Estas navidades, regala Comercio Justo!

El MOVIMIENTO DE COMERCIO JUSTO nace en Europa en la década de los 60 como una alternativa frente a las desequilibradas relaciones comerciales existentes entre el Norte y el Sur que perjudican y empobrecen a los habitantes de los países del Sur, obligándoles a jugar el papel de mano de obra barata o cultivadores de productos para la exportación, con precios cada vez más bajos e insuficientes para poder mantener un nivel de vida digno.

Su principio fundamental es garantizar a los productores del Sur una compensación justa por su trabajo, así como unas condiciones laborales dignas y respetuosas con el medio ambiente.

En 1969 se abre en Holanda la primera «tienda solidaria». Actualmente, en España hay 27 organizaciones pertenecientes a la Coordinadora Estatal de Organizaciones de Comercio Justo, con más de 50 puntos de venta reconocidos en todo el territorio nacional.

Si esta forma de comercio te parece más justa y quieres pasar a la acción aquí va la dirección de la tienda «electrónica» de la ONG SETEM:

http://www.comerciojusto.com/

Esta navidad es insostenible

Papa noel perdió la cabeza

Compre en su supermercado una pack individual en lata de 12 uvas sin pepita y dispóngase a disfrutar del fin de año.

El gasto familiar en todas las zonas del Estado español se dispara al llegar la navidad. Se ha conseguido instaurar en las cabezas de los consumidores un principio: celebrar la navidad requiere ineludiblemente ir de compras. Este principio debe ser sustituido por otros más responsables social y ambientalmente.

Durante el resto del año son varias las cuestiones por las cuales los/as consumidores/as nos quejamos del precio de los productos: por el gasto escolar al comienzo del curso en septiembre, por la subida de la gasolina… Sin embargo con la navidad se produce el efecto contrario, todo el mundo tiene asumido que celebrar la navidad significa comprar, así que se decide salir de compras justo en el momento del año en el que son más caros la mayoría de los productos.

Sin duda hay algo detrás que nos impulsa a comprar a pesar de que las economías familiares se resientan. La publicidad aprovecha estos momentos en los que afloran nuestros mejores deseos y sentimientos para reconducirlos hacia el consumo, y ese continuo mensaje cala en nuestra sociedad sin que echemos la vista atrás para ver que, no hace tanto tiempo, éramos felices celebrando la navidad de otro modo. Este continuo bombardeo publicitario empieza más de un mes antes de que llegue la navidad, y lo hace comenzando por meter en las cabecitas de los más pequeños de la casa un montón de anuncios de juguetes.

Muchos padres y madres, sometidos a la presión de sus hijos e hijas, acaban por convencerse de que para demostrar lo mucho que les quieren les tienen que comprar más regalos, y terminan sometiéndose a la dictadura de la publicidad olvidando alternativas de consumo más justas social y ambientalmente, como pueden ser buscar juguetes de artesanía local, sin embalajes innecesarios, no sexistas ni bélicos, que estimulen la creatividad, adecuados a cada tipo de edad, con materiales naturales y biodegradables, juguetes en los que se esté pagando el producto, y no su publicidad. Además, estamos olvidando incluso lo más importante: que es posible jugar sin juguetes.

Es importante recuperar la creatividad a la hora de celebrar estas fiestas, una creatividad que nos ayude, en definitiva, a no pasar la navidad persiguiendo los inalcanzables sueños que proponen los anuncios, sino que nos muestre un camino más certero de conseguir nuestros deseos, y que tenga como punto de partida una forma de celebración más justa social y ambientalmente.

María González

Fuente: ConsumeHastaMorir

Película – PROMESAS

Cuando la guerra tiene otros ojos

Viven a 20 minutos de distancia entre sí, pero no sólo hablan distintos idiomas: en la mayoría de los casos, también se consideran enemigos. Son siete chicos, cuatro israelíes y tres palestinos, entre 9 y 13 años. Todos son víctimas, no sólo de una situación de guerra cotidiana sino también de la violencia atávica y de los prejuicios con que han sido inculcados desde que nacieron. Varios de ellos, además, tienen la experiencia de haber padecido la muerte violenta de algún amigo o familiar directo, en un atentado terrorista palestino o bajo la metralla indiscriminada del ejército israelí. El mérito de Promesas, un documental realizado por tres cineastas noveles de orígenes muy diversos -B. Z. Goldberg es estadounidense/israelí, Carlos Bolado, mexicano, y Justine Shapiro proviene de Sudáfrica,- es haber sabido mirar hacia una realidad que está allí, al alcance de todos, pero que es permanentemente olvidada por la cobertura de los medios: la de los chicos de la guerra.

Filmada en Israel y en los territorios ocupados de la franja occidental entre 1997, 1998 y 2000, un período de relativa calma que siguió a los acuerdos de Oslo (luego echados por tierra), Promesas tiene el pudor y la nobleza de evitar los golpes bajos, de cualquier índole. La película se limita a hacer preguntas sencillas y a escuchar atentamente las respuestas de unos y a otros, hasta eventualmente ilusionarse con la posibilidad de un encuentro, aunque sea fugaz, entre algunos de ellos. Nada más, pero tampoco nada menos.

Yarko y Daniel son mellizos, viven en el sector judío de Jerusalén, pero no son religiosos. Admiran la figura de su abuelo, que sobrevivió a la Shoah y que les dice claramente que no cree en Dios. Ellos mismos, cuando van de visita al Muro de los Lamentos con uno de los cineastas -“B. Z.”, que habla varios idiomas y se logra entender con todos- reconocen que esos hombres barbados, vestidos de negro y murmurando con severidad sus oraciones les dan literalmente “miedo”. Otro de sus miedos: tomar el ómnibus. La línea 28, que los lleva al colegio, es una de las que más atentados ha sufrido, pero tomar el 22 no necesariamente los deja más tranquilos. “Siempre estamos viendo gente sospechosa”, reconoce uno de los mellizos.

Del otro lado de los pasos de frontera y de los checkpoints a cargo del ejército israelí -sin enunciarlo jamás, el film denuncia claramente el estado de ocupación bajo el cual vive gran parte del pueblo palestino-, en el campo de refugiados de Deheishe viven Sanabel y Faraj. La chica es hija de un dirigente palestino, que lleva ya dos años en prisión sin cargos ni juicio a la vista. Aprende baile y forma parte de un grupo que cuenta la historia de su pueblo a través de la danza. Por su parte, el chico, Faraj, tiene un discurso abiertamente anti-israelí y -con la ayuda de los cineastas, que los introducen clandestinamente del lado prohibido de la frontera- acompaña a su abuela a visitar la aldea en donde alguna vez vivió su familia. Todo ha sido arrasado. Sólo queda piedra sobre piedra.

No muy lejos de allí, en un asentamiento judío de la línea dura, Moishe le dice a la cámara que no quiere conocer a ningún chico palestino. Ni siquiera verlos de cerca. Como para darle la razón, del otro lado del alambre de púas, Mahmoud, un admirador de Hamas, afirma muy suelto de cuerpo que “cuantos más judíos matemos, menos habrá”. Y en la ciudad vieja de Jerusalén, el pequeño Shlomo, hijo de un rabino y dedicado a estudiar la Torah 12 horas por día, también se resiste a un encuentro, pero enfrentado azarosamente, cara a cara, con un par palestino, se resigna -ante la falta de otro lenguaje en común- a una improvisada competencia de eructos, que al menos les arranca a ambos una tímida, desconfiada sonrisa.

Pero los cineastas van por más y convencen a los mellizos israelíes, los más abiertos al diálogo, a visitar un campo palestino de refugiados. Faraj se resiste, pero finalmente Sanabel lo convence: “No conozco a un solo chico palestino que haya tratado de explicarle nuestra situación a un chico israelí”, le dice. Todo en el film está dirigido a este encuentro, que prueba ser aún mucho más fructífero y emotivo de lo que los mismos cineastas parecían esperar. La película -que por momentos es formalmente bastante primitiva y a veces incluso hasta un poco torpe- consigue otro hallazgo. Dos años después de esa reunión, en la que parecía que había un futuro común por delante, la cámara vuelve a entrevistar a los mellizos y a Faraj. Ya son preadolescentes, tienen otras preocupaciones y, por encima de todo, el contexto político ha empeorado gravemente. Ya no es tan fácil ahora mantener esas promesas de las que habla el título del film y que quedan suspendidas, más que como una esperanza, como un interrogante cruel.

Más información: http://promisesproject.org/

Fuente: http://www.fotograma.com

Más información: http://sepiensa.org

Educar versus enseñar

Desde hace dieciocho años soy profesora de filosofía y de lengua castellana
en un instituto de enseñanza secundaria y quisiera recordar con todos
vosotros cómo hemos llegado a donde estamos en la enseñanza pública y,
al mismo tiempo, quisiera narrar parte de mi propia historia con la
enseñanza y con el SAT (programa de desarrollo personal creado por el
Dr. Claudio Naranjo y en cuyas siglas hay una triple alusión: a la palabra
sánscrita que designa Ser y Verdad, a las iniciales de Seekers After Truth,
Buscadores de la Verdad, y, a través del simbolismo fonético, a una visión
tripartita -emoción, cuerpo e intelecto- de la realidad humana).
A la muerte de Franco, no os asustéis si voy tan lejos pues el repaso es
somero, cuando empezamos a poder pensar en voz alta, la enseñanza
también fue, por supuesto, motivo de debate. En un principio, tal y como ha
señalado Antonio García Santesmases, el debate se situó entre aquellos
(democristianos principalmente) a los que les interesaba garantizar la
libertad de los padres a la hora de elegir el centro en el que educar a sus
hijos y aquellos otros (la izquierda en general) que planteaban la libertad de
cátedra de los profesores. El debate pues estaba, según plantea el propio
García Santesmases, entre el pluralismo dentro de los centros escolares
frente al pluralismo de centros educativos. En los años 80-85 la reflexión
seguía girando en torno al mismo eje, pero algo empezó a cambiar en la
segunda mitad de la década de los 80. En 1987 se produjo la huelga de
estudiantes, en 1988 la de profesores y, finalmente, la huelga general del
14 de diciembre de ese mismo año. Esta secuencia cambió el curso de las
cosas y desplazó los términos del debate.

La nuestra fue una huelga dura, difícil, con momentos de crispación y de
exaltaciones, que ahora con el paso del tiempo se pueden interpretar como
el canto del cisne del colectivo de profesores en tanto que colectivo, aunque
hay indicios como para pensar que no somos un cisne sino una suerte de
ave fénix que intenta resurgir de sus propias cenizas, la prueba es que
estamos aquí, la prueba es que somos muchos lo que queremos seguir
intentando cambiar y mejorar realmente nuestra práctica profesional.
Celebramos el final de la huelga en la antigua sala de fiestas Cibeles.
Todavía recuerdo nuestro regocijo en aquella noche de celebración y
también recuerdo la falta palpable de motivo para dicha celebración. En
medio de la oscuridad de la sala de baile, de la música y del humo,
dábamos saltos y recuerdo que en uno de aquellos saltos, me encontré en el
aire con un compañero y le dije: “¿Tú sabes que estamos celebrando?” “Yo
no, me contestó, pero hemos aguantado, hemos aguantado”. Y desde
entonces… desde entonces yo tengo la impresión de que es a lo que hemos
dedicado más energía: a aguantar.

A partir de ese momento, el problema ya dejó de ser el anteriormente
señalado para pasar a ser la enseñanza pública directamente el tema de
reflexión. Las diversas leyes se iban y se siguen sucediendo. Se promovió
la LODE con la idea de impulsar un funcionamiento democrático en los
centros, iniciativa que languideció, por no decir directamente que murió,
ante la falta de resultados que se hizo visible inmediatamente después de
su aplicación. Luego vino la LOGSE con la intención inicial de favorecer
en principio la resolución de tres conflictos:

a) Que los alumnos no se vieran forzados a elegir entre la opción de
continuar estudiando o dirigirse tempranamente hacia el mundo
laboral, lo que implicaba un tronco común para todo el alumnado.

b) No enfrentar tampoco a los alumnos al dilema puro y duro de
estudiar o no estudiar, de ahí la escolarización hasta los dieciséis
años.

c) Evitar la sospecha de una escuela cobarde que no se atreve a mirar de
frente las desigualdades y, por tanto, dar cabida a la diversidad en las
aulas.

La verdad es que la supuesta resolución de estos tres dilemas ha sido a
costa de crear un dilema mayor entre lo que Santesmases llama la escuela
pública comprensiva (comprensiva con la diversidad, con los más
desfavorecidos…) y la escuela concertada selectiva (selección que ha
permitido, por ejemplo, invertir la clara tendencia de épocas anteriores a
que los alumnos de la pública obtuvieran mejores resultados que los de la
privada en Selectividad).

Todo esto ha ido generando sensaciones, comentadas en diversos medios y
foros, de frustración y cansancio entre los profesores, pero no nos
equivoquemos, porque como dicen los alumnos de la escuela de Barbiana
en Carta a una maestra, es el descontento lo que nos cansa, no las horas.
Creo que fue el músico Schumann el que un día preguntó: “¿Han oído
ustedes una música alegre?” La pregunta era, evidentemente, retórica
porque ya contenía la respuesta que él se aprestó a dar: “Yo no”. Yo, al
contrario que él, pienso que sí, que hay música alegre: la suya, a su pesar, a veces lo es. Creo que entre todos podemos aspirar en la enseñanza a formar
algo más que una orquesta de instrumentos desafinados. Estoy convencida
de que sin esa confianza básica no hay educación. En este sentido,
comparto las palabras de Savater cuando dice que “En cuanto educadores
no nos queda más remedio que ser optimistas, ¡ay! Es que la enseñanza
presupone el optimismo tal y como la natación exige un medio líquido para
ejercitarse (…) Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la
capacidad innata de aprender cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias,
hechos…) que pueden ser sabidos y merecen serlo, en que los hombres
podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”. (El valor
de educar)

Creo, y aquí empieza mi historia personal, que esta confianza básica en la
educación la tenía desde que hice la opción de ser profesora, pero sin duda
es una confianza que aumentó al experimentar el programa SAT al que
aludí al principio.

¿Las diferencias entre el antes y el después?, podía señalar muchas pero he
escogido tres: la conciencia, la aceptación y el amor. Paso a decir
brevemente algo de cómo vivo yo estas tres experiencias.:

a) Conciencia: Ser consciente de lo que yo soy, de la realidad tripartita
explicada por Claudio Naranjo, fue para mí fundamental porque esta
conciencia arrastró felizmente numerosas microconciencias: la de
mis necesidades, la de mis deseos, la de mis sensaciones y mis
emociones… en definitiva, la conciencia de mi humanidad y, sólo
después de verla en mí, pude reconocerla en todos aquellos con los
que me relaciono en el ejercicio de mi profesión: compañeros,
alumnos, padres… Creo que eso es lo que debe ver en mi clase una alumna cuando hace dos años me regaló un libro en el que puso con
letra conmovedoramente esforzada: “Esta clase es muy agradable.
Cuando estamos contigo, tu presencia y tu voz es muy especial para
nosotros”. O esta otra que, después de pedirme permiso, me escribió
en la agenda este mismo mes de junio, que yo era buena profesora
“no sólo por la materia que nos enseñas sino porque nos enseñas a
ser alguien en esta vida porque nos das lecciones que aunque no
creas nos ayudan muchísimo”.

Esta conciencia fue la primera en aparecer cronológicamente (lo digo en
relación a los otros elementos seleccionados, la aceptación y el amor).

El
mismo año que entré en contacto con la terapia Gestalt, aterricé de golpe en
un primero de ESO, pues hasta el momento dada mi especialidad de
filosofía había trabajado siempre en bachillerato. Aterrizar en el planeta
ESO -como le han llamado los autores de un libro – fue para mí una
conmoción, conocer la gestalt lo fue también en otro sentido. Quizás por
eso formaron un mismo eco en mi interior y, enseguida, me encontré
analizando mi experiencia docente con todo aquello que estaba
aprendiendo de la gestalt..

Había leído que igual que nuestra percepción necesita cerrar las figuras
que llegan incompletas a nuestros sentidos, de nuestra mente emana una
necesidad asimismo de completud, de cerrar lo abierto, de acabar lo
inacabado, de tener, en definitiva, experiencias completas, pero había leído
también que muy a menudo, las experiencias quedan abiertas, como
heridas, formando lo que en el lenguaje de la gestalt se conocen como
gestals inconclusas o “asuntos pendientes”.

El ciclo de la experiencia, según esta teoría está constituido por diferentes
momentos y cada momento puede quedar interrumpido por la acción de un
mecanismo de defensa. Cada interrupción supone un fracaso en el contacto
y, por tanto, crea un déficit en la comunicación.

No es mi propósito explicar aquí teoría, sólo quiero decir que empecé un
diario de experiencias interrumpidas en mi práctica docente y he aquí un
fragmento de este diario que entonces empecé. El primer paso del ciclo de
la experiencia es aquel que va del reposo a la sensación y este paso puede
quedar interrumpido por la represión de la misma sensación. Con este
mecanismo lo que hacemos es desensinbilizarnos y esto es lo que escribí:
“Las consecuencias de esta desinsibilización son importantes para aquel
que protagoniza esta derrota sin lucha alguna. ¿Pero qué pasa si aquello
frente a lo cual nos desensibilizamos no es un “aquello” sino un “aquél”?
¿Qué sucede si ese aquél tiene doce años y lo vemos cada día? Ese “aquél”
se llama Manuel, hace 1º de ESO y nunca he logrado que articulara una
frase completa. Un día me acerco a él, porque es imposible hacerme oír en
medio de unos que se insultan, de otro que saca un bocadillo para
mostrárselo con saña a Hasan, que está haciendo el Ramadán, etc. y
después de sortear esa carrera de obstáculos, llego por fin hasta Manuel y
cuando le pregunto algo, éste empieza a mover la cabeza de un lado a otro
dirigiendo su mirada quizás al cielo, quizás al aire, quizás al techo (¿quién
sabe hacia dónde mira Manuel?) y lo hace con la sonrisa del que llega de
muy lejos a un lugar ignoto e incomprensible. En este caso la desconocida
a la que sonríe soy yo, porque no nos engañemos, Manuel me ve de lejos
tres veces por semana durante una hora, un tiempo probablemente
insuficiente para que su cerebro registre una imagen coherente de mí.

Hoy, que he podido, por fin, acercarme a él contesta a mis preguntas con
sonidos que en el fondo salen de su boca sin articular y que yo intento unir
en un esfuerzo por encontrar una manera de entender el vaivén de su
mirada. Cuando estoy con él, Gabriel , otro compañero al que jamás logro
tener sentado más de dos minutos, ha visto que me he puesto al lado de
Manuel y viene hacia nosotros. Mientras yo intento construir un puente
entre Manuel y yo, Gabriel se dedica a poner bombas en la bóveda de ese
puente porque se coloca al otro lado y va diciéndole a Manuel que no me
haga caso, que no conteste a mis preguntas, que se vaya con él… Y como
veo que el vaivén de la cabeza de Manuel aumenta de velocidad, dividido,
como está, entre prestarme atención a mí -la gran desconocida- o prestar
atención al otro niño al que conoce más, aunque sea sólo a través de sus
constantes malos tratos, desisto de mi empeño, le digo que se tranquilice y
que ya hablaremos otro día… Pero le miento, le miento, su existencia en
aquel rincón de la clase me hace demasiado daño y a partir de ese día voy
a “reprimir” cualquier dato que proceda de él, con el resultado de que
durante varios días no veo” a Manuel , no “veo” que mira distraídamente el
chapotear de la lluvia en el patio mientras yo explico los pronombres, no
veo cuando recojo su libreta que ésta está casi vacía y que merece algo más
y algo distinto a aquel formal: “Tienes que esforzarte más, Manuel.
Firmado: Juana”. Tampoco veo que tiene doce años y que no sabe casi leer
ni escribir… y como yo no me entero de todo esto no voy a poder hacer
nada para ayudarlo. Y, quizás, pienso, Manuel está completamente solo
porque no sé si todos optamos por la misma “ceguera” frente a él. Quizás”.
Analicé muchas interrupciones del ciclo de la experiencia de este modo y
fue germinando en mí la convicción de que conocerme más a mí misma era
un camino para mejorar la calidad de mi presencia en las clases.

Jaume Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, expone lo que él
considera el decálogo de la innovación educativa. El segundo mandamiento
de este decálogo dice: “El cambio educativo depende de lo que los
profesores hacen y dicen; resulta tan simple y tan complejo como esto”.
Pues bien de lo que hago, digo y, yo añado, siento yo me hice más
consciente con el SAT. Ser consciente de uno mismo es siempre interesante
pero lo es particularmente, en nuestra profesión cuando comprendemos
aquello que por evidente nos pasa a veces desapercibido y es que al enseñar
no transmitimos cosas o realidades sino que transmitimos significados, es
decir construcciones hechas por otros hombres, construcciones hechas por
nosotros mismos… y por eso es importante saber qué es uno y qué mapas
maneja para saber qué está transmitiendo. Ni somos máquinas ni nos
dirigimos a máquinas: lo queramos o no, en la escuela, con cada gesto, con
cada palabra, estamos contestando siempre a la misma y machacona
pregunta que gravita sobre cada una de las situaciones allí planteadas.
Dicha pregunta es ¿qué es eso de ser hombre?.

b) Aceptación: La aceptación es el segundo aspecto que he señalizado
como parte de mi aprendizaje en el SAT. De Claudio Naranjo he
aprendido a concebir y experimentar las situaciones y las relaciones
como un organismo vivo que tiende a la autorregulación. Fue un
me colocó, con extraordinaria
feliz hallazgo para mí porque
delicadeza, en brazos de la aceptación. Que acepte no quiere decir
que me resigne. En la resignación siempre hay algo de resentimiento
porque lo que estoy diciendo es: yo me resigno porque no tengo más
remedio, pero ¡ay! ¡cómo desearía que fueras o que las cosas fueran
de otro modo!… Aceptar en cambio es asentir sencillamente a lo que
hay.

Este tema de la aceptación implica a mi juicio elegir entre dos opciones:
“enseñar” o “educar”. El verbo enseñar proviene de otro que quería decir
“poner el sello”, educar, en cambio proviene de educare, “nutrir”, y
educere, “encaminar hacia”. Yo, personalmente, elegí hace tiempo nutrir y
encaminar hacia, porque advertí que lo otro, “querer poner el sello”, negar
la realidad tal y como es para adaptarla a mis deseos no sólo resultaba
estéril e ineficaz para los alumnos sino que también tenía un efecto
corrosivo sobre mi corazón.

Aceptar implica dar un espacio a las necesidades de los alumnos, que no
son exclusivamente las de adquirir conocimientos enciclopédicos. Yo lo
hago introduciendo pequeñas experiencias. Este año, por ejemplo, les
propuse un día que, voluntariamente, saliese uno y los otros, después de
estar mirándolo durante unos minutos en silencio, empezasen a levantar la
mano para decir tres cosas que les gustaban de la persona que había salido.
Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un chico muy tímido,
de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con el resto de la clase:
“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto me sale de
un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa. Me he sentido muy
bien porque la gente te dice lo que piensa, así te vas más contento a casa,
con más alegría gracias a tus compañeros, que esas cosas no te las dicen
nunca pero cuando te las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero
gracias al ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan bonitas y
eso va tan bien…”

La aceptación también afecta a nuestra concepción de la autoridad. Soy
consciente de abordar ahora un tema frente al que somos muy sensibles
los enseñantes. De hecho confieso haber tenido la tentación de eludirlo para
evitar la posible consecuencia de que se abra un debate en torno al mismo.
Espero, sencillamente, poder haceros llegar alguno de mis titubeos acerca
de él.

Plantea Philippe Meirieu en su libro Frankenstein educador una pregunta a
pedagogos y educadores: “¿Es posible abandonar toda veleidad de “hacer”
al otro y, si es que sí, no se cae entonces en la impotencia o el fatalismo?
Dicho de otro modo: ¿se puede ser educador sin ser un Frankenstein?”.
Voy a intentar contextualizar esta pregunta. Después de recordar aquella
sentencia de Kojève según la cual “el dominio es un callejón sin salida
existencial”, Meirieu plantea que, a veces, en la enseñanza nos colocamos
precisamente ahí, en ese callejón sin salida, y entonces el diálogo
imaginario podría ser, según Meirieu, éste, que serviría para cualquier
relación en la que está tan presente el tema del dominio que acalla
cualquier otro impulso o anhelo. Uno de los implicados diría:

“- Te quiero conforme a mis proyectos; te quiero para satisfacer mi deseo
de crear a alguien a mi imagen o a mi servicio; te quiero para que hagas
que me sienta importante, sabio, eficaz, “un buen padre” o un buen
enseñante; te quiero para estar seguro de mi poder.

A lo que el otro, inevitablemente, contestaría:

– Pero te condenas a ser sometido, y me condenas a serlo, porque no puedo
ser tú sin tomar tu puesto y destruirte; no puedo parecerme a ti sin
manifestar mi libertad y escapar a tu poder, no puedo cumplir lo que deseas
sin sentir la necesidad irresistible de romper mis cadenas y girar contra ti la
violencia que llevas en ti.”

Es un diálogo como dije imaginario, que cumple una función simbólica, la
de expresar el tema que a menudo se ventila en las aulas: el del poder. La
dinámica es perversa y compleja, no maniquea. Los roles se alternan, las
víctimas son los verdugos y los verdugos son las víctimas.

Cuando cuestiono el que el poder sea un tema tan importante en la
enseñanza, no estoy cuestionando la autoridad en nuestra tarea como
docentes, sino que me inclino más por la recuperación de la autoridad en su
significado más genuino que en latín tiene, entre otros significados, el de
“hacer crecer”. Sólo el cuidado y el amor hacen crecer. No quito valor o
necesidad a elementos como las medidas disciplinarias que son, a mi juicio,
indispensables en tanto que suponen la transmisión de una información
relevante en el proceso de socialización, como es la de la existencia de
unos límites. Pero de ningún modo podemos permitir que se conviertan en
figura de nuestras reuniones y debates y, a veces, eso ocurre en claustros y
reuniones de equipos docentes. Hablar en exceso de los problemas
contribuye a mantenerlos. Por eso deberían ser, en mi opinión, breves y
efectivas, las comunicaciones destinadas a tramitar este tema.
Será de este modo como la educación dejará de gestionar tanto el tema del
poder para ocuparse más de otro tema a mi juicio descuidado hasta ahora:
el tema del amor.

c) El amor: Claudio Naranjo dice en uno de sus libros que “la
verdadera crisis es una crisis de relaciones humanas, más bien la
crisis de un mal antiguo en las relaciones humanas, una incapacidad
de relaciones fraternales, de verdaderas relaciones amorosas, un mal
antiguo que ahora hace crisis porque se hace insostenible” (La
agonía del matriarcado). Lo que vivimos es pues una crisis de amor,
de ahí que él plantee el desarrollo de una “pedagogía del amor”.

Fromm recoge en su libro El arte de amar una definición de Marx a
propósito del amor, según la cual el amor, para que no nos haga
desdichados, tiene que ser un amor “productivo”, en el sentido que
logremos añadir a nuestra condición inicial de personas que amamos, la de
ser amados. Fromm pone ejemplos de cómo sucede esto en diferentes
ámbitos: en el ámbito de la terapia, por ejemplo, el amor se da cuando el
terapeuta empieza a sentir que es curado por su paciente, en el ámbito de la
educación esto se produce cuando el profesor aprende de sus alumnos y
esto sólo puede darse, como deduzco por mi propia experiencia, cuando las
personas implicadas se relacionan en su globalidad y combinan y
comprometen en la relación sus ideas, pero también sus sensaciones y
emociones.

Que el amor era importante ya lo supieron los griegos que parece,
efectivamente, que lo supieron milagrosamente casi todo. Cuentan en este
sentido que Aristóteles recibió el encargo de una familia muy rica de
Atenas de que instruyera a su joven hijo. Él aceptó el encargo, pero al
tercer día envió al joven a su casa con un recado para sus padres: “Diles a
tus padres que yo no puedo enseñarte nada”. Extrañados los padres, cuando
recibieron el mensaje fueron a preguntarle a Aristóteles por el motivo de
tan drástica determinación y Aristóteles les contestó: “Es que vuestro hijo
no me ama”.

Amar y ser amados parece que sea una buena base para el ejercicio de
nuestra actividad, pero estoy convencida de que sólo se puede dar lo que se
tiene. Por este motivo, para el desarrollo de esa pedagogía del amor, es
necesaria una formación integrativa del profesorado que nos permita una
mayor y mejor conexión entre su propia dimensión intelectual, sensitiva y
emocional.

Quizás estas ideas suenen extrañas a una parte de la comunidad educativa
pero comparto plenamente la creencia de Claudio Naranjo de que “para que
renazca el espíritu es necesario hablar otros idiomas, es necesario despertar
a la sed, dejar de sentirse que se está lleno” y en estos momentos parece
que, para nosotros, los enseñantes, “despertarse a la sed”, consiste,
precisamente, en mirar hacia direcciones diferentes a las habituales… y sólo
así la educación se convertirá en un acto simple y primario de mamar,
mamar, como decía Shakespeare, la leche de la ternura humana.

Otro artículo de esta misma autora:

http://educarueca.org/spip.php?article433

Dinámica – LOS DOS BURROS

Se muestran los dibujos uno tras otro y ellas van contando la historia.

Preguntamos qué escena les ha llamado más la atención y por qué.

Hacemos un esquema de los pasos de los conflictos.

Se puede trabajar con este dibujo de muchas maneras. Una posibilidad es ir enseñando viñeta tras viñeta, que las personas vayan diciendo lo que ven, analizando las situaciones y sacando conclusiones. Nos podemos parar después de la viñeta tercera para que adivinen cómo creen que será el final.

Otra posibilidad es hacer una fotocopia ampliada del cartel y cortar las viñetas en trozos, mezclarlas y pedir al grupo que adivine el orden para inventar una historia sobre ellas. Se puede hacer una representación dramatizada de la historia incluso metiendo variantes como por ejemplo con otros animales, con animales diversificados dentro de la misma historia, con personas, . . .

Otra posible variante consiste en analizar qué valores y habilidades han permitido esta regulación del conflicto (comunicación, diálogo, . . . ). Es importante que nos cuenten situaciones que han vivido parecidas a estas, cómo se han sentido en esos casos, qué ha sucedido, cómo salieron adelante y qué otras posibles soluciones hubieran tenido.

Dos burros

Dos burros
Pinchando en el dibujo se obtendrá una versión ampliada

Fuente de la dinámica: Regulación de Conflictos Interpersonales.

Fuente del dibujo: Movimiento americano contra la guerra –
«No Foreing War Crusade – 1937»

LOS NADIES

Os proponemos esta poesía para leer mañana en clase y así recordar que en este día de los Derechos Humanos hay mucha gente esperando y trabajando para que las cosas cambien.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres,

que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,

que llueva a cántaros la buena suerte;

pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca,

ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,

por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda,

o se levanten con el pie derecho,

o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Libros de E. Galeano publicados por Siglo XXI:

http://www.sigloxxieditores.com/galeano.html

http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/el.libro.de.los.abrazos/index.html

Libro – ISLAM: EL PODER DE LAS MUJERES

Cuando en Occidente hablan de la «opresión de la mujer en el Islam» hacen hincapié en rasgos culturales, que no son propios del Islam, sin embargo le acusan de ser el responsable de éstos.

Entre los musulmanes encontramos varias reacciones de defensa, casi todas escritas por hombres, frente a las críticas occidentales. Algunas muestran que el Islam llegó para liberar a la mujer de su posición inferior en la sociedad pagana, pero no se refieren al mundo moderno; otras presentan al ama de casa como modelo para el verdadero desarrollo personal y dicen que las mujeres psicológicamente no están a la altura de los hombres (según la historia esta no es una visión islámica, sino más bien judeocristiana); también las mujeres no deberían ser ni vistas, ni oídas (aseveración que se justifica con la dudosa afirmación de que los hombres son incapaces de controlarse debido a la hormona testosterona).

Tanto unas interpretaciones como las otras no corresponden a los textos de los comienzos del Islam, que he traducido y he estudiado. Las mujeres de entonces no eran así; los Compañeros no eran así, el Profeta, que Al-lâh lo bendiga y le dé paz, no era así. Eran personas llenas de vida y entusiasmo dedicadas a poner en práctica el Islam.

Vamos, pues, a regresar a los orígenes y a volver a estudiar cómo actuaban las mujeres musulmanas del pasado, para así poder escapar de horizontes limitados que se han convertido en norma. Con este propósito examinaremos tres perspectivas diferentes: la Mujer Erudita, la Mujer Política, y la Mujer Espiritual.

Editorial: Kutubia Mayurqa

Prólogo

Capítulo 1: La Mujer Erudita

Capítulo 2: La mujer y el sistema educativo

Capítulo 3: La mujer política

Capítulo 4: El liderazgo de las mujeres

Capítulo 5: La mujer espiritual

FUENTE: http://www.webislam.com

¿Conocen a los mapuches? Pues deberían, porque consumen a diario la riqueza que sacan de nuestro pueblo.

Direcciones de apoyo a Juana y al pueblo Mapuche en la página de antimilitaristas.org

la fuerza de sus palabras y la realidad de lo que denunciaba les impactó tanto que la escucharon con tanta atención y concentración que me quedé sorprendida.

Vestida con sus ropas tradicionales, expectante ante cualquier pregunta que le hacían, les habló de la conquista de América desde el punto de vista de los pueblos que estaban allí cuando llegaron los españoles, de su lucha por defender su tierra y el legado de sus antepasados, de su relación con la naturaleza, de sus juegos tradicionales, de su modo de producción local, de cómo aprenden allí los adolescentes de un modo diferente porque no hay escuela, de la represión que sufren por parte del gobierno y el ejército y de su forma de responder ante la violencia que les acosa día a día.

Juana se sorprendió de la poca formación política que tienen los adolescentes que conoció en Madrid, se sorprendió de que no conocieran los efectos sociales y ambientales que producen las empresas multinacionales que están anunciadas por todos los rincones de la ciudad, se sorprendió del miedo de muchos docentes a formar críticamente a sus alumnos y alumnas, de que vivimos en una sociedad sin contrastes.

Yo también me sorprendo del rechazo que tenemos muchas veces los docentes para hablar sobre determinados temas, porque pensamos que la educación debe ser neutra, y que hablar de ciertas cosas supone manipular a los alumnos/as. Pero la educación nunca es neutra, no hablar de los efectos de las multinacionales, de los pueblos arrasados, de los problemas derivados del consumo, de las ciudades creadas para los coches o de las formas de ocio sostenibles también es educar políticamente, ya que supone marcar una ideología clara, la del pensamiento único, que tiene como aliados la supuesta “neutralidad” y “objetividad” de la educación para campar a sus anchas sin que nadie le ponga freno.

Fuente: CONSUME HASTA MORIR

Más información sobre el pueblo Mapuche:

http://www.emaus-navarra.com/Trapuberri/Mayo2005/tbmayo2005-5.htm

Mapuches acusan a Benetton de buscar oro en sus tierras

La voz de las mujeres en la resolución del conflicto: Apuntes desde el feminismo

Ante el proceso de paz en Euskadi, desde de una perspectiva de género.

Después de decir que estamos enormemente esperanzadas por la declaración de tregua indefinida por parte de la organización armada ETA, así como por el tímido inicio de conversaciones entre los partidos políticos más representativos del panorama político, me gustaría señalar que este comentario va a ir esencialmente a analizar diferentes cuestiones desde de una perspectiva de género y de las alternativas feministas que puede haber en el camino de la resolución del conflicto en Euskal Herria. Dejo de lado, pues, salvo pequeñas menciones, la consideración más general del conflicto y su resolución. Asimismo me gustaría destacar, nada más empezar y para separar cuestiones, que no me parece que estamos hablando sólo de un tema de participación de las mujeres en los espacios públicos, sino del análisis del conflicto desde una mirada de las mujeres y de las salidas feministas al mismo. No me planteo únicamente que en la foto salgan las mujeres participando activamente en las negociaciones que va a haber. Imagino una agenda con temas que afectan específicamente a las mujeres, y con soluciones y salidas especialmente para ellas, o sea, para nosotras, mujeres que habitamos en Euskal Herria. Lógicamente este planteamiento sólo lo podemos hacer desde las mujeres

Nosotras en el conflicto

Quiero reconocer de entrada la dificultad que nos está suponiendo abordar este tema a los diferentes grupos feministas que estamos en ello. A pesar de que es frecuente decir que ya todo está inventado y no tenemos más que mirar a otras experiencias, sencillamente no veo ninguna negociación precedente en la que se hayan tenido en cuenta las cuestiones que afectan esencialmente a las mujeres, de una manera satisfactoria, excepción hecha, quizá, de la consideración de las mujeres como víctimas en los recientes conflictos de violación y asesinatos masivos. Ello no quita para que releamos todas las experiencias y nos alimentemos en alguna medida de lo ya avanzado. Teóricamente y también en la práctica, solo puedo vislumbrar, casi a modo de intuición, que en la resolución del conflicto vasco nosotras tenemos algo que decir, por supuesto, diferente y genérico, pero señalo el esfuerzo que creo que tenemos todas que hacer para acertar siquiera con los parámetros del debate, a ver si realmente estamos hablando de lo mismo y queremos articularun nuevo lenguaje y recrear unos fenómenos hasta ahora muy escasamente insinuados por la historia. En resumen, pienso que esta osadía de entrar de lleno al conflicto y querer ser, no solamente sujeto de la Mesa, sino también protagonista, no tiene que ver ni con la paridad, ni con la igualdad, ni con la participación, con ser ello importante, sino que vislumbra otro paradigma, la consideración de las mujeres como sujeto específico, diferente y genérico. Tradicionalmente y también desde importantes sectores del movimiento feminista, las mujeres hemos asumido la tarea de «pacificadoras», negociadoras o mediadoras en los conflictos. Por nuestra poca implicación en las guerras, por el rol de género que nos ha tocado vivir en la procreación y en el sostenimiento de la vida, por nuestro rol de madres, por ser las supervivientes, por nuestra cultura y ética de negociación,…. por muchas razones que no voy a entrar a analizar y reconociendo su mayor o menor veracidad, así como su diferente importancia y peso en nuestra historia, desde siempre ha habido corrientes de mujeres y en el feminismo ligadas a los gritos pacificadores y a las soluciones negociadas. Esta es una parte importante en nuestro conflicto y ya hay voces -Ahotsak- que están haciendo es-fuerzos unitarios encomiables. No es ésa la participación y el análisis que yo ahora pretendo. Diríamos que va a otro nivel de planteamiento de fondo.

Verdad, justicia y reparación.

Estos tres parámetros, pensamos que universales, son los concitados por muchos grupos de mujeres de América del Sur y Centro América y que nos van a servir de referencia, reformulados, para decir algo sobre nuestra tarea.

— – Cuando decimos verdad, queremos decir que se cuente lo que ha pasado, de verdad, en este caso a las mujeres. En este conflicto que lleva ya tantos años y está causando tantos sufrimientos personales tenemos, por encima de todo, que visibilizar a las mujeres. Cómo actúan, cómo viven el conflicto, cómo son víctimas de la represión y de las tácticas del «enemigo», cómo mueren o son dañadas por las ciegas bombas criminales que ni siquiera se dirigen contra ellas, cómo luchan, cómo pasan por las cárceles, cómo salen de ellas y se reintegran o no en esta sociedad, qué relaciones mantienen dentro de su actividad militante, en la clandestinidad, o en la legalidad en el entorno visibilizado… Ésta, entiendo, tiene que ser la primera tarea, de orden preeminente en nuestro trabajo: realizar un análisis desde una perspectiva de género del conflicto, en lo que se refiere a las vivencias de las mujeres. Hay que señalar, además, que no podemos reducir el papel de las mujeres únicamente al papel de víctimas, con ser éste específico, sino que también constituyen parte del sujeto político del conflicto. En todo caso, es muy importante, por doloroso que nos parezca, que haya un relato femenino, en primera persona, del conflicto. Como se puede ver, esto no depende de la mayoría de las que estamos analizando esto. Tenemos que persuadir a las mujeres que viven el conflicto muy en primera persona que verbalicen la es-pecificidad de género. ¿Tenemos legitimidad para ello? Queremos ser cómplices y también sujetos: nosotras también, lo queramos o no, hemos participado en alguna medida en el conflicto y hemos tomado posición, y lo hemos vivido como mujeres y como feministas. Nosotras conocemos a mujeres que han estado en las cárceles y han sufrido agresiones, violaciones, vejaciones; sabemos de mujeres que han sido madres en las cárceles; hemos visto a mujeres que encarceladas han dejado a sus hijas e hijos con sus familiares; hemos escuchado los relatos de mujeres que al salir de la cárcel han rehecho sus relaciones personales, afectivas y familiares en su entorno; hemos visto a activistas luchadoras que han optado por la maternidad en condiciones de clandestinidad; hemos visto a mujeres que han dejado el activismo y la militancia; seguimos viendo a miles de mujeres cuidadoras de sus familiares más cercanos encarcelados; conocemos a muchas mujeres que han vivido bajo el miedo y la amenaza, viéndola en demasiadas ocasiones cumplida; hemos tenido cerca a mujeres a la fuerza escoltadas, tantas veces ni siquiera por su propio protagonismo… todas estas experiencias tan cercanas y tan específicas en nuestra sociedad de las mujeres, deben ser conocidas y reconocidas como genéricas. A partir de ahí, de visibilizar estas experiencias, sí podemos empezar a hablar de justicia. — Y cuando decimos justicia queremos decir en realidad asunción de responsabilidades. En este conflicto que estamos viviendo, es muy fácil reconocer, por un lado, a las víctimas de la organización armada ETA y a sus militantes, pues se reconoce y se reivindica expresamente por parte de esa organización, y las víctimas son consideradas como tales mediante disposiciones legales. Pero del otro lado, del lado del aparato del Estado, quedan muy difuminadas las actividades y las acciones que han marcado los relatos antes señalados. Si no se reconoce la actividad represiva desmedida, la dispersión carcelaria, las inhumanas condiciones de las cárceles, las agresiones, torturas y violaciones, las detenciones absolutamente arbitrarias, la criminalización del entorno de ETA…. ¿cómo va a existir un relato y una visibilización de las experiencias de las mujeres afectadas?. Solamente el reconocimiento de las otras, también por parte de ETA, hará justicia a las mujeres que han participado en el conflicto o que han sido víctimas del mismo. Nosotras tenemos que reconocer a las víctimas, en su dolor, y declarar que en éste todas somos legítimamente iguales, aunque las valoraciones políticas, también legítimamente, difieran.

— – Y si se ha visibilizado y se ha reconocido el particular recorrido de las mujeres en este conflicto, y sus costes para ellas, -y para nosotras- la reparación sería sin más la posibilidad de reubicación de las mujeres en su sitio: mujeres con todos los derechos, con todas las posibilidades, con todas las oportunidades para reiniciar o seguir una trayectoria autónoma y querida.

En esta reubicación es donde podemos plantear los derechos en femenino y unirnos todas las mujeres a esa resituación social. Hablaríamos de nuestros derechos más queridos no reconocidos, ni siquiera mentados en pomposas declaraciones autodenominadas universales: el derecho a nuestro cuerpo, a decidir sobre nuestra sexualidad y maternidad; el derecho a nuestra imagen, autonomía e independencia: a no ser la señora de nadie, ni la viuda de un don, ni generalizada en un masculino, ni beneficiaria de prestaciones sanitarias y sociales por el derecho de otro, ni subsumida en el negocio familiar de titularidad patriarcal,….; el reconocimiento del trabajo realizado de cuidados y de reproducción de la vida; el derecho a tener derechos de las mujeres inmigrantes, ….. Y es en esa reivindicación de una reconceptualización de todos los derechos para todas las mujeres donde nos podemos encontrar nosotras y las otras y construir algo en común que nos sitúe a las mujeres en un marco de autonomía y libertad suficiente para decidir nuestro futuro y restañar nuestras heridas pasadas, esperemos que para siempre.

Fuente: Feminismos

10 de diciembre – Día Internacional por los Derechos Humanos

LA ESCULTURA HUMANA MÁS GRANDE QUE SE HAYA VISTO EN EL PAÍS

Cuatro mil mujeres, víctimas de la violencia en Colombia, conformarán el próximo 10 de diciembre la escultura humana más grande que se haya visto en el país, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos.

Dichas mujeres se darán cita desde la Plaza de Bolívar hasta el Parque de la Calle 93, atravesando las principales calles de la capital, por la carrera séptima. Estarán protegidas simbólicamente por la guardia indígena que viene del departamento del Cauca, y tendrán en sus manos un ladrillo marcado con el nombre de la víctima que representan.

A lo largo de este recorrido se podrán encontrar también 8 galerías de la memoria, que traerán de regreso mediante imágenes, fotos, escritos, cuadernos, la historia de las víctimas de este país.

Sobre el medio día a partir de la calle 53 con carrera 7 estas 4 mil mujeres, vestidas de negro, se dirigirán a cada extremo de la ciudad establecido, la Plaza de Bolívar y el Parque de la 93, lugar donde se desarrollará un concierto.

Son más de 100 cuadras recorridas, más de 5 mil personas unidas bajo un mismo clamor, más de 5 mil voces exigiendo Verdad, Justicia y Reparación integral, en un acto en donde los corazones de mujeres, hombres, niños, niñas y jóvenes asumirán la magia del lenguaje simbólico como pretexto para exorcizar el dolor, la angustia y el miedo y para abrirle caminos a la posibilidad de construir el país que nos merecemos, un país más digno, más esperanzador y más humano.

El evento organizado por docenas de Organizaciones Sociales, defensoras de derechos humanos, nacionales e internacionales, promotores del tema de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Fundación Cultural Rayuela, contará con la presencia de Mujeres de la Asociación Trabajadores Campesinos del Carare ATCC (Premio Nóbel Alternativo de la Paz 1990), y las “Mujeres de la Candelaria” de Medellín (nominadas al Premio Nacional de Paz 2006), y cientos de hombres y mujeres del Distrito Capital, Villavicencio, Puerto Berrío, Líbano, Pereira, Ibagué, Buenaventura, Barrancabermeja, los Montes de María y varias ciudades del país.

Todos y todas en un mismo escenario y con una misma voz, para decir que prácticas como el secuestro, el homicidio, la desaparición forzada, las masacres y el desplazamiento, no pueden volver a repetirse, ni a tolerarse, NUNCA MAS!!!

Tomado de: página web del Colectivo de Abogados José Albear Restrepo.


www.colectivodeabogados.org