Cuento – Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

Nada de nada, le contestó.

Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:

Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.

Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.

Dicho esto, el gorrión se alejó volando.

Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:

Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo (Kurt Kauter)

Enviado por L. Barriocanal a: http://victorcuevas.es/educadores21

Si pinchas en la sopa de letras obtendrás una imagen fotocopiable.

Sopa de letras

Sopa de letras

Cuento (radiofónico) – Papá, ¿cuánto ganas?

PAPÁ, ¿CUÁNTO GANAS?

CONTROL MÚSICA SUAVE

NARRADORA La noche había caído ya. El pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido. Estaba esperando a su papá y el motivo bien valía la pena.

EFECTO PUERTA QUE SE ABRE

NARRADORA Los traviesos ojos del niño ya se iban cerrando, cuando, al fin, se abrió la puerta. Como impulsado por un resorte, se incorporó y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:

NIÑO Papá, ¿cuánto tú ganas en el trabajo?

NARRADORA El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:

PADRE Eso, muchacho, ni siquiera tu madre lo sabe. Así que, no me molestes y vete a dormir, que es muy tarde.

NIÑO Pero, papá, solo dime cuánto te pagan por una hora de trabajo.

PADRE (MOLESTO) Y dale con lo mismo. ¿Eso quieres saber?

NIÑO Sí, dime solo eso…

PADRE Diez pesos. Eso gano por una hora de trabajo.

NIÑO Otra cosa, papá. ¿Me podrías prestar… cinco pesos?

PADRE Caramba, uno no puede llegar a casa y ya están pidiendo plata… Así que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?… Vamos, vamos, vete a dormir y no sigas fastidiando…

NARRADORA Sin decir una palabra más, el niño se alejó y se encerró solo, como siempre, en su cuarto.

PADRE (PARA SÍ) ¿Qué le pasará a este muchacho?… Tal vez necesita algo…

EFECTO TOCA A LA PUERTA. ABRE LA PUERTA.

PADRE ¿Duermes, hijo? (PAUSA)… Hijo…

NIÑO No, papá, dime…

PADRE Aquí tienes el dinero que me pediste…

NIÑO (CONTENTO) ¡Gracias, papi!… ¡Ya completé!

NARRADORA El niño metió su manita debajo de la almohada y sacó otro billete, bien arrugado, de cinco pesos.

NIÑO Ya tengo los diez que te pagan.

PADRE ¿Cómo dices, muchacho?

NIÑO Ahora, papá… ¿me podrías vender una hora de tu tiempo?

CONTROL MÚSICA SUAVE Y TRISTE

FUENTE: Radialistas Apasionados y Apasionadas

Cuento – El hombre que plantaba árboles

Sábado por la mañana. Abro EducaRueca y descubro, entre otras muchas, una visita especial. Siguiendo la pista llego a conocer al hombre que plantaba árboles.


El hombre que plantaba árboles
un relato de Jean Giono, sobre lo que puede hacer un sólo hombre en favor de la naturaleza… la lectura os llevará unos minutitos… es absolutamente delicioso…

¡Que lo disfrutéis!…

Versión en vídeo:

[https://www.youtube.com/results?search_query=el+hombre+que+plantaba+arboles

En esta versión resumida, de solo 4 minutos, del texto de «El Hombre que Plantaba Árboles» podéis hacer clic en ajustes y leer el texto a menor velocidad. Si no os gusta la versión de Simon & Garfunkel con la música de fondo podéis quitar el sonido.

La historia de El Hombre que plantaba árboles resumida en 4 minutos:

https://www.youtube.com/watch?v=SdNCFb7m5mk

Carta autobiográfica al patito feo

Querido patito:

Te debo esta carta desde hace muchísimos años: tantos, que entonces yo leía solamente libros dedicados a los niños y usaba en la escuela las cuentas de madera de un ábaco.

Por aquella época, el pueblo donde yo vivía era tan chiquito que con cuatro aguaceros se inundaba; cosa que las ranas aprovechaban para celebrar su festival de coros, dirigidos por Casilda, nuestra antigua conocida de Cantel. Durante esos días, el vecindario se animaba, los niños no perdíamos ninguno de los conciertos y las ranas de mi pueblo se hacían célebres.

Mi casa, de madera y techo de tejas, era muy espaciosa. Contaba con patio y traspatios y muchos árboles y flores. A la sombra de los árboles y ante el pasmo de gallinas y gallos, abría el pavorreal su cola de abanico, graznaban gansos, volaban palomas y trinaban pájaros. Pero mis preferidos eran otros: Miguelín, un cernícalo que adopté al caerse del nido, y el conejo Alfredo Molina.

Miguelín vivió siempre bajo el alero del corredor y, al crecer, resultó un camorrista desorejado. Aun estando harto, se lanzaba como un pirata contra lagartijas y guayabitos, sin hacer el menor caso a mis reprimendas. Miguelín sólo respetaba al gato. En cuanto al conejo, tenía muy buen carácter. Su gran debilidad se manifestaba ante una hoja de col: al recibirla pegaba tales saltos y triplesaltos que, más que un conejo, el joven Molina resultaba un gimnasta.

Quiero señalarte, patito, que yo era una niña fea. Cosa de suma importancia en esta historia. Me miraba al espejo de mala gana, pues, enseguida, aparecían en él mi nariz pecosa, el pelo, más que lacio, alicaído, y una figura delgaducha, desteñida, sin gracia, para la cual no valían galas ni modas.

La belleza, patito, es un precioso don de la naturaleza. Quien la posee parece llevar una luz que a todos encanta. De ella sólo recibí el leve destello de un fósforo.

Por todo lo expuesto comprenderás que yo era una muchachita triste, tímida y acomplejada; si bien trataba de ocultarlo al mostrarme risueña e indiferente. Emulaba con Miguelín, apelando al engaño de aparentar desenvoltura y formas de aventajado camorrista.

Para mantener tan vigorosa personalidad y en el intento por hacerme respetar, hasta donde fuera posible, de los burlones de la escuela y el barrio, aprendí a manejar el tirapiedras con igual destreza que manejara Robin Hood el arco y las flechas; a trepar a los árboles ágilmente y segura como un camaleón y, sobre todo, a sobresalir como lanzador en el equipo infantil de pelota. Lo que, en aquella lejana época y tratándose de una mujercita, dejaba boquiabiertos al resto de los jugadores, varones todos. Debo agregar que cabalgaba como un vaquero, ya que mi familia era gente de ganadería, y casi toda formada por excelentes jinetes.

Ya declaré la verdadera razón de semejante cartel de arrogancia, patito. Servía para encubrir mi apocamiento al conocer, desde muy temprano, que mi presencia despertaba la risa de los compañeros de escuela y de juegos, y un insufrible sentimiento de lástima en los mayores. Para sentirme en paz, buscaba casi todo el tiempo la compañía de los animalitos y los árboles. Ellos parecían no dar importancia a mi enclenque figura, mis larguísimas piernas de flamenco, mi voz ronca, mi carita fea… Me querían por mi leal apego: les daba de comer, los regaba, inventaba para ellos fabulosas historias que parecían escuchar respetuosos y entretenidos. Sin contar que, más bravía y resuelta que el cernícalo, siempre estaba dispuesta a defenderlos de quienes los maltrataran. Viejos y serviciales arrenquines, potros briosos, puerquitos, terneros y cabras, además de cuanto bicho con plumas habitaba el patio, me tenían por uno de los suyos.

Tal como lo describo eran las cosas para mí, cuando, al cumplir mis diez años y entre otros regalos, recibí un libro de cuentos. Uno de ellos refería la historia de un patito, feo como yo; amargado, como yo. ¡Tan sin nada los dos, patito! Decía el cuento que, junto a mamá-pata y sus lindos hermanitos, el pequeñuelo soportaba la pena de su fealdad. Al saberse motivo de burlas y bromas pesadas, recurría a la fuga para refugiarse en el campo y allí se amigaba a las codornices y a algún anciano buey sabio y comprensivo.

La lectura de esa narración, que realizaba instalada a mis anchas en las ramas cercanas a la copa de un añoso tamarindo, me hizo cavilar por tratarse de un caso que me afectaba directamente, y formularme una pregunta: ¿Por qué, dentro y fuera del libro, nadie parecía entender algo tan sencillo como que tanto el patito como yo no habíamos escogido nuestro lamentable aporte al ornato del mundo? Éramos feos, sin derecho a cambio o devolución, lo que se me figuraba una gran injusticia. Y lo peor: ignoraba a quién debíamos reclamar o cargar la culpa del desaguisado.

Mientras leía el cuento y razonaba de esa forma, lloraba a lágrima viva. Tu pena, patito, era la mía y te acompañaba y sufría contigo. Pero algo cambió al llegar al final del relato; al saber de qué modo dos grandes, bellísimas alas blancas te elevaron sobre el corral hasta situarte en el espacio azul, entre la luz más pura. Sentí con ello, pequeño amigo, algo suave y dulce penetrar en mi pecho y sosegarlo. En ese instante -nunca lo olvidaré- surgió en mí, con el deseo impetuoso de obtener tu misma suerte, mi primera esperanza.

Todavía mi memoria recoge la emoción de aquel nuevo sentimiento. Una idea seguía a la otra y presentí confusamente que toda ayuda debía esperarla de mí misma, de mis propias fuerzas y sin huir ni avergonzarme. En lo alto de mi silvestre lugar de lectura me afirmé en el propósito de hacerme valer, pese a mis muchas desventajas, entre los venturosos elegidos de la belleza. A los diez años comenzaba a entender lo que hoy afirmo: La vida es generosa y a todos ofrece cabida, caminos y horizonte, siempre que no perdamos el valor o no nos falle la voluntad.

Aquel día, al cerrar el libro, bajar del tamarindo y tomar tierra, me sentí otra. Lejos de atormentarme y sufrir por lo que no estaba a mi alcance componer o disimular, me dediqué a observar todo lo hermoso y bueno que iba descubriendo a mi alrededor, para luego tratar de describirlo en mi cuaderno escolar. Así llegué a muchacha, con la aspiración de ser escritora -que es otra manera de volar-, y, a pesar de no poder hacerlo bien al principio, no cejé; seguí adelante con firmeza y valor, sobreponiéndome a las muchas dificultades que hallara en el largo camino de los años.

Hoy, patito, creo ser una escritora hecha, aunque no muy derecha ya, que te escribe, recuerda y agradece de todo corazón.

Dora Alonso

Dora Alonso nació en Máximo Gómez, provincia de Matanzas, Cuba, en 1910. Su trayectoria como narradora, poetisa, dramaturga y periodista la hizo merecedora en 1988 del Premio Nacional de Literatura de su país. Su amplia producción destinada a los lectores infantiles y juveniles abarca diversos géneros: poesía (Los payasos, La flauta de chocolate, Palomar, El grillo caminante), cuento (El libro de Camilín, Tres lechuzas en un cuento, Ponolani), novela (El cochero azul, El valle de la pájara pinta, Juan Ligero y el gallo encantado), teatro (Teatro para niños, Doñita Abeja y doñita Bella) y testimonio (Gente de mar).

Enviado por: María José titiritera de SOL Y TIERRA: http://www.solytierra.com/

Fuente: CUATRO GATOS http://www.geocities.com/Cuatrogatos4/carta.html

Ilustración de Richard Bennett
It’s perflectly true and other stories
Hans Christian Andersen
New York: Harcoyrt, Brace & World, 1938

Cuento – Albosque te da más.

Al rayar el alba, el setero sale de su casa con un bastón y una cesta. Toma la carretera y, un rato más tarde, un camino, hasta que llega a un pinar. De tanto en tanto se para. Aparta con el bastón la capa de pinocha seca y descubre níscalos. Se agacha, los recoge y los mete en la cesta. Sigue andando y, más allá, encuentra rebozuelos, oronjas y agáricos.

Con la cesta llena, empieza a desandar el camino. De golpe ve el sombrero redondeado, escarlata y jaspeado blanco, de la amanita muscaria. Para que nadie la coja le da un puntapié. En medio de la nube de polvo que la seta forma en el aire al desintegrarse, plop, aparece un gnomo con gorro verde, barba blanca y botas puntiagudas con cascabeles, flotando a medio metro del suelo(…)


Si pinchas en el título entrarás el enlace con la página «Consume hasta morir» y podrás saber el final del cuento.

http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=1430

Cuento – LO IMPORTANTE ES LO QUE NOS UNE

Si

Lo importante es lo que nos une

No sé quién me enseñó que si quieres a alguien, para superar los conflictos que puedan surgir con dicha persona, debes hacer hincapié en lo que te une y no en lo que te separa. Las relaciones personales son difíciles pero, a su vez, son absolutamente imprescindibles para llevar una vida verdaderamente humana. Pero estas relaciones personales no son siempre un camino de rosas, a veces son muy complicadas. Por eso, centrémonos en lo que nos une y no en lo que nos separa.

Os dejo un cuento que leí en el blog de J (no especifico más porque no sé si él quiere) que está relacionado con la superación de las crisis con personas a las que realmente queremos. Dice así:

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro. Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena: «MI MEJOR AMIGO ME DIO HOY UNA BOFETADA.»

Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse. El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recuperarse, escribió en una piedra: “MI MEJOR AMIGO HOY SALVÓ MI VIDA.»

El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó: «Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra, ¿por qué?» El otro amigo le respondió: «Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo.»

Aprended a escribir en arena todo aquello que os lastime y grabar en piedra todo aquello que os haga sentir bien. Un saludo, Montse

Fuente original: https://montsepedroche.wordpress.com/2006/06/19/lo-importante-es-lo-que-nos-une/

Cuento – UN NIÑO

«Esto que cuenta la historia, nos diréis, en secundaria no pasa. En secundaria cuidamos más esos detalles … Habrá también quien no esté, para nada, de acuerdo. EDUCARUECA»

“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.

Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:
-Hoy vamos a hacer un dibujo.
-Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados.
-Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores.
-¡Qué bueno! – pensó el niño, – me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.

Pero la maestra dijo: – Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde.
El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.

Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo:
-Hoy vamos a hacer algo con barro.
-¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.

Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados.
-Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar un plato.
-¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.

Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar.
El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.

Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.

Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.
En su primer día de clase, la maestra dijo:
-Hoy vamos a hacer un dibujo.
-Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.

Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón.
Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo:
-¿No quieres empezar tu dibujo?
-Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?
-No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.
-¿Y cómo lo hago? – preguntó.
-Como tú quieras contestó.
-¿Y de cualquier color?
-De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?
-Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”

Helen Buckley

FUENTE: http://www.lafabricadelaparticipacion.org/un-nino.htm

Enlace con otra actividad en EDUCARUECA sobre el tema –
Firmado: La maestra

English version:

THE LITTLE BOY by Helen Buckley

Once a little boy went to school

One morning,

When the little boy had been in school awhile,

The teacher said

“Today we are going to make a picture.”

“Good!” thought the little boy.

He liked to make pictures.

He could make all kinds.

Lions and tigers,

Chickens and cows, trains and boats.

He took out his box of crayons

And began to draw.

But the teacher said, “Wait!

It is not time to begin!”

And she waited until everyone looked ready.

“Now,” said the teacher,

“We are going to make flowers.’

“Good!” thought the little boy.

He liked to make flowers,

And he began to make beautiful ones

With his pink and orange and blue crayons.

But teacher said, ”Wait!

And I will show you how.”

And it was red, with a green stem.

“‘There,” said the teacher.

“Now you may begin.

The little boy looked at the teacher.

Then he looked at his own flower

He liked his flower better than the teacher’s.

But he did not say this.

He just turned his paper over

And made a flower like the teacher’s.

It was red, with a green stem.

On another day, the teacher said,

“Today we are going to make something with clay.”

“Good!” thought the little boy.

­He liked clay.

He could make all kinds of things with clay.

Snakes and snowmen,

Elephants and mice, cars and trucks,

And he began to pull and pinch

His ball of clay.

But the teacher said,

“Wait! It is not time to begin!”

And she waited until everyone looked ready

“Now, “ said the teacher,

“We are going to make a dish.”

He liked to make dishes.

And he began to make some

That were all shapes and sizes.

But the teacher said, “Wait!

And I will show you how.”

And she showed everyone how to make

One deep dish..

There,” said the teacher.

“Now you may begin

The little boy look at the teacher’s dish.

Then he looked at his own.

He liked his dishes better than the teachers

But he did not say this.

He just rolled his clay in to a big ball again

And made a dish like the teacher’s.

It was a deep dish.

And pretty soon

The little boy learned to wait

And to watch,

And to make things just like his teacher.

And pretty soon

He didn’t make things of his own anymore

Then it happened

That the little boy and his family

Moved to another house

In another city,

And the little boy

Had to go to another school.

And the very first day

He was there,

The teacher said:

“Today we are going to make a picture

“Good! thought the little boy,

And he waited for the teacher

To tell him what to do.

But the teacher didn’t say anything.

She just walked round the room.

When she came to the little boy

She said, Don’t you want to make a picture?”

“Yes,” Said the little boy,

“What are we going to make?”

“I don’t know until you make it,”

Said the teacher.

“How shall I make it?” asked the little boy.

“Any way you like,” said the teacher.

“And any color?” asked the little boy.

“Any color,” said the teacher.

“If everyone made the same picture,

And used the same colors,

How would I know who made what,

And which is which?”

“I don’t know,” said the little boy,

And he began to make a red flower with a green stem.

EL CUENTO DEL JOVEN PESCADOR

A las diez de la mañana está un pescador sentado en la playa. Se le acerca un señor que le dice:

– ¿Por qué no estás pescando?

– Es que ya cogí suficiente pescado.

– Pero, ¡si sigues pescando, venderás más pescado y tendrás más dinero!

– ¿Y qué haré yo con más dinero?

– Pues podrás comprar un barco más largo.

– ¿Y qué haré yo con un barco más largo?

– Pescarás más y ganarás más dinero.

– ¿Y para qué?

– Pues podrás comprar más barcos y pescar más pescado y ganar un montón de dinero.

– ¿Y para qué me servirá todo eso?

– Pues al final de tu vida te permitirá descansar y gozar de la vida.

– ¿Y qué crees que estoy haciendo ahora?

Cuento – CUENTO DEL POETA PERSA SAADÍ

“Vieron a un chacal huyendo de tal manera que a cada momento se caía y se volvía a levantar. Alguien le preguntó: ‘¿Qué calamidad te ha sobrevenido para tener tanto miedo?’. Contestó: ‘He oído que subyugan a los camellos’. Le reprendió el otro: ‘¡So tonto!, ¿Qué tienes que ver tú con el camello y en qué te asemejas a él?’ Replicó el chacal: ‘Calla, que si los enemigos dijeran de mí que soy un camello y fuese atrapado, ¿quién se molestaría en averiguar la verdad de mi identidad para liberarme? y así, mientras el contraveneno es desde Irak traído, el veneno de serpiente, su efecto ya ha surtido.’”

Y si aplicásemos este cuento a las «armas de destrucción masiva» de las que nunca más se supo ó la fabricación de armas nucleares en Irán…

Será cuestión de abrir un debate para intentar que lleguen a alguna conclusión propia sobre la influencia de los medios de comunicación y de los poderes que apoyan a estos medios.

Como siempre sería interesante que en pequeños grupos preparen antes el debate para poder recoger las opiniones de personas que hablan con más comodidad en los grupos pequeños. También nos queda sugerir que las personas que van a leer las aportaciones de cada grupo no sean siempre las mismas. Queremos también ver caras nuevas en este telediario.

FUENTE: Agencia Oficial Iraní de Noticias IRNA