LA HISTORIA QUE NO PUDO SER

Autor: Eduardo Galeano

«Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.

A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.

Pedro de Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar en Chile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.

Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachussetts no había cuotas abiertas de inmigración.»

Eduardo Galeano

Enlace: BIBLIOTECA EDUARDO GALEANO donde podréis encontrar reseñas de varios títulos del autor además de uno de sus libros electrónicos.

CUENTOS PARA TODAS LAS FAMILIAS

En la editorial Fortiori s.l. apostamos por redefinir el concepto de familia como aquello que constituye «nuestro lugar en el mundo». Allí donde siempre queremos y podemos regresar, porque se nos recibe con los brazos abiertos, donde quienes pertenecemos a ella nos queremos y nos lo expresamos y donde la diversidad es un valor positivo, porque nos enriquece.

Queremos transmitir a las generaciones futuras, que el amor entre nosotras y nosotros es lo que hace que formemos una auténtica familia. Independientemente del número de personas que la integramos, del sexo al que pertenecemos, de nuestra raza, del tipo de pareja que formamos, o de si somos hijas o hijos biológicos o nos han adoptado.

Más Información en página de Canal Solidario

Editorial:

http://en-favor-de-la-familia.net/documents/41.html

LA GRAN MANSIÓN.

Había una vez un campesino que con gran esfuerzo y mucho tiempo construyó una grande y confortable mansión. Cierto día salió para un largo viaje y se la dio a sus cuatro hijos para que vivieran en ella.

El primer hermano que entró en la casa ocupó todas las habitaciones del piso de arriba para él mismo. La primera hermana que entró tomó todas las habitaciones de abajo para ella. Los dos tuvieron largas discusiones y argumentaciones porque cada uno quería toda la casa para sí mismo. Cuando el segundo hermano y la segunda hermana llegaron, ya no quedaban habitaciones libres para ellos.

«Como soy muy amable», dijo el primer hermano al más joven, «te dejaré una de mis habitaciones si realizas todo el trabajo en el campo y cultivas todos los alimentos».

«Yo también soy muy amable», dijo la primera hermana a la más joven, «así que yo te daré una de mis habitaciones si cocinas siempre, limpias la casa y lavas la ropa».

Por supuesto, las habitaciones eran las más pequeñas entre muchas de la gran mansión, pero el hermano y la hermana más pequeños no tenían otra opción si querían un tejado sobre sus cabezas. Por eso trabajaban todo el día cultivando el campo, cocinando, limpiando y lavando. Ellos sabían que esto no era lo que su padre hubiera querido para ellos cuando construyó la gran y confortable mansión, porque él quería a sus cuatro hijos de la misma manera. Pero el trabajo era tan duro que estaban demasiado cansados para quejarse a su hermana y a su hermano mayores.

Cuando el hermano mayor vio que el más joven se ponía enfermo de tanto trabajar le dijo: «Te daré alguna medicina para que te pongas mejor. Seguro que mi padre estará satisfecho de mi amabilidad».

Cuando la hermana mayor vio que la más joven cogió catarro porque su ropa era fina y estaba gastada, ella le dijo: «Te daré mi abrigo negro que se me ha quedado pequeño. Seguro que mi padre estará satisfecho de mi amabilidad».

Después de muchos meses, un día, cuando nadie le esperaba, el campesino llegó a la mansión.

PAUTAS PARA EL ANÁLISIS:

Esta historia está sin terminar. Hay dos posibles formas de completarla:

1º Pregunta a las personas participantes cómo piensan que terminó. ¿El campesino se puso contento con la forma como habían repartido la mansión sus hijas? ¿Cómo explicaron la hermana y el hermano mayor su comportamiento al padre? ¿Cómo reaccionó el padre?

2º El grupo puede inventar diferentes terminaciones y dramatizarlas o leerlas en voz alta a todo el grupo. Se puede ilustrar y hacer viñetas de dibujos por secuencias proyectándolas con un retroproyector sobre acetato.

3º Se puede debatir cuál debiera haber sido el comportamiento justo. ¿Los hermanos mayores fueron caritativos? ¿Crees que ellos eran conscientes? ¿Quienes son en realidad los personajes de esta historia? ¿Qué representa la mansión encantada?

Si fueses el hermano y la hermana jóvenes ¿qué harías para que cambiasen las cosas a mejor? ¿Qué papel deben jugar los padres y profesores para prevenir comportamientos injustos?

4º Busca ejemplos en los que alguien te ha tratado injustamente. ¿Conoces a alguien a quien se trata injustamente? En nuestro país, en otras partes del mundo. ¿Por qué sucede eso? ¿Cómo se puede arreglar?

Tomado del libro SOLIDARIDAD ENTRE LOS PUEBLOS recopilado por Emilio Arranz Beltrán, emilio.arranz.beltran(arroba)gmail.com

Cuento – ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

¿Os gusta un martillo? ¿Os parece bueno? ¿Tiene algo malo?
¿Os gusta el tornillo, … la lija, … el metro, ….? ¿Os parecen buenos? ¿Tienen algo malo?

Preparo siete fotocopias del cuento.
Las reparto entre siete personas que interpretarán cada uno de los personajes.

NARRADORA:

Un día en la carpintería de mi pueblo se reunieron las herramientas para hablar de su cualidades.
Para coordinar la reunión se puso al frente el martillo.

MARTILLO:
– Hola, herramientas. Yo soy el martillo y nos hemos reunido aquí . . .

TODAS LAS HERRAMIENTAS:
– No. No queremos que tú estés al frente de la reunión. Haces mucho ruido.

TORNILLO:
– Hola. Yo soy el tornillo y nos hemos reunido aquí para hablar . . .

TODAS LAS HERRAMIENTAS:
– No. No queremos que tú estés al frente de la reunión. Siempre das muchas vueltas.

LIJA:
– Hola. Yo soy la lija y nos hemos reunido aquí para hablar de nuestras . . .

TODAS LAS HERRAMIENTAS:
– No queremos que tú estés al frente de la reunión. Eres muy áspera y siempre te rozas con nosotras.

METRO:
– Yo soy el metro y nos hemos reunido aquí para hablar de nuestras cualidades . . .

CARPINTERA:
– Hola, chicas. Me pongo el delantal y voy a trabajar en la carpintería. Voy a utilizar el metro para medir, el tornillo para sujetar, el martillo para golpear, la lija para que quede suave. Así con las cualidades de cada herramienta tendré un mueble muy útil.

NARRADORA:

Al anochecer la carpintería se quedó sola y las herramientas se reunieron de nuevo. Entonces se puso al frente del grupo el serrucho y dijo:

SERRUCHO:
«Señoras, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero la carpintera trabaja con lo mejor de nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosas. El martillo es fuerte. El tornillo une y da fuerza. La lija es especial para afinar y limar asperezas. El metro era preciso y exacto.»

Se sintieron entonces orgullosas de sus fortalezas y de trabajar juntas.

Reflexión:

¿Qué os parece? ¿Qué pasó? ¿Qué habéis entendido?

Aquí ¿hay alguna persona valiosa? ¿Tú para qué vales? ¿Qué haces bien?

Escribimos: YO TENGO MUCHAS CUALIDADES POSITIVAS.

*

Hay muchas versiones de este cuento en youtube.

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Más cuentos para una convivencia sin violencia.

Otras versiones:

A

B

A.R.D.I.L.L.A.

Había una vez una ardilla llamada ARDI y otra llamada DILLA que habían nacido en un bosque muy grande, muy grande, muy grande, llamado RACUNI. Se conocieron un día de verano en el que se desató una tormenta feroz. Los rayos chocaban contra las rocas produciendo un fulgor que asustaba a los osos que vivían a mil leguas de allí; los truenos eran tan fuertes que hacían temblar a las madrigueras de unos animales que se hacían llamar personas. Los árboles agitaban como nunca sus ramas. Los animales, atemorizados, se habían escondido en sus nidos o madrigueras.

Ardi pensaba que no habría nadie jugando en el bosque con esa increíble tormenta. Dilla estaba pensando lo mismo cuando en un salto entre un roble y un castaño Ardi chocó con Dilla y Dilla chocó con Ardi.

Y a partir de ese día se hicieron muy amigas. Descubrieron que les gustaban las mismas cosas. Disfrutaban mucho jugando con los árboles, haciendo correcalles con algunas liebres, remojándose en las cascadas de los ríos, hablando por la noche con las lechuzas, tomando café con los osos tras levantarlos de la siesta, entrando en las madrigueras de los animales para tomar prestado algún dulce, incluso coincidían en que las madrigueras que menos les gustaban visitar eran las de las personas.

Se divertían mucho juntas en Racuni, siempre había menos sitios que descubrir. Pero un día conocieron a un animal nuevo que se había perdido.

– ¡Hola, yo soy Ardi!

– ¡Hola! Yo soy Elephant y además hablo francés.

– Ah! Pues que bien. Respondió indiferente Dilla.

– Me ha perdido y me gustaría encontrar de nuevo a mis amigos y amigas.

– Dilla le dijo: No sé, no sé. No sé si ayudarte.

– Venga sí, así conocemos nuevos sitios, dijo Ardi.

– Es verdad, Ardi, vamos a hacerlo.

Y emprendieron un largo viaje hasta los confines del bosque que duró tanto tiempo que no podrían recordarlo. Conocieron rincones inhóspitos, nuevos animales, grandes ríos y hermosos árboles. Y cuando menos se lo esperaban llegaron al final del bosque.

Fue un día increíble. No podían imaginar que existiera algo así. Era como un bosque con luces que se parecían a las de los rayos de las más violentas tormentas de Racuni, con ruidos continuos que unas veces se parecían a los de las cascadas más altas y otras a las fiestas que organizaban las cabras con los rebecos en Racuni.

Era el bosque de cemento.

Conocieron muchas cosas diferentes y a muchas personas diferentes, unas les gustaban más a Ardi y otras más a Dilla.

Ardi se dedicaba a contar historias sobre el bosque de Racuni, muy apreciadas entre algunas personas. Dilla tuvo éxito dedicándose a la danza y al salto de altura, e incluso trabajó como modelo fotográfica.

Pero todo esto las fue separando, sus gustos coincidían cada vez menos, no frecuentaban las mismas madrigueras ni jugaban a las mismas cosas y finalmente dejaron de verse.

Dos otoños después empezó a correr la noticia de que el bosque de Racuni estaba cambiando de color y de sonido, y de que se estaba convirtiendo en un bosque de cemento.

Ardi llamó a su amigo Elephant, el que sabía francés, y volvieron juntos a Racuni. Dilla por otro lado, viajó también hacia el bosque. Ella con amigos y amigas del equipo de salto de altura. Y todos juntos decidieron formar después de una loquísima fiesta de reencuentro el COLECTIVO A.R.D.I.L.L.A. (siglas de Agrupación Rebelde para la Defensa de los Ideales de las Ardillas).

Después de varios estudios para identificar las causas del problema y analizar los recursos existentes, realizaron una planificación estratégica con métodos epidemiológicos ya utilizados en el bosque de la Salud y que habían sudo muy eficaces.

La lucha fue ardua y costosa. Hubo momentos muy difíciles en los que incluso se llegaron a plantear pasar a la lucha armada. Pero finalmente consiguieron recuperar casi todo el bosque. Racuni fue de nuevo frondosa tierra y a la vez feroz. Y más hospitalario que antes para los visitantes.

Dilla y Ardi aprendieron la lección y comprendieron que podían ser amigas a pesar de que no les gustaban las mismas cosas.

Pasó un tiempo y aunque su amistad crecía decidieron disolver el Colectivo ARDILLA ya que Dilla quería volver al bosque de cemento para seguir jugando al salto de altura. Allí se hizo muy amiga de Elephant, y a tanto llegó su amistad que Dilla aprendió francés y Elephant practicó el salto de altura.

Ardi siguió en Racuni. Jugaba mucho como antes pero también se dedicaba a la defensa del bosque. Dilla desde el bosque de cemento, de otra manera, también luchaba por Racuni y era feliz así.

Siguieron viviendo muy alejadas y haciendo cosas diferentes, pero continúan viéndose a menudo, y su amistad, aún hoy, sigue creciendo y creciendo.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Iñaki Imaz.

Enviado por: Alternativa Antimilitarista -Movimiento de Objeción de Conciencia de Carabanchel (Madrid). Nos han enviado una serie de Fábulas Insumisas que iremos publicando poco a poco.

Si queréis saber más de este grupo este es el enlace a su página: AA-MOC Carabanchel

UN CIEGO CON LUZ

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: -¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!

Entonces, el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi… No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

EN LA RIBERA DEL OKA

EN LA RIBERA DEL OKA

En la ribera del río Oka vivían felices numerosos campesinos; la tierra no era fértil, pero labrada con esmero producía lo necesario para vivir con tranquilidad y poder guardar algo de reserva.

Iván, uno de los labradores, tenía una hermosísima pareja de froilanes, una especie de dragones pequeños muy violentos para que cuidaran de su casa. Los froilanes al poco tiempo se hicieron conocidos por todos los campos del Oka por sus continuas correrías, en las que ocasionaban destrozos en los sembrados: las ovejas y los terneros no solían quedar bien parados.

Nicolai, vecino de Iván, en la primera feria de Tula compró otra pareja de froilanes para que defendieran su casa, sus campos y sus tierras.

Pero, a la vez que cada campesino, para estar mejor defendido, auemntaba el número de froilanes, estos se hacían más exigentes. Ya no se contentaban con los huesos y demás sobras, sino que había que reservarles los mejores trozos de las matanzas y hubo que construirles recintos cubiertos y dedicar más tiempo a sus cuidados.

Al principio, los nuevos guardianes rieron con los antiguos, pero al pronto se hicieron amigos y los cuatro hicieron juntos las correfías.

Los otros vecinos, cuando vieron aumentar el peligro, se hicieron también con más froilanes y así, al cabo de pocos años cada labrador era dueño de una jauría de 10 ó 15 froilanes.

Cuando oscurecía, al más leve ruido, los froilanes corrián furiosos y armaban tal escándalo que parecía que un ejército de bandidos fuera a asaltar la casa.

Los amos asustados cerraban bien sus puertas y decían:
– ¡Dios mío! ¿Qué sería de nosostros sin estos valientes froilanes que tan cuidadosamente cuidan de nuestra casa?

Entre tanto, la miseria se había asentado en la aldea; los niños cubiertos de harapos, padecían de frio y hambre, y los hombres, por más que trabajaban de la mañana a la noche, no conseguían arrancar del suelo el sustento necesario para su familia.

Un día se quejaban de su suerte delante del hombre más viejo y más sabio de la aldea, y como culpaban de ella al cielo, el anciano les dijo:

– La culpa la tenéis vosotros. Os lamentáis que en vuestra casa falta pan para vuestros hijos y veo que natenéis a docenas de froilanes.

– Son los defensores de nuestros hijos.

– ¿Los defensores? ¿De quién os defienden?

– Señor, si no fuera por ellos, los froilanes extraños acabarían con nuestro ganado y hasta con nosotros mismos.

– ¡Ciegos!- , les contestó el anciano. ¿No comprendéis que los froilanes os defienden a cada uno de vosotros de los froilanes de los demás y que si nos los tuviérais no necesitaríais defenseores que se comen todo el pan que debiera alimentar a vuestros hijos? Suprimid los froilanes y la paz y la abundancia volverán a vuestros hogares.

Y siguiendo el consejo del anciano se deshicieron de sus defensores y un año más tarde sus graneros y despensas no bastaban para contener las provisiones, y en el rostro de los hijos sonreía la salud y la prosperidad.

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Cuento – IMAGINA EL DESFILE DE LA HUMANIDAD

Imagina el desfile de la Humanidad

Imagina un mundo en el que la talla de cada persona es proporcional al dinero que gana. Supongamos que ganamos algo más que la media de un estado rico; esto nos daría una altura de un metro con 73 centímetros.

Hoy es un día especial. Asistimos a un desfile extraordinario: la totalidad de habitantes del planeta va a pasar delante nuestro en una hora. Acaba de empezar.

¿Realmente ha comenzado?… No vemos nada… Perdón, si vemos algo que se mueve… Parece increíble: miles y miles, cientos de millones de seres más pequeños que hormigas avanzan sin que se pueda distinguir qué son. Pasan y pasan durante diez minutos.

Ahora empieza ya a verse gente reconocible… Aunque no son más altos que un cigarrillo. Parecen chinos y de todas las naciones del mundo. Pequeños y con sus ropas de muchos colores. La inmensa mayoría son mujeres y van acompañados de muchos niños y niñas que juegan todos los juegos y hablan todas las lenguas que ha inventado la Humanidad. Siguen y siguen pasando… ya llevamos más de treinta minutos, eso quiere decir que ya ha desfilado la mitad de la población del planeta. Sin embargo, todavía no ha pasado nadie más alto de siete centímetros y medio.

Suponíamos que íbamos a esperar bastante antes de ver gente de nuestra estatura, ¡pero no tanto! Llevamos cuarenta minutos de destile y los más altos nos llegan a las rodillas. Hay soldados y obreros de muchos países, trabajadores de piel oscura con sus herramientas de trabajo… pero enanos todavía.

Ya sólo quedan diez minutos y empezamos a sospechar que el desfile no acabará a tiempo. Al menos ahora las caras son más familiares, aquí vienen los españoles: primero pensionistas y parados, luego estudiantes y empleados a tiempo parcial con muchos amas de casa… aunque los que más sólo llegan a medir un metro.

Quedan sólo cinco minutos y empezamos a ver gente de nuestra talla: funcionarios y comerciantes sobre todo, y todos norteamericanos o europeos. Ahora vienen gerentes y directores de empresas; éstos ya pasan de nuestra estatura.

Y ahora ¿qué pasa? De pronto parece como si la gente creciese de golpe, ¡cada vez son más altos! Empresarios y terratenientes de muchos países, todos bien vestidos y de un tamaño… de cuatro metros, de seis, ¡de nueve!. Es el turno de la gente famosa: algunos actores, deportistas y cantantes mezclados con tipos sospechosos, todos altos como torres de treinta y cuarenta metros.

Acabamos de entrar en el último minuto del destile, el minuto cincuenta y nueve. Hacen falta prismáticos para ver bien la cara de estos jeques. También hay directores de multinacionales. Son realmente sorprendentes. Superan fácilmente los novecientos metros. ¡allá arriba debe estar nevando!

Los últimos segundos. Paseos de los multimillonarios. Son muy pocos, pero alcanzan alturas de kilómetros y kilómetros. ¿Quién iba a imaginarlo?

Ya se acaba el tiempo… pero ¿qué pasa? Se oscurece el horizonte. ¡Atención!, Nos cubre una gigantesca nube negra que se nos viene encima… se trata de… ¡Cuidado, el pie de Rockefeller!

(Adaptado de «La alternativa del juego II»)

PARABOLA DEL HOMBRE CON LAS MANOS ATADAS

PARÁBOLA DEL HOMBRE CON LAS MANOS ATADAS

Érase una vez un hombre que vivía como todos los demás. Un hombre normal. Tenía Cualidades positivas y negativas. No era diferente.

Un día, llamaron repentinamente a su puerta, cuando salió se encontró con sus amigos. Eran varios y habían venido juntos. Sus amigos después de mantener una larga y amistosa charla con él, le ataron los pies y las manos para que no pudiera hacer nada malo (pero se olvidaron de decirle que así tampoco podría hacer nada bueno). Y se fueron dejando un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle.

Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó, poco a poco, acostumbrarse a su nueva situación.

Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encenderse un cigarrillo, y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres.

Pasaron muchos años, y el hombre comenzó a acostumbrarse a sus manos atadas. Mientras tanto su guardián le comunicaba, día tras día, las cosas malas que se hacían en el exterior los hombres con las manos libres (pero se le olvidaba decirle las cosas buenas que también hacían los hombres con las manos libres)

Siguieron pasando los años y el hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas, y cuando, el guardián le señalaba que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas no podía hacer nada malo. ( pero se le olvidaba señalarle que tampoco podía hacer nada bueno).

El hombre comenzó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Además, ¡Estaba tan acostumbrado a las ligaduras…!

Pasaron muchos años, muchísimos años más…, un día sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del hombre.

-“¡Ya eres libre!”, le dijeron.

Pero habían llegado demasiado tarde, las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas y, aunque así, con las manos libres ya no podía hacer cosas malas, tampoco podría ya hacer cosas buenas.

Autor desconocido/a

IGUALDAD ANTE UN SUEÑO

IGUALDAD ANTE UN SUEÑO Siempre me sentiré orgulloso de recordar la manera en que conseguí hacer honor a mi bisabuelo, de origen indio, cuando al verme nacer, según me han contado, dijo:«Este pequeño, debería llamarse Halcón Osado». Tengo trece años y vivo en el campo, en una cabaña que mi padre construyó con mi ayuda. Mi hermana, de quince, aún no sabe leer pero nos confecciona toda la ropa a mi padre y a mi. Mi madre murió hace unos años, a causa de una enfermedad extraña que algunas personas de la aldea padecieron y a la que pocos sobrevivieron. La recuerdo amable, sonriente pero con miedo y melancolía en su mirada. Mi hermana dice que ella temía fallarnos, no ser capaz de hacernos felices, no poder conseguir cada semana el agua que necesitábamos para vivir y para lo que tenía que caminar durante horas; a no mantener el fuego encendido; a no lograr que el huerto nos diese los alimentos que necesitábamos… Pero mi padre no, mi padre es un hombre valiente, que no entendía por qué se apagaba el fuego, pues a él no le ocurría. Además, él sí conseguía que nosotros comiésemos trayendo a casa el escaso dinero que obtenía construyendo cabañas junto a otros hombres que, como él, podían ser fuertes y vitales, pues sus madres, mujeres y hermanas les cedían su alimento. Yo iba a la escuela, a diferencia de mi hermana que se quedaba en casa ayudando a mi madre y cuando ella murió, atendiéndonos a mi padre y a mí. Poco a poco, empecé a ver en sus ojos aquella mirada de mi madre que hacía que mucha gente dijese que era su vivo retrato. A mi me gustaba estudiar, quería llegar a ser un constructor para que, al lado de mi padre, pudiésemos hacer mejores casas en nuestra aldea. En cambio, siempre creí que mi hermana no quería ir a la escuela, hasta que un día la descubrí, en la noche, a la luz de una vela, mirando uno de mis libros, que ni siquiera entendía y los cuales, adquiría, vendiendo vestidos realizados con aquellas telas tan elegantes que una tía lejana de la ciudad le había regalado. Ese día, me di cuenta que quizás la mirada triste de mi hermana no se debiera a que no conseguía agua todas las semanas, tal vez añorase aquellas telas que tanto solía mirar. Es cierto, mi hermana tenía sueños, sentía igual que yo. Tuvo miedo el día que hubo un incendio cerca de nuestra casa, dolor y tristeza cuando mi madre moría, admiración a los hombres que encontraron a aquel niño que desapareció en el bosque… y… qué curioso… ¿por qué, entonces tendríamos una vida tan diferente? Observé, en cambio, que su vida era similar a las de las hermanas de mis amigos, mis primas e incluso mis tías y abuelas. El tiempo fue pasando sin novedades hasta que un día, al llegar de la escuela, mi tía había vuelto de la ciudad. Me alegré, deseando que le hubiese traído nuevas telas a mi hermana. Pero no fue así, esta vez, nos enseñaba unos folletos de escuelas grandes a las que yo, si quería, podría ir a estudiar para ser un buen constructor como siempre había soñado. Yo tenía ganas de saltar y gritar de alegría, mi padre estaba orgulloso y mi hermana, con los ojos húmedos pero con alegría en su gesto. Guardando en la maleta uno de los trajes que mi hermana me había hecho con ropas viejas, comprendí lo mucho que ella siempre se había esforzado por nosotros, sin quejarse nunca, simplemente cumpliendo el que creía que era su deber. Inmediatamente pregunté a mi tía si en su ciudad había colegios de costura y diseño, ella, entre bromas de todos, afirmó que estaban algunos de los mejores. Me fui a dormir con una idea en la cabeza, que la mañana siguiente se hizo más fuerte aún. Mi hermana y yo debería tener la misma oportunidad de ir a estudiar a la ciudad. Ella lo deseaba como yo, yo lo sabía, sentíamos prácticamente igual. Mi tía no se lo podía creer, en las familias pobres como la nuestra, sólo los hombres tenían la oportunidad de aprender un oficio para sacar a su familia adelante, ¿qué iba a hacer yo entonces? Yo llevaba años observando a mi hermana, sabía cómo atender a mi padre y él seguro que también, ¡siempre vio a mi madre! Mi tía dijo que no se le podía dar esa preferencia a mi hermana, que deberíamos ser iguales y el azar elegiría entre ambos. Mi hermana, callada, apartó su cotidiana tristeza de sus ojos y pude ver a mi padre cómo recordó a mi madre y me miró a mí con la admiración con la que siempre le había observado yo a él y susurró «Yo nunca hubiese sido tan valiente». En ese momento, sin saber quién se iba a ir a la ciudad a cumplir su sueño, realmente fui feliz, no sólo de sentir como mi hermana, sino de ser iguales, al fin, ante la misma oportunidad. Autora: Laura Beltrán, Presidenta de la Plataforma de Voluntariado de León. COMPRENSIÓN LECTORA: ¿Cuál es el nombre del protagonista? ¿Qué habilidades tiene la hermana del protagonista? ¿Por qué los hombres de esa aldea eran más fuertes y vitales que las mujeres? ¿Qué hacía la hermana del protagonista para conseguir libros? ¿Quiénes tenían una vida similar a la vida de la hermana del protagonista? ¿Por qué dice el padre del protagonista: «Yo nunca hubiese sido tan valiente»? ¿Qué es lo que deseaba el protagonista para su hermana? ¿Por qué se siente feliz el protagonista al final del cuento…? VOCABULARIO: ¿Qué puede significar: «igualdad de oportunidades»? PONLE TU FINAL: Redacta un final para la historia.