Qué es el sistema capitalista

PARADOJAS DEL CAPITALISMO

Es agosto, una pequeña ciudad de costa …, en plena temporada; cae una lluvia torrencial hace varios días, la ciudad parece desierta.

Todos tienen deudas y viven a base de créditos. Por fortuna, llega un ruso forrado y entra en un pequeño hotel con encanto. Pide una habitación. Pone un billete de 100€ en la mesa del recepcionista y se va a ver las habitaciones.

El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.

Este coge el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos.

A su turno éste se da prisa a pagar lo que le debe al proveedor de pienso para animales.

El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito.

La prostituta coge el billete y sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado.

En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete y se va de la ciudad.

¡Nadie ha ganado un duro, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza!

MORALEJA1: EL CAPITALISMO ES EL UNICO SISTEMA CAPAZ DE TENER CRISIS INCLUSO CON UNA BALANZA DE PAGOS EN EQUILIBRIO (todos debían lo mismo que les debían a ellos).

MORALEJA 2: SI UN BANCO O UN RUSO NO DAN CREDITOS A HEIDY AL NO HABER MOVIMIENTO DE LA MASA MONETARIA HAY CRISIS. SI HAY CREDITO Y MOVIMIENTO DEL DINERO SE PRODUCEN CRISIS DE DEUDA QUE PAGAN LOS QUE NO TENÍAN QUE VER CON EL BAILE.
¿DEBEMOS CAMBIAR EL MUNDO O CAMBIAR EL CAPITALISMO?

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LA CRISIS FINANCIERA EXPLICADA DE MANERA SENCILLA.

Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.

Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.

Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.

Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.

Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.

Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.

Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?

En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en «bebida-bonos», «alco-bonos» y «vomita-bonos» bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.

Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es camelancia; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son «bonos», es decir, papelitos que «representan» tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.

Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.

Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque «se comprometían» a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.

Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.

Nota: Y Heidi pierde el bar.

Los «bebida-bonos» y los «alco-bonos» sufren una caída de un 95% de su valor. Los «vomito-bonos» van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.

Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.

El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.

Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios.

Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.

¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo!

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Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro
que le vendieran.

Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.

Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros.
Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana
siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400
euros cada uno.

Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no
tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.

Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.

Resultado:

La aldea quedó llena de burros y endeudados.

Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.

Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos;
entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las
deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no
perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado.
Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la
ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado:
Los listos del principio, forrados.
Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les
prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir
toda la deuda.
Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida.
El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Resultado¿ final?:
Para solucionar todo esto y salvar a todo el pueblo,
el Ayuntamiento BAJÓ EL SUELDO A SUS FUNCIONARIOS.

El día sin compra

El Día Sin Compra es algo parecido a un día de huelga del consumidor, una operación de boicot no contra un producto o una multinacional concreta, sino contra la sociedad de consumo en general. La propuesta consiste en escapar de la corriente consumista que las empresas y los publicistas nos imponen tanto en Navidad como en el resto del año. Para ello se invita a toda la población a no acudir a comercios y grandes almacenes, reducir al máximo las compras de esa jornada limitándolas a lo realmente necesario, o incluso anularlas, y salir a la calle para denunciar un sistema socioeconómico injusto, alienante y ambientalmente insostenible.

Desde que se comenzó a celebrar este día, en 1992, cada año son más los países que se suman a esta iniciativa. Las formas en que las diversas organizaciones internacionales se manifiestan son muy variadas, pero mantienen en común una crítica al modelo de consumo en el que estamos instalados, homogeneizador, despilfarrador, cínico e individualista, que contribuye, de forma decisiva, al mantenimiento de una situación que nos está conduciendo al colapso social y ambiental.

Este año Ecologistas en Acción están organizado distintas actividades en varias partes del Estado español. La temática central es una crítica al modelo de consumo que suponen las grandes superficies y, en torno a este eje, se están organizado, entre otras cosas, jornadas de cine anticonsumistas, visitas guiadas a locales y tiendas con proyectos de consumo crítico y responsable, exposiciones de contrapublicidad, charlas sobre alternativas y mercadillos de trueque.

La gente comienza a estar cansada, y busca un espacio para rebelarse contra el sistema establecido. El Día sin Compra no es una revolución, pero sí es uno de esos espacios en los que la ciudadanía busca un hueco para expresar su rabia y su descontento con el sistema socioeconómico imperante.

El día sin compra: 27 de noviembre de 2009

En la página de

http://www.ecologistasenaccion.org/diasincompras
podrás encontrar el cartel y el programa para ese día.

La contrapublicidad como herramienta para una educación crítica en consumo

* Consumo responsable

En las últimas décadas, nuestro consumo de recursos naturales, bienes y servicios ha aumentado de forma espectacular. Para casi 2000 millones de personas en el planeta, ser hoy ciudadano supone, sobre todo, ser cliente o consumidor, porque el consumo para clases medias vertebra buena parte de su actividad social. Sin embargo, cada vez es más evidente que este modelo de consumo no puede extenderse a todos los habitantes del planeta. Es social y ambientalmente insostenible.

En todo esto parece que la publicidad ha tenido un papel relevante, como uno de los canales más importantes de transmisión del consumismo, toda una ideología vertebrada por el ideal del crecimiento productivo ilimitado y el libre mercado como fuente de satisfacción plena de nuestras necesidades. La contrapublicidad aparece en este contexto, primero, como una forma de respuesta comunicativa que aprovecha su creatividad para difundir los límites de este modelo de consumo (todo aquello que nunca dicen los anuncios). Pero en un segundo paso, la contrapublicidad parte de un análisis crítico del papel de la publicidad y se muestra como una sugerente herramienta para la educación crítica de los consumidores y las consumidoras que no sólo deciden qué tetrabrick de leche compran sino también qué modelo de consumo quieren.

¿Cómo es nuestro modelo de consumo? Repasemos el escenario del que parte el análisis contrapublicitario.

La fábrica olvidada

A principios de siglo XX no era necesario insistir en la exclusividad del último modelo de automóvil porque todavía se elaboraban artesanalmente, uno a uno, y la posesión misma de un ejemplar era considerada un lujo. Pero en pocos años terminó por desenvolverse una transformación espectacular: la división del trabajo según teorías de Taylor y la cadena de montaje en la fábrica de Highland Park, permitió que Ford pasara de producir 10.000 vehículos en 1908 a producir 300.000 vehículos en 1916. Durante los 19 años que estuvo disponible en el mercado el resultado de esta revolución productiva, el Ford modelo T, se vendieron 15 millones de estos coches y su precio descendió hasta sólo un cuarto del inicial. Henry Ford dijo, por entonces, que sus trabajadores debían ser también clientes de la empresa y desarrolló una publicitaria subida de sueldos para tal fin. Había comenzado la etapa de expansión del consumo que hoy denominamos consumo de masas.

Sólo unas décadas después, en los años 50, una gran gama de lavadoras, aspiradoras, secadoras o tostadoras poblaba ya el imaginario mediático y el confort se convertía en el eje alrededor del que la actividad fabril giraba. Pero todavía el consumo de masas significaba, sobre todo, homogeneidad: la de los bienes y servicios que había que adquirir para no quedar fuera de esa naciente clase media consumidora. Es entonces cuando parece que la colección de objetos que el mercado ofrece tiene hasta una dimensión lingüística que satura la comunicación de alusiones comerciales: “en la Enciclopedia, el hombre pudo ofrecer un cuadro completo de los objetos prácticos y técnicos de que estaba rodeado. Después se rompió el equilibrio: los objetos cotidianos (no hablo de máquinas) proliferan, las necesidades se multiplican, la producción acelera su nacimiento y su muerte, nos falta un vocabulario para nombrarlos”, diría Baudrillard a finales de los 60.

El mercado de electrodomésticos del hogar, estandarte del consumo de masas en décadas anteriores, estaba en los 70 saturado de modelos y marcas. El automóvil, símbolo de bienestar de la clase media próspera, se había extendido en EEUU hasta llegar a la cifra de un automóvil por cada dos ciudadanos. Incluso las familias españolas, que dedicaban a principios de los 60 la mitad de su presupuesto a la alimentación, dos décadas después ya dedicaban el 30%.

Pronto la publicidad utilizará de forma normalizada eslóganes como “Porque yo lo valgo” o “Innovate, don’t imitate” y apuntará abiertamente al ego del consumidor como método. En vez de prometer el acceso a la clase media, el consumo se va presentando como la llave de su salida, como una herramienta de diferenciación. Pero esta vez, la diferenciación es para clases medias y la industria del lujo, reducida hasta ahora al compromiso con lo exclusivo, comienza a ser una aspiración asequible.

Por eso en el dominical de El País un anuncio de bolsos Louis Vuitton comparte hoja con uno de cereales Kellogg’s o una oferta de conexión a Internet de Movistar se encuentra entre una de Loewe y otra de Jean Paul Gaultier . Tampoco ya es novedad, en esta dura guerra por la sofisticación, que este último modista haya diseñado una edición limitada de botellas de agua Evian. La marca francesa no ha dudado en llamarle colección Prêt-à-porter.

Mientras, la cadena de producción fordista se ha ido sustituyendo por el más eficiente laboratorio de producción japonés, del que Toyota ha sido ejemplo destacado al vencer en 2007 el clásico patriotismo estadounidense vendiendo más coches en EEUU que Ford o que General Motors. Una cultura de eficiente practicidad oriental llamada “Lean management” recorre ahora la fabrica postfordista. Y sin embargo, la verdadera revolución productiva en el consumo de las clases medias es bastante más modesta: millones de personas trabajando durante 12 horas, con raquíticos sueldos y sin protección laboral ni miramientos ambientales. De momento y en una perspectiva global, el modelo maquila (taller manual en países del Sur) sigue triunfando sobre la fábrica automatizada de alta tecnología y, como resultado, el país más poblado de mano de obra barata, China, se ha convertido en pocas décadas en la fábrica del Mundo.

Así, relegada la producción por los países del Norte, sus empresas han preferido especializarse en la más rentable venta de esos productos que ya no fabrican y en la gestión de una nueva fuente de valor que ha venido a denominarse bien intangible. El producto pasa a ser sólo un momento dentro de un amplio proceso comunicativo; es el “instrumento más poderoso de marketing”, decía el presidente de Nike, Phil Knight, una empresa que no tiene ni una sola fábrica de zapatillas y que se ha centrado en el comercio vía exaltación épica de los deportistas de élite.

Como resultado, el mapa de objetos cotidianos del que hablaba Baudrillard es ahora una colección de productos todavía más difícil de nombrar. Pero en realidad, la idea no es tanto nombrarlos como sentirlos: “Hay pocos productos que se vendan dejando de lado la emoción. Existen pocas diferencias entre productos; la diferencia recae en el vínculo con la marca y en la confianza del consumidor. Eso se crea tras construir durante años un lazo emotivo que te haga elegir una marca y no otra”, dice el presidente de la agencia publicitaria BBDO . Es un lazo emotivo importante para las grandes marcas, pero imprescindible para el sector de los artículos de lujo accesible, principales rentistas del aspecto más simbólico del consumo.

A pesar del cotidiano esfuerzo publicitario por resaltar lo contrario, la globalización y la deslocalización productiva han ido incrementando la homogeneización entre los productos, así que “las diferencias específicas son producidas industrialmente y por ello, la elección que puede realizar [el cliente] está petrificada de antemano: lo que queda es sólo la ilusión de una distinción personal”, avisaba Baudrillard . Pero funciona. La propia Nike ha logrado que unas zapatillas fabricadas en maquilas termine como un producto de lujo expuesto con glamour en imponentes centros comerciales.

Gadgets electrónicos llenos de gigas, reproductores-grabadores de códecs MPEG con ranuras multi-card, aparatos de telecomunicación con conexión inalámbrica a través de novedosos protocolos informáticos; la colección de los electrodomésticos de los 60 ha dado paso a un enmarañado mapa de bienes de consumo para una exclusiva clase media mundial que cuenta con casi 2000 millones de personas. Buena parte de esos aparatos terminarán en montañas de trocitos de metal y plástico en manos de algunas de las restantes 4500 millones de personas. China, India o Pakistán son países expertos en la separación manual de chatarra tecnológica y en hacer más barata, no sólo la producción, sino también la eliminación de los productos que los países del Norte no saben casi nombrar.

El vertiginoso ritmo de producción para clases medias se asienta hoy en la muy eficiente maquinaria de las modas efímeras, la evolución constantemente mínima de los productos y en su calculada obsolescencia. El consumidor, más altivo y caprichoso que nunca pero también más saturado de información prescindible que nunca, no sabe aún cómo llamar a ese pequeño dispositivo portable de memoria que se conecta al ordenador mediante el puerto USB . Lo mismo ocurre con los zumos-lácteos con omegas, calcios y L-Caseis imunitass o con los ABS, ESP y E.B.V. del automóvil.

Justamente por eso, la empresa sentimental, especialmente simbolizada por las grandes empresas multinacionales, se caracteriza por su capacidad para expresar de forma sintética los valores emocionales que ofrece su producto, más allá de los gigas, centímetros cúbicos o watios que vende. Y para ello se reduce la información útil del producto a la promesa del papel que cumplirá en nuestra vida, mostrándose una empresa preocupada por el cliente, solidaria con los que le rodean y sostenible con el entorno. A pesar de que la empresa sentimental ha dejado de producir y, por lo tanto, de mantener las condiciones laborales de los que fabrican sus productos, de gestionar materias primas y de cumplir o incumplir las normativas ambientales que regían su actividad, su relación afectiva con el cliente le obliga a parecer cada vez más responsable de todo ello. En estos tiempos de relucientes memorias de Responsabilidad Social Corporativa viene bien recordar quiénes llevan tres décadas despidiendo trabajadores y trasladando su producción al Sur para que ese pequeño dispositivo portable de memoria que se conecta al ordenador mediante el puerto USB sea tan barato como para instalarse en nuestra cotidianidad, a pesar de no tener nombre.

A la empresa sentimental ya no le interesa producir y va camino de olvidarse hasta del producto. “Vuelve a ilusionarte por sólo 330 euros”, decía hace unos días el anuncio de una agencia de viajes en una marquesina de autobús. La actual Enciclopedia del consumo casi sólo maneja ilusionantes promesas, pero no puede dejar de mostrar sus propios fracasos: ¿Cómo definir si no al consumidor que en cada ocasión necesita volver a ilusionarse por 330 euros?

El vocabulario de la experiencia consumidora termina reduciéndose a palabras como ilusión, sueño, quiero… Ideas sencillas, comodines del mapa lingüístico del consumo desde hace décadas. Sólo que detrás de ese mapa ya no se encuentra la aspiración a una vida confortable, sino más bien la búsqueda de lo excitante a través de una vía interior, una ruta personal e intrasferible a través del consumo. Fundamentalmente porque el individualismo y la obsesión por mirarse las tripas del alma anima las ventas mientras que lo colectivo tiende al anticonsumismo.

El resultado de tanta oratoria de consumo sentimental es, sin embargo, un discurso sencillo con un recurrente argumento de fondo: el consumo es la solución. Si tienes problemas laborales ya no vas al sindicato: pagas un abogado; si estás estresado ya no te replanteas tu ritmo de vida: te tomas un Actimel; si sufres un desengaño amoroso ya no hablas con una persona amiga: vas al psicólogo o te vas de compras; si vas un día a colgar un cuadro en la pared ya no le pides la maquina taladradora al vecino: te compras la tuya.

Aprendiendo a leer spots

A pesar del importante papel formativo de la publicidad (transmitiendo valores consumistas, construyendo modelos monetarizados de comportamiento, señalando insistentemente el consumo como patrón del éxito social…) es una materia muy poco habitual en las aulas. En aquellos espacios donde se aprende a hacer publicidad sólo se aborda como un modelo práctico dentro de la cadena comercial. Ni rastro de su papel formativo o ideológico.

Sin embargo, al extraer de su contexto habitual un anuncio publicitario (30 segundos de estudiada narrativa a través de símbolos y sentidos) se despliegan fácilmente las distintas estrategias comerciales que lo sostienen. Algo parecido ocurre cuando reflexionamos sobre nuestros hábitos de consumo y sobre los efectos que estos hábitos tienen en otras personas y en nuestro medioambiente.

El análisis de anuncios publicitarios puede convertirse en una herramienta transversal en cuanto permite abordar temas tan distintos como los que aborda la propia publicidad: género, roles de poder, estereotipos del éxito social, exclusión y marginación, sostenibilidad ambiental… Podemos utilizar para ello un sencillo esquema que permite el análisis del anuncio propuesto en dos fases: 1. Análisis sintáctico y semántico del anuncio y 2. Análisis de veracidad.

1. Análisis sintáctico y semántico.

En esta fase se hace un doble análisis del anuncio propuesto: a) Por un lado, podemos analizar el uso del lenguaje gráfico a un nivel formal o sintáctico. b) Por otro, el sentido de estos recursos gráficos delimitando su papel semántico. En grupos pequeños trabajaremos y pondremos en común las siguientes cuestiones:


a) Plano sintáctico

– ¿Qué hacen los protagonistas del anuncio?
– ¿Qué colores y formas se utilizan en el anuncio?
– ¿Dónde y cómo aparece el producto anunciado?
– ¿Qué textos se utilizan en el anuncio y en que orden se destacan?

b) Plano semántico

– ¿Qué papel representa cada protagonista?
– ¿Qué nos ofrece el producto y la marca anunciados?
– ¿A quién crees que va preferentemente dirigido el anuncio?

2. Análisis de veracidad

Esta segunda fase completa el análisis anterior intentando responder a una sóla pregunta: Lo que en el anuncio dicen ofrecer el producto y la marca, ¿Hasta qué punto es cierto? Esta fase implica una labor mínima de investigación que refuerza el papel activo, en cuanto consumidores críticos, de quienes participan en el taller. El grado de profundización lo marcará el tiempo disponible y los objetivos del taller.


Contrapublicidad en el aula

En el último cuarto de siglo XX, mientras el consumo de la imitación da paso al consumo de la diferenciación, la crítica del modelo de sobreproducción y sobreconsumo se va constituyendo en una línea de trabajo más dentro de los colectivos sociales. A la vez, toman cuerpo tres tendencias en torno al consumo crítico: Las institucionales asociaciones de defensa del consumidor, el heterogéneo movimiento por la agricultura ecológica y el mundo rural, y las redes de comercio justo gestionadas por ONGs de cooperación al desarrollo.

Esto tuvo su propia expresión en el ámbito de la contracultura y el arte político, confluyendo en un entendimiento ocasional, pero fructífero, entre el vanguardista mundo de la contracultura y las heterogéneas plataformas sociales de finales de siglo XX. A finales de los 60 se había consolidado el arte POP, reacción frente al intelectualista expresionismo abstracto, reutilizando el lenguaje de la calle (los anuncios publicitarios, el cómic, las pintadas, el collage..). Mientras, las vallas publicitarias de las grandes urbes sufren alteraciones, más pasionales que otra cosa, a base de graffitis.

En los años 80, un colectivo de San Francisco llamado BLF (Frente de liberación de vallas publicitarias) modifica de forma insistente y a plena luz del día vallas e incluso luminosos publicitarios, una plataforma social llamada Recleim the streets organiza fiestas sorpresa en cualquier calle londinense, en Canadá se constituye la asociación Adbusters con un sitio web, carteles contrapublicitarios, una revista contracultural y hasta una fundación que realiza spots televisivos anticonsumistas. El movimiento contrapublicista comienza a tomar forma y su intervención en lo político se hace más evidente.

Poco a poco, la contrapublicidad se va mostrando como un tipo de respuesta social con un marcado sesgo ideológico, pero que al final también implica técnicas comunicativas y grandes dosis de creatividad. Es una herramienta que parte del análisis crítico de la sociedad de consumo y el papel ideológico de la comunicación comercial, pero se aprovecha de técnicas comunicativas y creativas innovadoras. Por ello, su espacio en el aula como herramienta educativa introduce ambos elementos: habilidades comunicativas y crítica social al modelo consumista.

Si queremos aprovechar el anterior trabajo de análisis publicitario, podemos aplicar una técnica contrapublicitaria a la primera fase de este ejercicio:

1. Guión contrapublicitario.

El guión de la contrapublicidad partirá de ese análisis publicitario que ya hemos hecho. Tenemos primero que apuntar aquellos aspectos negativos del producto a los que el anuncio no hace referencia y también aquellas características del producto que el anuncio remarca como verdaderas cuando hemos podido comprobar que no lo son (Análisis de veracidad). Este listado lo repasaremos en grupo y lo ordenaremos por orden de importancia.

2. Elaborando una respuesta gráfica.

Ahora habrá que buscar un eslogan adecuado para la idea o ideas más relevantes y plasmarlo en una imagen que sugiera el eslogan. El dibujo resultante será pues un boceto de cómo quedaría el contranuncio.

Para esta fase se puede utilizar una técnica de creatividad gráfica, que parte de la relación entre los conceptos clave del anuncio. Podéis ver cómo funciona acá>

Estos y otros recursos educativos puedes encontrarlos desarrollados en el Cederrón Didáctico de ConsumeHastaMorir:
www.cederron.org

Visto en: http://www.economiasolidaria.org/node/1982

Por el Comercio Justo

Espejo recibe de manera pionera en España el título de “Pueblo por el
Comercio Justo”

La Organización de Comercio Justo IDEAS entregará el diploma acreditativo al
alcalde de Espejo, don Francisco Antonio Medina, el jueves 31 de julio a las
20 horas en el Ayuntamiento de Espejo (Córdoba) en rueda de prensa.

A
partir de las 22 horas se realizará además una fiesta presentación del
Proyecto “Objetivo África” en la Asociación Cultural Peña los Amigos de
Espejo, abierta a toda la ciudadanía y visitantes de la localidad, que
contará con la presencia del Diputado de Cooperación de la Diputación de
Córdoba y del Alcalde del Ayuntamiento de Espejo e incluirá una degustación
de productos de Comercio Justo.

Un Pueblo por el Comercio Justo acerca los productos de Comercio Justo a la
ciudadanía a través de la administración, los comercios, las empresas, la
comunidad educativa y el tejido asociativo.

Actualmente hay más de 500 localidades europeas con este título, que se
engloban dentro del programa europeo “Ciudades Europeas por el Comercio
Justo”: Dublín, Bruselas o Roma son algunas de ellas. En España sólo la
ciudad de Córdoba había conseguido hasta ahora el título. Espejo es ahora el
primer pueblo español en obtener el estatus.

Este programa está coordinado a nivel estatal por IDEAS, Organización de
Comercio Justo.

Este título se entrega a las localidades que, como Espejo, cumplen con cinco
criterios:

1. Aprobar una resolución favorable al Comercio Justo y al consumo de
este tipo de productos por parte del Ayuntamiento.

2. Ofrecer productos de Comercio Justo en cafés, restaurantes y
tiendas de la ciudad.

3. Compromiso del sector privado y organizaciones para introducir este
tipo de productos en su consumo interno.

4. Creación de grupos de trabajo locales que coordinen el Programa
5. Comunicación del Programa a la ciudadanía.

Estos criterios implican un compromiso de todos a favor del Comercio Justo
y a contribuir, desde unas relaciones comerciales más equilibradas, a la
transformación de un mundo más justo y solidario. El programa sobre el acto
posterior más abajo.

Contacto para los Medios:

Ander Díaz

comunicacion (arroba) ideas.coop/ 685 705 154

www.ideas.coop

Presentación del proyecto: “OBJETIVO ÁFRICA” A partir de las 22:00 horas en
la Asociación Cultural peña de los Amigos de Espejo, Espejo (Córdoba)

INTERVIENEN:

– D. ANTONIO SÁNCHEZ VILLAVERDE, Diputado de Cooperación de la Diputación de
Córdoba

– D. FRANCISCO ANTONIO MEDINA RASO, Alcalde Presidente del Ayuntamiento de
Espejo

– D. JUAN PÉREZ ORTIZ, Concejal de Participación Ciudadana y Cooperación del
Ayuntamiento de Espejo

– D. JOSÉ Mª GRACIA PORRAS, Presidente de la Asociación Cultural Peña los
Amigos de Espejo

– UN REPRESENTANTE DE LA FUNDACIÓN RODAT

– UN REPRESENTANTE DE LA ONG INTERED

Durante el acto se hará entrega pública al alcalde de Espejo del Diploma “
Pueblo por el Comercio Justo”, por CAROLA REINTJES, Coordinadora de
Relaciones Institucionales de la Organización de Comercio Justo IDEAS.

EXPOSICIONES:

“GRANDES LAGOS”, CRUZ ROJA ESPAÑOLA

“OBJETIVOS DEL MILENIO”, AYUNTAMIENTO DE CÓRDOBA

Al finalizar habrá DEGUSTACIÓN con productos de Comercio Justo. Amenizará la
velada la cantante: AURORA BARONA

Logo nuevo IDEAS correo

IDEAS / Iniciativas De Economía Alternativa y Solidaria

Ander Díaz

Coordinador Comunicación y Marketing

C/Del Labrador, 20. Madrid. 28005

coordinacion (arroba) ideas.coop

Tlf: (+34) 91 407 41 15

Fuente: http://www.ideas.coop