Archivo de la categoría: 06 GÉNERO -Educación no sexista
Juego de Rol – LA HERMANA PEQUEÑA
Como siempre es bueno que para el juego de rol elijamos unas 8 personas lo que compensará los distintos tipos de actores y actrices que tenemos en la clase. En este caso al ser un rol familiar podemos completar fácilmente una familia estereotipada.
1.- Hermana pequeña
2.- Hermano mayor
3.- Madre
4.- Padre
5.- Abuela
6.- Abuelo
7.- Tía o tío que se encuentra de visita, normalmente afín a la parte
adolescente.
8.- Vecina o vecino muy cercano a la familia que pasa largos ratos en la casa familiar.
Vamos que si habéis leído Manolito Gafotas es lo más parecido a una familia tipo ”Carabanchel Alto” (justo al lado de mi barrio de Aluche en Madrid).
Como ya habremos realizado algún juego de rol en esta ocasión vamos a pedir que actúe absolutamente toda la clase. Para ello dividimos la clase en 4 grupos y adjudicamos los roles eligiendo papelitos que no se podrán cambiar. Tomamos nota de quién es quién y comienza el tiempo de preparación.
Podemos, si nos parece conveniente y suele serlo, escribir otros papelitos marcando los roles de cada miembro de la familia. No siempre funciona igual. Según nuestra experiencia unas veces nos alegramos de haberlo hecho y otras nos alegramos de no haberlo hecho. Dejamos a vuestra elección que decidáis si necesitan este pequeño empuje para que la actuación no sea opinión personal sino verdaderamente un rol claro que quieren interpretar.
Cuando están preparando el trabajo, si nos damos una vuelta por las grupos y preguntamos, veremos el grado de implicación de cada actor o actriz. Siempre estará la gente que no se atreve o no quiere decir nada. Incluso si este papel lo tiene un miembro importante no pasará nada. No se trata en ningún caso de forzar a nadie.
No más de 10 minutos es tiempo suficiente para la preparación. Sería bueno si pudiéramos tener dos actuaciones el primer día de este juego de rol. Tras cada actuación: evaluación. ¿Cómo nos hemos sentido actuando?. No debemos olvidar expresar nuestra visión positiva de toda la gente que ha participado y si cabe aún más de aquella gente que ha participado, aunque sea sólo un poquito, por primera vez.
¿Es la realidad tal y como la han interpretado? ¿Podríamos mejorar alguna cosa? ¿Qué nos ha podido faltar en este tipo de situación?
Llegados a este punto habréis notado que no hemos dicho nada más que el título del juego de rol. De eso se trata: ¿Cómo se ve a la hermana pequeña y adolescente? Eso es todo lo que diremos. Es la protagonista del juego. Ha de tener el papel principal y el debate familiar ha de ir en torno a los puntos que esa hermana plantee.
Si es necesario deberíamos dejar tiempo en una segunda sesión para que todos los grupos puedan actuar. Que nadie sienta que su preparación y su idea son excluídas porque en la próxima ocasión no se implicará para no volver a correr el mismo riesgo.
Dinámica – ¿Quién hace qué? -Tareas del hogar
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UN MUNDO AL REVÉS
UN MUNDO AL REVÉS
-Vengo por lo del anuncio, señora.
-Bien-dice la jefe de personal-. Siéntese.
¿Cómo se llama usted?
-Bernardo…
-¿Señor o señorito?
-Señor.
-Déme su nombre completo.
-Bernardo Delgado, señor de Pérez.
-Debo decirle, señor de Perez que,
actualmente, a nuestra direcci6n no le gusta
emplear varones casados. En el departa-
mento de la señora Moreno, para el cual
nosotros contratamos al personal, hay varias
personas de baja por paternidad. Es legítimo
que las parejas jóvenes deseen tener niños
-nuestra empresa, que fabrica ropa de
bebé, les anima a tener hijos-,pero el
absentismo de los futuros padres y de los
padres jóvenes constituye un duro handicap
para la marcha de un negocio.
-Lo comprendo, señora, pero ya tenemos
dos niños y no quiero más. Además
-el señor de Perez se ruboriza y habla en
voz baja-,tomo la píldora.
-Bien, en ese caso sigamos. ¿Qué
estudios tiene usted?
-Tengo el certificado escolar y el primer
grado de formacion profesional de
administrativo. Me habría gustado terminar el
bachillerato, pero en mi família éramos cuatro
y mis padres dieron prioridad a las chicas,
lo que es muy normal. Tengo una hermana
coronela y otra mecánica.
-¿En qué ha trabajado usted últimamente?
-Básicamente he hecho sustituciones,
ya que me permitía ocuparme de los niños
mientras eran pequeños.
-¿Qué profesión desempeña su esposa?
-Es jefa de obras de una empresa de
construcciones metálicas. Pero está
estudiando ingenieria, ya que en un
futuro tendrá que sustituir a su madre,
que es la que creó el negocio.
-Volviendo a usted. ¿Cuáles son sus
pretensiones?
-Pues…
-Evidentemente con un puesto de trabajo
como el de su esposa y con sus perspectivas
de futuro, usted deseará un sueldo
de complemento. Unos duros para gastos
personales, como todo varón desea tener,
para sus caprichos, sus trajes. Le ofrecemos
42.000 pesetas para empezar, una
paga extra y una prima de asiduidad. Fíjese
en este punto, señor de Pérez, la asiduidad
es absolutamente indispensable en todos
los puestos. Ha sido necesario que nuestra
directora crease esta prima para animar al
personal a no faltar por tonterías. Hemos
conseguido disminuir el absentismo masculino
a la mitad; sin embargo, hay señores
que faltan con el pretexto de que el niño
tose o que hay una huelga en la escuela.
¿Cuántos años tienen sus hijos?
-La niña seis y el niño cuatro. Los dos
van a clase y los recojo por la tarde cuando
salgo del trabajo, antes de hacer la compra.
-Y si se ponen enfermos, ¿tiene usted
algo previsto?
-Su abuelo puede cuidarlos. Vive cerca.
-Muy bien, gracias, señor de Pérez. Ya
le comunicaremos nuestra respuesta dentro
de unos días.
El señor de Pérez salió de la oficina lleno
de esperanza. La jefa de personal se fijó en
él al marcharse. Tenia las piernas cortas, la
espalda un poco encorvada y apenas tenía
cabello. «La señora Moreno detesta los calvos»,
recordó la responsable de la contratación.
Y, además, le había dicho: «Más bien
uno alto, rubio, con buena presencia y soltero».
Y la señora Moreno será la directora
del grupo el año próximo.
Bernardo Delgado, señor de Pérez, recibió
tres días más tarde una carta que
empezaba diciendo: «Lamentamos…».
France de Lagarde
LE MONDE, 28-29 septiembre 1975
(texto recogido por Enriqueta García
y Aguas Vivas Català)
Ficha C7 (Unidad Didáctica – Sistema sexo-género (APDH)
SI ÉL HUBIERA NACIDO MUJER – If he had been born a woman
SI ÉL HUBIERA NACIDO MUJER
If he had been born a woman – English version at the end.
De los 16 hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en cuanto a talento y fuerza de voluntad.
Pero a la edad que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino, Jane se casó con un talabartero pobre, que la aceptó sin dote, y 10 meses después dio a luz a su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dos años. Algunos niños murieron, y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane paso noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller, y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla. Jane fue esposa devota y viuda ejemplar, y cuando ya estuvieron crecidos sus hijos se hizo cargo de sus propios padres achacosos y de sus hijas solteronas y de sus nietos sin amparo.
Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago, llevada a la deriva por un hilo de cometa, como suele hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar, ni se permitió dudar. Benjamín sigue siendo un amante fervoroso, pero Jane ignora que el sexo puede producir algo mas que hijos.
Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en esta tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha echo lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio.
Su caso carecerá de interés para los historiadores.
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Eduardo Galeano
Memoria del fuego / Las caras y las máscaras
Publicado por: Editorial Siglo XXI
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If He Had Been Born a Woman
Of Benjamin Franklin’s sixteen brothers and sisters, Jane is the one most resembling him in talent and strength of will.
But at the age when Benjamin leaves home to make his own way, Jane
marries a poor saddler, who accepts her without dowry, and ten months later
bears her first child. From then on, for a quarter of a century, Jane has a child
every two years. Some of them die, and each death opens a wound in her
breast. Those that live demand food, shelter, instruction, and consolation. Jane
spends whole nights cradling those that cry, washes mountains of clothing,
bathes stacks of children, rushes from market to kitchen, washes piles of
dishes, teaches ABC’s and chores, toils elbow to elbow with her husband in
his workshop, and attends to the guests whose rent helps to fill the stewpot.
Jane is a devoted wife and exemplary widow; and when the children are
grown up, she takes charge of her own ailing parents and of her unmarried
daughters and her orphaned grandchildren.
Jane never knows the pleasure of letting herself float in a lake, drifting over
the surface hitched to the string of a kite, as Benjamin enjoys doing despite his
years. Jane never has time to think, nor allows herself to doubt. Benjamin
continues to be a fervent lover, but Jane doesn’t know that sex can produce
anything except children.
Benjamin, founder of a nation of inventors, is a great man of all the ages.
Jane is a woman of her age, like almost all women of all the ages, who has
done her duty on this earth and expiated her share of blame in the Biblical
curse. She has done all she could to keep from going mad and sought, in vain, a
little silence.
Her case will awaken no interest in historians.
En la misma línea tenemos otra historia que, tal vez, también os interese
Mileva Maric, la primera esposa del misógino Einstein.
Mileva Maric y Albert Einstein se conocieron en la Universidad Politécnica de Zürich a finales del siglo XIX. Maric era la única mujer que estudiaba matemáticas y física en aquella universidad. En 1896 iniciaron una relación sentimental y Einstein estaba fascinado por la intensa colaboración intelectual que recibía de parte de su compañera serbia. A la única persona que disgustaba aquella relación era a la madre del genio, una alemana misógina y xenófoba, que nunca vio con buenos ojos a la serbia: “Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja”.
Como sea, la pareja estaba flechada porque ambos hablaban el mismo lenguaje: ella le dio clases de matemáticas (que nunca fueron el fuerte de Einstein), preparaban juntos sus exámenes y compartían el mismo interés por la ciencia y por la música. Einstein le escribió en 1900: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo”.
En 1902, Einstein se trasladó a la ciudad de Berna, Suiza, donde consiguió empleo en una oficina de patentes. Tras cinco años de convivencia Albert y Mileva terminaron casándose a comienzos de 1903 y tuvieron su primer hijo al año siguiente. En sus ratos libres, Einstein desarrolló, entre otras cosas, la Teoría de la relatividad especial que habría de revolucionar la física moderna. Los frutos de su trabajo fueron publicados en 1905, en la -en aquel entonces- prestigiosa revista Annalen der Physik.
Cuando se le preguntaba a Mileva por qué no firmaba los artículos que elaboraba junto a su esposo, su respuesta era: «Wir sind ein Stein!» (Somos Einstein), que en alemán significa “somos una piedra”.
Esta es más o menos la historia oficial, la que todos sabemos; pero se puede ahondar un poco más en la vida privada del genio, en sus inicios y sobre todo, en la relación con su primera esposa.
Aunque Mileva fue una sobresaliente matemática, nunca terminó formalmente sus estudios, en cambio Albert pudo defender su tesis doctoral en 1905.
Para 1908, Einstein consiguió finalmente un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, el matrimonio la obligó a abandonar definitivamente la universidad y la física.
Existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein debate con ella sus ideas de la relatividad e inclusive se refiere a “nuestra teoría” y le da un trato de colega. A partir de estas evidencias hay estudiosos que concluyen que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, quien no pudo continuar con su carrera puesto que se hizo cargo del cuidado de los hijos, uno con retraso mental, lo que desde luego le exigió más cuidados maternales. Incluso ahora se sabe que engendraron una niña en 1902, antes de casarse, de la cual se sabe muy poco, sólo que la entregaron en adopción.
Mientras ella cuidaba de sus hijos y renunciaba a la ciencia, Einstein desde su puesto académico tuvo el tiempo suficiente para concluir sus estudios y desde luego para desarrollar la teoría, de la que se sabe ahora,
no todo el crédito era suyo. En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, alguien tenía que lavar y preparar la comida; y ése fue el papel que Einstein y la sociedad patriarcal asignaron a Mileva, quien
subordinó todas sus aspiraciones a los objetivos de su esposo y puso todos sus conocimientos a su servicio.
«Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes», escribía Mileva a unos amigos.
Einstein a su vez admitía: «Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué».
Con el paso del tiempo la relación se tornó disfuncional. Ella ya no le resultaba divertida y tampoco le aportaba nuevas ideas ni conocimientos.
Las “Reglas de conducta” que Albert Einstein le impuso por escrito en 1914 son una cruda muestra de su autoritarismo y, a su vez, del machismo y violencia sicológica que ejerció en contra de Mileva:
“A. Te encargarás de que:
mi ropa esté en orden,
que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,
que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y
que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.
B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:
me siente junto a ti en casa,
que salga o viaje contigo.
C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
deberás responder de inmediato cuando te hable,
deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.
D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”
Con este tipo de imposiciones obviamente que las cosas no funcionarían nunca, por lo que los Einstein terminaron separándose en 1914. Einstein volvió a casarse en 1915 con una de sus primas, Elsa Einstein, quien también era divorciada y tenía dos hijas. Esta nueva relación marital fue como un necesario soplo de vida para el aún desconocido físico, ya que apenas un año después y con una inusual lucidez y energía dio a conocer su famosa Teoría General de la Relatividad.
Elsa fue la mujer sumisa que Einstein buscaba. En silencio y total sumisión supo mantenerse a prudente distancia, dedicada al hogar y facilitándole el trabajo de investigación. Su doméstica obediencia dio un paso más cuando aceptó organizarle la agenda y restringirle el número de visitantes que aspiraban hablar con él, a medida que crecía su fama.
De los hechos se desprende que Einstein nunca necesitó una esposa sino una secretaria, y que no quiso formar una pareja científica ni conceder crédito alguno en su teoría a su ex esposa Mileva. Quizá por eso, de alguna manera le pagó por su aporte, al otorgarle el dinero que ganó por el Premio Nobel de Física.
Un detalle bastante revelador aportado por la feminista alemana Senta Trömel-Plözt es que, cuando Albert y Mileva se separaron oficialmente en 1919, el documento del divorcio incluyó una cláusula de que, en caso de recibir Einstein algún premio por los artículos publicados en 1905 en los Annalen der Physik, debía entregárselo íntegramente a Mileva. ¿Tenía la esperanza Mileva que ese trabajo revolucionaría al mundo? ¿Cómo pudo saberlo si no fue parte del mismo? Fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo, sobre todo en matemáticas, materia en la que alguna vez brilló en su Facultad.
Mileva Maric
Y fue así que en 1921 Albert Einstein ganó el Nobel de Física por sus publicaciones de 1905, y un año después le entregó la totalidad del dinero del premio a su ex-esposa. Y también hay que decirlo: Einstein era un misógino empedernido. Estaba convencido de que “muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia”. Decía también que “la ciencia agría a las mujeres”, de ahí la opinión que tenía de Marie Curie: “nunca ha escuchado cantar a los pájaros”. Aun así, dentro de ese machismo recalcitrante, fue quien acuñó la célebre frase: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Mileva vivió hasta el último de sus días en Zúrich, en un apartamento con vista a la facultad en la que estudiaron juntos. El piso fue comprado justamente con el dinero del Premio Nobel.
Sirva este pequeño retrato de Mileva Maric como homenaje a esas miles, millones de abnegadas esposas y madres, que han sacrificado sus sueños,carreras e ideales, porque el instinto maternal y el amor han sido más fuertes que el estatus.
Escrito por Maria Suarez Toro. Todo nuestro agradecimiento hacia ella.
Parte de la tesis de María Suarez Toro de la Univ de Costa RIca, sobre el aporte invisibilizado de las mujeres. Esa tesis despues fue teatralizada por el grupo Alas de Mariposa
http://www.alasdemariposa.org/p_esp/10cartas_apoyo/10tesis_maria_s.htm
Gracias a Barbara Gil, Coca Trillini entre otras de las mujeres de la red Rima, que son lo Más
http://mujeresabordo.blogspot.com/
Fuente original del artículo: http://heroinas.blogspot.com.es/2012/08/mileva-maric-la-primera-esposa-del.html
Dinámica – EL CUENTO DE PEPA Y PEPE
EL CUENTO DE PEPA Y PEPE
Este es un cuento colectivo. Dividimos la clase en cuatro grupos. Cada uno de ellos recibe la consigna de escribir un cuento sobre la vida de uno de estos dos personajes. En total tendremos 2 cuentos sobre Pepa y 2 cuentos sobre Pepe.
No es conveniente que los grupos sean demasiado grandes para que la actividad resulte más participativa.
Cada grupo decidirá quién es la persona que va a ir tomando nota para luego poder leer el cuento a toda la clase.
Los cuentos deben recoger toda la vida, cuanto más completa mejor, desde el mismo momento de su nacimiento. Tendrán toda la hora. La lectura y el debate posterior se puede realizar en la siguiente sesión de tutoría.
Nada más comenzar el debate, lo primero que preguntaremos es cómo se han sentido, cómo ha funcionado la actividad y qué se podría mejorar para el próximo cuento colectivo que escribamos.
Durante el debate sobre las vida de Pepa y Pepe trataremos de que salgan los temas relacionados con sexismo, prejuicios, roles, machismo, incluso si hubiera ocasión, momentos violentos en sus vidas y si esta violencia puede ser considerada violencia de género o no. Podemos buscar paralelismos con algún personaje real que puedan conocer.
Dinámica realizada con el Colectivo Noviolencia y Educación de Madrid.
¿SON SEXISTAS LOS LIBROS DE TEXTO?
EL FEMINISMO
EL FEMINISMO
El feminismo es la lucha por conseguir una nueva identidad humana a partir del hecho biológico de haber nacido mujer; es alcanzar, junto con los hombres, una nueva y superior categoría: la de personas “… El feminismo no implica una ruptura con el hombre como ser humano sino con la idea creada a través de la historia de que el varón es, por definición, el ser superior y pensante, y la mujer la otra cara del espejo. El feminismo es una filosofía que lucha por la libertad… La libertad de las mujeres no implica la esclavitud de los hombre, de la misma manera que los hombres no pueden soñar en ser libres si siguen oprimiendo a las mujeres. Pero el feminismo es también una nueva concepción del mundo, visto a través del prisma de las mujeres. Un mundo en paz donde convivan, sin marginación ni opresión, hombres y mujeres… Sería demasiado fácil decir que la mujer sólo tiene que luchar contra el hombre para llegar a ser libre. También tiene que luchar contra sí misma. Ser mujer, hoy día, no es nada fácil. Pero tampoco lo es ser hombre. En realidad lo que es difícil es poder llegar a comportarse y a ser considerados como seres humanos, tanto las mujeres como los hombres”
Texto de MONTSERRAT ROIG. El Feminismo.
LA SONRISA DE LAS GOLONDRINAS
LA SONRISA DE LAS GOLONDRINAS
por Josefina Piquet.
Josefina Piquet forma parte de un grupo de mujeres cuya existencia quedó marcada por la guerra civil y que han querido en nuestros días fundar un colectivo («Les dones del 36») para dar su testimonio vivo de cuanto representó en aquellos años la defensa de los valores de justicia y libertad representados por la II República.
Josefina, con la que tuve el honor de compartir cena en octubre de 2004, nos ha dejado para «AGE-NOTICIAS» esta preciosa carta dedicada, no solo a sus nietos, si no a todos los descendientes de aquellas valiente mujeres atrapadas por la sublevación fascista de Franco y los suyos y que nunca, ni en el exilio ni en su patria, han renunciado nunca a luchar por una causa que entonces, como ahora, han considerado justa.
Carta enviada por: Floren Dimas,
Presidente de la Asociación.
Febrero de 2005, 66 Aniversario de la Retirada de Cataluña y del comienzo del Exilio francés.
LA SONRISA DE LAS GOLODRINAS
(LA SONRIURE DE LES ONERETES)
Barcelona, 12 de abril de 1997.
Queridos hijos y nietos:
Hoy he visto, desde mi ventana, llegar las primeras golondrinas. Ya sabéis que, cada año, cuando regresan siento una gran alegría y, como en anteriores primaveras, os invito a comer para celebrar todos juntos su llegada.
Esta mañana, cuando os he telefoneado para anunciaros: “acabo de ver las primeras golondrinas”, estoy segura de que habréis sonreído pensando:” ya está otra vez la mamá o la yaya, con “sus cosas”!. “Mis cosas” forman parte de mi vida y esta carta es para explicaros por qué hoy es un día tan especial para mí.
Esta alegría que siento es una alegría que viene de muy lejos. Es la misma que sentía cuando, después del largo y duro invierno, llegaba por fin la primavera a Mayet.
Tenía entonces siete años y vivíamos en Francia, en el exilio, después de nuestra guerra civil. Los inviernos me traían recuerdos muy dolorosos porque, dos años antes, mi madre y yo habíamos cruzado a pié los Pirineos en febrero del 39. Para los refugiados sin recursos, como nosotros, la vida en Francia era muy difícil.
Mayet era un caserío en la Dordogne, con media docena de familias de campesinos, unas plantaciones de tabaco, un riachuelo, un castillo y una casa en ruinas: la nuestra!. Sin agua, sin electricidad. Recuerdo cómo se veía el cielo a través del tejado y, entre las tejas rotas, la silueta de unas ratas enormes, como conejos. Lo peor era por la noche. Las ratas bajaban y teníamos tanto miedo, que mis padres y yo dormíamos juntos, con un garrote al lado de la cama para defendernos.
El colegio más próximo estaba a cuatro kilómetros y los niños de Mayet nos reuníamos muy temprano al pié del castillo para ir juntos al colegio. Recorríamos cada día ocho kilómetros por unos caminos de carro, mal calzados con nuestras “galoches” (botas de cuero con suela de madera). En invierno, cuando llovía ó nevaba, esperaba inútilmente. Los niños no venían y yo tenía que irme sola, muerta de miedo, porque todavía era de noche y había de pasar por delante del cementerio.
Pasaba también mucho frío y como no tenía guantes, mi madre dejaba toda la noche entre las brasas de la chimenea, dos piedras redondas y lisas. Por la mañana, estaban muy calientes y me las envolvía en un papel para ponérmelas en los bolsillos de mi abrigo.
Y otra vez, el hambre. Comíamos en el colegio y yo sólo llevaba un par de patatas hervidas con piel ó unas castañas. Alguna vez, robaba remolachas por el camino. En cambio, los otros niños traían una fiambrera llena de comida. La maestra las ponía al lado de la estufa de la clase y todavía me parece oler aquel aroma que desprendían, sobre todo cuando contenían trozos de pato u oca confitados. Yo no llevaba fiambrera y, al lado de la estufa, sólo estaban mis dos piedras redondas y lisas. Era la pobre refugiada que iba a la escuela con el estómago vacío pero ahora me doy cuenta de que también era la única que tenía las manos calientes. Y otra cosa que solamente yo tenía: unos preciosos tirabuzones rubios y un lacito blanco. ¡Cuánto me quería mi madre, y que pena que yo no me diera cuenta!.
Los niños pueden hacer mucho daño sin querer, ó queriendo. No lo sé. Por ser refugiada, era el objeto de sus burlas a la hora de comer y de su rechazo al salir al patio. Nadie quería jugar conmigo porque decían que pertenecía a una “sale race d’espagnols”. Y me quedaba apoyada en la fuente del patio. Me abrazaba a ella buscando cariño y me sentía la niña más desgraciada del mundo.
No me quedaba ni el consuelo de volver a casa porque mis padres llegaban muy tarde, agotados, y sólo hablaban de lo muy preocupados que estaban por la invasión de los alemanes. La historia se repetía. Habíamos sufrido una guerra y de nuevo, nos habíamos metido en otra. La Segunda Guerra Mundial!. Me sentía muy sola. No sabía expresar mis sentimientos y solo podía formular una pregunta: “mamá, ¿por qué no me quieren los niños?”.
Pero, un día llegaban las golondrinas y todo se llenaba de luz y alegría. Por fín, era otra vez primavera!.
Esto significaba que se iría el invierno y que ya no pasaría tanto frío. Pronto madurarían las primeras frutas y podría robar cerezas al ir a la escuela. No me avergüenza confesaros que, en aquel tiempo, robaba toda la comida que podía porque pasaba mucha hambre.
En primavera, los días serían más largos y no tendría tanto miedo por aquellos caminos. Las golondrinas me anunciaban que, por fín, ya habían llegado los días en que vivir en Mayet no sería tan duro y tan triste. Los campos se llenarían de flores. Podría ir a coger violetas en el pequeño riachuelo. Y un día, faltaría a la escuela. Era mi día. Me parece que no os había dicho que vuestra abuela hacía novillos. No está bien. Pero eran otros tiempos, otras circunstancias y yo, aquel día, me sentía libre, feliz y aprendía un montón de cosas.
Aprendí a descubrir, paso a paso, las maravillas de la primavera. La flor rosa que se convierte en una roja y dulce cereza, los nidos de los pájaros en los arbustos, los campos que se van llenando de “coquelicots” y “boutons d’or”. Recuerdo también, cómo me gustaba tenderme boca abajo en los prados para oler la tierra. La olía y también la sentía. Notaba que, debajo, había vida y la tierra respiraba. Era una sensación extraña. La misma sensación que cuando abrazaba los árboles. Les hablaba, les contaba mis penas y mis alegrías y estoy segura que ellos me comprendían y me consolaban. Percibía toda la actividad de la primavera en el interior de sus troncos.
Cuando vives en el campo y tienes siete años, la primavera es un mundo maravilloso lleno de sorpresas y la vives con admiración y alegría.
Por esto, hoy al ver llegar las primeras golondrinas, vuelven también aquellos recuerdos. Y me siento feliz. Y me alegra comprobar que cincuenta y seis primaveras después y, a pesar de lo dura y triste que fué mi infancia, la vida me ha curtido pero no me ha endurecido y todavía soy capaz, a mis sesenta y tres años, de emocionarme al ver llegar las primeras golondrinas. Qué bonito es hacerse mayor a golpe de primaveras!.
No sé cuantas me quedan todavía por recordar y disfrutar a vuestro lado. Por esto, he querido contaros hoy lo mucho que significan en mi vida estos recuerdos de mi niñez.
Y cuando llegue mi última primavera, no sufráis. Estoy segura de que, de alguna manera y esté donde esté, continuaré celebrando otras primaveras.
Y si algún día, al mirar por la ventana veis una golondrina, quizás os acordareis de que fuí feliz a vuestro lado, de que os quise mucho y quizás, también como hoy, me dedicareis una sonrisa y comprenderéis que para todo el mundo la primavera no significa lo mismo.
Un abrazo!
Con todo mi cariño,
Josefina