¿Quién fue esta escritora y activista por los derechos de la mujer y de las personas más necesitadas?

Pistas:

1. Se tuvo que vestir de hombre para poder estudiar como oyente en la Universidad y asistir a tertulias políticas y literarias.

2. Fundó una sociedad que se dedicó a la construcción de casas baratas para las personas con menos recursos.

3. Fue la primera mujer premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

4. Publicó numerosos libros de poesía y ensayo y numerosos artículos en contra de la esclavitud, la pena de muerte, las injusticias hacia la mujer y hacia las personas pobres, la situación de las cárceles,…

5. También fue la primera mujer que recibió el título de Visitadora de Cárceles de Mujeres.

El juego nos lo proponen en la página del CRA Alta Ribagorza. Animaros a entrar en su página y dejadles la solución.

Fuente: CRA Alta Ribagorza

Manifiesto escrito por mujeres españolas en 1870 contra la guerra franco-prusiana,

A las mujeres de Francia y Prusia.

Somos mujeres españolas y hermanas vuestras. Hermanas, como vosotras lo sois naturalmente unas de otras todas; somos hermanas de cada una vosotras, que hoy, en momentos de una sangrienta enemistad de nación a nación, propia de pasadas y lamentables edades, nos dirigimos a todas vosotras sin excepción, para que os apercibáis del abismo que se abre ante vosotras y al cual podéis atraer las demás naciones, la sociedad toda.

Queridas hermanas nuestras: Hoy la guerra y la matanza es la deshonra humana. Hoy la guerra es la retrogradación, es el desprecio y el escarnio de todo cuanto de ilustre y sabio en hombres y mujeres distingue en todas las naciones la regeneradora época presente. ¡Hoy día no deber ser posible tal retroceso! ¿Para qué la razón y la moral hubieran adquirido tanto poder? ¿Para qué la mujer desarrollaría sus sublimes facultades y recobraría su dignidad?

Las mujeres heroicas de ayer lucharon por lo que creían ser verdad, pero… la verdad de ayer hoy es reconocidamente el absurdo, la sinrazón, la injusticia.

Ayer la mujer era esclava. Sumisa e ignorante, no era culpable de tanta inhumanidad; mas hoy día la mujer tiene amigablemente a su lado al dueño de la sociedad, tiene en sus manos el modo de ser y obrar del hombre. Hoy es cuando la mujer tiene el deber de ser en un todo humana, hoy no es como antes esclava y debe obrar según sus sentimientos de mujer, debe ser heroica la guerra.

El marido, el hijo, el hermano no deben abandonar a la mujer, porque la vida, la paz, la regeneración están en ella, y ella es representante y mantenedora de los más puros sentimientos humanos, habrá de reconocer en los que la abandonan para ir a la guerra no un hermano, un hijo, un esposo, solo un ciego y vil instrumento de poderosos asesinos que forzosamente han de desaparecer.

La mujer de hoy no es ya ignorante y fanática como la de ayer. Por esto no es esclava sino amiga del hombre; mira al hombre de todo país como a hermano y no le impulsa ciegamente a la muerte sino que le atrae a la vida, a la paz social, al progreso y bienestar de todos.

La mujer de hoy, no fanática, no ignorante, no servil como la de antes, sabe bien que al impulsar al hombre a la guerra da ejemplo a otra mujer, que aunque distante, que aun siendo natural de otro país es verdaderamente hermana suya, le da ejemplo para que sea a su vez ciegamente fratricida o parricida.

No, mil veces no. La mujer en la naturaleza no es el agente de muerte sino de vida. No debemos perder el hombre sino salvarle. No debemos cual la mitológica Eva engañarle, sino hacerle volver en sí cuando está punto de ser víctima, y hoy va a ser víctima de los vampiros de la sociedad, de las fieras coronadas.

Por otra parte, hermanas de Francia y Prusia, ved… que no es justo, que no es moral, que no es humano, siendo el hombre parte de nuestras entrañas, que él desafíe la muerte y nosotras no: si la causa interesa verdaderamente a la humanidad, nosotras debemos a la par de él luchar, debiéramos ir en busca de las mujeres del territorio que la ambición monárquica o imperial ha mantenido en la enemistad y debiéramos entre-matarnos…, no importa que llevemos fruto viviente en nuestras entrañas…, así se hace cuando la guerra adelanta; así se ha hecho, esto invocaban los jefes de las devastadoras tropas de César cuando el paso del Rubicón, esto lógicamente debiéramos hacer…

Pero no, afortunadamente hoy no estamos, no debemos estar bajo el despotismo militar de César alguno; hoy la humanidad no ha de sufrir, para que unos cuantos privilegiados triunfen y gocen, hoy no estamos en aquella era que desconocían la razón. Hoy apreciamos la Moral, estimamos la Justicia y queremos la Verdad; obramos según el sentimiento regenerador internacional. Ho no debemos consentir césares.

Esto es lo que interesa al mundo todo y para esto si que debemos acudir todos, sin exceptuar las mujeres. Pero si estamos todos, si convenimos todos en no sufrir déspotas que nos lleven a la muerte, que nos subyuguen, no necesitamos acudir a las armas, no necesitamos ametralladoras.

Las mujeres somos en conjunto la madre de la sociedad, ¡cómo hemos de consentir que nuestros hijos se maten! ¿Hemos de mirar impasiblemente el fratricidio?

Nosotras podemos y debemos oponernos a que los hombres tomen las armas. Nosotras podemos y debemos evitar las guerras. Nosotras somos las primeras en infundir en la conciencia del hombre estos u otros sentimientos; nosotras influimos directamente en los hombres…, nosotras somos, pues, culpables si hay más guerras, somos responsables, seremos criminales…

La religiosidad que nos infundieron por una falsa fe nos ha hecho ser inhumanas, nos ha hecho obrar contra nuestros naturales sentimientos; hoy que conocemos mejor la naturaleza, que nos conocemos más a nosotras mismas y que tenemos derecho a dejar sentir la elocuencia de nuestra razón y sensibilidad; hoy que la ciencia está por todas partes protestando contra las absurdas revelaciones que nos retenían a nombre de religión bajo un manto de estupidez, víctimas siempre del despotismo de mil redes, hoy las mujeres debemos volver por nuestra dignidad, debemos obrar según quienes somos, debemos obrar como hijas, como esposas, como madres; debemos mantener la paz sobre la tierra, y debemos reconocer quiénes son los déspotas que a la humanidad asesinan, y lejos de ser cómplices de su siniestro y monstruoso intento, debemos obtener el reducirles a la impotencia, haciendo que nuestros hijos les dejen aislados y, por consiguiente, destruidos.

Hermanas prusianas, hermanas francesas: Ved como los gobiernos despóticos de la tierra bajo el pretexto de las nacionalidades obtienen con nuestros hijos y esposos, ejércitos, con los que satisfacen su voracidad, dejándonos salvajemente a la vertiginosa acción de las ametralladoras, huérfanas o viudas, en la indigencia o sin vida.

Ved cómo para servir a un rey, para satisfacer la ambición y capricho de un tirano no sólo nos arrebatan nuestro apoyo y nuestra vida y nos privan de los seres más queridos, sino que viene además la desoladora exacción de impuestos a aniquilar el hogar falto de fuerza y consuelo.

Hermanas todas, opongámonos a la guerra, protestemos por todas partes y sin desperdiciar medio, no consintamos en ser cómplices de esa obra de los reyes. Evitemos con todas nuestras fuerzas esa guerra de hoy que no es sino la deshonra de nuestro siglo.

Si dejamos con nuestra indiferencia que la guerra se enseñoree en nuestros tiempos, consentimos… ¡oh vergüenza!, que nuestros hijos… no nos bendigan.

Madres e hijas de Francia, Prusia y demás países: queridas hermanas ¡a la obra todas sin cejar!, ¡no más guerras!

La aridez de los campos, los abandonados trabajos, la desolación del hogar llama a los que corren a una muerte culpable y cierta.

Trabajemos todas para que cese la guerra. Obremos todas en favor de la paz y la paz será.

Barcelona, 7 de Agosto de 1870.

Josefa Marsal Anglora, María Pineda, Eufemia Marsal, Clemencia Puig Espinal, Tadea Espinal, Teresa Buttini, Adelina Estivill, Petronila Pellicer, Consuelo Oliveras, Paula Dalmau Bofill, Baudilia Pi, Dolores Santos, Manuela Pucherbé, Luisa Mustich, Engracia Santos… Siguen muchas más firmas.

Visto en: http://www.nodo50.org/moc-carabanchel

Fuente original: http://www.asturiasrepublicana.com

Cuento – Maternidad y lenguaje políticamente correcto

Un día fui a sacar un certificado al Registro y el señor que tomaba los datos, me
preguntó cual era mi ocupación. No supe cómo etiquetar mi trabajo de «madre» y
qué responder. Al percatarse de esto, el señor que tomaba los datos me dijo:»A lo
que me refiero es a ¿si trabaja usted o no hace nada…?» «Claro que tengo un
trabajo, le contesté, soy madre». A lo que el señor respondió, «No ponemos madre
como opción, vamos a ponerle ama de casa». Esa fue la respuesta enfática de este
señor.

Olvidé por completo esta historia hasta que un día me pasó exactamente lo mismo,
sólo que ésta vez, en la oficina de una Notaria Publica. La funcionaria era
obviamente una mujer de carrera y muy eficiente.»¿Cuál es su ocupación?», me
preguntó ella. No sé bien por qué… pero las palabras simplemente salieron de mi
boca…. «Soy una Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y las
Relaciones Humanas». La funcionaria se detuvo… el bolígrafo quedó congelado en
el aire y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente…
poniendo énfasis en las palabras más importantes… Luego, observé asombrada
cómo mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial. «Me
permite preguntarle», dijo la funcionaria, con un aire de interés…»¿Qué es
exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?». Con una voz muy
calmada y pausada le contesté: «Tengo un programa continuo de investigación
(¿qué madre no lo tiene?) en el laboratorio y en el campo estoy trabajando para mi
maestría (la familia completa) y ya tengo dos créditos (mis hijos). Por supuesto que
el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades
(¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en
realidad son más, como 24). Pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquier
trabajo sencillo y las remuneraciones más que económicas, están ligadas al área de
la satisfacción personal.»

Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria mientras
completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, se levantó de la silla y
personalmente me acompañó a la puerta.

Al llegar a mi casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salió a recibirme
uno de mis socios del laboratorio, el de 8 años de edad. También podía escuchar a
nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil (de 2
años y 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en localización.
¡Me sentí triunfante! ¡Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los
registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la
humanidad que sólo como «una madre más». La maternidad… que carrera más
gloriosa…

Fuente: http://kevinvazquez.blogspot.com/

Visto en: www.loquesomos.org

MAMÁ NOEL Y LAS TRES REINAS MAGAS

Un poco de humor nunca viene mal.

Ya hemos tratado el sexismo desde varios puntos de vista: el lenguaje, la política, internet, etc. Pero, es tan grande la tarea que prácticamente no existe una manifestación de nuestra cultura que no esté cargada de ese enorme lastre que nos avergüenza.

El antropólogo británico Edward B. Taylor define la cultura como «aquel todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, leyes, moral, costumbres y cualquier otra capacidad y hábitos adquiridos por el hombre (este hombre y no persona es del antropólogo, no nuestro) en cuanto miembro de una sociedad». Luego en sociedades sexistas adquirimos hábitos sexistas que incorporamos a nuestra sexista cultura.

Un ejemplo de esto son las celebraciones populares y ahora es el turno de las fiestas navideñas. A nuestr@s hij@s se les educa en esa tradición según la cual «UNOS HOMBRES» son los encargados de llenarnos de regalos al inicio del nuevo año, ¡guayyyyyyy!

¿Qué os parece iniciar desde el próximo 2007 la tradición de las tres reinas magas? ¿Y Mamá Noel, no suena genial? Si queremos nos podemos reír de esto, pero en el fondo las cosas ni son inocentes ni son accidentales, más bien responden a ese modo de situar al hombre y no a la mujer en los papeles relevantes de la cultura.
Incluso hay mujeres que afirman que todas estas cuestiones (las que planteamos en Iguales en las Tres Mil) no sirven para lo fundamental; impedir la violencia por razón de sexo. El lenguaje no sexista, la educación no sexista, la navidad no sexista, en fin, la cultura no sexista, ¿son o no herramientas contra la violencia?

Vamos animaros a dejarnos vuestros comentarios.

FUENTE: http://igualdad3000.blogspot.com

Desde Educarueca.org os animamos a entrar en su página y participar. Hay montones de comentarios …

Película -LECCIONES INOLVIDABLES

Sinopsis – Drama: Jaime Escalante es el nuevo profesor de matemáticas en un instituto para jóvenes de origen hispano en un barrio de Los Angeles. Son alumnos dificiles que no esperan llegar a la universidad y aspiran tan sólo a algún trabajo que apenas les permita sobrevivir. Jaime tendrá que hacerles cambiar de opinión y exigirles fuertes sacrificios. Lo conseguirá a costa de graves riesgos para su salud por el exceso de trabajo al que se somete. (FILMAFFINITY)

Más información y muchas otras recomendaciones sobre buen cine:
http://www.pdipas.us.es/extracurriculares

Educar versus enseñar

Desde hace dieciocho años soy profesora de filosofía y de lengua castellana
en un instituto de enseñanza secundaria y quisiera recordar con todos
vosotros cómo hemos llegado a donde estamos en la enseñanza pública y,
al mismo tiempo, quisiera narrar parte de mi propia historia con la
enseñanza y con el SAT (programa de desarrollo personal creado por el
Dr. Claudio Naranjo y en cuyas siglas hay una triple alusión: a la palabra
sánscrita que designa Ser y Verdad, a las iniciales de Seekers After Truth,
Buscadores de la Verdad, y, a través del simbolismo fonético, a una visión
tripartita -emoción, cuerpo e intelecto- de la realidad humana).
A la muerte de Franco, no os asustéis si voy tan lejos pues el repaso es
somero, cuando empezamos a poder pensar en voz alta, la enseñanza
también fue, por supuesto, motivo de debate. En un principio, tal y como ha
señalado Antonio García Santesmases, el debate se situó entre aquellos
(democristianos principalmente) a los que les interesaba garantizar la
libertad de los padres a la hora de elegir el centro en el que educar a sus
hijos y aquellos otros (la izquierda en general) que planteaban la libertad de
cátedra de los profesores. El debate pues estaba, según plantea el propio
García Santesmases, entre el pluralismo dentro de los centros escolares
frente al pluralismo de centros educativos. En los años 80-85 la reflexión
seguía girando en torno al mismo eje, pero algo empezó a cambiar en la
segunda mitad de la década de los 80. En 1987 se produjo la huelga de
estudiantes, en 1988 la de profesores y, finalmente, la huelga general del
14 de diciembre de ese mismo año. Esta secuencia cambió el curso de las
cosas y desplazó los términos del debate.

La nuestra fue una huelga dura, difícil, con momentos de crispación y de
exaltaciones, que ahora con el paso del tiempo se pueden interpretar como
el canto del cisne del colectivo de profesores en tanto que colectivo, aunque
hay indicios como para pensar que no somos un cisne sino una suerte de
ave fénix que intenta resurgir de sus propias cenizas, la prueba es que
estamos aquí, la prueba es que somos muchos lo que queremos seguir
intentando cambiar y mejorar realmente nuestra práctica profesional.
Celebramos el final de la huelga en la antigua sala de fiestas Cibeles.
Todavía recuerdo nuestro regocijo en aquella noche de celebración y
también recuerdo la falta palpable de motivo para dicha celebración. En
medio de la oscuridad de la sala de baile, de la música y del humo,
dábamos saltos y recuerdo que en uno de aquellos saltos, me encontré en el
aire con un compañero y le dije: “¿Tú sabes que estamos celebrando?” “Yo
no, me contestó, pero hemos aguantado, hemos aguantado”. Y desde
entonces… desde entonces yo tengo la impresión de que es a lo que hemos
dedicado más energía: a aguantar.

A partir de ese momento, el problema ya dejó de ser el anteriormente
señalado para pasar a ser la enseñanza pública directamente el tema de
reflexión. Las diversas leyes se iban y se siguen sucediendo. Se promovió
la LODE con la idea de impulsar un funcionamiento democrático en los
centros, iniciativa que languideció, por no decir directamente que murió,
ante la falta de resultados que se hizo visible inmediatamente después de
su aplicación. Luego vino la LOGSE con la intención inicial de favorecer
en principio la resolución de tres conflictos:

a) Que los alumnos no se vieran forzados a elegir entre la opción de
continuar estudiando o dirigirse tempranamente hacia el mundo
laboral, lo que implicaba un tronco común para todo el alumnado.

b) No enfrentar tampoco a los alumnos al dilema puro y duro de
estudiar o no estudiar, de ahí la escolarización hasta los dieciséis
años.

c) Evitar la sospecha de una escuela cobarde que no se atreve a mirar de
frente las desigualdades y, por tanto, dar cabida a la diversidad en las
aulas.

La verdad es que la supuesta resolución de estos tres dilemas ha sido a
costa de crear un dilema mayor entre lo que Santesmases llama la escuela
pública comprensiva (comprensiva con la diversidad, con los más
desfavorecidos…) y la escuela concertada selectiva (selección que ha
permitido, por ejemplo, invertir la clara tendencia de épocas anteriores a
que los alumnos de la pública obtuvieran mejores resultados que los de la
privada en Selectividad).

Todo esto ha ido generando sensaciones, comentadas en diversos medios y
foros, de frustración y cansancio entre los profesores, pero no nos
equivoquemos, porque como dicen los alumnos de la escuela de Barbiana
en Carta a una maestra, es el descontento lo que nos cansa, no las horas.
Creo que fue el músico Schumann el que un día preguntó: “¿Han oído
ustedes una música alegre?” La pregunta era, evidentemente, retórica
porque ya contenía la respuesta que él se aprestó a dar: “Yo no”. Yo, al
contrario que él, pienso que sí, que hay música alegre: la suya, a su pesar, a veces lo es. Creo que entre todos podemos aspirar en la enseñanza a formar
algo más que una orquesta de instrumentos desafinados. Estoy convencida
de que sin esa confianza básica no hay educación. En este sentido,
comparto las palabras de Savater cuando dice que “En cuanto educadores
no nos queda más remedio que ser optimistas, ¡ay! Es que la enseñanza
presupone el optimismo tal y como la natación exige un medio líquido para
ejercitarse (…) Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la
capacidad innata de aprender cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias,
hechos…) que pueden ser sabidos y merecen serlo, en que los hombres
podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”. (El valor
de educar)

Creo, y aquí empieza mi historia personal, que esta confianza básica en la
educación la tenía desde que hice la opción de ser profesora, pero sin duda
es una confianza que aumentó al experimentar el programa SAT al que
aludí al principio.

¿Las diferencias entre el antes y el después?, podía señalar muchas pero he
escogido tres: la conciencia, la aceptación y el amor. Paso a decir
brevemente algo de cómo vivo yo estas tres experiencias.:

a) Conciencia: Ser consciente de lo que yo soy, de la realidad tripartita
explicada por Claudio Naranjo, fue para mí fundamental porque esta
conciencia arrastró felizmente numerosas microconciencias: la de
mis necesidades, la de mis deseos, la de mis sensaciones y mis
emociones… en definitiva, la conciencia de mi humanidad y, sólo
después de verla en mí, pude reconocerla en todos aquellos con los
que me relaciono en el ejercicio de mi profesión: compañeros,
alumnos, padres… Creo que eso es lo que debe ver en mi clase una alumna cuando hace dos años me regaló un libro en el que puso con
letra conmovedoramente esforzada: “Esta clase es muy agradable.
Cuando estamos contigo, tu presencia y tu voz es muy especial para
nosotros”. O esta otra que, después de pedirme permiso, me escribió
en la agenda este mismo mes de junio, que yo era buena profesora
“no sólo por la materia que nos enseñas sino porque nos enseñas a
ser alguien en esta vida porque nos das lecciones que aunque no
creas nos ayudan muchísimo”.

Esta conciencia fue la primera en aparecer cronológicamente (lo digo en
relación a los otros elementos seleccionados, la aceptación y el amor).

El
mismo año que entré en contacto con la terapia Gestalt, aterricé de golpe en
un primero de ESO, pues hasta el momento dada mi especialidad de
filosofía había trabajado siempre en bachillerato. Aterrizar en el planeta
ESO -como le han llamado los autores de un libro – fue para mí una
conmoción, conocer la gestalt lo fue también en otro sentido. Quizás por
eso formaron un mismo eco en mi interior y, enseguida, me encontré
analizando mi experiencia docente con todo aquello que estaba
aprendiendo de la gestalt..

Había leído que igual que nuestra percepción necesita cerrar las figuras
que llegan incompletas a nuestros sentidos, de nuestra mente emana una
necesidad asimismo de completud, de cerrar lo abierto, de acabar lo
inacabado, de tener, en definitiva, experiencias completas, pero había leído
también que muy a menudo, las experiencias quedan abiertas, como
heridas, formando lo que en el lenguaje de la gestalt se conocen como
gestals inconclusas o “asuntos pendientes”.

El ciclo de la experiencia, según esta teoría está constituido por diferentes
momentos y cada momento puede quedar interrumpido por la acción de un
mecanismo de defensa. Cada interrupción supone un fracaso en el contacto
y, por tanto, crea un déficit en la comunicación.

No es mi propósito explicar aquí teoría, sólo quiero decir que empecé un
diario de experiencias interrumpidas en mi práctica docente y he aquí un
fragmento de este diario que entonces empecé. El primer paso del ciclo de
la experiencia es aquel que va del reposo a la sensación y este paso puede
quedar interrumpido por la represión de la misma sensación. Con este
mecanismo lo que hacemos es desensinbilizarnos y esto es lo que escribí:
“Las consecuencias de esta desinsibilización son importantes para aquel
que protagoniza esta derrota sin lucha alguna. ¿Pero qué pasa si aquello
frente a lo cual nos desensibilizamos no es un “aquello” sino un “aquél”?
¿Qué sucede si ese aquél tiene doce años y lo vemos cada día? Ese “aquél”
se llama Manuel, hace 1º de ESO y nunca he logrado que articulara una
frase completa. Un día me acerco a él, porque es imposible hacerme oír en
medio de unos que se insultan, de otro que saca un bocadillo para
mostrárselo con saña a Hasan, que está haciendo el Ramadán, etc. y
después de sortear esa carrera de obstáculos, llego por fin hasta Manuel y
cuando le pregunto algo, éste empieza a mover la cabeza de un lado a otro
dirigiendo su mirada quizás al cielo, quizás al aire, quizás al techo (¿quién
sabe hacia dónde mira Manuel?) y lo hace con la sonrisa del que llega de
muy lejos a un lugar ignoto e incomprensible. En este caso la desconocida
a la que sonríe soy yo, porque no nos engañemos, Manuel me ve de lejos
tres veces por semana durante una hora, un tiempo probablemente
insuficiente para que su cerebro registre una imagen coherente de mí.

Hoy, que he podido, por fin, acercarme a él contesta a mis preguntas con
sonidos que en el fondo salen de su boca sin articular y que yo intento unir
en un esfuerzo por encontrar una manera de entender el vaivén de su
mirada. Cuando estoy con él, Gabriel , otro compañero al que jamás logro
tener sentado más de dos minutos, ha visto que me he puesto al lado de
Manuel y viene hacia nosotros. Mientras yo intento construir un puente
entre Manuel y yo, Gabriel se dedica a poner bombas en la bóveda de ese
puente porque se coloca al otro lado y va diciéndole a Manuel que no me
haga caso, que no conteste a mis preguntas, que se vaya con él… Y como
veo que el vaivén de la cabeza de Manuel aumenta de velocidad, dividido,
como está, entre prestarme atención a mí -la gran desconocida- o prestar
atención al otro niño al que conoce más, aunque sea sólo a través de sus
constantes malos tratos, desisto de mi empeño, le digo que se tranquilice y
que ya hablaremos otro día… Pero le miento, le miento, su existencia en
aquel rincón de la clase me hace demasiado daño y a partir de ese día voy
a “reprimir” cualquier dato que proceda de él, con el resultado de que
durante varios días no veo” a Manuel , no “veo” que mira distraídamente el
chapotear de la lluvia en el patio mientras yo explico los pronombres, no
veo cuando recojo su libreta que ésta está casi vacía y que merece algo más
y algo distinto a aquel formal: “Tienes que esforzarte más, Manuel.
Firmado: Juana”. Tampoco veo que tiene doce años y que no sabe casi leer
ni escribir… y como yo no me entero de todo esto no voy a poder hacer
nada para ayudarlo. Y, quizás, pienso, Manuel está completamente solo
porque no sé si todos optamos por la misma “ceguera” frente a él. Quizás”.
Analicé muchas interrupciones del ciclo de la experiencia de este modo y
fue germinando en mí la convicción de que conocerme más a mí misma era
un camino para mejorar la calidad de mi presencia en las clases.

Jaume Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, expone lo que él
considera el decálogo de la innovación educativa. El segundo mandamiento
de este decálogo dice: “El cambio educativo depende de lo que los
profesores hacen y dicen; resulta tan simple y tan complejo como esto”.
Pues bien de lo que hago, digo y, yo añado, siento yo me hice más
consciente con el SAT. Ser consciente de uno mismo es siempre interesante
pero lo es particularmente, en nuestra profesión cuando comprendemos
aquello que por evidente nos pasa a veces desapercibido y es que al enseñar
no transmitimos cosas o realidades sino que transmitimos significados, es
decir construcciones hechas por otros hombres, construcciones hechas por
nosotros mismos… y por eso es importante saber qué es uno y qué mapas
maneja para saber qué está transmitiendo. Ni somos máquinas ni nos
dirigimos a máquinas: lo queramos o no, en la escuela, con cada gesto, con
cada palabra, estamos contestando siempre a la misma y machacona
pregunta que gravita sobre cada una de las situaciones allí planteadas.
Dicha pregunta es ¿qué es eso de ser hombre?.

b) Aceptación: La aceptación es el segundo aspecto que he señalizado
como parte de mi aprendizaje en el SAT. De Claudio Naranjo he
aprendido a concebir y experimentar las situaciones y las relaciones
como un organismo vivo que tiende a la autorregulación. Fue un
me colocó, con extraordinaria
feliz hallazgo para mí porque
delicadeza, en brazos de la aceptación. Que acepte no quiere decir
que me resigne. En la resignación siempre hay algo de resentimiento
porque lo que estoy diciendo es: yo me resigno porque no tengo más
remedio, pero ¡ay! ¡cómo desearía que fueras o que las cosas fueran
de otro modo!… Aceptar en cambio es asentir sencillamente a lo que
hay.

Este tema de la aceptación implica a mi juicio elegir entre dos opciones:
“enseñar” o “educar”. El verbo enseñar proviene de otro que quería decir
“poner el sello”, educar, en cambio proviene de educare, “nutrir”, y
educere, “encaminar hacia”. Yo, personalmente, elegí hace tiempo nutrir y
encaminar hacia, porque advertí que lo otro, “querer poner el sello”, negar
la realidad tal y como es para adaptarla a mis deseos no sólo resultaba
estéril e ineficaz para los alumnos sino que también tenía un efecto
corrosivo sobre mi corazón.

Aceptar implica dar un espacio a las necesidades de los alumnos, que no
son exclusivamente las de adquirir conocimientos enciclopédicos. Yo lo
hago introduciendo pequeñas experiencias. Este año, por ejemplo, les
propuse un día que, voluntariamente, saliese uno y los otros, después de
estar mirándolo durante unos minutos en silencio, empezasen a levantar la
mano para decir tres cosas que les gustaban de la persona que había salido.
Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un chico muy tímido,
de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con el resto de la clase:
“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto me sale de
un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa. Me he sentido muy
bien porque la gente te dice lo que piensa, así te vas más contento a casa,
con más alegría gracias a tus compañeros, que esas cosas no te las dicen
nunca pero cuando te las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero
gracias al ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan bonitas y
eso va tan bien…”

La aceptación también afecta a nuestra concepción de la autoridad. Soy
consciente de abordar ahora un tema frente al que somos muy sensibles
los enseñantes. De hecho confieso haber tenido la tentación de eludirlo para
evitar la posible consecuencia de que se abra un debate en torno al mismo.
Espero, sencillamente, poder haceros llegar alguno de mis titubeos acerca
de él.

Plantea Philippe Meirieu en su libro Frankenstein educador una pregunta a
pedagogos y educadores: “¿Es posible abandonar toda veleidad de “hacer”
al otro y, si es que sí, no se cae entonces en la impotencia o el fatalismo?
Dicho de otro modo: ¿se puede ser educador sin ser un Frankenstein?”.
Voy a intentar contextualizar esta pregunta. Después de recordar aquella
sentencia de Kojève según la cual “el dominio es un callejón sin salida
existencial”, Meirieu plantea que, a veces, en la enseñanza nos colocamos
precisamente ahí, en ese callejón sin salida, y entonces el diálogo
imaginario podría ser, según Meirieu, éste, que serviría para cualquier
relación en la que está tan presente el tema del dominio que acalla
cualquier otro impulso o anhelo. Uno de los implicados diría:

“- Te quiero conforme a mis proyectos; te quiero para satisfacer mi deseo
de crear a alguien a mi imagen o a mi servicio; te quiero para que hagas
que me sienta importante, sabio, eficaz, “un buen padre” o un buen
enseñante; te quiero para estar seguro de mi poder.

A lo que el otro, inevitablemente, contestaría:

– Pero te condenas a ser sometido, y me condenas a serlo, porque no puedo
ser tú sin tomar tu puesto y destruirte; no puedo parecerme a ti sin
manifestar mi libertad y escapar a tu poder, no puedo cumplir lo que deseas
sin sentir la necesidad irresistible de romper mis cadenas y girar contra ti la
violencia que llevas en ti.”

Es un diálogo como dije imaginario, que cumple una función simbólica, la
de expresar el tema que a menudo se ventila en las aulas: el del poder. La
dinámica es perversa y compleja, no maniquea. Los roles se alternan, las
víctimas son los verdugos y los verdugos son las víctimas.

Cuando cuestiono el que el poder sea un tema tan importante en la
enseñanza, no estoy cuestionando la autoridad en nuestra tarea como
docentes, sino que me inclino más por la recuperación de la autoridad en su
significado más genuino que en latín tiene, entre otros significados, el de
“hacer crecer”. Sólo el cuidado y el amor hacen crecer. No quito valor o
necesidad a elementos como las medidas disciplinarias que son, a mi juicio,
indispensables en tanto que suponen la transmisión de una información
relevante en el proceso de socialización, como es la de la existencia de
unos límites. Pero de ningún modo podemos permitir que se conviertan en
figura de nuestras reuniones y debates y, a veces, eso ocurre en claustros y
reuniones de equipos docentes. Hablar en exceso de los problemas
contribuye a mantenerlos. Por eso deberían ser, en mi opinión, breves y
efectivas, las comunicaciones destinadas a tramitar este tema.
Será de este modo como la educación dejará de gestionar tanto el tema del
poder para ocuparse más de otro tema a mi juicio descuidado hasta ahora:
el tema del amor.

c) El amor: Claudio Naranjo dice en uno de sus libros que “la
verdadera crisis es una crisis de relaciones humanas, más bien la
crisis de un mal antiguo en las relaciones humanas, una incapacidad
de relaciones fraternales, de verdaderas relaciones amorosas, un mal
antiguo que ahora hace crisis porque se hace insostenible” (La
agonía del matriarcado). Lo que vivimos es pues una crisis de amor,
de ahí que él plantee el desarrollo de una “pedagogía del amor”.

Fromm recoge en su libro El arte de amar una definición de Marx a
propósito del amor, según la cual el amor, para que no nos haga
desdichados, tiene que ser un amor “productivo”, en el sentido que
logremos añadir a nuestra condición inicial de personas que amamos, la de
ser amados. Fromm pone ejemplos de cómo sucede esto en diferentes
ámbitos: en el ámbito de la terapia, por ejemplo, el amor se da cuando el
terapeuta empieza a sentir que es curado por su paciente, en el ámbito de la
educación esto se produce cuando el profesor aprende de sus alumnos y
esto sólo puede darse, como deduzco por mi propia experiencia, cuando las
personas implicadas se relacionan en su globalidad y combinan y
comprometen en la relación sus ideas, pero también sus sensaciones y
emociones.

Que el amor era importante ya lo supieron los griegos que parece,
efectivamente, que lo supieron milagrosamente casi todo. Cuentan en este
sentido que Aristóteles recibió el encargo de una familia muy rica de
Atenas de que instruyera a su joven hijo. Él aceptó el encargo, pero al
tercer día envió al joven a su casa con un recado para sus padres: “Diles a
tus padres que yo no puedo enseñarte nada”. Extrañados los padres, cuando
recibieron el mensaje fueron a preguntarle a Aristóteles por el motivo de
tan drástica determinación y Aristóteles les contestó: “Es que vuestro hijo
no me ama”.

Amar y ser amados parece que sea una buena base para el ejercicio de
nuestra actividad, pero estoy convencida de que sólo se puede dar lo que se
tiene. Por este motivo, para el desarrollo de esa pedagogía del amor, es
necesaria una formación integrativa del profesorado que nos permita una
mayor y mejor conexión entre su propia dimensión intelectual, sensitiva y
emocional.

Quizás estas ideas suenen extrañas a una parte de la comunidad educativa
pero comparto plenamente la creencia de Claudio Naranjo de que “para que
renazca el espíritu es necesario hablar otros idiomas, es necesario despertar
a la sed, dejar de sentirse que se está lleno” y en estos momentos parece
que, para nosotros, los enseñantes, “despertarse a la sed”, consiste,
precisamente, en mirar hacia direcciones diferentes a las habituales… y sólo
así la educación se convertirá en un acto simple y primario de mamar,
mamar, como decía Shakespeare, la leche de la ternura humana.

Otro artículo de esta misma autora:

http://educarueca.org/spip.php?article433

Libro – ISLAM: EL PODER DE LAS MUJERES

Cuando en Occidente hablan de la «opresión de la mujer en el Islam» hacen hincapié en rasgos culturales, que no son propios del Islam, sin embargo le acusan de ser el responsable de éstos.

Entre los musulmanes encontramos varias reacciones de defensa, casi todas escritas por hombres, frente a las críticas occidentales. Algunas muestran que el Islam llegó para liberar a la mujer de su posición inferior en la sociedad pagana, pero no se refieren al mundo moderno; otras presentan al ama de casa como modelo para el verdadero desarrollo personal y dicen que las mujeres psicológicamente no están a la altura de los hombres (según la historia esta no es una visión islámica, sino más bien judeocristiana); también las mujeres no deberían ser ni vistas, ni oídas (aseveración que se justifica con la dudosa afirmación de que los hombres son incapaces de controlarse debido a la hormona testosterona).

Tanto unas interpretaciones como las otras no corresponden a los textos de los comienzos del Islam, que he traducido y he estudiado. Las mujeres de entonces no eran así; los Compañeros no eran así, el Profeta, que Al-lâh lo bendiga y le dé paz, no era así. Eran personas llenas de vida y entusiasmo dedicadas a poner en práctica el Islam.

Vamos, pues, a regresar a los orígenes y a volver a estudiar cómo actuaban las mujeres musulmanas del pasado, para así poder escapar de horizontes limitados que se han convertido en norma. Con este propósito examinaremos tres perspectivas diferentes: la Mujer Erudita, la Mujer Política, y la Mujer Espiritual.

Editorial: Kutubia Mayurqa

Prólogo

Capítulo 1: La Mujer Erudita

Capítulo 2: La mujer y el sistema educativo

Capítulo 3: La mujer política

Capítulo 4: El liderazgo de las mujeres

Capítulo 5: La mujer espiritual

FUENTE: http://www.webislam.com

La voz de las mujeres en la resolución del conflicto: Apuntes desde el feminismo

Ante el proceso de paz en Euskadi, desde de una perspectiva de género.

Después de decir que estamos enormemente esperanzadas por la declaración de tregua indefinida por parte de la organización armada ETA, así como por el tímido inicio de conversaciones entre los partidos políticos más representativos del panorama político, me gustaría señalar que este comentario va a ir esencialmente a analizar diferentes cuestiones desde de una perspectiva de género y de las alternativas feministas que puede haber en el camino de la resolución del conflicto en Euskal Herria. Dejo de lado, pues, salvo pequeñas menciones, la consideración más general del conflicto y su resolución. Asimismo me gustaría destacar, nada más empezar y para separar cuestiones, que no me parece que estamos hablando sólo de un tema de participación de las mujeres en los espacios públicos, sino del análisis del conflicto desde una mirada de las mujeres y de las salidas feministas al mismo. No me planteo únicamente que en la foto salgan las mujeres participando activamente en las negociaciones que va a haber. Imagino una agenda con temas que afectan específicamente a las mujeres, y con soluciones y salidas especialmente para ellas, o sea, para nosotras, mujeres que habitamos en Euskal Herria. Lógicamente este planteamiento sólo lo podemos hacer desde las mujeres

Nosotras en el conflicto

Quiero reconocer de entrada la dificultad que nos está suponiendo abordar este tema a los diferentes grupos feministas que estamos en ello. A pesar de que es frecuente decir que ya todo está inventado y no tenemos más que mirar a otras experiencias, sencillamente no veo ninguna negociación precedente en la que se hayan tenido en cuenta las cuestiones que afectan esencialmente a las mujeres, de una manera satisfactoria, excepción hecha, quizá, de la consideración de las mujeres como víctimas en los recientes conflictos de violación y asesinatos masivos. Ello no quita para que releamos todas las experiencias y nos alimentemos en alguna medida de lo ya avanzado. Teóricamente y también en la práctica, solo puedo vislumbrar, casi a modo de intuición, que en la resolución del conflicto vasco nosotras tenemos algo que decir, por supuesto, diferente y genérico, pero señalo el esfuerzo que creo que tenemos todas que hacer para acertar siquiera con los parámetros del debate, a ver si realmente estamos hablando de lo mismo y queremos articularun nuevo lenguaje y recrear unos fenómenos hasta ahora muy escasamente insinuados por la historia. En resumen, pienso que esta osadía de entrar de lleno al conflicto y querer ser, no solamente sujeto de la Mesa, sino también protagonista, no tiene que ver ni con la paridad, ni con la igualdad, ni con la participación, con ser ello importante, sino que vislumbra otro paradigma, la consideración de las mujeres como sujeto específico, diferente y genérico. Tradicionalmente y también desde importantes sectores del movimiento feminista, las mujeres hemos asumido la tarea de «pacificadoras», negociadoras o mediadoras en los conflictos. Por nuestra poca implicación en las guerras, por el rol de género que nos ha tocado vivir en la procreación y en el sostenimiento de la vida, por nuestro rol de madres, por ser las supervivientes, por nuestra cultura y ética de negociación,…. por muchas razones que no voy a entrar a analizar y reconociendo su mayor o menor veracidad, así como su diferente importancia y peso en nuestra historia, desde siempre ha habido corrientes de mujeres y en el feminismo ligadas a los gritos pacificadores y a las soluciones negociadas. Esta es una parte importante en nuestro conflicto y ya hay voces -Ahotsak- que están haciendo es-fuerzos unitarios encomiables. No es ésa la participación y el análisis que yo ahora pretendo. Diríamos que va a otro nivel de planteamiento de fondo.

Verdad, justicia y reparación.

Estos tres parámetros, pensamos que universales, son los concitados por muchos grupos de mujeres de América del Sur y Centro América y que nos van a servir de referencia, reformulados, para decir algo sobre nuestra tarea.

— – Cuando decimos verdad, queremos decir que se cuente lo que ha pasado, de verdad, en este caso a las mujeres. En este conflicto que lleva ya tantos años y está causando tantos sufrimientos personales tenemos, por encima de todo, que visibilizar a las mujeres. Cómo actúan, cómo viven el conflicto, cómo son víctimas de la represión y de las tácticas del «enemigo», cómo mueren o son dañadas por las ciegas bombas criminales que ni siquiera se dirigen contra ellas, cómo luchan, cómo pasan por las cárceles, cómo salen de ellas y se reintegran o no en esta sociedad, qué relaciones mantienen dentro de su actividad militante, en la clandestinidad, o en la legalidad en el entorno visibilizado… Ésta, entiendo, tiene que ser la primera tarea, de orden preeminente en nuestro trabajo: realizar un análisis desde una perspectiva de género del conflicto, en lo que se refiere a las vivencias de las mujeres. Hay que señalar, además, que no podemos reducir el papel de las mujeres únicamente al papel de víctimas, con ser éste específico, sino que también constituyen parte del sujeto político del conflicto. En todo caso, es muy importante, por doloroso que nos parezca, que haya un relato femenino, en primera persona, del conflicto. Como se puede ver, esto no depende de la mayoría de las que estamos analizando esto. Tenemos que persuadir a las mujeres que viven el conflicto muy en primera persona que verbalicen la es-pecificidad de género. ¿Tenemos legitimidad para ello? Queremos ser cómplices y también sujetos: nosotras también, lo queramos o no, hemos participado en alguna medida en el conflicto y hemos tomado posición, y lo hemos vivido como mujeres y como feministas. Nosotras conocemos a mujeres que han estado en las cárceles y han sufrido agresiones, violaciones, vejaciones; sabemos de mujeres que han sido madres en las cárceles; hemos visto a mujeres que encarceladas han dejado a sus hijas e hijos con sus familiares; hemos escuchado los relatos de mujeres que al salir de la cárcel han rehecho sus relaciones personales, afectivas y familiares en su entorno; hemos visto a activistas luchadoras que han optado por la maternidad en condiciones de clandestinidad; hemos visto a mujeres que han dejado el activismo y la militancia; seguimos viendo a miles de mujeres cuidadoras de sus familiares más cercanos encarcelados; conocemos a muchas mujeres que han vivido bajo el miedo y la amenaza, viéndola en demasiadas ocasiones cumplida; hemos tenido cerca a mujeres a la fuerza escoltadas, tantas veces ni siquiera por su propio protagonismo… todas estas experiencias tan cercanas y tan específicas en nuestra sociedad de las mujeres, deben ser conocidas y reconocidas como genéricas. A partir de ahí, de visibilizar estas experiencias, sí podemos empezar a hablar de justicia. — Y cuando decimos justicia queremos decir en realidad asunción de responsabilidades. En este conflicto que estamos viviendo, es muy fácil reconocer, por un lado, a las víctimas de la organización armada ETA y a sus militantes, pues se reconoce y se reivindica expresamente por parte de esa organización, y las víctimas son consideradas como tales mediante disposiciones legales. Pero del otro lado, del lado del aparato del Estado, quedan muy difuminadas las actividades y las acciones que han marcado los relatos antes señalados. Si no se reconoce la actividad represiva desmedida, la dispersión carcelaria, las inhumanas condiciones de las cárceles, las agresiones, torturas y violaciones, las detenciones absolutamente arbitrarias, la criminalización del entorno de ETA…. ¿cómo va a existir un relato y una visibilización de las experiencias de las mujeres afectadas?. Solamente el reconocimiento de las otras, también por parte de ETA, hará justicia a las mujeres que han participado en el conflicto o que han sido víctimas del mismo. Nosotras tenemos que reconocer a las víctimas, en su dolor, y declarar que en éste todas somos legítimamente iguales, aunque las valoraciones políticas, también legítimamente, difieran.

— – Y si se ha visibilizado y se ha reconocido el particular recorrido de las mujeres en este conflicto, y sus costes para ellas, -y para nosotras- la reparación sería sin más la posibilidad de reubicación de las mujeres en su sitio: mujeres con todos los derechos, con todas las posibilidades, con todas las oportunidades para reiniciar o seguir una trayectoria autónoma y querida.

En esta reubicación es donde podemos plantear los derechos en femenino y unirnos todas las mujeres a esa resituación social. Hablaríamos de nuestros derechos más queridos no reconocidos, ni siquiera mentados en pomposas declaraciones autodenominadas universales: el derecho a nuestro cuerpo, a decidir sobre nuestra sexualidad y maternidad; el derecho a nuestra imagen, autonomía e independencia: a no ser la señora de nadie, ni la viuda de un don, ni generalizada en un masculino, ni beneficiaria de prestaciones sanitarias y sociales por el derecho de otro, ni subsumida en el negocio familiar de titularidad patriarcal,….; el reconocimiento del trabajo realizado de cuidados y de reproducción de la vida; el derecho a tener derechos de las mujeres inmigrantes, ….. Y es en esa reivindicación de una reconceptualización de todos los derechos para todas las mujeres donde nos podemos encontrar nosotras y las otras y construir algo en común que nos sitúe a las mujeres en un marco de autonomía y libertad suficiente para decidir nuestro futuro y restañar nuestras heridas pasadas, esperemos que para siempre.

Fuente: Feminismos

10 de diciembre – Día Internacional por los Derechos Humanos

LA ESCULTURA HUMANA MÁS GRANDE QUE SE HAYA VISTO EN EL PAÍS

Cuatro mil mujeres, víctimas de la violencia en Colombia, conformarán el próximo 10 de diciembre la escultura humana más grande que se haya visto en el país, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos.

Dichas mujeres se darán cita desde la Plaza de Bolívar hasta el Parque de la Calle 93, atravesando las principales calles de la capital, por la carrera séptima. Estarán protegidas simbólicamente por la guardia indígena que viene del departamento del Cauca, y tendrán en sus manos un ladrillo marcado con el nombre de la víctima que representan.

A lo largo de este recorrido se podrán encontrar también 8 galerías de la memoria, que traerán de regreso mediante imágenes, fotos, escritos, cuadernos, la historia de las víctimas de este país.

Sobre el medio día a partir de la calle 53 con carrera 7 estas 4 mil mujeres, vestidas de negro, se dirigirán a cada extremo de la ciudad establecido, la Plaza de Bolívar y el Parque de la 93, lugar donde se desarrollará un concierto.

Son más de 100 cuadras recorridas, más de 5 mil personas unidas bajo un mismo clamor, más de 5 mil voces exigiendo Verdad, Justicia y Reparación integral, en un acto en donde los corazones de mujeres, hombres, niños, niñas y jóvenes asumirán la magia del lenguaje simbólico como pretexto para exorcizar el dolor, la angustia y el miedo y para abrirle caminos a la posibilidad de construir el país que nos merecemos, un país más digno, más esperanzador y más humano.

El evento organizado por docenas de Organizaciones Sociales, defensoras de derechos humanos, nacionales e internacionales, promotores del tema de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Fundación Cultural Rayuela, contará con la presencia de Mujeres de la Asociación Trabajadores Campesinos del Carare ATCC (Premio Nóbel Alternativo de la Paz 1990), y las “Mujeres de la Candelaria” de Medellín (nominadas al Premio Nacional de Paz 2006), y cientos de hombres y mujeres del Distrito Capital, Villavicencio, Puerto Berrío, Líbano, Pereira, Ibagué, Buenaventura, Barrancabermeja, los Montes de María y varias ciudades del país.

Todos y todas en un mismo escenario y con una misma voz, para decir que prácticas como el secuestro, el homicidio, la desaparición forzada, las masacres y el desplazamiento, no pueden volver a repetirse, ni a tolerarse, NUNCA MAS!!!

Tomado de: página web del Colectivo de Abogados José Albear Restrepo.


www.colectivodeabogados.org

Tejedoras de sueños

En algún lugar del mundo y en todas partes

Creemos en un mundo donde quepan muchos mundos, con sus matices, sus colores, sus diversidades, sus miradas, sus músicas y sus olores. Creemos en la palabra que convoca los sueños, los trenza, los interpela, los suma, los transforma. Nos interesan las semillas que germinan las ideas y no tanto quién las tiene. Es por eso, que nosotras, Tejedoras de Sueños, podemos ser cualquiera de ustedes. Nuestras palabras, canciones, poemas, afirmaciones, presencias, interrogaciones, no van a tener ni rostro, ni nombre. Porque el anonimato no es un acto de cobardía sino de afirmación. Porque el poder ya nos enseñó demasiado a competir, a dirigir, a dividir, a castigar, a juzgar, a menospreciar, a subyugar, a someter, a odiar, a violentar, a renunciar, a pensar por las otras y no con las otras. Porque no necesitamos sentirnos importantes por las ideas que generamos. Porque, como el pasamontañas de ustedes, lo fundamental es que somos mujeres con capacidades, ideas y palabras que aportar y aportarnos y no que nombres tenemos. Y porque las mujeres hemos tenido que vivir demasiado la invisibilidad de la negación, el rechazo y la exclusión y a pesar de eso y desde la resistencia cotidiana, nos hemos llenado de sabiduría, estrategias, creatividad e inteligencia para construir caminando ese mundo donde quepan muchos mundos. Las mujeres hemos sido siempre y seguiremos siendo imprescindibles para la lucha. Las mujeres sabemos de resistencias. Y nuestro anonimato quiere visibilizar esa fuerza que es de todas.

Nos llamamos Tejedoras de Sueños. Como idea que convoca y nos convoca. Las mujeres sabemos de tejidos. Y no sólo los de algodón. Las mujeres tejemos afectos, solidaridades, inteligencias, resistencias, comunidades, proyectos, cuidados, creaciones, mundos, desde la sabiduría de la inclusión, la riqueza del matiz, el gesto, la diferencia, lo sutil. Y lo hacemos a través de las herramientas aprendidas de nuestras antepasadas, nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras hermanas: los sueños, los saberes, los abrazos, las risas, las caricias, las melodías, las ideas, las palabras. Herramientas que hemos generado y utilizamos a pesar del juicio cotidiano al que somos sometidas, a pesar de la molestia que genera nuestra originalidad, capacidad y autonomía. Herramientas que revuelven, nos revuelven, nos modifican porque sabemos que somos hijas e hijos de un sistema injusto que nos ha impregnado las pieles y los modos de violencia. Y debemos romperla con la palabra que sueña, que nos pregunta sobre nosotras y nosotros mismos para transformarnos.

Tejemos sueños. Porque soñar es alimento de la vida. Esa de la que tanto sabemos. Cuando soñamos construimos esos mundos con matices y colores. Soñar es el alimento necesario como el agua a la milpa, como parte de la tierra y la naturaleza. Todas las luchas tienen su sueño, todos los sueños tienen su lucha. Cuando soñamos, somos libres y aprendemos la necesidad de caminar. Cada paso caminado es un sueño realizado donde es difícil borrar la huella. Debemos romper el cerco a nuestros sueños que nos quieren imponer los enemigos de la vida. Porque cuando soñamos nos hacemos fuertes para lanzar nuestros pasos al esfuerzo colectivo de tejer una realidad donde la alegría, el baile, el apoyo, la justicia, el amor, la unidad, el respeto, la creación, la locura sean los pilares fundamentales que sostengan nuestro mundo. Desde ya, desde ahora, desde nuestro día a día, con nuestras amistades, nuestros compañer@s, nuestras relaciones, nuestras luchas, nuestros trabajos, nuestro entorno. Sueños atrevidos y no complacientes para quién no quiera mirarse a fondo y destruir todo aquello que en su interior mate la vida y los sueños.

Aportaremos nuestra palabra desde nuestras herramientas, nuestro accionar y todos los medios que nuestro soñar nos diga. Lanzaremos ideas al viento con la intención de que aporten, agiten, rompan, generen, fertilicen y penetren en los poros de la piel, limpien y ayuden a su muda. Como las serpientes. Le apostamos a mudarnos y mudar el mundo. Transformarnos y transformar el mundo.

A nuestras antepasadas, nuestras abuelas, a pesar de resistir y crear, las convirtieron en páginas en blanco y su historia, que es la de todas y todos, nunca fue escrita ni contada; porque después, nuestras palabras ya se escucharon pero nos convirtieron en un anexo y los anexos no se leen. Porque nos da coraje tener que insistir en algo ya demostrado a lo largo de los siglos. Porque ahora ya no vamos a pedir permiso para ser libres. Seguiremos caminando sin rumbo escrito y sin fin porque tenemos nuestra brújula y nuestra brújula es nuestro corazón que nos guía, nos encamina y nos da la fuerza para caminar.

Un paso hacia delante,

Tejedoras de sueños