Libro – TODO POR AMOR

Una experiencia educativa contra la violencia a la mujer.

¿Todo por amor? es, a pesar del interrogante que plantea el título, una historia de amor a la educación como motor y combustible de vida, y también la constatación de que puede amar y crecer a la vez, amar sin cortar las propias alas y ampliar el territorio.

El territorio del libro está formado, en consecuencia, por los relatos y las valoraciones de los alumnos que han pasado por las clases de educación afectiva y sexual de Rosa Sanchis, por sus discusiones y por un saber teórico, fruto de quince años de estudio y trabajo a pie de clase. La aparente sencillez de la obra es una virtud que no esconde la exacta radiografía de la manipulación moral que el patriarcado ha cometido con las personas, en especial con las mujeres, personajes secundarios en la película de la vida.

Pero la cámara que la profesora ha instalado en el aula se gira aquí hacia la violencia ejercida contra ellas y muestra claramente cómo la semilla de los principios patriarcales se enraíza en las creencias y sentimientos de los jóvenes.
Índice

Prólogo


Presentación

1. Recogiendo margaritas

2. Yo te doy sexo y tú me das amor

3. Quien bien te quiere, te hará llorar

4. Todo por placer

5. Quien calla, otorga

6. De profesión: el trabajo de la casa o el Kamasutra de la familia

7. Mujeres y hombres que cambian

Bibliografía

Post-scriptum :
Publicación: 2006

Editorial: Ediciones Octaedro, S.L., Barcelona

Páginas: 192

Precio: 11,54 €

ISBN (10): 84-8063-807-9

FUENTE ORIGINAL: http://www.ciudaddemujeres.com/Femiteca

Una hora menos en Canarias

Hace unos días iba conduciendo mientras escuchaba la radio. Estaba a punto de comenzar un informativo y comenzaron como cada hora diciendo aquello de: “Son las ocho de la mañana, las siete, una hora menos en Canarias “.

Esa coletilla a la que todo el mundo nos hemos acostumbrado y que ya nos parece, incluso necesaria.

Una cuestión que en su momento las personas que viven en la Comunidad Canaria, reivindicaron debido a que cuando en los diferentes medios de comunicación se daba la hora oficial se sentían excluidas.

Hoy ya a nadie nos parece extraño que siempre que se da la hora oficial en cualquier medio (sobre todo los audiovisuales), se recuerde también la hora canaria.

Sabemos también que tanto en la radio y, sobre todo en la televisión, el tiempo es algo precioso y muy preciado. Y también muy caro. Pero eso no fue un obstáculo para que en todas las radios y en todas las televisiones se destinara un pequeño tiempo extra cada vez que se recordaba la hora, para hacer saber que en Canarias es una hora menos.

Me parece estupendo este esfuerzo de los medios por recordarnos esa diferencia dentro del estado español y que además el resto de la ciudadanía haya asumido este hecho diferencial con normalidad y sin conflictos de ninguna índole.

Ahora las personas que viven en Canarias supongo que se sentirán un poco más integradas que antes en el estado español, a pesar de la distancia física que les separa de la península.

Bueno esta reflexión sobre la hora canaria y su presencia en los medios es un buen ejemplo de superación de obstáculos a la hora de integrar las diferencias, y esta ha sido, como podemos comprobar, un éxito.

Pero yo quería utilizarla para sacar a la luz, una vez más, la poca voluntad que desde los diferentes estamentos implicados se hace para normalizar la lengua castellana y hacerla más inclusiva con respecto de las mujeres.

Seguimos haciendo un uso sexista del lenguaje de forma habitual sin que se haga ningún esfuerzo colectivo e importante para evitarlo.

Baste como muestra las definiciones que hace la Real Academia Española en su diccionario de las voces padre y madre. Es, sencillamente para echarse a llorar.

Y es este tipo de perpetuación de valores androcéntricos que además se transmiten y perviven a través de los diccionarios, lo que realmente hace que la lucha para evitar este uso sexista de la lengua sea titánica.

Ya no me convencen los discursos de que no es correcto el uso de repeticiones del tipo “niños y niñas”. Y no me convence puesto que habiendo como hay otro tipo de locuciones inclusivas, parece que exista un determinado interés es continuar utilizando los genéricos masculinos como identificativos de lo universal.

Y cuando al parecer existe ese interés en el uso del genérico masculino, hay detrás toda una serie de pensamientos androcéntricos y sexistas que lo que hacen es ayudar a pervivir a un sistema que oculta y por tanto no es justo ni igualitario con más del cincuenta y uno por ciento de la población: las mujeres.

Si con el tema de la hora canaria se hizo un esfuerzo para y por la normalidad, desde aquí exijo que se haga un esfuerzo similar para sacar a la luz y utilizar todos los vocablos inclusivos que tiene nuestra lengua.

Además también exijo que la Real Academia Española haga también el esfuerzo de eliminar del diccionario todas las connotaciones diferenciadoras y que puedan menospreciarnos a las mujeres.

Y un claro ejemplo son las voces madre y padre que otorga la capacidad de engendrar al padre mientras que las madres sólo parimos.

Por favor señores académicos, un poco más de respeto hacia las mujeres!!!
Ontinyent 22 de abril de 2007.

Tere Mollá; tmolla(arroba)teremolla.net

FUENTE: http://www.e-leusis.net/

Diversificar sin excluir

En nuestros institutos de secundaria hemos ido reorganizando los centros en virtud de la creciente complejidad de la tarea docente, muy especialmente con el advenimiento de la LOGSE y la llegada masiva de alumnos cuyo perfil escolar -por llamarlo de alguna manera- es sumamente heterogéneo.

Así pues, hemos ido aprovechando posibilidades organizativas que el sistema nos permite para hacer “adaptaciones curriculares”, “grupos de refuerzo”, “atención individualizada”, “créditos variables de ampliación”, etc. No voy a ser yo quien haga un juicio precipitado sobre la conveniencia de realizar agrupaciones diversas respecto a los alumnos, pues su evaluación debe hacerse in situ, ya que depende de cuál es su finalidad y cuáles son sus resultados. Es decir, en cada caso se debería determinar si la “nueva agrupación” no pretende excluir a los alumnos sino darles mayores oportunidades de aprendizaje y de éxito escolar. Y, por otra parte, si efectivamente se han conseguido mejoras reales en el aprendizaje de los alumnos. No comparto la idea de algunos pedagogos que consideran que las agrupaciones homogéneas son siempre segregadoras y que un sistema comprensivo debe ser sinónimo de “todos juntos” a cualquier precio. En mi centro, por ejemplo, los equipos docentes hacen una propuesta de agrupación para el curso siguiente que es asumida por el equipo docente que recibe a los alumnos, de manera que no hay un patrón fijo de agrupaciones, sino que depende de cada promoción, de las dinámicas de trabajo de cada grupo-clase e incluso del talante del equipo de profesores que analiza los grupos con criterio propio. Así, cada año, las agrupaciones son diferentes en función de las necesidades de los alumnos, cosa que me parece una verdadera mejora: sabemos qué agrupaciones tendremos y podemos preparar el nuevo curso en mejores condiciones.

Sin embargo, bajo los diferentes criterios de agrupación sigue predominando la idea de homogeneidad. Es decir, adoptamos formas más afinadas y ajustadas, pero seguimos considerando que las agrupaciones deben formarse con alumnos con características comunes para poder trabajar con todos y hacer, más o menos, “las mismas cosas”.

Creo que posiblemente deberíamos plantearnos la diversificación como una necesidad que va más allá de las agrupaciones heterogéneas o las mal llamadas “atenciones individualizadas”. La diversificación debería formar parte de la naturaleza misma de cada clase en cada una de las disciplinas. No hay una forma de trabajar, un currículum adecuado o unos objetivos de aprendizaje que sirvan para todos. Perseguir este justo medio es una quimera, no responde a las necesidades reales de los alumnos y acaba significando un empobrecimiento de sus posibilidades, a pesar de las buenas intenciones que ponemos los docentes.

Cada alumno es diferente y hay que asumirlo sin grandes proclamas ni aspavientos, modestamente, juiciosamente, serenamente. E intentar la diversificación con todos los alumnos en pequeñas dosis, de forma paulatina y, a ser posible, compartiendo con otros profesores las incertidumbres que sin duda surgirán. Y, por supuesto, con la participación activa de los propios alumnos, pues semejante proyecto implica un cambio serio en una cultura escolar basada en la uniformidad de ejercicios, exámenes, formas de trabajar, etc. Mi experiencia en ese sentido es muy estimulante porque asumir la diversificación como la forma natural de organizar nuestro trabajo en clase procura que cada alumno encuentre su espacio sin exclusiones. Y diversificar sin excluir es, a mi entender, el gran reto de la escuela actual. Así que habrá que ponerse a caminar, a ver hasta dónde somos capaces de llegar!

— –

Tengo noticia de una conferencia de José Antonio Marina, a través de Aulablog21 de Francisco Muñoz y, después de escucharla me quedo con el ánimo encogido: el filósofo defiende “un justo medio” en la secundaria obligatoria y “una enseñanza de calidad” [18′] en el Bachillerato! Vale la pena seguir la conferencia para ver que sus intenciones son loables, pues desea, por todos los medios, que los alumnos no abandonen el sistema escolar, ya que eso les conduce irremediablemente a la exclusión social [15′]. Pero no a costa de “rebajar los niveles”, maestro. Y es que Marina parte de una idea homogénea de la clase [17′] y desatiende el hecho radical de que los alumnos son todos diversos y de que incluso los que van a cursar bachillerato… cursan la ESO. Este justo medio no hace más que condenar finalmente a los alumnos con menos recursos -intelectuales, culturales, económicos, etc.- y empobrecer a los que tienen más posibilidades. La conferencia, por otra parte, es bastante divertida y aporta también algunas ideas sobre la “pedagogía de los recursos” . Y en eso, sí, el profesor Marina da en la diana.

creado por B

FUENTE: http://lamiradapedagogica.blogspot.com/

La difícil tarea de aprender en la sociedad multicultural española

4 + 1 casos reales de inmigrantes en las aulas

Las siguientes crónicas proceden de la experiencia docente del autor con estudiantes extranjeros de trece y catorce años. Aunque por razones obvias los nombres han sido alterados, las historias aquí contadas son reales y ocurrieron durante el curso 2005-2006 en un instituto de las afueras de Valencia (España). Los relatos hablan por sí mismos y retratan la vida cotidiana en las aulas de un país «avanzado».

Alberto Torres Blandina

Profesor de Lengua y literatura castellana

albertukituk@yahoo.es

CARA A: 4 CANCIONES

Luis Eduardo quiere cumplir los 18 años para cortarse la coleta. Lo repite a menudo. Que quiere cortarse la coleta y que su madre no le deja. Ella cree que deben mantener las tradiciones de los saraguro aunque ya no vivan en Ecuador. Le dice que es la única forma de no olvidarse de lo que son. Pero Luis Eduardo odia su coleta. Los demás adolescentes se burlan de él. ¿Todos los peruanos son maricones como tú?, preguntan entre risas. Lo llaman «peruano». A todos los ecuatorianos los llaman «peruanos». Lo curioso es que en el instituto no ha habido nunca ni un solo peruano. Así que Luis Eduardo, el adolescente ecuatoriano, cuenta los días que le faltan para ser mayor de edad y dejar de ser un maricón peruano.

*

El profesor pregunta a Jin. Ella agacha la cabeza. En China es de muy mala educación mirar a los ojos al maestro. Niega tímidamente. No quiere hablar. El profesor insiste y consigue que conteste con un débil hilo de voz. La felicita entonces por sus avances. Los niños chinos son muy trabajadores. A veces demasiado. El profesor debe estar muy atento a Jin cada vez que manda tareas para casa. Esto no lo hagas Jin, todavía no tienes el nivel suficiente de español. Sea cual sea la dificultad la niña llevará todo acabado al día siguiente. Aunque esté la noche entera trabajando. Se esfuerza mucho y el profesor quiere animarla. Jin mira fijamente su cuaderno abierto sobre la mesa, muy seria, ajena a las elogios.

*

Juan Miguel es colombiano. Sus padres vinieron a trabajar a España hace dos años. Él se quedó en Colombia con su abuela. Un buen día dejó de ir a clase. Le gustaba, dice, pero prefería estar en la calle con los amigos. Finalmente ha podido venir a España, aunque nada es como esperaba. Al llegar ha descubierto que sus padres se han separado y viven en ciudades distintas. Muchos otros niños se encontraron con algo así al llegar. Su madre trabaja muchas horas y apenas puede ocuparse de él. Su padre ya tiene otra pareja y no sabe muy bien cómo hacer frente a un niño adolescente. Juan Miguel va de una casa a otra, sin mucha suerte en ambas. A veces no duerme en ninguna de las casas. Pero eso sus padres no lo saben.

*

Annika llegó desde uno de los países de la antigua URSS. Concretamente Lituania. No necesitó más que unos meses para convertirse en la primera de su clase. El nivel académico del antiguo bloque comunista sigue siendo estupendo a pesar de los problemas y conflictos político-sociales. En un tiempo récord su castellano es casi perfecto y su ortografía mejor que la de la mayoría de sus compañeros. Le sorprende, por ejemplo, que los otros alumnos no pongan tildes al escribir. Ella es muy severa al respecto. Le molesta equivocarse. Si le preguntas afirma sin dudar que le gustaba más el colegio de su país. Dice que aprendía más cosas y que los alumnos respetaban a los profesores. Se pone muy nerviosa cada vez que un alumno se enfrenta a un profesor. No puede entender que suceda algo así.

CARA B: LAS CUATRO DE ANTES, PERO ALGO DISTINTAS

Luis Eduardo dice que le gustaría volver a Ecuador. Porque allí su padre era un maestro respetado por el pueblo y aquí -eso no lo dice él pero lo dicen otros niños- un temporero que a veces se queda dormido en el banco del parque junto a una botella de vino. Porque en Loja tiene muchos amigos y aquí, sólo unos pocos ecuatorianos en su misma situación. Porque allí juega a fútbol en un buen equipo y todos le dicen que acabará jugando en el equipo nacional. Pero sobre todo porque aquí no dejan de insultarle, de llamarle maricón por llevar coleta. Un día el profesor pide a algunos de sus compañeros una foto de la comunión. Ellos la llevan a clase sin saber muy bien para qué la quiere. Las muestran orgullosos. Entonces el profesor se las enseña a Luis Eduardo, que no puede evitar reírse. Le dice que no debe preocuparse por su coleta. Le dice que todas las culturas son extrañas desde fuera. Los alumnos no entienden las risas de Luis Eduardo. ¿Qué hay de ridículo en comer el cuerpo de Cristo con un precioso traje de marinerito?

*

La hermana mayor de Jin ha ido a ver al profesor. Le pide que no siga felicitando a la niña delante de los otros alumnos. Cree que podrían tomarle manía. En su cultura no es conveniente alabar a un estudiante. Al hacerlo muestra la inferioridad de los otros y está convencida de que puede ser un problema para su hermana.

*

Juan Miguel no sabe cómo relacionarse con los demás. Los alumnos suelen reírse de él, de que apenas sabe leer y tiene problemas con operaciones básicas de matemáticas. Él responde con comentarios poco afortunados. No es mal chico, pero no sabe calcular sus palabras y siempre acaba enfureciendo a los otros. Como dirían los psicólogos, carece de las habilidades sociales básicas para su edad. El mes pasado lo tiraron por las escaleras de un empujón. Siempre le dan collejas y empujones cuando sube las escaleras, pero esta vez la cosa fue a más. Cuando le preguntaron no quiso decir quiénes eran los culpables de la agresión. Sus compañeros no lo saben, pero siempre los defiende cuando los profesores le preguntan. No es un chivato. El jefe de estudios le ha ofrecido cambiar de clase, pero se ha negado. Esa es su clase. Ni la esperanza ni el orgullo le permiten cambiarse.

*

A final de curso Annika ya no se esfuerza como al principio. Es una niña totalmente integrada -hasta «popular»diríamos, utilizando el término en su acepción más yanqui- y tiene muchos amigos, pero ha dejado de molestarle tener faltas de ortografía y suele llegar con los deberes sin hacer. Un día hasta se atreve a contestar mal al profesor. Cuando la expulsan de clase se pone tensa. Su madre probablemente la castigue. Su madre es lituana y siempre la ha educado en el respeto a los profesores.

*

Juan Miguel ha dejado de ir a clase. Un rumor dice que lo vieron durmiendo en el metro, que su padre lo ha echado de casa. Un buen día la Guardia Civil lo lleva al instituto. Lo pillaron haciendo grafitis con otros jóvenes latinoamericanos. Lleva un ojo morado. Hay quien afirma que su padre es el culpable de la agresión. Él dice que se metió en una pelea con otra banda y cuenta orgulloso que el otro recibió más. Sonríe. Dice que ha encontrado amigos con sangre latina, como la suya, y que no va a dejar que los blancos vuelvan a meterse con él. Al día siguiente no volvió al instituto. En realidad ya no volvimos a verlo.

CANCIÓN PARA LA ESPERANZA

Releyendo estas historias me han recordado demasiado a uno de esos guiones desesperanzados de Guillermo Arriaga. No quiero dar una visión catastrofista del asunto. Por último hablaré de Mohammed. El caso de Mohammed es más frecuente de lo que parece. Es un buen ejemplo para acabar: el del adolescente que se integra con bastante normalidad. Mohammed es hijo de un catedrático marroquí y educado en el Liceo Francés de Casablanca. Su don de gentes y su alto nivel académico (a todos los compañeros les fascinaba que hablase cinco lenguas) facilitaron su rápida integración. Casi todos los niños europeos, así como los uruguayos, chilenos, argentinos, etc. suelen integrarse sin demasiados problemas (los lógicos en una situación de cambio). El caso de Mohammed es tal vez un poco diferente por su nacionalidad pero, afortunadamente, no es nada extraño.

EPÍLOGO

En cuanto a las historias relatadas, podrían haber sido otros niños los escogidos. Sus historias hubieran sido muy similares. Conozco muchos adolescentes como Luis Eduardo. En Ecuador era una joven promesa del fútbol y aquí no puede ni siquiera jugar. Las palizas en los vestuarios hicieron que su padre le prohibiese seguir entrenando. Esa es la anécdota particular. Pero en la rabia contenida y en los ojos tristes se parece mucho a otros hijos de inmigrantes.

También he conocido varias chicas como Annika. Annika llegó desde Lituania. Pero sé de otras llegadas de Chile, Marruecos, Ucrania y la Argentina. Todas compartieron su sorpresa al descubrir que este país «avanzado» no lo era tanto. Por desgracia algunas se adaptaron a los avances demasiado deprisa.

El caso de Jin es casi un tópico de diferencia cultural en las aulas. Hay tantas Jin como estudiantes chinos.

Juan Miguel, en cambio, sólo conocí uno. Todavía a veces me descubro pensando en él, preguntándome dónde estará y qué estará haciendo. Quisiera creer que es un caso aislado. Pero sé que no es así.

FUENTE: http://www.revistateina.com

Primeros objetores de conciencia contra ‘Educación para la Ciudadanía’

Un grupo de padres del colegio concertado San Juan Bautista de Toledo han presentado formalmente, junto a la matrícula para el próximo curso (5º de Primaria), un impreso en el que se niegan a que sus hijos cursen la nueva asignatura de ‘Educación para la Ciudadanía’, que incluye entre sus objetivos el rechazo a la discriminación por orientación sexual.

Este primer caso de objeción de conciencia a la nueva asignatura se produce una semana después del llamamiento hecho por la Conferencia Episcopal. Además, la plataforma Chequeescolar.org está animando a los padres a objetar formalmente ahora que se ha abierto el plazo de matrícula para el próximo curso en los centros escolares.

FUENTE: Pisando Fuerte

Desde EducaRueca no salimos de nuestro asombro al leer la carta de objeción que propugnan. ¿Qué alternativa proponen? ¿Hay alguna alternativa al «respeto a la diferencia»? Si, creemos que un tal Adolfo H., hace ya algún tiempo, también objetó el hecho de que las personas pensaran de forma diferente.

Declaración de objeción de conciencia a la asignatura de Educación
para la Ciudadanía (padres de alumnos)

Muy Sr./Sra. mío/mía,

Por la presente le comunico que, a la vista de que algunos de los contenidos de la
asignatura de Educación para la Ciudadanía implican una formación moral para mi
hijo/a ……………………………………., alumno/a de ………………….., que es contradictoria
con mis convicciones como padre/madre y primer responsable de su educación, he
decidido, por razones de conciencia y amparándome en el derecho fundamental a la
libertad ideológica reconocido en el art. 16 de la Constitución Española, que mi
mencionado/a hijo/a no asista a las clases de la asignatura.

Asimismo le comunico mi completa disposición para que mi hijo/a pueda realizar
alguna actividad sustitutoria de la mencionada asignatura, siempre que se ajuste a
mis convicciones como padre/madre.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo.


Si habéis conseguido leer hasta este punto y no habéis corrido al primer juzgado de guardia a poner una denuncia por lo leído os animamos a leer el comunicado que acordaron los Movimientos de Renovación Pedagógica sobre Educación para la Ciudadanía.

COMUNICADO DE LA CONFEDERACIÓN ESTATAL DE MOVIMIENTOS DE
RENOVACIÓN PEDAGÒGICA EN RELACIÓN A LA EDUCACIÓN PARA LA
CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS

La Confederación Estatal de Movimientos de Renovación Pedagógica, ante el debate
suscitado a raíz de la introducción en el currículo de la nueva asignatura de Educación
para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, quiere manifestar:

1.- Que la educación ciudadana es un derecho básico y un deber inalienable dentro de
cualquier sociedad democrática. Desarrollar la dimensión social de la persona desde el
respeto y la filosofía que emana de los Derechos Humanos es fundamental para la
construcción de una democracia participativa y comprometida con la justicia, la
solidaridad y la superación de las desigualdades.

2.-La educación democrática y cívica tiene un componente eminentemente vivencial
que implica la necesidad de vivir le democracia tanto en los centros como en todos los
ámbitos de la vida. Reducir la educación para la ciudadanía a una simple asignatura
puede significar en la práctica vaciar de contenido la necesaria implicación de todas
las áreas, del centro y de la comunidad educativa en la construcción de modelos
democráticos, tanto en las aulas como en la gestión y participación en los centros
educativos.

3.- Más allá de concepciones sectarias e interesadas, que tienden a confundir lo
público con lo privado, reivindicamos el derecho de cualquier sociedad democrática a
educar a su ciudadanía en los principios éticos y morales que la sustentan, desde la
laicidad y el respeto a todas las opciones afectivas, familiares y personales.

4.- Para potenciar una educación ciudadana desde las vivencias, la participación
(entendida como implicación a partir de la toma de decisiones) y la gestión
democrática de los centros, es necesario crear espacios y tiempos que posibiliten la
reflexión y el trabajo en equipo, generando dinámicas de formación del profesorado
dentro de un marco respetuoso con la autonomía organizativa y pedagógica de los
centros. Esta formación del profesorado debe ser una estrategia básica para favorecer
el diseño y la realización de acciones y proyectos que hagan de los centros un espacio
de vida y práctica democrática fomentando una educación en y para la ciudadanía.
Los valores y las prácticas democráticas se aprenden ejerciéndolas y practicándolas
en contextos reales de vida y trabajo.

Santiago de Compostela, a 19 de noviembre de 2006.

Confederación Estatal de Movimientos de Renovación Pedagógica

Más información sobre el tema:

Documento sobre Educación para la Ciudadanía de la Fundación CIVES y la Universidad Carlos III

Dinámica /Video – Presión grupal

Pequeño video de animación para analizar la presión grupal. ¿Somos iguales en grupo que cuando vamos sin compañía? ¿Nuestra pertenencia a un grupo/tribu nos impide pensar con voz propia?

Una respuesta en forma de animación de la comedia humana tan divertida en su percepción como en la forma en la que caricaturiza la predisposición a la violencia frente al uso de la razón. Todo el escenario del conflicto se reduce a su más simple dimensión – unos cubos y unas esferas representan a los grupos antagonistas. Por qué se da la pelea y qué sucede que después de una batalla es la parodia de la naturaleza humana. Es un corto sin palabras.

Para trabajar el video os proponemos visualizarlo por partes. Hacer pausas y comentar lo que estamos viendo y buscar algún parecido con la realidad. Puede resultar irritante con tanto corte y para evitarlo también podemos hacer una visión completa y luego, en el análisis, ir haciendo distintas pausas para el debate, que es preferible, como en otras ocasiones, que sea suyo propio.

FUENTE: National Film Board of Canada – Balablok

Podéis elegir «Large Format» para verlo en pantalla grande.

Si no lo ves bien, puedes intentarlo en este otro enlace:

BALABLOCK. O la difícil convivencia..

Aquí podrás econtrar otros vídeos y más cosas interesantes sobre el tema: http://complementaria.wordpress.com

Libro – Dios mío… ¿por qué?

Nota de EducaRueca.org: Reponemos este artículo ya publicado, hoy que nos hemos enterado del fallecimiento del Abbé Pierre.

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Dios… ¿por qué la Iglesia no evoluciona a la velocidad de los tiempos ?

«Dios mío… ¿por qué?» es el título de la última obra que reúne las ideas del Abate Pierre, el personaje preferido del pueblo francés. Sacerdote progresista, ya en los años 50 revolucionó con sus interpelaciones a la donación, incitando a la solidaridad durante inviernos crudos de la post-guerra, pidiendo a la gente alojar a quienes estaban en la calle. Así ganó el respeto de Francia, creando el movimiento Emaús, tomando partido por pobres, sin techo y sufrientes de todo tipo. Hoy a los 93 años, habla por primera vez abiertamente de su experiencia sexual, su comprensión de la union homosexual, su apoyo a la ordenación de mujeres sacerdotisas. Critica a Juan Pablo II, sostiene que la Iglesia es machista y que debe evolucionar y confiesa su desconfianza en el nuevo Papa. Un libro que ya ha creado polémica en tierras galas, y que vale absolutamente la pena procurarse, para asegurarse que hoy dentro del catolicismo no todo son palabras vacías, sino que también hay acciones concretas y discursos revolucionarios.

FUENTE: [http://www.penelopes.org/Espagnol/xbreve.php3?id_article=1778->http://www.penelopes.
org/Espagnol/xbreve.php3?id_article=1778]

Más información sobre el libro:

[http://www.elcorreo.eu.org/esp/article.php3?id_article=6032->http://www.elcorreo.
eu.org/esp/article.php3?id_article=6032]

Juego de Rol: Quejas

Aprender a quejarnos es algo muy sano. No se trata de guardar un malestar dentro: provoca úlcera; tampoco se trata lanzarlo «a matar», es peor que la úlcera para quien lo recibe.

Vamos a poner en práctica unos cuantos juegos de rol que nos permitirán analizar y mejorar nuestras «formas». Seguro que tras esta experiencia nuestras críticas son más constructiva.

Estos son los temas que anotaremos en papelitos y que pasarán a interpretar de forma voluntaria escogiéndolos al azar. Iremos pidiendo que vayan saliendo personas voluntarias para la interpretación por parejas antes de elegir el papel que nos indica de qué va la queja.

1.- Un policía acaba de colocarnos una multa en nuestro parabrisas y trataremos de explicarle que no es justo ya que hemos aparcado en doble fila sólo durante unos minutos ???

2.- La comida que hoy hemos encontrado en nuestro plato no la podríamos definir precisamente como «deliciosa». No es la primera vez que nos pasa.

3.- Estamos en la cola del autobús a la hora punta y notamos que una persona se coloca en los primeros puestos sin respetar su turno de llegada.

4.- Nos acaban de entregar las notas. Los resultados son «catastróficos». El exámen era considerado por la mayoría muy difícil. Expresamos nuestras quejas al profesor o profesora que lo ha redactado.

5.- Una persona que va delante de nosotros acaba de comer unas galletas y vemos como tira el papel al suelo. Le expresamos nuestro desagrado por tal actitud.

Con estas 5 situaciones tendremos más que suficiente para una sesión completa.

Tras cada interpretación preguntaremos a las personas que han actuado CÓMO SE HAN SENTIDO. Esto, como ya hemos repetido en numerosas ocasiones, es muy importante y debemos prestarle la atención suficiente. Una vez que nos cuenten sus sentimientos y emociones durante la interpretación pasaremos al análisis.

¿Se dan situaciones como ésta en la realidad? ¿Hemos vivido alguna situación similar en primera persona? Aunque ha estado muy bien teniendo en cuenta la dificultad de la situación ¿se podría mejorar de alguna manera? ¿Se ha logrado convencer a la persona que recibe la queja o se ha creado un enfrentamiento mayor?

Esta serie de preguntas o algunas otras similares, la deberemos realizar tras cada interpretación. No se trata de tener tiempo para realizarl todos los juegos de rol propuestos, sino de analizarlos en profundidad para extraer el aprendizaje que facilite nuestras vidas (y las de las otras personas).

La maldición de ‘Dumbo’

Recuerda a la famosa película de dibujos animados, pero es real. ‘Petita’, una elefanta asiática del parque Terra Natura, en Benidorm, sufre a diario el rechazo de sus semejantes, especialmente el de los machos y a veces el de las hembras, «por no responder a los cánones de belleza» de estos animales. Con sólo 2.900 kilos de peso -la media entre sus compañeras es de 4.000 kilos-, los huesos de la mandíbula y la órbita craneal muy marcados y sus patas excesivamente largas, ‘Petita’, de 34 años, pasa mucho tiempo sola e, incluso, debe correr para evitar las agresiones de algunos machos.

Éstos la repudian y optan por hembras más sanas para relacionarse y procrear, como ‘Tania’, ‘Yasmin’ y ‘Motki’, las más ‘guapas’ por su constitución fuerte, atlética y con carácter, según el biólogo conservador de Terra Natura, Daniel Sánchez. Éste prefiere no llamar fea a ‘Petita’, aunque reconoce que es marginada por sus congéneres, que la consideran «un ejemplar débil», si bien al ojo humano nada la distingue de las otras doce hembras que integran la manada de Terra Natura, la más grande de esta especie en Europa.

A ‘Baba’, un elefante de 5.800 kilos, no le gusta su presencia, la repele y cuando él sale a la pradera -narró Sánchez-, «ella corre hacia las partes más elevadas del recinto, pues sabe que al macho le cuesta llegar por su gran corpulencia». Pero ‘Petita’ no está sola. Su única amiga se llama ‘Kaisoso’, una elefanta procedente de Birmania que, por esas cuestiones del destino y 25 años después, coincidió en Terra Natura con dos amigas de su infancia, ‘La Grande’ y ‘Momo’. Cuando estas tres hembras se vieron de nuevo mostraron «signos evidentes de un efusivo y cálido reencuentro», relata el biólogo. «Está comprobado que los elefantes mantienen comportamientos sociales complejos y que poseen una gran memoria».

Idéntica situación se produjo con ‘Baby’ y ‘Cita’. Compartieron su infancia y juventud en un circo europeo y después de 15 años volvieron a verse. Fue un momento «de especial emoción», recuerda Sánchez. «El reconocimiento fue inmediato, tanto olfativo y visual como sonoro, y desde entonces son inseparables, incluso de noche».

Estas «amistades» son miradas con envidia por ‘Petita’, quien observa cómo ‘Momo’ y ‘La Grande’ rinden pleitesía al macho ‘Baba’, a quien acarician, huelen y barritan. Y aunque ‘Kaisoso’, la amiga de ‘Petita’, también bebe los vientos por ‘Baba’, siempre tiene tiempo para acudir junto a la pobre elefanta solitaria para demostrarle su cariño.

ALBERTO SANTACRUZ/BENIDORM

Fuente:http://www.elcorreodigital.com

Visto en: Bloge@ndo – Donde además encontraréis una interesante propuesta didáctia para trabajar este artículo

LA GESTIÓN DE LAS EMOCIONES EN EL AULA

Ponencia presentada en las Jornadas de Educación Integral, organizadas por
AEDEA, y celebradas en Septiembre de 2006 en Vitoria

La palabra vocación viene del latín “vocatio-onis” que quiere
decir “llamada”, “petición”. Me parece especialmente sugerente
esta etimología para este contexto en el que nos encontramos de la
educación. Como muchos de vosotros yo llegué a la enseñanza
porque sentí, efectivamente, una llamada. Pero también es
evocadora dicha etimología para entender en qué consiste
fundamentalmente la tarea de educar: en escuchar las peticiones
que nos hacen los alumnos a través de la manifestación de sus
necesidades.

Los autores del libro “Carta a los maestros que empiezan”,
recogen aquel fragmento de Frankenstein en que éste reclama a su
creador una mujer, una compañía. Le está exponiendo, pues, una
necesidad pero el Dr. Frankenstein se asusta y el miedo le hace
abdicar de su función educadora al no atreverse ni siquiera a mirar
aquella conmovedora petición de compañía. Lo que viene a
continuación todos lo conocemos: la criatura se pierde.
Es cierto que a veces es difícil atender esas peticiones cuando la
expresión de las mismas alcanza tal virulencia que devienen en
verdaderos conflictos y de estos voy a hablar un poco ahora.

Tenemos una visión negativa de los conflictos por muchos
motivos: porque cuando hablamos de ellos la imagen que aparece
es la de alguien vocinglero, exaltado, raptado y cautivo por el
problema; porque en la enseñanza nos vinieron conflictos nuevos
cuando ya habíamos aprendido a amansar los antiguos; porque
había una cierta sensación de estafa en todos aquéllos que, como
yo misma, habíamos elegido una carrera para trabajar y enseñar a
personas de una franja de edad y hemos acabado haciéndolo con
edades y en circunstancias que no eran las que deseábamos
porque además de que nos gustaba esa edad nos gustaba la idea de
preparar para la Universidad a chicos que habían elegido de
antemano que ése era su objetivo; y, finalmente, hay que
reconocer que se nos ponen los pelos de punta cuando hablamos
del tema porque como dicen Nardone y Fiorenza (2004) “el
cambio, cualquier cambio que se introduzca dentro de un sistema,
se encuentra, siempre y de todas formas con la resistencia al
cambio propia del sistema” e intuimos que éste tema de los
conflictos, más que otros, pone a prueba precisamente esta
resistencia nuestra al cambio.
Este punto de vista negativo sobre los conflictos puede ser
sustituido por otro positivo si:

1º) Los consideramos como una consecuencia inevitable de la
diversidad (no tanto escolar como humana). La realidad es plural
y, si bien, esa pluralidad es fuente de enriquecimiento, lo cierto es
que también es causa de contraste, divergencias y
enfrentamientos. Se diría que es consustancial a la naturaleza
humana y que no abominar de los conflictos, aceptarlos y
gestionarlos de forma beneficiosa para todos sea lo único que
podemos hacer desde un punto de vista casi de sentido común
pues como dice J.M. Carbó (2004) “quejarnos de los conflictos o
aborrecerlos no es una buena posición. ¿Qué pensaríamos de un
médico de guardia que se quejara de los enfermos que visitan la
sala de urgencias? Su obligación es atender a quienes sufren, por
muy lamentables que sean las circunstancias.”.

2º) En segundo lugar nos ayudará también el verlos como una
oportunidad de aprendizaje complejo pues la buena resolución de
los mismos requiere poner en marcha recursos que tienen que ver
tanto con la comprensión racional, como con el manejo de las
emociones que su aparición suscita, como con el control de los
procesos senso-motores que aparecen durante el mismo.
En etología se sabe que aquellos animales que tienen experiencia
en el combate, como por ejemplo los lobos, desarrollan rituales
pacíficos de resolución del mismo, al contrario de otros animales,
como los pájaros, cuya inexperiencia les conduce a no entender
otra salida para el enfrentamiento que no sea la de la huida o la
muerte del otro contrincante.
La escuela es un excelente “continente” para este aprendizaje tan
delicado que consiste en aprender a ver la alteridad del otro y en
aceptar dicha alteridad como una compañía y no como una
amenaza..
Una manera de intervenir, aunque indirectamente, en los
conflictos sería favoreciendo, precisamente, el desarrollo socio-
emocional del niño y esto se consigue creando espacios (la hora
de tutoría es uno y privilegiado) para el autoconocimiento y la
interacción con los demás.
J. M. Carbó (2004) realiza un interesante análisis de cómo ha
cambiado la población escolar en estos últimos años como
consecuencia de los cambios sociales que se han vivido (aumento
de la emigración, desintegración de la familia tradicional…). Estos
cambios han generado la aparición de un tipo de alumnado que
presentan en un primer plano lo que Maslow (citado por Carbó)
llamaba las motivaciones de déficit sin cubrir. Éstas son aquellas
necesidades que nos permiten sobrevivir y que son de dos tipos:
físicas (comida, descanso…) y emocionales (pertenencia a un
grupo y afecto). Sólo cuando éstas están cubiertas, la persona
puede entregarse a las necesidades de crecimiento y desarrollo.
Plantea Carbó que “los grupos humanos encargados de satisfacer
las necesidades de déficit han sido hasta ahora la familia y los
amigos, mientras que los encargados de cubrir las necesidades de
crecimiento eran la familia y la escuela”. El problema estribaría
en que ahora la situación ha cambiado y los alumnos llegan a la
escuela con esas necesidades básicas al descubierto y estamos
intentando satisfacer necesidades, las de crecimiento y desarrollo,
que ellos no tienen y al mismo estamos desatiendo las que ellos sí
presentan y, a su modo, manifiestan y es por este motivo por el
que plantea Carbó que “los alumnos conflictivos son a menudo
los que conservan suficiente salud mental como para oponerse a
un sistema que los margina”.
La autoridad sobre otro depende de la capacidad que tengas para
satisfacer sus necesidades y quizás deberíamos empezar a pensar
que hemos perdido autoridad sobre nuestros alumnos, entre otros
motivos, porque no estamos realmente satisfaciendo sus
necesidades sino que les ofrecemos recursos para solventar otras
que ellos no tienen.

El ya mencionado J. M Carbó piensa que parte de los disturbios
existentes en los colegios pueden ser explicados de este modo:
“No disponiendo de recursos para satisfacer estas necesidades en
el marco escolar (no tienen buena base ni conocimientos
intelectuales, ni hábitos de estudio, ni resistencia a la frustración,
etc.) deben destacar en otros ámbitos en los que sí son eficaces: la
indisciplina, el descaro, el atrevimiento, el boicot, la complicidad
en el delito, la amenaza… Es decir, que sólo sienten motivación
por los aspectos escolares que satisfacen sus necesidades de
déficit, y estos aspectos no se encuentran en el currículum ni en la
programación”.

Introducir estos aspectos no es tan difícil como pareciera al
principio. Yo lo hago mediante pequeñas experiencias. Algunas
veces, por ejemplo, les propongo que, voluntariamente, salga uno
y los otros, después de estar mirándolo durante unos minutos en
silencio, empiecen a levantar la mano para, voluntariamente
también, decir tres cosas que les gustan de la persona que ha
salido. Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un
chico muy tímido, de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con
el resto de la clase:

“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto
me sale de un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa.
Me he sentido muy bien porque la gente te dice lo que piensa, así
te vas más contento a casa, con más alegría gracias a tus
compañeros, que esas cosas no te las dicen nunca pero cuando te
las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero gracias al
ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan
bonitas y es que eso va tan bien…”

Como muestra de lo que podía ser este trabajo en el aula hemos
adjuntado unos materiales para que sirvan a modo de ejemplo y
que están extraídos de diversas fuentes.

La inclusión de estos “nuevos contenidos” requiere, en mi
opinión, algo a lo que los docentes, en general nos negamos o
sólo aceptamos resignadamente: descargar (¡aún más!, solemos
exclamar) los programas de contenidos académicos. Esto me
parece necesario, sobre todo, en 1º y 2º de ESO porque creo que
sólo así podríamos luego ofrecer un 3º y 4º de calidad. Sólo desde
la experiencia y elaboración de los vínculos personales (con los
profesores, compañeros…) tendríamos la receptividad de nuestros
alumnos abierta a todos aquellos otros contenidos que ya no son
de sobre vivencia sino de desarrollo y optimización de los
recursos.

¿Qué cosas podríamos hacer y que ahora no hacemos? Os seguiré
explicando algunas de las cosas que yo hago. En un pasaje de sus
memorias Jodorowsky explica que estando un día con un amigo,
se dieron cuenta de hasta qué punto el lenguaje dificulta a veces
la comunicación y se propusieron enmendar todos los entuertos
que su uso incorrecto comporta: “… el lenguaje que nos habían
enseñado transportaba ideas confusas… decidimos dar su propio
sentido a los conceptos, haciendo algunos cambio… en lugar de
“nunca”, [decir] “muy poca veces”. En lugar de “siempre”… “a
menudo”. [En lugar de] Infinito, [decir] extensión desconocida.
[Sustituir] Eternidad [por] “fin impensable”. “Fracasar” [por]
“volveré a intentarlo”. “Me desilusioné”: “lo imaginé
erróneamente”. “Yo sé”: “yo creo”. “Bello, feo”: “me gusta, no
me gusta”. “Así eres”: “así te percibo”. “Lo mío”: “lo que ahora
poseo”. “Morir”: “cambiar de forma”…

Son siete u ocho líneas y no pone más de una docena de ejemplos,
pero para mí fueron suficientes para proponer a mis alumnos
pequeñas modificaciones en aquello que decían. Algunos se
quedaban indiferentes, interpretando mi interrupción como una
“rareza” más de una profesora, pero otros parecían, por la
expresión de su rostro, sentir un gran alivio. Una sustitución que
suele tener efectos impactantes es cuando propongo sustituir el
“no puedo” por el “no quiero”. Cuando un alumno pronuncia un
“no puedo” siento que ha hecho una opción entre dos
posibilidades: el debilitamiento o la responsabilidad. Con el “no
puedo” ha elegido debilitarse pues la responsabilidad que
comporta decir “no quiero” le parece excesiva. Es sólo una
fantasía ya que cuando tienen la oportunidad de cambiar el “no
puedo” por “no quiero” se les ve que adquieren una mayor
conciencia de su poder y también les deja de asustar de un modo
tan irracional el ejercicio de la propia responsabilidad.
He experimentado esto con alumnos propios y también con
alumnos de otros centros. Recuerdo que fue especialmente
conmovedor tratar este tema con unos alumnos de un Instituto de
Enseñanza Media al que me invitaron durante el curso 2002-2003.
El taller era vivencial e iba precedido de una breve intervención
mía sobre el planteamiento de las psicologías humanista en
general y la gestalt en particular. Era un día de invierno y
lloviznaba desde hacía muchas horas. Llegué al instituto y entré al
gimnasio -pues yo había pedido un lugar cómodo donde
pudiéramos movernos en libertad. Allí me esperaban unos quince
adolescentes con caras expectantes y algo asustados. El trabajo se
iba desenvolviendo en varias fases. En una de ellas, y después de
haber leído en común un cuento titulado El elefante encadenado,
tenían que sentarse a solas e inducidos por mí pensar en tres o
cuatro cosas que ellos sintieran “que no podían con ellas”. Podían
ser dificultades de aquel momento u otras pero que se repitieran
con cierta insistencia en sus vidas (“no puedo aprobar el curso”,
“no puedo aguantar el carácter de Fulanito”…) Les pedí que
fueran levantándose y que caminasen tomando conciencia del
espacio, de su forma de caminar, etc. Luego les dije que llevasen
su atención hacia los otros compañeros, que se en encontrasen con
ellos visualmente y, finalmente, les dije que se pusieran delante
de un compañero y, mirándole a los ojos, le dijese uno de los “no
puedo” que hubiese elegido. El otro tenía sencillamente que
asentir o decirle: “No, no puedes”. Hicimos cuatro encuentros con
esta estructura. Una vez finalizado el cuarto encuentro, les pedí
que se volviesen a poner delante de otro compañero y cuando lo
hicieron les dije: “Ahora mira a tu compañero/a y dile
exactamente lo mismo que antes pero en lugar de decir “no
puedo…”, empieza la frase diciendo: “No quiero…. y añades lo
mismo que hayas dicho antes”. Así lo hicieron. Yo notaba que
algunos habían entrado en un lugar profundo y poco frecuentado
de sí mismos. Me llamó especialmente la atención uno de los
chicos al que se le veía especialmente afectado. Estaba diciendo
“No quiero ser gay”. Antes había dicho: “No puedo ser gay”.

Ahora al repetir “no quiero ser gay”, “no quiero ser gay”… se
estaba dando cuenta de que dependía de él, de que estaba en sus
manos seguir sin aceptarse a sí mismo sometiéndose al calvario
que estaba viviendo o bien convertirse en el auriga de carruaje.
Empezó a sollozar y finalmente empezó a gritar a todos : “yo soy
gay”, “yo soy gay”… Había decidido y parecía que eso le hacía
feliz y le quitaba un gran peso de encima. Todos empezamos a
reirnos y a llorar, celebrando aquella declaración tan gozosa.
Ha sido a partir de escenas vividas como ésta y de otras, por
supuesto, vividas a nivel personal en las que yo he sido la
protagonista, que me he dado cuenta de lo importante que es
hacer, como decía al principio, pequeñas intervenciones
destinadas a que nuestros alumnos tomen conciencia de que el uso
que hacen del lenguaje puede condicionar toda una vida (la
propia y la de las personas que nos rodean).

A través de la PNL comprendí que eliminar el uso de
cuantificadores universales como siempre, nunca, jamás, todo,
nada, nadie… haciendo propuestas de concreción es parte de
nuestra tarea. Si oímos a algún alumno decir “Nadie me hace
caso” sabremos que de este modo está invitando,
inconscientemente, a los que tiene a su alrededor a que se
conviertan en ese misterioso nadie que no le hace caso nunca.
Desactivar esa auto profecía supone que le incitemos a precisar
preguntando, ¿quién no te hace caso? o ¿quién te gustaría que te
hiciera caso en este momento? También es recomendable
desterrar la presentación de creencias como juicios irrevocables y
esto es tan bien aplicable a nuestro propio lenguaje. Decimos: “Es
malo dar demasiada confianza a los alumnos” Y lo decimos así,
como si fuera una verdad sagrada e inamovible cuando es sólo
una creencia fácilmente revocable desde la experiencia: yo, sin ir
más lejos, puedo oponer mi propia experiencia que contradice
dicha formulación. Desterremos también las imprecisiones del
tipo. “Prometo mejorar mi comportamiento”, dicho así esto es
sólo un conjunto de palabras, pidamos de nuevo que concrete:
¿qué significa para ti mejorar el comportamiento?, ¿cómo
veremos los demás que efectivamente has mejorado tu
comportamiento?. Asimismo es peligroso el uso de operadores
modales de imposibilidad y obligación. Si oímos decir “Es
imposible ir por la vida diciendo la verdad” quizás convendría
preguntar ¿qué verdad te gustaría decir ahora mismo…?
Del mismo modo es importante estar atento al estilo explicativo
de nuestros alumnos si lo que deseamos de verdad es enseñar a
vivir. Seligman en su ensayo Aprenda optimismo (1990) nos
habla de cómo llegó a la conclusión de que el comportamiento
humano se encuentra controlado no solamente por los refuerzos
que va recibiendo del medio a medida que interactúa con él, sino
también por un estado mental propio del individuo y que está
constituido por las explicaciones que cada uno nos damos a
nosotros mismos de lo que nos ocurre. Seligman concluyó que
estamos determinados por las explicaciones que nos damos de lo
que nos sucede y estas explicaciones, a su vez, están
determinadas por la opinión que tenemos con respecto al lugar
que ocupamos en el mundo, si pensamos que somos valiosos o,
por el contrario, desistimos hace ya tiempo de alcanzar ninguna
valía.

Él concluyó que hay tres dimensiones decisivas en la pauta
explicativa: la permanencia, la penetración y la personalización.

• La permanencia aquejaría a todos aquellos que interpretan
los contratiempos como algo que permanecerá en el tiempo
mientras que aquellos que se sobreponen a los fracasos son
aquellos que interpretan que la causa de estos fracasos es
temporal: no es lo mismo decir “siempre me fallas” que
decir “en esta ocasión sentí que me fallabas”, no es lo
mismo decir “siempre me pongo fatal en los exámenes” que
decir “el día en que hice este examen estaba cansado”.

• La penetración tiene que ver con el alcance que uno le da a
aquello que ocurre. Uno le puede dar un alcance universal o
particular. No es lo mismo decir “todos los profesores están
contra mí” que decir “parece que fulanito me tiene algo de
manía”. No es lo mismo decir frente a un examen
suspendido: “¡Qué tonto que soy!” Que decir “No estudié
suficientemente para este examen”.

• La personalización tiene que ver con el que delante de
cualquier situación negativa yo puedo buscar la
responsabilidad dentro (causa interna),“no tengo talento
para la lengua”, o fuera (causa externa) y diré entonces, por
ejemplo, “el examen era difícil”.

He tenido que comprimir por exigencia del tiempo aquello que
me gustaría transmitiros y creo que no sería completo si no dijera
que comparto plenamente lo que Claudio Naranjo nos enseña de
la necesidad de liberar la instintividad, entendido esto como una
despenalización del placer y un valoración de la espontaneidad
por encima de la necesidad de control que tanto y tan bien nos han
enseñado. Dicen los autores de Carta a los maestros que
empiezan que las personas somos homo sapiens y homo demens y
la educación de ningún modo puede consistir en domesticar la
locura sino en enseñar a vivir inmersos en la tensión del diálogo
entre sapiens y demens. Crear espacios y tiempos para ese homo
demens es también una tarea pendiente.

Todo lo que aquí estamos diciendo no tiene sentido si no se
aborda desde la perspectiva que propone Claudio Naranjo: desde
una enseñanza que se transmita por ósmosis, por contagio y que
sea sobre todo el contagio de una actitud. Decía Ángel Gabilondo
en un artículo recientemente publicado en El País que “no es
cierto que sólo se contagien las enfermedades, también se
contagia la salud. Quien ha tenido la suerte de conocer a alguien
así no lo olvida nunca”. Yo tuve esa suerte al conocer a Claudio
Naranjo y aquí estamos ahora todos los asistentes a estas jornadas
para extender la salud y que nuestros alumnos puedan decir
alguna vez que tuvieron la suerte de conocernos porque como ya
dijo Platón “la voz del maestro es mucho más decisiva que
cualquier libro”. Efectivamente parece que el conocimiento de la
humanidad, de aquello que es ser humano, sólo se puede
transmitir por contagio. Dicen Steiner que existe una especie de
“erotismo de las almas” y que toda tarea pedagógica para que sea
tal ha de estar impregnada de dicho erotismo, en el sentido de que
educar sea mostrar nuestra alma al alumno y que éste sienta la
atracción y el deseo de emularnos.

Se trata, en definitiva, de advertir la importancia de nuestra
profesión y empezar por nosotros pues somos nuestra mejor
herramienta de trabajo, pero también podemos ser la peor. En
Lecciones de los maestros el mismo Steiner lo expresa de este
modo: “Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene
de más vital el ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo
más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto (…) Una
enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de
instrucción que, conscientemente o no, sea cínica en sus metas
meramente utilitarias, son destructivas. Arrancan de raíz la
esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y,
metafóricamente, un pecado. Disminuye al alumno, reduce a la
gris inanidad el motivo que se presenta. Instila en la sensibilidad
del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el
aburrimiento, el gas metano del hastío”.

Por todo esto planteo allá donde voy la necesidad de incorporar a
los planes de formación del profesorado programas de
autoconocimiento para los docentes, de los cuales para mí el
programa que aquí presentamos es un buen ejemploTodas las
tareas que se realizan en una sociedad, como las que se realizan
en cualquier sistema, desde las más humildes a las más grandes,
desde las más oscuras a las más visibles, todas, digo, sin
excepción son necesarias y contribuyen al mantenimiento del
sistema. La tarea de educar aunque dure toda la vida se produce
más explícitamente en un periodo de la vida y la diferencia con
otras tareas es que en aquel espacio, en el del aula, está
escondido, como si de una pepita de oro se tratara, el futuro. No
puedo imaginar un futuro mejor que el de una sociedad de
individuos felices y por eso éste debería ser privilegiadamente
(también ha sido una enseñanza que me ha llegado a través de
Claudio Naranjo) el objetivo primero de nuestra tarea y yo creo
que la felicidad la obtiene uno cuando habita la casa del ser, del
atreverse a ser uno mismo y cuando esto nos facilita el contacto
amoroso con otros seres.

Nada de lo que aquí digo puede ser entendido como una
obligación a añadir al ya cargado equipaje del maestro, sino como
una posibilidad que las administraciones deberían favorecer para
que, aquellos que lo deseemos, podamos recuperar un poco la
ahora tan maltrecha dimensión utópica de mejora y evolución del
hombre con la que abordamos nuestra decisión primera de dedicar
nuestra vida a educarnos mientras educábamos a otros.

Juana Gallardo Díaz

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