Me llamo Efua y vivo en Somalia

Hola:

Me llamo Efua y vivo en Somalia, en África. Hoy es mi cumpleaños: cumplo
seis y estoy triste porque me gustaría no tener que crecer nunca, nunca. Tener seis
años para siempre, para toda la vida… Éste es mi único deseo.

Pero es un sueño imposible, lo sé. Y por eso, dentro de un año, cuando
cumpla siete, me van a hacer la ablación.* A lo mejor, tú ni siquiera has oído hablar
de esto, ¿verdad? ¡Qué suerte tienes! Quiere decir que vives en un país en el que no
se mutila a las niñas. En el mío, como en muchos otros de África o de Asia, por
culpa de la tradición, a las niñas, antes de que entremos en la pubertad, nos cortan
el clítoris.

Aunque yo no he pasado por esa experiencia, sé que es horrible. El año
pasado oí los chillidos de mi hermana Rosalie cuando se lo hacían. Después, me
explicó que había luchado como una fiera para que no pudieran cortárselo.
Finalmente, habían tenido que sujetarla entre siete mujeres para conseguirlo. De
noche fui a verla y no hacía más que llorar y sangrar. Continuó sangrando durante
muchos días. Yo temía que se muriera. Algunas niñas se mueren por culpa de la
hemorragia o por las infecciones.

Rosalie no se murió. Ahora ya hace meses que se lo hicieron, pero aún no
tiene la herida bien cerrada. Se ve obligada a caminar con las piernas abiertas
porque le duele. Además, cada vez que hace pipí, le escuece muchísimo y llora
aunque quiera aguantarse las lágrimas.

Mi prima, Zenebú, que tiene quince años, dice que hacer pipí es doloroso,
pero mucho más lo es cuando te tienes que meter en la cama con un hombre para
tener relaciones sexuales. Ella lo sabe porque cuando tenía doce años, Getu, un
hombre de treinta y dos años del pueblo, la raptó porque quería convertirla en su
mujer…

¡Vaya!, en la segunda mujer, porque, de hecho, ya tenía una, pero se ve que
no le gustaba. Abandonó a su primera mujer y negoció con los padres de Zenebú
para casarse con ella. Aunque ella no quería, los padres accedieron; la opinión de
Zenebú no contaba. A partir de aquella noche, Getu se mete en la cama con ella.
Dice que, por culpa de la ablación, las relaciones sexuales son muy dolorosas.
Además, también duele en el momento del parto. Zenebú lo sabe porque ya tiene
un hijo de un año y está esperando otro.

Le he preguntado a mi madre por qué tienen que hacerme la ablación.
Mamá dice que es la costumbre de nuestro país. Me consuela contándome que hay
países donde es peor, porque a las chicas, además de cortarles el clítoris, les cortan
los labios de la vulva y les cosen la vagina. Sólo las descosen cuando es hora de
casarlas; si no, sería imposible que tuvieran sexo con el marido.

Yo sé que mamá me lo cuenta para quitarme el miedo. Pero no lo consigue.
Tengo tanto… Tengo miedo de las manos de la mujer encargada de cortarme los
órganos sexuales. Tengo miedo de pensar en sus manos sosteniendo una navaja.
Miedo de pensar en el momento en que colocará la navaja entre mis piernas y,
¡zas!, me arrancará un trozo de carne. De mi carne. ¡Mía y de nadie más! Miedo del
dolor que voy a sentir el resto de mi vida. Y miedo de morirme de la hemorragia y
de una infección.

Me gustaría ser pequeña para siempre jamás.

Efua

. . . .

Y su abuela le dice que la pobre todavía no sabe, porque nadie se lo ha explicado, que además de
todas estas calamidades va a tener que soportar otra a lo largo de su vida: no poder
sentir placer durante las relaciones sexuales. Y ésa es otra estafa que sólo sufren las
mujeres.

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https://www.gemmalienas.com/collection/8/los-diarios-de-carlota

Cuento – El leñador

«Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel. El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. -Te felicito -le dijo el capataz-. Sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.
«Debo estar cansado», pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol. Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.
Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

El capataz le preguntó: «¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?».

-¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.

La moraleja del cuento es muy clara, no basta únicamente esforzarse mucho, hay que reservar tiempo para preparar lo que uno está haciendo y analizar si se está haciendo de la manera más adecuada.

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En el siguiente enlace podréis encontrar algunas preguntas para trabajar el texto:

https://sites.google.com/site/tutoriaiesrodanas/actividades/aprendizaje-y-exito-escolar/tutoria-el-lenador-tenaz-y-el-estudiante-audaz

32 SESIONES (de una hora) PARA TRABAJAR VALORES EN EL AULA

Sesiones con con cuatro o cinco dinámicas cada una, destinadas a trabajar valores en la hora de Tutoría o en la asignatura Educación para la Ciudadanía. Están cronológicamente ordenadas para que los valores se vayan asentando de forma lógica. Es evidente que no podemos cooperar si antes no hemos mejorado la comunicación o no podremos estimar positivamente a las personas que nos rodean si no somos capaces de sentir primero autoestima o que conocerse y conocer a otras personas supone algo más que compartir pupitre durante todo un curso. etc..

http://educarueca.org/spip.php?article460

Dinámica – Juego de Rol: Mi novio quiere controlarme el WhatsApp

Juego de rol

Según las líneas de trabajo que Augusto Boal definió dentro del Teatro del Oprimidx vamos a pedir a un voluntario y una voluntaria que se ofrezcan para un juego de rol.

El chico interpretará a la chica y la chica al chico.

El tema es claro y no es necesario dar muchas pistas para permitir un improvisación más personal.

.- «Estoy harta de que me mires mi móvil. Los whatsapps que recibo son cosa mía».

.- …………………

Una ver interpretado la primera situación por la primera pareja iremos pidiendo que otras personas voluntarias se vayan sumando a cada rol y vayan sustituyendo a lxs primerxs. Así se irán creando otro tipo de situaciones con el mismo tema.

Acaba la interpretación. Nos sentamos en círculo. Empezamos por preguntar cómo se han sentido durante el juego de rol por si alguien se ha sentido verdaderamente herido o herida y necesita una reparación.

Partiendo de la premisa de Augusto Boal de que las personas opresoras nunca son las que favorecen la liberación, que todo va a depender de la opción que tome la persona oprimida, analizaremos todo lo que se ha dicho la pareja, y lo que no se han dicho también.

Es muy importante analizar si se parece o no se parece a la vida real y de ahí iremos escuchando sus opiniones y sus valoraciones. No hay un consejo final. Es la suma de todo el proceso lo que a cada uno y cada una le dará ideas para analizar su propio «yo».

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A continuación os comparto un breve resumen de cómo ha ido hoy la tutoría:

7ª hora, tutoría. Llegan a clase y se sientan en círculo. No cuesta mucho mover las sillas alrededor del aula. Veo sus caras de hambre y cansancio y me temo lo peor como casi cada lunes al comienzo de la hora de tutoría. Siempre me sorprenden. Hoy muy especialmente.

Comienzo diciéndoles que en muchas otras aulas la tutoría consiste en hablar de los problemas de clase y que conmigo eso no es así. Les pregunto si lo echan de menos y me dicen que “no saben”. La cosa empieza a bajo nivel. Les repito, como en muchas otras ocasiones, que si trabajamos lo de conocernos a nosotrxs mismxs y al resto, comunicarnos, alimentar nuestra autoestima, cooperar, tomar decisiones por consenso, respetar la diversidad del aula, relacionarnos desde la noviolencia, los conflictos en nuestra aula se regularán solos y esa regulación será la fuerza que nos haga crecer como personas así que, bienvenidos nuestros conflictos.

Les pregunto si saben qué celebramos el próximo miércoles 8 de marzo. Me dicen que sí. El día internacional de la mujer, de la mujer trabajadora que gana un 17% menos que los hombres que hacen su mismo trabajo.

¿Dónde empieza esta diferencia? Pregunto. El día que nos visten de rosa o azul, según nos toque, nos van marcando el camino. Existe la posibilidad de cambiar cosas, aseguran.

Si un chico y una chica se sientan para trabajar juntos al ordenador ¿Quién es más probable que maneje el ratón? Casi unanimidad: -el chico. Dos chicas se rebelan. Lo celebro.

Vamos a realizar un juego de rol. Necesitamos una pareja de adolescentes. La chica, con gorra rapera, hará de chico. El chico, con teléfono en mano, hará de chica. Rápido tengo dos voluntarixs dispuestxs.

.-¿Qué haces? Pregunta el/la de la gorra.
.- Nada, comenta ella/él, chatear con una amiga.
.- Déjame ver, dice el chico (siempre interpretado por una chica)
.-No quiero.
.- Venga, dámelo.
.- Que no.
.- Visto y no visto. Alarga la mano y se lo quita.
Cambiamos de persona voluntaria. Sale otrx alumnx para hacer de chica. Hay que repetir la escena anterior y dar un paso más allá. Siempre desde la visión de Augusto Boal de que no va a ser la persona opresora la que conceda la libertad a la oprimida. Tendrá que ser la oprimida la que logre liberarse.
.- ………… (repetimos el diálogo anterior)
.- He dicho que me lo des. Dame el teléfono.
.- No quiero.
.- Trae aquí. (Y se lo quita)
.- Tienes contraseña. Pero tú qué te has creído¡¡¡
.- Es mi teléfono.
.- Calla idiota.
(Nuevo cambio de persona. Sale otra persona para hacer de chico. Volvemos a repetir todo el diálogo anterior hasta lo de la contraseña.)
.- Dame la contraseña¡¡¡
.- No quiero.
.- Te he dicho que me la des o si no les cuento a tus padres lo que hacemos tú y yo.
.- No, por favor. Tómala …
(Nuevo cambio y nuevo repetir todo. Volvemos a la contraseña)

.- Dame la contraseña.
.- No quiero.
.- Si no me la das le cuento a tus padres lo que hacemos.
.- No me importa. Mis padres me apoyarán.
.- Pues subiré a Internet las fotos tuyas que tengo.
.- No, eso no, por favor. Tómala …
(Cambiamos de personaje. Vuelve a cambiar la persona que hace de chica).
.- Subiré a Internet tus fotos. -(Dice la chica que hace de chico).
.- Pues yo iré a la policía y te denunciaré -(Dice el chico que hace de chica).
Aplauso espontáneo y se acabó.

Comienza el debate.

¿Cómo os habéis sentido las personas que habéis participado?
Todas han llegado a sentir la rabia y la impotencia. Era incómodo.

¿Se parece a situaciones reales?
Todo el mundo de acuerdo en que sí. Cuentan que conocen parejas que han pasado por esa situación y peores.

¿Eso es amor?
Completamente de acuerdo en que no. Una participación maravillosa de gente explicando que eso no es amor que eso se hace por una extrema necesidad de no querer quedarse sola.
Se ha hablado también de las 12 mujeres asesinadas en los dos primeros meses del año. Conocían casos en los que son las mujeres las que amenazan y humillan también lo hemos comentado. ¿Es o no es violencia de género? ¿Qué pasa cuando la agresión es solo por el hecho de ser mujeres?

Ha salido el tema del miedo a ser violada que sufren las mujeres desde los 12 o 13 años de edad. Un miedo que en ocasiones nos genera una inseguridad por la que los chicos no pasan nunca.

Hablan de chicas, de mujeres que se prestan a ser humilladas. Hablan de que se puede salir. Vuelven a denunciar que si hay amor no hay sufrimiento.

La inseguridad que también es en muchas ocasiones inseguridad económica. La importancia de ser autónomas en temas económicos da una libertad enorme a las mujeres y hemos de trabajar más para conseguir ese puesto de trabajo que nos permita elegir.

Ninguna quiere ser la mujer de Donald Trump.

La tutoría no llega a ser una hora completa. Solemos acabar esa 7ª h. un poquito antes de que suene el timbre para que nuestro final no sea producto del sobresalto chirriante de esa maldita máquina que nos marca el tiempo. Ha sido intenso y gratificante. Yo no sé cómo nuestras autoridades nos dicen que la hora de tutoría se puede dar en inglés. Es un insulto a nuestra profesión, a nuestra función y sobre todo es un robo a nuestro alumnado. Es privarles de ese impulso colectivo para el desarrollo integral de estas personas que caminan, en ocasiones, bastante solas en su proceso de maduración. En las tutorías no son fundamentales mis preguntas pero si lo son sus respuestas.

10 recursos educativos para combatir el acoso escolar

El bullying o acoso escolar es una problemática que se repite en las aulas de los diferentes países del mundo, un tema que debe prevenirse y tratarse de forma simultánea en los centros educativos y las familias. El la página de Tichching podréis encontrar materiales muy interesantes: http://blog.tiching.com/10-recursos-educativos-para-combatir-el-bullying/

 

La soledad y la desolación

La soledad y la desolación, por Marcela Lagarde

Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes “¿Te vas a quedar solita?”, “¿Por qué tan solitas muchachas?”, hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.

La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica para la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.

Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas.
Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.

La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.

Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.

Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.

Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.

El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.

En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.
La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posibilidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia.

La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.
Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica– la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.

Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.
El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.


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