Cuento – Maternidad y lenguaje políticamente correcto

Un día fui a sacar un certificado al Registro y el señor que tomaba los datos, me
preguntó cual era mi ocupación. No supe cómo etiquetar mi trabajo de «madre» y
qué responder. Al percatarse de esto, el señor que tomaba los datos me dijo:»A lo
que me refiero es a ¿si trabaja usted o no hace nada…?» «Claro que tengo un
trabajo, le contesté, soy madre». A lo que el señor respondió, «No ponemos madre
como opción, vamos a ponerle ama de casa». Esa fue la respuesta enfática de este
señor.

Olvidé por completo esta historia hasta que un día me pasó exactamente lo mismo,
sólo que ésta vez, en la oficina de una Notaria Publica. La funcionaria era
obviamente una mujer de carrera y muy eficiente.»¿Cuál es su ocupación?», me
preguntó ella. No sé bien por qué… pero las palabras simplemente salieron de mi
boca…. «Soy una Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y las
Relaciones Humanas». La funcionaria se detuvo… el bolígrafo quedó congelado en
el aire y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente…
poniendo énfasis en las palabras más importantes… Luego, observé asombrada
cómo mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial. «Me
permite preguntarle», dijo la funcionaria, con un aire de interés…»¿Qué es
exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?». Con una voz muy
calmada y pausada le contesté: «Tengo un programa continuo de investigación
(¿qué madre no lo tiene?) en el laboratorio y en el campo estoy trabajando para mi
maestría (la familia completa) y ya tengo dos créditos (mis hijos). Por supuesto que
el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades
(¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en
realidad son más, como 24). Pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquier
trabajo sencillo y las remuneraciones más que económicas, están ligadas al área de
la satisfacción personal.»

Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria mientras
completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, se levantó de la silla y
personalmente me acompañó a la puerta.

Al llegar a mi casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salió a recibirme
uno de mis socios del laboratorio, el de 8 años de edad. También podía escuchar a
nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil (de 2
años y 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en localización.
¡Me sentí triunfante! ¡Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los
registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la
humanidad que sólo como «una madre más». La maternidad… que carrera más
gloriosa…

Fuente: http://kevinvazquez.blogspot.com/

Visto en: www.loquesomos.org

MAMÁ NOEL Y LAS TRES REINAS MAGAS

Un poco de humor nunca viene mal.

Ya hemos tratado el sexismo desde varios puntos de vista: el lenguaje, la política, internet, etc. Pero, es tan grande la tarea que prácticamente no existe una manifestación de nuestra cultura que no esté cargada de ese enorme lastre que nos avergüenza.

El antropólogo británico Edward B. Taylor define la cultura como «aquel todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, leyes, moral, costumbres y cualquier otra capacidad y hábitos adquiridos por el hombre (este hombre y no persona es del antropólogo, no nuestro) en cuanto miembro de una sociedad». Luego en sociedades sexistas adquirimos hábitos sexistas que incorporamos a nuestra sexista cultura.

Un ejemplo de esto son las celebraciones populares y ahora es el turno de las fiestas navideñas. A nuestr@s hij@s se les educa en esa tradición según la cual «UNOS HOMBRES» son los encargados de llenarnos de regalos al inicio del nuevo año, ¡guayyyyyyy!

¿Qué os parece iniciar desde el próximo 2007 la tradición de las tres reinas magas? ¿Y Mamá Noel, no suena genial? Si queremos nos podemos reír de esto, pero en el fondo las cosas ni son inocentes ni son accidentales, más bien responden a ese modo de situar al hombre y no a la mujer en los papeles relevantes de la cultura.
Incluso hay mujeres que afirman que todas estas cuestiones (las que planteamos en Iguales en las Tres Mil) no sirven para lo fundamental; impedir la violencia por razón de sexo. El lenguaje no sexista, la educación no sexista, la navidad no sexista, en fin, la cultura no sexista, ¿son o no herramientas contra la violencia?

Vamos animaros a dejarnos vuestros comentarios.

FUENTE: http://igualdad3000.blogspot.com

Desde Educarueca.org os animamos a entrar en su página y participar. Hay montones de comentarios …

Libro – ISLAM: EL PODER DE LAS MUJERES

Cuando en Occidente hablan de la «opresión de la mujer en el Islam» hacen hincapié en rasgos culturales, que no son propios del Islam, sin embargo le acusan de ser el responsable de éstos.

Entre los musulmanes encontramos varias reacciones de defensa, casi todas escritas por hombres, frente a las críticas occidentales. Algunas muestran que el Islam llegó para liberar a la mujer de su posición inferior en la sociedad pagana, pero no se refieren al mundo moderno; otras presentan al ama de casa como modelo para el verdadero desarrollo personal y dicen que las mujeres psicológicamente no están a la altura de los hombres (según la historia esta no es una visión islámica, sino más bien judeocristiana); también las mujeres no deberían ser ni vistas, ni oídas (aseveración que se justifica con la dudosa afirmación de que los hombres son incapaces de controlarse debido a la hormona testosterona).

Tanto unas interpretaciones como las otras no corresponden a los textos de los comienzos del Islam, que he traducido y he estudiado. Las mujeres de entonces no eran así; los Compañeros no eran así, el Profeta, que Al-lâh lo bendiga y le dé paz, no era así. Eran personas llenas de vida y entusiasmo dedicadas a poner en práctica el Islam.

Vamos, pues, a regresar a los orígenes y a volver a estudiar cómo actuaban las mujeres musulmanas del pasado, para así poder escapar de horizontes limitados que se han convertido en norma. Con este propósito examinaremos tres perspectivas diferentes: la Mujer Erudita, la Mujer Política, y la Mujer Espiritual.

Editorial: Kutubia Mayurqa

Prólogo

Capítulo 1: La Mujer Erudita

Capítulo 2: La mujer y el sistema educativo

Capítulo 3: La mujer política

Capítulo 4: El liderazgo de las mujeres

Capítulo 5: La mujer espiritual

FUENTE: http://www.webislam.com

La voz de las mujeres en la resolución del conflicto: Apuntes desde el feminismo

Ante el proceso de paz en Euskadi, desde de una perspectiva de género.

Después de decir que estamos enormemente esperanzadas por la declaración de tregua indefinida por parte de la organización armada ETA, así como por el tímido inicio de conversaciones entre los partidos políticos más representativos del panorama político, me gustaría señalar que este comentario va a ir esencialmente a analizar diferentes cuestiones desde de una perspectiva de género y de las alternativas feministas que puede haber en el camino de la resolución del conflicto en Euskal Herria. Dejo de lado, pues, salvo pequeñas menciones, la consideración más general del conflicto y su resolución. Asimismo me gustaría destacar, nada más empezar y para separar cuestiones, que no me parece que estamos hablando sólo de un tema de participación de las mujeres en los espacios públicos, sino del análisis del conflicto desde una mirada de las mujeres y de las salidas feministas al mismo. No me planteo únicamente que en la foto salgan las mujeres participando activamente en las negociaciones que va a haber. Imagino una agenda con temas que afectan específicamente a las mujeres, y con soluciones y salidas especialmente para ellas, o sea, para nosotras, mujeres que habitamos en Euskal Herria. Lógicamente este planteamiento sólo lo podemos hacer desde las mujeres

Nosotras en el conflicto

Quiero reconocer de entrada la dificultad que nos está suponiendo abordar este tema a los diferentes grupos feministas que estamos en ello. A pesar de que es frecuente decir que ya todo está inventado y no tenemos más que mirar a otras experiencias, sencillamente no veo ninguna negociación precedente en la que se hayan tenido en cuenta las cuestiones que afectan esencialmente a las mujeres, de una manera satisfactoria, excepción hecha, quizá, de la consideración de las mujeres como víctimas en los recientes conflictos de violación y asesinatos masivos. Ello no quita para que releamos todas las experiencias y nos alimentemos en alguna medida de lo ya avanzado. Teóricamente y también en la práctica, solo puedo vislumbrar, casi a modo de intuición, que en la resolución del conflicto vasco nosotras tenemos algo que decir, por supuesto, diferente y genérico, pero señalo el esfuerzo que creo que tenemos todas que hacer para acertar siquiera con los parámetros del debate, a ver si realmente estamos hablando de lo mismo y queremos articularun nuevo lenguaje y recrear unos fenómenos hasta ahora muy escasamente insinuados por la historia. En resumen, pienso que esta osadía de entrar de lleno al conflicto y querer ser, no solamente sujeto de la Mesa, sino también protagonista, no tiene que ver ni con la paridad, ni con la igualdad, ni con la participación, con ser ello importante, sino que vislumbra otro paradigma, la consideración de las mujeres como sujeto específico, diferente y genérico. Tradicionalmente y también desde importantes sectores del movimiento feminista, las mujeres hemos asumido la tarea de «pacificadoras», negociadoras o mediadoras en los conflictos. Por nuestra poca implicación en las guerras, por el rol de género que nos ha tocado vivir en la procreación y en el sostenimiento de la vida, por nuestro rol de madres, por ser las supervivientes, por nuestra cultura y ética de negociación,…. por muchas razones que no voy a entrar a analizar y reconociendo su mayor o menor veracidad, así como su diferente importancia y peso en nuestra historia, desde siempre ha habido corrientes de mujeres y en el feminismo ligadas a los gritos pacificadores y a las soluciones negociadas. Esta es una parte importante en nuestro conflicto y ya hay voces -Ahotsak- que están haciendo es-fuerzos unitarios encomiables. No es ésa la participación y el análisis que yo ahora pretendo. Diríamos que va a otro nivel de planteamiento de fondo.

Verdad, justicia y reparación.

Estos tres parámetros, pensamos que universales, son los concitados por muchos grupos de mujeres de América del Sur y Centro América y que nos van a servir de referencia, reformulados, para decir algo sobre nuestra tarea.

— – Cuando decimos verdad, queremos decir que se cuente lo que ha pasado, de verdad, en este caso a las mujeres. En este conflicto que lleva ya tantos años y está causando tantos sufrimientos personales tenemos, por encima de todo, que visibilizar a las mujeres. Cómo actúan, cómo viven el conflicto, cómo son víctimas de la represión y de las tácticas del «enemigo», cómo mueren o son dañadas por las ciegas bombas criminales que ni siquiera se dirigen contra ellas, cómo luchan, cómo pasan por las cárceles, cómo salen de ellas y se reintegran o no en esta sociedad, qué relaciones mantienen dentro de su actividad militante, en la clandestinidad, o en la legalidad en el entorno visibilizado… Ésta, entiendo, tiene que ser la primera tarea, de orden preeminente en nuestro trabajo: realizar un análisis desde una perspectiva de género del conflicto, en lo que se refiere a las vivencias de las mujeres. Hay que señalar, además, que no podemos reducir el papel de las mujeres únicamente al papel de víctimas, con ser éste específico, sino que también constituyen parte del sujeto político del conflicto. En todo caso, es muy importante, por doloroso que nos parezca, que haya un relato femenino, en primera persona, del conflicto. Como se puede ver, esto no depende de la mayoría de las que estamos analizando esto. Tenemos que persuadir a las mujeres que viven el conflicto muy en primera persona que verbalicen la es-pecificidad de género. ¿Tenemos legitimidad para ello? Queremos ser cómplices y también sujetos: nosotras también, lo queramos o no, hemos participado en alguna medida en el conflicto y hemos tomado posición, y lo hemos vivido como mujeres y como feministas. Nosotras conocemos a mujeres que han estado en las cárceles y han sufrido agresiones, violaciones, vejaciones; sabemos de mujeres que han sido madres en las cárceles; hemos visto a mujeres que encarceladas han dejado a sus hijas e hijos con sus familiares; hemos escuchado los relatos de mujeres que al salir de la cárcel han rehecho sus relaciones personales, afectivas y familiares en su entorno; hemos visto a activistas luchadoras que han optado por la maternidad en condiciones de clandestinidad; hemos visto a mujeres que han dejado el activismo y la militancia; seguimos viendo a miles de mujeres cuidadoras de sus familiares más cercanos encarcelados; conocemos a muchas mujeres que han vivido bajo el miedo y la amenaza, viéndola en demasiadas ocasiones cumplida; hemos tenido cerca a mujeres a la fuerza escoltadas, tantas veces ni siquiera por su propio protagonismo… todas estas experiencias tan cercanas y tan específicas en nuestra sociedad de las mujeres, deben ser conocidas y reconocidas como genéricas. A partir de ahí, de visibilizar estas experiencias, sí podemos empezar a hablar de justicia. — Y cuando decimos justicia queremos decir en realidad asunción de responsabilidades. En este conflicto que estamos viviendo, es muy fácil reconocer, por un lado, a las víctimas de la organización armada ETA y a sus militantes, pues se reconoce y se reivindica expresamente por parte de esa organización, y las víctimas son consideradas como tales mediante disposiciones legales. Pero del otro lado, del lado del aparato del Estado, quedan muy difuminadas las actividades y las acciones que han marcado los relatos antes señalados. Si no se reconoce la actividad represiva desmedida, la dispersión carcelaria, las inhumanas condiciones de las cárceles, las agresiones, torturas y violaciones, las detenciones absolutamente arbitrarias, la criminalización del entorno de ETA…. ¿cómo va a existir un relato y una visibilización de las experiencias de las mujeres afectadas?. Solamente el reconocimiento de las otras, también por parte de ETA, hará justicia a las mujeres que han participado en el conflicto o que han sido víctimas del mismo. Nosotras tenemos que reconocer a las víctimas, en su dolor, y declarar que en éste todas somos legítimamente iguales, aunque las valoraciones políticas, también legítimamente, difieran.

— – Y si se ha visibilizado y se ha reconocido el particular recorrido de las mujeres en este conflicto, y sus costes para ellas, -y para nosotras- la reparación sería sin más la posibilidad de reubicación de las mujeres en su sitio: mujeres con todos los derechos, con todas las posibilidades, con todas las oportunidades para reiniciar o seguir una trayectoria autónoma y querida.

En esta reubicación es donde podemos plantear los derechos en femenino y unirnos todas las mujeres a esa resituación social. Hablaríamos de nuestros derechos más queridos no reconocidos, ni siquiera mentados en pomposas declaraciones autodenominadas universales: el derecho a nuestro cuerpo, a decidir sobre nuestra sexualidad y maternidad; el derecho a nuestra imagen, autonomía e independencia: a no ser la señora de nadie, ni la viuda de un don, ni generalizada en un masculino, ni beneficiaria de prestaciones sanitarias y sociales por el derecho de otro, ni subsumida en el negocio familiar de titularidad patriarcal,….; el reconocimiento del trabajo realizado de cuidados y de reproducción de la vida; el derecho a tener derechos de las mujeres inmigrantes, ….. Y es en esa reivindicación de una reconceptualización de todos los derechos para todas las mujeres donde nos podemos encontrar nosotras y las otras y construir algo en común que nos sitúe a las mujeres en un marco de autonomía y libertad suficiente para decidir nuestro futuro y restañar nuestras heridas pasadas, esperemos que para siempre.

Fuente: Feminismos

Libro – IGUALDAD BAJO SOSPECHA

Autora: YOLANDA HERRANZ GÓMEZ

PRÓLOGO

Mi tarea docente como profesora de Ética en Secundaria y Filosofía en Bachillerato me lleva a tratar con adolescentes temas como los Derechos Humanos, las desigualdades sociales, la libertad, la justicia, la construcción social de la personalidad y otros que aparecen en el presente ensayo. Estas problemáticas resultan sugerentes y atractivas para un alumnado que está en una edad en la que descubre y construye su identidad y en la que está tomando conciencia de sí como sujeto libre y responsable.

A veces, la reflexión sobre estos temas no consiste más que en romper esquemas que el alumnado trae consigo, impuestos por el medio social y convertidos en «lo natural» o «lo normal». Otras veces, estas reflexiones no son más que la clarificación y sistematización de conceptos que el alumnado ya siente y aprecia de forma inconexa y caótica. Se trata de ayudarle a examinar, analizar y a repensar. Esto supone una complicación de lo sencillo, «un comerse el coco» dirían ellos; un análisis o profundización siempre lleva a convertir lo simple en complejo, a desmenuzarlo. En cualquier caso, me es grato decir que para el alumnado de estas edades, el estudio y análisis de estas cuestiones resulta un descubrimiento importante y que en algunos casos transforma su mani trabajo personal en el aula, sino a la Educación en general.

La espontaneidad, descaro y frescura que caracteriza a la adolescencia permite planteamientos que no se oyen en otros foros pero que son un reflejo de aprendizajes totalmente asumidos por la sociedad en su conjunto. Estos planteamientos espontáneos, así como los debates que suscitan, enriquecen al grupo tanto como las grandes reflexiones filosóficas que les son transmitidas. Son, además, un punto de referencia para los docentes y una fuente de información sobre los prejuicios y estereotipos en los que se mueven las nuevas generaciones, realidad ideológica que hay que conocer para deconstruir.

Hace unos años, en el IES de Fuenlabrada en el que trabajo, cuando tratábamos en clase la problemática de la desigualdad hombre-mujer en el marco de otras desigualdades sociales, un chico de 16 años me hizo la siguiente pregunta: Profe, ¿no serás tú una feminista de esas, verdad?. La pregunta, tal como fue formulada, parece esperar una respuesta negativa, una negativa que fuera tranquilizadora para el chaval. Algo así como: «No, no, no. No te preocupes». ¿Por qué?, ¿por qué le intranquilizaría una respuesta afirmativa?, ¿qué entiende por «feminista» este chico?, ¿qué entiende la sociedad por «feminismo»? Ese «de esas» con el que califica a las feministas muestra una connotación despectiva, pero la pregunta que sugiere inmediatamente es ¿de cuáles? Y con este interrogante le respondí: “¿de cuáles? El chico, de forma totalmente rápida y espontánea, me contestó: «de esas que salen en la tele y que mi padre tanto odia». Esta respuesta da mucho que pensar. La referencia que tiene este chico de un concepto como feminismo o feminista es, por un lado, la tele, y por otro, su padre, que como él afirma le transmite una visión totalmente negativa.

Y la televisión, ¿qué visión transmite la tele-basura actual de un movimiento como el feminismo? Quizás se refiera a esos debates en los que se sienta a hombres frente a mujeres, invitados no se sabe en calidad de qué, chillándose e insultándose. En cualquier caso, la imagen que tiene de feminismo y de feminista es la que le transmite la televisión, mediatizada por una valoración negativa de un varón, pero no de un varón cualquiera, sino nada más y nada menos que del padre, aquel que le sirve de modelo masculino. ¿Es esto expresión de la imagen que reciben y a la que se enfrentan las nuevas generaciones?

Esta es una pregunta que me he hecho desde entonces. Parece incongruente que se imponga en las nuevas generaciones el discurso antifeminista en un momento en el que mueren mujeres a diario víctimas de la violencia de género. A menudo hay conceptos que adquieren “mala prensa” en una determinada sociedad porque algunas fuerzas sociales se han encargado de desprestigiarlos. Estos suelen ser conceptos o temas de los que todo el mundo opina desde su ignorancia, pero que la mayoría no entra a analizar y a conocer. Uno de estos temas es hoy el feminismo, término que ya no se puede nombrar sin infundir sospechas. En un mundo donde ya no se lleva la reivindicación del cambio social, donde denunciar la más evidente injusticia sorprende y donde los términos moral y ética suenan a adoctrinamiento del pasado, percibo que las nuevas generaciones se mueven en un machismo solapado instalado en el espejismo de la igualdad y adornado de ficticias libertades. Para profundizar en estas cuestiones he propuesto en mi centro la asignatura optativa Papeles Sociales de Hombres y Mujeres para la ESO como un espacio en el que trabajar con adolescentes problemáticas relacionadas con las nuevas relaciones de género, de forma vivencial y desde la reflexión ética. Muchos de sus planteamientos y observaciones en clase, reflejo de sus experiencias y expectativas, sus preocupaciones e interrogantes, me sugieren nuevos análisis y han permitido que comprenda más la realidad cambiante en la que estamos inmersos. Ellos y ellas me han hecho entender la necesidad de que la educación ponga su mirada de forma prioritaria en los cambios sociales y las nuevas relaciones de género.

El propósito de este ensayo es analizar la realidad en la que todos y todas vivimos y clarificar conceptos a todos aquellos jóvenes que hagan a cualquier persona la misma pregunta que me hizo mi alumno en los mismos términos. Especialmente lo dirijo a aquellas personas relacionadas con la tarea educativa porque creo de verdad en el poder transformador de la educación y porque reflexionar sobre estas cuestiones me parece un primer paso para conseguir una sociedad más igualitaria en la que puedan desarrollarse personas más libres. En aquel momento respondí a mi alumno que cuando termináramos la evaluación dedicada a los Derechos Humanos, él mismo se respondería a esa pregunta y quizás, y así lo esperaba, se cuestionara otra: ¿no seré yo también un feminista? Espero que así fuera, como espero que tú, lector de este libro, mujer u hombre, te lo preguntes.

YOLANDA HERRANZ GÓMEZ.

Igualdad bajo sospecha.
El poder transformador de la
educación.

Madrid: Ed. Narcea, 2006

Tejedoras de sueños

En algún lugar del mundo y en todas partes

Creemos en un mundo donde quepan muchos mundos, con sus matices, sus colores, sus diversidades, sus miradas, sus músicas y sus olores. Creemos en la palabra que convoca los sueños, los trenza, los interpela, los suma, los transforma. Nos interesan las semillas que germinan las ideas y no tanto quién las tiene. Es por eso, que nosotras, Tejedoras de Sueños, podemos ser cualquiera de ustedes. Nuestras palabras, canciones, poemas, afirmaciones, presencias, interrogaciones, no van a tener ni rostro, ni nombre. Porque el anonimato no es un acto de cobardía sino de afirmación. Porque el poder ya nos enseñó demasiado a competir, a dirigir, a dividir, a castigar, a juzgar, a menospreciar, a subyugar, a someter, a odiar, a violentar, a renunciar, a pensar por las otras y no con las otras. Porque no necesitamos sentirnos importantes por las ideas que generamos. Porque, como el pasamontañas de ustedes, lo fundamental es que somos mujeres con capacidades, ideas y palabras que aportar y aportarnos y no que nombres tenemos. Y porque las mujeres hemos tenido que vivir demasiado la invisibilidad de la negación, el rechazo y la exclusión y a pesar de eso y desde la resistencia cotidiana, nos hemos llenado de sabiduría, estrategias, creatividad e inteligencia para construir caminando ese mundo donde quepan muchos mundos. Las mujeres hemos sido siempre y seguiremos siendo imprescindibles para la lucha. Las mujeres sabemos de resistencias. Y nuestro anonimato quiere visibilizar esa fuerza que es de todas.

Nos llamamos Tejedoras de Sueños. Como idea que convoca y nos convoca. Las mujeres sabemos de tejidos. Y no sólo los de algodón. Las mujeres tejemos afectos, solidaridades, inteligencias, resistencias, comunidades, proyectos, cuidados, creaciones, mundos, desde la sabiduría de la inclusión, la riqueza del matiz, el gesto, la diferencia, lo sutil. Y lo hacemos a través de las herramientas aprendidas de nuestras antepasadas, nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras hermanas: los sueños, los saberes, los abrazos, las risas, las caricias, las melodías, las ideas, las palabras. Herramientas que hemos generado y utilizamos a pesar del juicio cotidiano al que somos sometidas, a pesar de la molestia que genera nuestra originalidad, capacidad y autonomía. Herramientas que revuelven, nos revuelven, nos modifican porque sabemos que somos hijas e hijos de un sistema injusto que nos ha impregnado las pieles y los modos de violencia. Y debemos romperla con la palabra que sueña, que nos pregunta sobre nosotras y nosotros mismos para transformarnos.

Tejemos sueños. Porque soñar es alimento de la vida. Esa de la que tanto sabemos. Cuando soñamos construimos esos mundos con matices y colores. Soñar es el alimento necesario como el agua a la milpa, como parte de la tierra y la naturaleza. Todas las luchas tienen su sueño, todos los sueños tienen su lucha. Cuando soñamos, somos libres y aprendemos la necesidad de caminar. Cada paso caminado es un sueño realizado donde es difícil borrar la huella. Debemos romper el cerco a nuestros sueños que nos quieren imponer los enemigos de la vida. Porque cuando soñamos nos hacemos fuertes para lanzar nuestros pasos al esfuerzo colectivo de tejer una realidad donde la alegría, el baile, el apoyo, la justicia, el amor, la unidad, el respeto, la creación, la locura sean los pilares fundamentales que sostengan nuestro mundo. Desde ya, desde ahora, desde nuestro día a día, con nuestras amistades, nuestros compañer@s, nuestras relaciones, nuestras luchas, nuestros trabajos, nuestro entorno. Sueños atrevidos y no complacientes para quién no quiera mirarse a fondo y destruir todo aquello que en su interior mate la vida y los sueños.

Aportaremos nuestra palabra desde nuestras herramientas, nuestro accionar y todos los medios que nuestro soñar nos diga. Lanzaremos ideas al viento con la intención de que aporten, agiten, rompan, generen, fertilicen y penetren en los poros de la piel, limpien y ayuden a su muda. Como las serpientes. Le apostamos a mudarnos y mudar el mundo. Transformarnos y transformar el mundo.

A nuestras antepasadas, nuestras abuelas, a pesar de resistir y crear, las convirtieron en páginas en blanco y su historia, que es la de todas y todos, nunca fue escrita ni contada; porque después, nuestras palabras ya se escucharon pero nos convirtieron en un anexo y los anexos no se leen. Porque nos da coraje tener que insistir en algo ya demostrado a lo largo de los siglos. Porque ahora ya no vamos a pedir permiso para ser libres. Seguiremos caminando sin rumbo escrito y sin fin porque tenemos nuestra brújula y nuestra brújula es nuestro corazón que nos guía, nos encamina y nos da la fuerza para caminar.

Un paso hacia delante,

Tejedoras de sueños

DECLARACIÓN ANTE EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO. HOMBRES CONTRA LA DESIGUALDAD DE GÉNERO

POR SER HOMBRE NO SOY MÁS

POR SER «MACHO» SÍ SOY MENOS

El grupo de HOMBRES CONTRA LA DESIGUALDAD DE GÉNERO expresa su APOYO a los
diversos actos organizados con motivo de la celebración del DÍA
INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO.

LA VIOLENCIA DE GÉNERO ES TERRORISMO, en tanto que expresión extrema y
brutal de una voluntad de dominación demasiado extendida, en diverso grados,
entre nosotros, hombres.

Por ello, NOS URGIMOS Y URGIMOS a todos los HOMBRES a sumarse al empeño
ético y político por erradicar esta lacra social, asumiendo públicamente
nuestra responsabilidad:

– Participando activamente en dichas iniciativas y otras que tengan lugar en
el futuro

– Fomentando la libre convivencia basada en el respeto mútuo

– Indagando, reconociendo y corrigiendo comportamientos propios originados
por las injustas ventajas de una cultura machista en la que seguimos
acomodados. Porque postergaciones degradantes, superioridades vanas, chistes
necios y otros hábitos de conducta irresponsables, no son insignificantes
dificultando la convivencia armónica e igualitaria.

La LEY Integral contra la Violencia de Género supuso, y la Ley de Igualdad
supondrá, un avance hacia la IGUALDAD.

Pero HACE FALTA MÁS. Un esfuerzo político institucional aún mayor para hacer
de los derechos legales una realidad social y, sobre todo, nuestro propio
COMPROMISO PERSONAL para renunciar, en nuestra vida cotidiana, a los
injustificables y abusivos privilegios masculinos cuyo mantenimiento está en
la base del maltrato hacia las mujeres y de los que tantas veces todos los
hombres nos aprovechamos o pretendemos hacerlo, ya sea en la relación de
pareja, en el hogar o en la familia, en el trabajo o en la vida asociativa.

25 de noviembre, 19 h., Puerta del Sol de Madrid

junto a las mujeres, allí debemos estar
o en los actos similares que tendrán lugar en otros lugares de España

Si quieres ponerte en contacto con nosotros puedes escribirnos a:

stopmachismo(arroba)nonosresignamos.net

Hombre: participa y difunde este comunicado. Mujer: si te parece bien,
pásalo a tus amigos y conocidos.

Más información: http://www.nonosresignamos.net

WANGARI MUTA MAATHAI: EL VIVERO DE LA DEMOCRACIA (Galardonada en 2004 con el Premio Nobel de la Paz)

WANGARI MUTA MAATHAI: EL VIVERO DE LA DEMOCRACIA

Entrevista realizada por Ethirajan Anbarasan, periodista del Correo de la UNESCO

“Plantar un árbol encierra un mensaje muy claro: con ese simple acto usted puede mejorar su hábitat. La población cobra así conciencia de que puede influir en su entorno, y ello es un primer paso hacia una mayor participación en la vida de la sociedad.”

El combate de una mujer africana

En un país en el que las mujeres quedan relegadas a un papel secundario en el plano político y social, la trayectoria de Wangari Muta Maathai, de 59 años de edad, constituye una excepción. Bióloga de formación, fue la primera mujer de Africa Oriental que obtuvo un doctorado, llegó a ser catedrática y dirigió un departamento universitario, todo ello en la Universidad de Nairobi.
Wangari Muta Maathai inició su acción en el Consejo Nacional de Mujeres de Kenya en 1976. A través de ese organismo lanzó el proyecto ”Harambee para salvar la tierra” (harambee significa en swahili ”actuar unidos”). Finalmente, en 1977, el proyecto recibió el nombre de Movimiento del Cinturón Verde.

Este movimiento lanzó programas para fomentar y salvaguardar la biodiversidad, proteger el suelo, crear puestos de trabajo especialmente en las zonas rurales, dar una imagen positiva de las mujeres ante la comunidad y afianzar las cualidades de éstas como dirigentes.

Su objetivo esencial era lograr que la población comprendiera la necesidad de proteger el medio ambiente, plantando árboles y aplicando políticas a largo plazo. Cerca de 80% de los 20 millones de árboles plantados aún está en pie. En la actualidad, Cinturón Verde tiene más de 3.000 viveros, con lo que da trabajo a unas 80.000 personas, en su mayoría mujeres campesinas.

En 1986, el movimiento fundó una Red Panafricana de Cinturones Verdes y organizó seminarios y programas de formación destinados a otros países africanos. Ello condujo a Tanzania, Uganda, Malawi, Lesotho, Etiopía y Zimbabwe a adoptar los métodos del Cinturón Verde.

Miembro de la Junta Consultiva en Asuntos de Desarme del Secretario General de las Naciones Unidas, Wangari Muta Maathai ha sido agraciada con 14 premios internacionales. Entre ellos fue galardonada con el prestigioso Right Livelihood Award, considerado como un Premio Nobel alternativo, como reconocimiento de su ”contribución al bienestar del género humano”.

En un país que durante decenios estuvo sometido a un régimen de partido único, a menudo fue duramente golpeada por la policía por participar en manifestaciones que exigían la protección de los bosques de Kenya. ”Los gobiernos piensan que amenazándome y agrediéndome van a hacerme callar”, dice Maathai. ”Pero tengo piel de elefante. Y alguien tiene que hacer oír su voz.”

Esta madre de tres hijos está empeñada actualmente en una batalla para salvar las 2.500 hectáreas de los bosques de Karura, al noroeste de Nairobi, donde el gobierno quiere edificar complejos de viviendas.

“Hubo parlamentarios que me reprocharon el hecho de estar divorciada. Creo que en el fondo esperaban que al poner en tela de juicio mi condición de mujer lograrían someterme. Después se dieron cuenta de su error.”

Datos y cifras

República de Kenya (Jamhuri ya Kenya):

Antigua colonia inglesa, obtuvo su independencia en 1963 y se convirtió en república el año siguiente.

Superficie: 582.646 km2

Capital: Nairobi

Población: 28,4 millones

Idiomas: kiswahili, inglés

Esperanza de vida al nacer: 52 años

Tasa de alfabetización de adultos: 79,3%

PNB per cápita: 372 dólares

Presidente: Daniel T. Arap Moi

Moneda: chelín de Kenya
(74 chelines = 1 dólar)

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo , Informe sobre Desarrollo Humano 1999.

“Durante los últimos treinta años, Africa no ha tenido gobernantes visionarios y altruistas preocupados por el bienestar de su pueblo.”

Esta defensora keniana del medio ambiente y de la democracia espera que en el próximo milenio los dirigentes africanos se preocupen en primer lugar del pueblo.

Usted afirmó en una oportunidad que mejorar la calidad del medio ambiente sólo será posible si progresan las condiciones de vida de la población.
Si uno desea salvar el entorno, primero hay que proteger al pueblo. Si somos incapaces de preservar a la especie humana, ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies vegetales?

A veces se tiene la impresión de que la gente pobre destruye el medio ambiente. Pero esas personas están tan agobiadas por la lucha por la vida que no pueden preocuparse por los daños a veces irreparables que están causando al entorno para satisfacer sus necesidades más esenciales.

Así, paradójicamente, los más desfavorecidos, cuya supervivencia depende de la naturaleza, son también en parte responsables de su destrucción. Por eso, insisto, si realmente queremos salvar nuestro entorno, habrá que mejorar las condiciones de vida de los pobres.

Por ejemplo, en algunas regiones de Kenya, las mujeres recorren kilómetros para procurarse leña en los bosques, pues en las cercanías de sus aldeas ya no quedan árboles. Cuando escasea el combustible, deben caminar cada vez más lejos para obtenerlo. El resultado es que se preparan menos comidas calientes, la nutrición se resiente y el hambre aumenta. Si esas mujeres dispusieran de medios, no tendrían que expoliar esos valiosos bosques.

¿Cuál es la importancia actual de los bosques de Kenya y de Africa Oriental?
Desde comienzos del siglo la tendencia fue reemplazar las especies autóctonas por especies exóticas comercializables. Hoy advertimos cuáles son las consecuencias de esa política. Hemos entendido que al talar los bosques originales estábamos destruyendo nuestra rica biodiversidad. Pero el daño ya estaba hecho.

Cuando en 1977 el Movimiento del Cinturón Verde (ver recuadro) inició su campaña de plantación de árboles, la cubierta forestal de Kenya era aproximadamente 2,9%. Hoy la superficie arbolada ha disminuido a un 2%, lo que significa que perdemos más árboles de los que plantamos.

El otro problema grave es que el medio natural de Africa Oriental es muy vulnerable. Estamos muy cerca del desierto del Sahara, y los expertos han advertido que si prosigue la tala indiscriminada, éste podría avanzar hacia el sur de manera incontenible, ya que son los árboles los que impiden la erosión del suelo causada por las lluvias y el viento. Al eliminar lo poco que nos queda de bosque, lo que hacemos es crear minidesiertos del Sahara. Ya hay pruebas fehacientes de este fenómeno.

Nuestro movimiento organiza seminarios de educación cívica para la población rural, especialmente los agricultores, en el marco de campañas de sensibilización a los problemas ambientales. Si se preguntara a cien campesinos cuántos han visto desaparecer un manantial o una corriente de agua en el transcurso de su vida, casi treinta levantarían la mano.

¿Qué resultados ha obtenido su movimiento y en qué medida ha impedido el deterioro del entorno en Kenya?

A mi juicio, el éxito más importante del Cinturón Verde ha sido crear mayor conciencia en los ciudadanos, y en especial en la población rural, acerca de los problemas ecológicos. Diversos sectores de la población se dan cuenta ahora de que la suerte del entorno concierne a todo el mundo y no sólo al gobierno. En parte gracias a esta sensibilización ahora podemos ejercer presión en los responsables políticos. Los ciudadanos les exigen que protejan el medio ambiente.

En segundo lugar, el Cinturón Verde introdujo la noción de preservación del medio ambiente gracias a los árboles pues éstos satisfacen muchas necesidades básicas de las comunidades rurales. En 1977 empezamos plantando siete árboles en un pequeño parque de Nairobi. En esa época no teníamos ni viveros, ni personal, ni fondos, sólo el convencimiento de que los campesinos tenían un papel que cumplir en la solución de los problemas ambientales. Proseguimos nuestra tarea y hoy día hemos plantado más de 20 millones de árboles en todo el país .

Plantar un árbol encierra un mensaje muy claro: con ese simple acto usted puede mejorar su hábitat. La población cobra así conciencia de que puede influir en su entorno, y ello es un primer paso hacia una mayor participación en la vida de la sociedad. Todo el mundo puede ver los árboles que hemos plantado, son por ello los mejores embajadores de nuestro movimiento.

Pese a la Cumbre de Río, en 1992, y la de Kioto sobre el clima, en 1997, no se han registrado grandes progresos en los programas y campañas de protección ambiental a nivel mundial. ¿Por qué?

Lamentablemente para muchos dirigentes del planeta el “desarrollo” es sinónimo de cultivos comerciales extensivos, presas hidroeléctricas onerosas, hoteles, supermercados y artículos de lujo, es decir de expoliación de los recursos humanos y naturales. Se trata de un enfoque a corto plazo que no atiende las necesidades básicas de la población -alimentación adecuada, agua potable, vivienda, atención hospitalaria, información y libertad.

Esta frenética carrera hacia un supuesto desarrollo ha dejado de lado la protección ambiental. El problema es que los gobernantes no sólo no asumen la dirección de las campañas de protección ambiental como deberían hacerlo, sino que son en buena medida responsables de la destrucción del medio ambiente.
Además, el poder político está ahora en manos de personas con intereses comerciales y que mantienen estrechas relaciones con las multinacionales, cuya única meta es obtener beneficios a expensas del medio ambiente y de la población.
También sabemos que las multinacionales han persuadido a muchos dirigentes políticos del mundo de que no tengan en cuenta las declaraciones formuladas en las conferencias internacionales sobre problemas ambientales. Estamos pues a merced de esas grandes empresas, que pueden ser implacables e inhumanas. Y creo que como ciudadanos deberíamos negarnos a ello.

Usted inició su carrera como académica. Más tarde empezó a luchar por el medio ambiente, y ahora se la considera una activista por la democracia. ¿Cómo explica esa evolución personal a lo largo de veinticinco años?

Pocos son los ecologistas que se preocupan sólo por la suerte de las abejas, las mariposas y los árboles, pues saben que es imposible preservar un entorno saludable sin un Estado que controle a las industrias contaminantes y la deforestación.

En Kenya, por ejemplo, se ha autorizado a grandes propietarios a construir lujosas residencias en medio de los bosques. Como individuos conscientes debemos oponernos a ello. Cuando alguien se inmiscuye en estos asuntos, entra en conflicto directo con los responsables políticos y se le tacha de agitador.

Cuando en los años setenta enseñaba en la universidad de Nairobi advertí que los derechos académicos de las profesoras no eran respetados por el hecho de ser mujeres. Mi primer combate consistió en reivindicar esos derechos.
Simultáneamente, me vi enfrentada a problemas relacionados con mi trabajo pero que al principio no había visto con claridad, como los derechos humanos. Fue así como empecé a participar en una campaña en pro de la democracia.

En los años setenta advertí que en una democracia joven como la nuestra era muy fácil que los dirigentes se convirtieran en dictadores. Una vez que lo eran, empezaban a utilizar los recursos nacionales como si fueran su propiedad personal. Me di cuenta de que la Constitución les daba atribuciones que les permitían hacer mal uso de las instituciones y los recursos del Estado.

Entonces me incorporé al movimiento en pro de la democracia y reclamé reformas constitucionales y la creación del espacio político necesario para garantizar la libertad de pensamiento y de expresión. No podemos vivir con un sistema político que mata la creatividad y atemoriza a los individuos.

Con sus calificaciones académicas usted podría haber vivido cómodamente en Estados Unidos o en cualquier otro país occidental. Pero decidió instalarse en Kenya. En los últimos veinticinco años ha sido insultada, amenazada, golpeada, encarcelada y en varias oportunidades se le prohibió abandonar el país. ¿Lamentó alguna vez haber regresado a Kenya para defender sus ideales con la acción directa?
No fue un acto de voluntad, pero nunca me arrepentí de haber regresado a Kenya y de contribuir al desarrollo de mi país y de mi región. Sé que mi acción no ha sido totalmente inútil.

Muchas personas vienen a verme y me dicen que mi labor ha sido un incentivo para ellas. Siento una gran satisfacción porque al comienzo, en especial durante la dictadura, era difícil hablar.

Hasta hace pocos años, había personas que se me acercaban en la calle y murmuraban: “Estoy con usted y rezo por usted.” Tenían tanto miedo que no querían que nadie las oyera. Sé de muchos que temían hablarme o que los vieran conmigo porque podían ser castigados.

Al quedarme en Kenya y enfrentar procesos y tribulaciones constituí una fuerza más positiva que si me hubiera marchado a otro país. Habría sido muy distinto si viviendo en Occidente hubiera alzado la voz para decir lo que había que hacer en Kenya. Al permanecer aquí doy aliento a mucha más gente.

¿Piensa que sufrió virulentos ataques y atropellos porque se opuso a decisiones tomadas por hombres?

Nuestros hombres piensan que las mujeres africanas deben ser obedientes y sumisas, y en ningún caso superiores a sus maridos. No cabe duda de que al comienzo mucha gente me combatió porque soy mujer y porque era intolerable que tuviera opiniones tan concluyentes.

Sé que en ocasiones ciertos varones con posiciones destacadas, entre ellos el Presidente Daniel Arap Moi, se burlaron de mí. Hubo parlamentarios que me reprocharon el hecho de estar divorciada. Creo que en el fondo esperaban que al poner en tela de juicio mi condición de mujer lograrían someterme. Después se dieron cuenta de su error.

En 1989, por ejemplo, nos enfrentamos seriamente a las autoridades para salvar el Parque Uhru, en Nairobi. Afirmé que sería absurdo destruir ese hermoso parque en el centro de la ciudad para reemplazarlo por un complejo de viviendas. El Parque Uhru era un lugar maravilloso, el único en Nairobi donde las familias podían pasar un rato al aire libre con toda tranquilidad.

Cuando lancé la campaña contra la construcción del “Monstruo del Parque”, nombre con el que más tarde se conoció al proyecto, se me ridiculizó y se me acusó de no entender el desarrollo. No he estudiado planificación del desarrollo, pero sé que una ciudad necesita espacios verdes. Felizmente otras organizaciones no gubernamentales y miles de ciudadanos se sumaron a nuestras protestas y logramos salvar el parque.

El gobierno, que quería destruirlo, lo declaró después patrimonio nacional. Podrían haberlo hecho sin atacarme y sin burlarse de mí.

¿Qué la movió a participar en las elecciones presidenciales de 1997? ¿Por qué, pese a su popularidad, no obtuvo un número apreciable de votos?

Decidí presentarme a las elecciones por varias razones. En 1992, cuando por primera vez se legalizó en Kenya un sistema multipartidista, procuré por todos los medios con otros grupos políticos formar una coalición de oposición, pero fue en vano. Como numerosos candidatos de oposición aspiraban a la presidencia, me retiré de la campaña.

Como era de esperar, la oposición perdió las elecciones y ahora todo el mundo acepta que la campaña que emprendimos para unirla era una buena idea. Desde 1992 queríamos formar un gobierno de unidad nacional en el seno de la oposición. Exactamente lo que ahora ésta proclama hoy día.

En las elecciones generales de 1997, traté de persuadir a la oposición de que se uniera y presentara un candidato de una comunidad étnica contra la KANU,1 el principal partido de Kenya. Pero algunos grupos de oposición me calificaron por ello de tribalista. Cuando todos mis esfuerzos para unir a la oposición fracasaron, decidí presentar mi candidatura a la presidencia.

Durante la campaña me di cuenta de que en este país es muy difícil ser elegido sin dinero, y yo no lo tengo. Advertí que por buena, honrada y demócrata que sea una persona, si no tiene cómo pagar a los electores no es elegida. Y perdí.

Todo esto constituyó una experiencia nueva para mí. Ahora puedo hablar con conocimiento de causa. Comprobé también que la población aún no está madura para la democracia y que es urgente emprender una labor de educación cívica y de formación de una conciencia política. La población todavía se deja guiar por motivaciones étnicas y vota en función de ellas. El problema étnico fue un factor clave durante las últimas elecciones.

Pese a sus inmensos recursos naturales, Africa va muy a la zaga de otros continentes en materia de desarrollo y crecimiento. ¿Por qué razón?
Sin lugar a dudas, por la ineficacia de sus gobernantes. Esta generación de dirigentes africanos pasará a la historia por su grave irresponsabilidad que ha puesto de rodillas al continente. Durante los últimos treinta años, Africa no ha tenido gobernantes visionarios y altruistas preocupados por el bienestar de su pueblo.

Hay razones históricas que lo explican. Poco antes de otorgar la independencia a muchos países africanos, el poder colonial promovió a jóvenes africanos situándolos en posiciones hasta ese momento inaccesibles para los nativos y los preparó para tomar el poder dejado por la administración colonial.

Esos nuevos administradores y esas flamantes elites africanas disfrutaron de un estilo de vida y de privilegios semejantes a los de las autoridades de los imperios coloniales. Y en cuanto a los objetivos para el país, nada diferenciaba a los nuevos dirigentes de los antiguos, salvo el color de la piel.

Fue así como los dirigentes africanos abandonaron a su pueblo. Para conservar el poder siguieron la misma receta que el sistema colonial, a saber, sembrar el antagonismo entre comunidades. Estos conflictos internos persistieron durante décadas en muchos países africanos, consumiendo sus escasos recursos.

Por consiguiente, lo que necesitamos son mejores dirigentes. Si no lo logramos, no hay esperanza. La historia enseña que si no sabemos proteger lo que nos pertenece, alguien vendrá y se apoderará de ello. Si nuestros pueblos no logran protegerse a sí mismos, seguirán siendo explotados, ellos y sus recursos.

También es cierto que las potencias occidentales, en especial los antiguos amos coloniales de la región, han seguido explotando a Africa y actuando en estrecha connivencia con sus dictadores y dirigentes irresponsables. Esa es la razón por la que estamos agobiados de deudas que no podemos reembolsar.

El continente africano necesita ayuda internacional para mejorar su situación económica. Pero la mayor parte de la ayuda exterior para Africa es más bien una terapia de supervivencia frente a flagelos sociales: programas de socorro contra el hambre, asistencia alimentaria, control de la natalidad, campamentos de refugiados, fuerzas de mantenimiento de la paz, misiones humanitarias. Apenas se destinan recursos para programas de desarrollo sostenible como formación y educación funcionales, creación de infraestructuras, producción de alimentos o estímulo a las empresas. No hay un solo centavo para iniciativas culturales y sociales que capacitarían a la población y liberarían su energía creadora.
Espero que en el próximo milenio surjan nuevos dirigentes en Africa. Confío en que éstos se preocuparán más de su pueblo y utilizarán los recursos del continente para ayudar a los africanos a salir de la pobreza.

1 Fundada en 1960, la Kenya African National Union (KANU Unión Nacional Africana de Kenya) ganó las primeras elecciones después de la independencia del país en 1963 y se mantiene en el poder desde entonces.

El Correo de la UNESCO: http://www.unesco.org

Visto en: http://www.radialistas.net

Otra entrevista: «Degradación ambiental y pobreza van juntas» http://elpais.com/diario/2004/12/10/sociedad/1102633205_850215.html

Fallece Wangari Maathai, la nobel que plantaba árboles: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/09/26/actualidad/1316988001_850215.html

25 de noviembre – Día Internacional de Lucha contra la violencia de género.

En la página de “Educación en valores- Mi escuela y el mundo-” podréis encontrar una webquest (aunque pensada para el tercer ciclo de primaria es también adecuada para 1º y 2º de la ESO) que nos puede ayudar a trabajar los contenidos de este Día Internacional de Lucha contra la violencia de género.

Y si buscáis alguna sugerencia más para otra actividad que ayude a profundizar en el tema de este día podéis intentarlo con el Cuento de Pepe y Pepa.

O por si estas sugerencias no os interesan también os proponemos un juego de rol que nos ayude a analizar la situación y a crear nuestra propia opinión: http://educarueca.org/spip.php?article737

Y otra seríe importante de recursos para trabajar en este día y en el resto del año:

https://radialistas.net/category/genero/

Carta autobiográfica al patito feo

Querido patito:

Te debo esta carta desde hace muchísimos años: tantos, que entonces yo leía solamente libros dedicados a los niños y usaba en la escuela las cuentas de madera de un ábaco.

Por aquella época, el pueblo donde yo vivía era tan chiquito que con cuatro aguaceros se inundaba; cosa que las ranas aprovechaban para celebrar su festival de coros, dirigidos por Casilda, nuestra antigua conocida de Cantel. Durante esos días, el vecindario se animaba, los niños no perdíamos ninguno de los conciertos y las ranas de mi pueblo se hacían célebres.

Mi casa, de madera y techo de tejas, era muy espaciosa. Contaba con patio y traspatios y muchos árboles y flores. A la sombra de los árboles y ante el pasmo de gallinas y gallos, abría el pavorreal su cola de abanico, graznaban gansos, volaban palomas y trinaban pájaros. Pero mis preferidos eran otros: Miguelín, un cernícalo que adopté al caerse del nido, y el conejo Alfredo Molina.

Miguelín vivió siempre bajo el alero del corredor y, al crecer, resultó un camorrista desorejado. Aun estando harto, se lanzaba como un pirata contra lagartijas y guayabitos, sin hacer el menor caso a mis reprimendas. Miguelín sólo respetaba al gato. En cuanto al conejo, tenía muy buen carácter. Su gran debilidad se manifestaba ante una hoja de col: al recibirla pegaba tales saltos y triplesaltos que, más que un conejo, el joven Molina resultaba un gimnasta.

Quiero señalarte, patito, que yo era una niña fea. Cosa de suma importancia en esta historia. Me miraba al espejo de mala gana, pues, enseguida, aparecían en él mi nariz pecosa, el pelo, más que lacio, alicaído, y una figura delgaducha, desteñida, sin gracia, para la cual no valían galas ni modas.

La belleza, patito, es un precioso don de la naturaleza. Quien la posee parece llevar una luz que a todos encanta. De ella sólo recibí el leve destello de un fósforo.

Por todo lo expuesto comprenderás que yo era una muchachita triste, tímida y acomplejada; si bien trataba de ocultarlo al mostrarme risueña e indiferente. Emulaba con Miguelín, apelando al engaño de aparentar desenvoltura y formas de aventajado camorrista.

Para mantener tan vigorosa personalidad y en el intento por hacerme respetar, hasta donde fuera posible, de los burlones de la escuela y el barrio, aprendí a manejar el tirapiedras con igual destreza que manejara Robin Hood el arco y las flechas; a trepar a los árboles ágilmente y segura como un camaleón y, sobre todo, a sobresalir como lanzador en el equipo infantil de pelota. Lo que, en aquella lejana época y tratándose de una mujercita, dejaba boquiabiertos al resto de los jugadores, varones todos. Debo agregar que cabalgaba como un vaquero, ya que mi familia era gente de ganadería, y casi toda formada por excelentes jinetes.

Ya declaré la verdadera razón de semejante cartel de arrogancia, patito. Servía para encubrir mi apocamiento al conocer, desde muy temprano, que mi presencia despertaba la risa de los compañeros de escuela y de juegos, y un insufrible sentimiento de lástima en los mayores. Para sentirme en paz, buscaba casi todo el tiempo la compañía de los animalitos y los árboles. Ellos parecían no dar importancia a mi enclenque figura, mis larguísimas piernas de flamenco, mi voz ronca, mi carita fea… Me querían por mi leal apego: les daba de comer, los regaba, inventaba para ellos fabulosas historias que parecían escuchar respetuosos y entretenidos. Sin contar que, más bravía y resuelta que el cernícalo, siempre estaba dispuesta a defenderlos de quienes los maltrataran. Viejos y serviciales arrenquines, potros briosos, puerquitos, terneros y cabras, además de cuanto bicho con plumas habitaba el patio, me tenían por uno de los suyos.

Tal como lo describo eran las cosas para mí, cuando, al cumplir mis diez años y entre otros regalos, recibí un libro de cuentos. Uno de ellos refería la historia de un patito, feo como yo; amargado, como yo. ¡Tan sin nada los dos, patito! Decía el cuento que, junto a mamá-pata y sus lindos hermanitos, el pequeñuelo soportaba la pena de su fealdad. Al saberse motivo de burlas y bromas pesadas, recurría a la fuga para refugiarse en el campo y allí se amigaba a las codornices y a algún anciano buey sabio y comprensivo.

La lectura de esa narración, que realizaba instalada a mis anchas en las ramas cercanas a la copa de un añoso tamarindo, me hizo cavilar por tratarse de un caso que me afectaba directamente, y formularme una pregunta: ¿Por qué, dentro y fuera del libro, nadie parecía entender algo tan sencillo como que tanto el patito como yo no habíamos escogido nuestro lamentable aporte al ornato del mundo? Éramos feos, sin derecho a cambio o devolución, lo que se me figuraba una gran injusticia. Y lo peor: ignoraba a quién debíamos reclamar o cargar la culpa del desaguisado.

Mientras leía el cuento y razonaba de esa forma, lloraba a lágrima viva. Tu pena, patito, era la mía y te acompañaba y sufría contigo. Pero algo cambió al llegar al final del relato; al saber de qué modo dos grandes, bellísimas alas blancas te elevaron sobre el corral hasta situarte en el espacio azul, entre la luz más pura. Sentí con ello, pequeño amigo, algo suave y dulce penetrar en mi pecho y sosegarlo. En ese instante -nunca lo olvidaré- surgió en mí, con el deseo impetuoso de obtener tu misma suerte, mi primera esperanza.

Todavía mi memoria recoge la emoción de aquel nuevo sentimiento. Una idea seguía a la otra y presentí confusamente que toda ayuda debía esperarla de mí misma, de mis propias fuerzas y sin huir ni avergonzarme. En lo alto de mi silvestre lugar de lectura me afirmé en el propósito de hacerme valer, pese a mis muchas desventajas, entre los venturosos elegidos de la belleza. A los diez años comenzaba a entender lo que hoy afirmo: La vida es generosa y a todos ofrece cabida, caminos y horizonte, siempre que no perdamos el valor o no nos falle la voluntad.

Aquel día, al cerrar el libro, bajar del tamarindo y tomar tierra, me sentí otra. Lejos de atormentarme y sufrir por lo que no estaba a mi alcance componer o disimular, me dediqué a observar todo lo hermoso y bueno que iba descubriendo a mi alrededor, para luego tratar de describirlo en mi cuaderno escolar. Así llegué a muchacha, con la aspiración de ser escritora -que es otra manera de volar-, y, a pesar de no poder hacerlo bien al principio, no cejé; seguí adelante con firmeza y valor, sobreponiéndome a las muchas dificultades que hallara en el largo camino de los años.

Hoy, patito, creo ser una escritora hecha, aunque no muy derecha ya, que te escribe, recuerda y agradece de todo corazón.

Dora Alonso

Dora Alonso nació en Máximo Gómez, provincia de Matanzas, Cuba, en 1910. Su trayectoria como narradora, poetisa, dramaturga y periodista la hizo merecedora en 1988 del Premio Nacional de Literatura de su país. Su amplia producción destinada a los lectores infantiles y juveniles abarca diversos géneros: poesía (Los payasos, La flauta de chocolate, Palomar, El grillo caminante), cuento (El libro de Camilín, Tres lechuzas en un cuento, Ponolani), novela (El cochero azul, El valle de la pájara pinta, Juan Ligero y el gallo encantado), teatro (Teatro para niños, Doñita Abeja y doñita Bella) y testimonio (Gente de mar).

Enviado por: María José titiritera de SOL Y TIERRA: http://www.solytierra.com/

Fuente: CUATRO GATOS http://www.geocities.com/Cuatrogatos4/carta.html

Ilustración de Richard Bennett
It’s perflectly true and other stories
Hans Christian Andersen
New York: Harcoyrt, Brace & World, 1938