enseñanza a formar
algo más que una orquesta de instrumentos desafinados. Estoy convencida
de que sin esa confianza básica no hay educación. En este sentido,
comparto las palabras de Savater cuando dice que “En cuanto educadores
no nos queda más remedio que ser optimistas, ¡ay! Es que la enseñanza
presupone el optimismo tal y como la natación exige un medio líquido para
ejercitarse (…) Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la
capacidad innata de aprender cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias,
hechos…) que pueden ser sabidos y merecen serlo, en que los hombres
podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”. (El valor
de educar)

Creo, y aquí empieza mi historia personal, que esta confianza básica en la
educación la tenía desde que hice la opción de ser profesora, pero sin duda
es una confianza que aumentó al experimentar el programa SAT al que
aludí al principio.

¿Las diferencias entre el antes y el después?, podía señalar muchas pero he
escogido tres: la conciencia, la aceptación y el amor. Paso a decir
brevemente algo de cómo vivo yo estas tres experiencias.:

a) Conciencia: Ser consciente de lo que yo soy, de la realidad tripartita
explicada por Claudio Naranjo, fue para mí fundamental porque esta
conciencia arrastró felizmente numerosas microconciencias: la de
mis necesidades, la de mis deseos, la de mis sensaciones y mis
emociones… en definitiva, la conciencia de mi humanidad y, sólo
después de verla en mí, pude reconocerla en todos aquellos con los
que me relaciono en el ejercicio de mi profesión: compañeros,
alumnos, padres… Creo que eso es lo que debe ver en mi clase una alumna cuando hace dos años me regaló un libro en el que puso con
letra conmovedoramente esforzada: “Esta clase es muy agradable.
Cuando estamos contigo, tu presencia y tu voz es muy especial para
nosotros”. O esta otra que, después de pedirme permiso, me escribió
en la agenda este mismo mes de junio, que yo era buena profesora
“no sólo por la materia que nos enseñas sino porque nos enseñas a
ser alguien en esta vida porque nos das lecciones que aunque no
creas nos ayudan muchísimo”.

Esta conciencia fue la primera en aparecer cronológicamente (lo digo en
relación a los otros elementos seleccionados, la aceptación y el amor).

El
mismo año que entré en contacto con la terapia Gestalt, aterricé de golpe en
un primero de ESO, pues hasta el momento dada mi especialidad de
filosofía había trabajado siempre en bachillerato. Aterrizar en el planeta
ESO -como le han llamado los autores de un libro – fue para mí una
conmoción, conocer la gestalt lo fue también en otro sentido. Quizás por
eso formaron un mismo eco en mi interior y, enseguida, me encontré
analizando mi experiencia docente con todo aquello que estaba
aprendiendo de la gestalt..

Había leído que igual que nuestra percepción necesita cerrar las figuras
que llegan incompletas a nuestros sentidos, de nuestra mente emana una
necesidad asimismo de completud, de cerrar lo abierto, de acabar lo
inacabado, de tener, en definitiva, experiencias completas, pero había leído
también que muy a menudo, las experiencias quedan abiertas, como
heridas, formando lo que en el lenguaje de la gestalt se conocen como
gestals inconclusas o “asuntos pendientes”.

El ciclo de la experiencia, según esta teoría está constituido por diferentes
momentos y cada momento puede quedar interrumpido por la acción de un
mecanismo de defensa. Cada interrupción supone un fracaso en el contacto
y, por tanto, crea un déficit en la comunicación.

No es mi propósito explicar aquí teoría, sólo quiero decir que empecé un
diario de experiencias interrumpidas en mi práctica docente y he aquí un
fragmento de este diario que entonces empecé. El primer paso del ciclo de
la experiencia es aquel que va del reposo a la sensación y este paso puede
quedar interrumpido por la represión de la misma sensación. Con este
mecanismo lo que hacemos es desensinbilizarnos y esto es lo que escribí:
“Las consecuencias de esta desinsibilización son importantes para aquel
que protagoniza esta derrota sin lucha alguna. ¿Pero qué pasa si aquello
frente a lo cual nos desensibilizamos no es un “aquello” sino un “aquél”?
¿Qué sucede si ese aquél tiene doce años y lo vemos cada día? Ese “aquél”
se llama Manuel, hace 1º de ESO y nunca he logrado que articulara una
frase completa. Un día me acerco a él, porque es imposible hacerme oír en
medio de unos que se insultan, de otro que saca un bocadillo para
mostrárselo con saña a Hasan, que está haciendo el Ramadán, etc. y
después de sortear esa carrera de obstáculos, llego por fin hasta Manuel y
cuando le pregunto algo, éste empieza a mover la cabeza de un lado a otro
dirigiendo su mirada quizás al cielo, quizás al aire, quizás al techo (¿quién
sabe hacia dónde mira Manuel?) y lo hace con la sonrisa del que llega de
muy lejos a un lugar ignoto e incomprensible. En este caso la desconocida
a la que sonríe soy yo, porque no nos engañemos, Manuel me ve de lejos
tres veces por semana durante una hora, un tiempo probablemente
insuficiente para que su cerebro registre una imagen coherente de mí.

Hoy, que he podido, por fin, acercarme a él contesta a mis preguntas con
sonidos que en el fondo salen de su boca sin articular y que yo intento unir
en un esfuerzo por encontrar una manera de entender el vaivén de su
mirada. Cuando estoy con él, Gabriel , otro compañero al que jamás logro
tener sentado más de dos minutos, ha visto que me he puesto al lado de
Manuel y viene hacia nosotros. Mientras yo intento construir un puente
entre Manuel y yo, Gabriel se dedica a poner bombas en la bóveda de ese
puente porque se coloca al otro lado y va diciéndole a Manuel que no me
haga caso, que no conteste a mis preguntas, que se vaya con él… Y como
veo que el vaivén de la cabeza de Manuel aumenta de velocidad, dividido,
como está, entre prestarme atención a mí -la gran desconocida- o prestar
atención al otro niño al que conoce más, aunque sea sólo a través de sus
constantes malos tratos, desisto de mi empeño, le digo que se tranquilice y
que ya hablaremos otro día… Pero le miento, le miento, su existencia en
aquel rincón de la clase me hace demasiado daño y a partir de ese día voy
a “reprimir” cualquier dato que proceda de él, con el resultado de que
durante varios días no veo” a Manuel , no “veo” que mira distraídamente el
chapotear de la lluvia en el patio mientras yo explico los pronombres, no
veo cuando recojo su libreta que ésta está casi vacía y que merece algo más
y algo distinto a aquel formal: “Tienes que esforzarte más, Manuel.
Firmado: Juana”. Tampoco veo que tiene doce años y que no sabe casi leer
ni escribir… y como yo no me entero de todo esto no voy a poder hacer
nada para ayudarlo. Y, quizás, pienso, Manuel está completamente solo
porque no sé si todos optamos por la misma “ceguera” frente a él. Quizás”.
Analicé muchas interrupciones del ciclo de la experiencia de este modo y
fue germinando en mí la convicción de que conocerme más a mí misma era
un camino para mejorar la calidad de mi presencia en las clases.

Jaume Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, expone lo que él
considera el decálogo de la innovación educativa. El segundo mandamiento
de este decálogo dice: “El cambio educativo depende de lo que los
profesores hacen y dicen; resulta tan simple y tan complejo como esto”.
Pues bien de lo que hago, digo y, yo añado, siento yo me hice más
consciente con el SAT. Ser consciente de uno mismo es siempre interesante
pero lo es particularmente, en nuestra profesión cuando comprendemos
aquello que por evidente nos pasa a veces desapercibido y es que al enseñar
no transmitimos cosas o realidades sino que transmitimos significados, es
decir construcciones hechas por otros hombres, construcciones hechas por
nosotros mismos… y por eso es importante saber qué es uno y qué mapas
maneja para saber qué está transmitiendo. Ni somos máquinas ni nos
dirigimos a máquinas: lo queramos o no, en la escuela, con cada gesto, con
cada palabra, estamos contestando siempre a la misma y machacona
pregunta que gravita sobre cada una de las situaciones allí planteadas.
Dicha pregunta es ¿qué es eso de ser hombre?.

b) Aceptación: La aceptación es el segundo aspecto que he señalizado
como parte de mi aprendizaje en el SAT. De Claudio Naranjo he
aprendido a concebir y experimentar las situaciones y las relaciones
como un organismo vivo que tiende a la autorregulación. Fue un
me colocó, con extraordinaria
feliz hallazgo para mí porque
delicadeza, en brazos de la aceptación. Que acepte no quiere decir
que me resigne. En la resignación siempre hay algo de resentimiento
porque lo que estoy diciendo es: yo me resigno porque no tengo más
remedio, pero ¡ay! ¡cómo desearía que fueras o que las cosas fueran
de otro modo!… Aceptar en cambio es asentir sencillamente a lo que
hay.

Este tema de la aceptación implica a mi juicio elegir entre dos opciones:
“enseñar” o “educar”. El verbo enseñar proviene de otro que quería decir
“poner el sello”, educar, en cambio proviene de educare, “nutrir”, y
educere, “encaminar hacia”. Yo, personalmente, elegí hace tiempo nutrir y
encaminar hacia, porque advertí que lo otro, “querer poner el sello”, negar
la realidad tal y como es para adaptarla a mis deseos no sólo resultaba
estéril e ineficaz para los alumnos sino que también tenía un efecto
corrosivo sobre mi corazón.

Aceptar implica dar un espacio a las necesidades de los alumnos, que no
son exclusivamente las de adquirir conocimientos enciclopédicos. Yo lo
hago introduciendo pequeñas experiencias. Este año, por ejemplo, les
propuse un día que, voluntariamente, saliese uno y los otros, después de
estar mirándolo durante unos minutos en silencio, empezasen a levantar la
mano para decir tres cosas que les gustaban de la persona que había salido.
Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un chico muy tímido,
de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con el resto de la clase:
“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto me sale de
un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa. Me he sentido muy
bien porque la gente te dice lo que piensa, así te vas más contento a casa,
con más alegría gracias a tus compañeros, que esas cosas no te las dicen
nunca pero cuando te las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero
gracias al ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan bonitas y
eso va tan bien…”

La aceptación también afecta a nuestra concepción de la autoridad. Soy
consciente de abordar ahora un tema frente al que somos muy sensibles
los enseñantes. De hecho confieso haber tenido la tentación de eludirlo para
evitar la posible consecuencia de que se abra un debate en torno al mismo.
Espero, sencillamente, poder haceros llegar alguno de mis titubeos acerca
de él.

Plantea Philippe Meirieu en su libro Frankenstein educador una pregunta a
pedagogos y educadores: “¿Es posible abandonar toda veleidad de “hacer”
al otro y, si es que sí, no se cae entonces en la impotencia o el fatalismo?
Dicho de otro modo: ¿se puede ser educador sin ser un Frankenstein?”.
Voy a intentar contextualizar esta pregunta. Después de recordar aquella
sentencia de Kojève según la cual “el dominio es un callejón sin salida
existencial”, Meirieu plantea que, a veces, en la enseñanza nos colocamos
precisamente ahí, en ese callejón sin salida, y entonces el diálogo
imaginario podría ser, según Meirieu, éste, que serviría para cualquier
relación en la que está tan presente el tema del dominio que acalla
cualquier otro impulso o anhelo. Uno de los implicados diría:

“- Te quiero conforme a mis proyectos; te quiero para satisfacer mi deseo
de crear a alguien a mi imagen o a mi servicio; te quiero para que hagas
que me sienta importante, sabio, eficaz, “un buen padre” o un buen
enseñante; te quiero para estar seguro de mi poder.

A lo que el otro, inevitablemente, contestaría:

– Pero te condenas a ser sometido, y me condenas a serlo, porque no puedo
ser tú sin tomar tu puesto y destruirte; no puedo parecerme a ti sin
manifestar mi libertad y escapar a tu poder, no puedo cumplir lo que deseas
sin sentir la necesidad irresistible de romper mis cadenas y girar contra ti la
violencia que llevas en ti.”

Es un diálogo como dije imaginario, que cumple una función simbólica, la
de expresar el tema que a menudo se ventila en las aulas: el del poder. La
dinámica es perversa y compleja, no maniquea. Los roles se alternan, las
víctimas son los verdugos y los verdugos son las víctimas.

Cuando cuestiono el que el poder sea un tema tan importante en la
enseñanza, no estoy cuestionando la autoridad en nuestra tarea como
docentes, sino que me inclino más por la recuperación de la autoridad en su
significado más genuino que en latín tiene, entre otros significados, el de
“hacer crecer”. Sólo el cuidado y el amor hacen crecer. No quito valor o
necesidad a elementos como las medidas disciplinarias que son, a mi juicio,
indispensables en tanto que suponen la transmisión de una información
relevante en el proceso de socialización, como es la de la existencia de
unos límites. Pero de ningún modo podemos permitir que se conviertan en
figura de nuestras reuniones y debates y, a veces, eso ocurre en claustros y
reuniones de equipos docentes. Hablar en exceso de los problemas
contribuye a mantenerlos. Por eso deberían ser, en mi opinión, breves y
efectivas, las comunicaciones destinadas a tramitar este tema.
Será de este modo como la educación dejará de gestionar tanto el tema del
poder para ocuparse más de otro tema a mi juicio descuidado hasta ahora:
el tema del amor.

c) El amor: Claudio Naranjo dice en uno de sus libros que “la
verdadera crisis es una crisis de relaciones humanas, más bien la
crisis de un mal antiguo en las relaciones humanas, una incapacidad
de relaciones fraternales, de verdaderas relaciones amorosas, un mal
antiguo que ahora hace crisis porque se hace insostenible” (La
agonía del matriarcado). Lo que vivimos es pues una crisis de amor,
de ahí que él plantee el desarrollo de una “pedagogía del amor”.

Fromm recoge en su libro El arte de amar una definición de Marx a
propósito del amor, según la cual el amor, para que no nos haga
desdichados, tiene que ser un amor “productivo”, en el sentido que
logremos añadir a nuestra condición inicial de personas que amamos, la de
ser amados. Fromm pone ejemplos de cómo sucede esto en diferentes
ámbitos: en el ámbito de la terapia, por ejemplo, el amor se da cuando el
terapeuta empieza a sentir que es curado por su paciente, en el ámbito de la
educación esto se produce cuando el profesor aprende de sus alumnos y
esto sólo puede darse, como deduzco por mi propia experiencia, cuando las
personas implicadas se relacionan en su globalidad y combinan y
comprometen en la relación sus ideas, pero también sus sensaciones y
emociones.

Que el amor era importante ya lo supieron los griegos que parece,
efectivamente, que lo supieron milagrosamente casi todo. Cuentan en este
sentido que Aristóteles recibió el encargo de una familia muy rica de
Atenas de que instruyera a su joven hijo. Él aceptó el encargo, pero al
tercer día envió al joven a su casa con un recado para sus padres: “Diles a
tus padres que yo no puedo enseñarte nada”. Extrañados los padres, cuando
recibieron el mensaje fueron a preguntarle a Aristóteles por el motivo de
tan drástica determinación y Aristóteles les contestó: “Es que vuestro hijo
no me ama”.

Amar y ser amados parece que sea una buena base para el ejercicio de
nuestra actividad, pero estoy convencida de que sólo se puede dar lo que se
tiene. Por este motivo, para el desarrollo de esa pedagogía del amor, es
necesaria una formación integrativa del profesorado que nos permita una
mayor y mejor conexión entre su propia dimensión intelectual, sensitiva y
emocional.

Quizás estas ideas suenen extrañas a una parte de la comunidad educativa
pero comparto plenamente la creencia de Claudio Naranjo de que “para que
renazca el espíritu es necesario hablar otros idiomas, es necesario despertar
a la sed, dejar de sentirse que se está lleno” y en estos momentos parece
que, para nosotros, los enseñantes, “despertarse a la sed”, consiste,
precisamente, en mirar hacia direcciones diferentes a las habituales… y sólo
así la educación se convertirá en un acto simple y primario de mamar,
mamar, como decía Shakespeare, la leche de la ternura humana.

Otro artículo de esta misma autora:

http://educarueca.org/spip.php?article433

Dinámica – LOS DOS BURROS

Se muestran los dibujos uno tras otro y ellas van contando la historia.

Preguntamos qué escena les ha llamado más la atención y por qué.

Hacemos un esquema de los pasos de los conflictos.

Se puede trabajar con este dibujo de muchas maneras. Una posibilidad es ir enseñando viñeta tras viñeta, que las personas vayan diciendo lo que ven, analizando las situaciones y sacando conclusiones. Nos podemos parar después de la viñeta tercera para que adivinen cómo creen que será el final.

Otra posibilidad es hacer una fotocopia ampliada del cartel y cortar las viñetas en trozos, mezclarlas y pedir al grupo que adivine el orden para inventar una historia sobre ellas. Se puede hacer una representación dramatizada de la historia incluso metiendo variantes como por ejemplo con otros animales, con animales diversificados dentro de la misma historia, con personas, . . .

Otra posible variante consiste en analizar qué valores y habilidades han permitido esta regulación del conflicto (comunicación, diálogo, . . . ). Es importante que nos cuenten situaciones que han vivido parecidas a estas, cómo se han sentido en esos casos, qué ha sucedido, cómo salieron adelante y qué otras posibles soluciones hubieran tenido.

Dos burros

Dos burros
Pinchando en el dibujo se obtendrá una versión ampliada

Fuente de la dinámica: Regulación de Conflictos Interpersonales.

Fuente del dibujo: Movimiento americano contra la guerra –
«No Foreing War Crusade – 1937»