Taller Voces de Mujeres

FANTÁSTIKAS

Coordinación: Fernanda Romeu

Jueves 1 de febrero. 18: 30 h. Presentación del Taller y entrega de material. Angela Carter. La cámara sangrienta y otros relatos.

Jueves 8 de febrero. 18: 30 h. Mujeres en el imaginario masculino: La dama del alba, de Alejandro Casona.

Jueves 15 de febrero. 18: 30 h. Las mujeres que los hombres no ven: James Tiptree Jr. (seudónimo de Alice Sheldon)

Jueves 22 de febrero. 18: 30 h. Ursula K. Le Guin: Más vasto que los imperios y más lento (y otros relatos)

Jueves 1 de marzo. 18:30 h. Epílogo

Inscripción previa : lolarobles(arroba)hotmail.com

Coste del taller: 25 euros

Lugar: Casa de Valencia. Biblioteca. Paseo Pintor Rosales nº 58. Madrid. Metro Argüelles. Bus 21.

Juego de Rol: Quejas

Aprender a quejarnos es algo muy sano. No se trata de guardar un malestar dentro: provoca úlcera; tampoco se trata lanzarlo «a matar», es peor que la úlcera para quien lo recibe.

Vamos a poner en práctica unos cuantos juegos de rol que nos permitirán analizar y mejorar nuestras «formas». Seguro que tras esta experiencia nuestras críticas son más constructiva.

Estos son los temas que anotaremos en papelitos y que pasarán a interpretar de forma voluntaria escogiéndolos al azar. Iremos pidiendo que vayan saliendo personas voluntarias para la interpretación por parejas antes de elegir el papel que nos indica de qué va la queja.

1.- Un policía acaba de colocarnos una multa en nuestro parabrisas y trataremos de explicarle que no es justo ya que hemos aparcado en doble fila sólo durante unos minutos ???

2.- La comida que hoy hemos encontrado en nuestro plato no la podríamos definir precisamente como «deliciosa». No es la primera vez que nos pasa.

3.- Estamos en la cola del autobús a la hora punta y notamos que una persona se coloca en los primeros puestos sin respetar su turno de llegada.

4.- Nos acaban de entregar las notas. Los resultados son «catastróficos». El exámen era considerado por la mayoría muy difícil. Expresamos nuestras quejas al profesor o profesora que lo ha redactado.

5.- Una persona que va delante de nosotros acaba de comer unas galletas y vemos como tira el papel al suelo. Le expresamos nuestro desagrado por tal actitud.

Con estas 5 situaciones tendremos más que suficiente para una sesión completa.

Tras cada interpretación preguntaremos a las personas que han actuado CÓMO SE HAN SENTIDO. Esto, como ya hemos repetido en numerosas ocasiones, es muy importante y debemos prestarle la atención suficiente. Una vez que nos cuenten sus sentimientos y emociones durante la interpretación pasaremos al análisis.

¿Se dan situaciones como ésta en la realidad? ¿Hemos vivido alguna situación similar en primera persona? Aunque ha estado muy bien teniendo en cuenta la dificultad de la situación ¿se podría mejorar de alguna manera? ¿Se ha logrado convencer a la persona que recibe la queja o se ha creado un enfrentamiento mayor?

Esta serie de preguntas o algunas otras similares, la deberemos realizar tras cada interpretación. No se trata de tener tiempo para realizarl todos los juegos de rol propuestos, sino de analizarlos en profundidad para extraer el aprendizaje que facilite nuestras vidas (y las de las otras personas).

La maldición de ‘Dumbo’

Recuerda a la famosa película de dibujos animados, pero es real. ‘Petita’, una elefanta asiática del parque Terra Natura, en Benidorm, sufre a diario el rechazo de sus semejantes, especialmente el de los machos y a veces el de las hembras, «por no responder a los cánones de belleza» de estos animales. Con sólo 2.900 kilos de peso -la media entre sus compañeras es de 4.000 kilos-, los huesos de la mandíbula y la órbita craneal muy marcados y sus patas excesivamente largas, ‘Petita’, de 34 años, pasa mucho tiempo sola e, incluso, debe correr para evitar las agresiones de algunos machos.

Éstos la repudian y optan por hembras más sanas para relacionarse y procrear, como ‘Tania’, ‘Yasmin’ y ‘Motki’, las más ‘guapas’ por su constitución fuerte, atlética y con carácter, según el biólogo conservador de Terra Natura, Daniel Sánchez. Éste prefiere no llamar fea a ‘Petita’, aunque reconoce que es marginada por sus congéneres, que la consideran «un ejemplar débil», si bien al ojo humano nada la distingue de las otras doce hembras que integran la manada de Terra Natura, la más grande de esta especie en Europa.

A ‘Baba’, un elefante de 5.800 kilos, no le gusta su presencia, la repele y cuando él sale a la pradera -narró Sánchez-, «ella corre hacia las partes más elevadas del recinto, pues sabe que al macho le cuesta llegar por su gran corpulencia». Pero ‘Petita’ no está sola. Su única amiga se llama ‘Kaisoso’, una elefanta procedente de Birmania que, por esas cuestiones del destino y 25 años después, coincidió en Terra Natura con dos amigas de su infancia, ‘La Grande’ y ‘Momo’. Cuando estas tres hembras se vieron de nuevo mostraron «signos evidentes de un efusivo y cálido reencuentro», relata el biólogo. «Está comprobado que los elefantes mantienen comportamientos sociales complejos y que poseen una gran memoria».

Idéntica situación se produjo con ‘Baby’ y ‘Cita’. Compartieron su infancia y juventud en un circo europeo y después de 15 años volvieron a verse. Fue un momento «de especial emoción», recuerda Sánchez. «El reconocimiento fue inmediato, tanto olfativo y visual como sonoro, y desde entonces son inseparables, incluso de noche».

Estas «amistades» son miradas con envidia por ‘Petita’, quien observa cómo ‘Momo’ y ‘La Grande’ rinden pleitesía al macho ‘Baba’, a quien acarician, huelen y barritan. Y aunque ‘Kaisoso’, la amiga de ‘Petita’, también bebe los vientos por ‘Baba’, siempre tiene tiempo para acudir junto a la pobre elefanta solitaria para demostrarle su cariño.

ALBERTO SANTACRUZ/BENIDORM

Fuente:http://www.elcorreodigital.com

Visto en: Bloge@ndo – Donde además encontraréis una interesante propuesta didáctia para trabajar este artículo

LA GESTIÓN DE LAS EMOCIONES EN EL AULA

Ponencia presentada en las Jornadas de Educación Integral, organizadas por
AEDEA, y celebradas en Septiembre de 2006 en Vitoria

La palabra vocación viene del latín “vocatio-onis” que quiere
decir “llamada”, “petición”. Me parece especialmente sugerente
esta etimología para este contexto en el que nos encontramos de la
educación. Como muchos de vosotros yo llegué a la enseñanza
porque sentí, efectivamente, una llamada. Pero también es
evocadora dicha etimología para entender en qué consiste
fundamentalmente la tarea de educar: en escuchar las peticiones
que nos hacen los alumnos a través de la manifestación de sus
necesidades.

Los autores del libro “Carta a los maestros que empiezan”,
recogen aquel fragmento de Frankenstein en que éste reclama a su
creador una mujer, una compañía. Le está exponiendo, pues, una
necesidad pero el Dr. Frankenstein se asusta y el miedo le hace
abdicar de su función educadora al no atreverse ni siquiera a mirar
aquella conmovedora petición de compañía. Lo que viene a
continuación todos lo conocemos: la criatura se pierde.
Es cierto que a veces es difícil atender esas peticiones cuando la
expresión de las mismas alcanza tal virulencia que devienen en
verdaderos conflictos y de estos voy a hablar un poco ahora.

Tenemos una visión negativa de los conflictos por muchos
motivos: porque cuando hablamos de ellos la imagen que aparece
es la de alguien vocinglero, exaltado, raptado y cautivo por el
problema; porque en la enseñanza nos vinieron conflictos nuevos
cuando ya habíamos aprendido a amansar los antiguos; porque
había una cierta sensación de estafa en todos aquéllos que, como
yo misma, habíamos elegido una carrera para trabajar y enseñar a
personas de una franja de edad y hemos acabado haciéndolo con
edades y en circunstancias que no eran las que deseábamos
porque además de que nos gustaba esa edad nos gustaba la idea de
preparar para la Universidad a chicos que habían elegido de
antemano que ése era su objetivo; y, finalmente, hay que
reconocer que se nos ponen los pelos de punta cuando hablamos
del tema porque como dicen Nardone y Fiorenza (2004) “el
cambio, cualquier cambio que se introduzca dentro de un sistema,
se encuentra, siempre y de todas formas con la resistencia al
cambio propia del sistema” e intuimos que éste tema de los
conflictos, más que otros, pone a prueba precisamente esta
resistencia nuestra al cambio.
Este punto de vista negativo sobre los conflictos puede ser
sustituido por otro positivo si:

1º) Los consideramos como una consecuencia inevitable de la
diversidad (no tanto escolar como humana). La realidad es plural
y, si bien, esa pluralidad es fuente de enriquecimiento, lo cierto es
que también es causa de contraste, divergencias y
enfrentamientos. Se diría que es consustancial a la naturaleza
humana y que no abominar de los conflictos, aceptarlos y
gestionarlos de forma beneficiosa para todos sea lo único que
podemos hacer desde un punto de vista casi de sentido común
pues como dice J.M. Carbó (2004) “quejarnos de los conflictos o
aborrecerlos no es una buena posición. ¿Qué pensaríamos de un
médico de guardia que se quejara de los enfermos que visitan la
sala de urgencias? Su obligación es atender a quienes sufren, por
muy lamentables que sean las circunstancias.”.

2º) En segundo lugar nos ayudará también el verlos como una
oportunidad de aprendizaje complejo pues la buena resolución de
los mismos requiere poner en marcha recursos que tienen que ver
tanto con la comprensión racional, como con el manejo de las
emociones que su aparición suscita, como con el control de los
procesos senso-motores que aparecen durante el mismo.
En etología se sabe que aquellos animales que tienen experiencia
en el combate, como por ejemplo los lobos, desarrollan rituales
pacíficos de resolución del mismo, al contrario de otros animales,
como los pájaros, cuya inexperiencia les conduce a no entender
otra salida para el enfrentamiento que no sea la de la huida o la
muerte del otro contrincante.
La escuela es un excelente “continente” para este aprendizaje tan
delicado que consiste en aprender a ver la alteridad del otro y en
aceptar dicha alteridad como una compañía y no como una
amenaza..
Una manera de intervenir, aunque indirectamente, en los
conflictos sería favoreciendo, precisamente, el desarrollo socio-
emocional del niño y esto se consigue creando espacios (la hora
de tutoría es uno y privilegiado) para el autoconocimiento y la
interacción con los demás.
J. M. Carbó (2004) realiza un interesante análisis de cómo ha
cambiado la población escolar en estos últimos años como
consecuencia de los cambios sociales que se han vivido (aumento
de la emigración, desintegración de la familia tradicional…). Estos
cambios han generado la aparición de un tipo de alumnado que
presentan en un primer plano lo que Maslow (citado por Carbó)
llamaba las motivaciones de déficit sin cubrir. Éstas son aquellas
necesidades que nos permiten sobrevivir y que son de dos tipos:
físicas (comida, descanso…) y emocionales (pertenencia a un
grupo y afecto). Sólo cuando éstas están cubiertas, la persona
puede entregarse a las necesidades de crecimiento y desarrollo.
Plantea Carbó que “los grupos humanos encargados de satisfacer
las necesidades de déficit han sido hasta ahora la familia y los
amigos, mientras que los encargados de cubrir las necesidades de
crecimiento eran la familia y la escuela”. El problema estribaría
en que ahora la situación ha cambiado y los alumnos llegan a la
escuela con esas necesidades básicas al descubierto y estamos
intentando satisfacer necesidades, las de crecimiento y desarrollo,
que ellos no tienen y al mismo estamos desatiendo las que ellos sí
presentan y, a su modo, manifiestan y es por este motivo por el
que plantea Carbó que “los alumnos conflictivos son a menudo
los que conservan suficiente salud mental como para oponerse a
un sistema que los margina”.
La autoridad sobre otro depende de la capacidad que tengas para
satisfacer sus necesidades y quizás deberíamos empezar a pensar
que hemos perdido autoridad sobre nuestros alumnos, entre otros
motivos, porque no estamos realmente satisfaciendo sus
necesidades sino que les ofrecemos recursos para solventar otras
que ellos no tienen.

El ya mencionado J. M Carbó piensa que parte de los disturbios
existentes en los colegios pueden ser explicados de este modo:
“No disponiendo de recursos para satisfacer estas necesidades en
el marco escolar (no tienen buena base ni conocimientos
intelectuales, ni hábitos de estudio, ni resistencia a la frustración,
etc.) deben destacar en otros ámbitos en los que sí son eficaces: la
indisciplina, el descaro, el atrevimiento, el boicot, la complicidad
en el delito, la amenaza… Es decir, que sólo sienten motivación
por los aspectos escolares que satisfacen sus necesidades de
déficit, y estos aspectos no se encuentran en el currículum ni en la
programación”.

Introducir estos aspectos no es tan difícil como pareciera al
principio. Yo lo hago mediante pequeñas experiencias. Algunas
veces, por ejemplo, les propongo que, voluntariamente, salga uno
y los otros, después de estar mirándolo durante unos minutos en
silencio, empiecen a levantar la mano para, voluntariamente
también, decir tres cosas que les gustan de la persona que ha
salido. Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un
chico muy tímido, de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con
el resto de la clase:

“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto
me sale de un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa.
Me he sentido muy bien porque la gente te dice lo que piensa, así
te vas más contento a casa, con más alegría gracias a tus
compañeros, que esas cosas no te las dicen nunca pero cuando te
las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero gracias al
ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan
bonitas y es que eso va tan bien…”

Como muestra de lo que podía ser este trabajo en el aula hemos
adjuntado unos materiales para que sirvan a modo de ejemplo y
que están extraídos de diversas fuentes.

La inclusión de estos “nuevos contenidos” requiere, en mi
opinión, algo a lo que los docentes, en general nos negamos o
sólo aceptamos resignadamente: descargar (¡aún más!, solemos
exclamar) los programas de contenidos académicos. Esto me
parece necesario, sobre todo, en 1º y 2º de ESO porque creo que
sólo así podríamos luego ofrecer un 3º y 4º de calidad. Sólo desde
la experiencia y elaboración de los vínculos personales (con los
profesores, compañeros…) tendríamos la receptividad de nuestros
alumnos abierta a todos aquellos otros contenidos que ya no son
de sobre vivencia sino de desarrollo y optimización de los
recursos.

¿Qué cosas podríamos hacer y que ahora no hacemos? Os seguiré
explicando algunas de las cosas que yo hago. En un pasaje de sus
memorias Jodorowsky explica que estando un día con un amigo,
se dieron cuenta de hasta qué punto el lenguaje dificulta a veces
la comunicación y se propusieron enmendar todos los entuertos
que su uso incorrecto comporta: “… el lenguaje que nos habían
enseñado transportaba ideas confusas… decidimos dar su propio
sentido a los conceptos, haciendo algunos cambio… en lugar de
“nunca”, [decir] “muy poca veces”. En lugar de “siempre”… “a
menudo”. [En lugar de] Infinito, [decir] extensión desconocida.
[Sustituir] Eternidad [por] “fin impensable”. “Fracasar” [por]
“volveré a intentarlo”. “Me desilusioné”: “lo imaginé
erróneamente”. “Yo sé”: “yo creo”. “Bello, feo”: “me gusta, no
me gusta”. “Así eres”: “así te percibo”. “Lo mío”: “lo que ahora
poseo”. “Morir”: “cambiar de forma”…

Son siete u ocho líneas y no pone más de una docena de ejemplos,
pero para mí fueron suficientes para proponer a mis alumnos
pequeñas modificaciones en aquello que decían. Algunos se
quedaban indiferentes, interpretando mi interrupción como una
“rareza” más de una profesora, pero otros parecían, por la
expresión de su rostro, sentir un gran alivio. Una sustitución que
suele tener efectos impactantes es cuando propongo sustituir el
“no puedo” por el “no quiero”. Cuando un alumno pronuncia un
“no puedo” siento que ha hecho una opción entre dos
posibilidades: el debilitamiento o la responsabilidad. Con el “no
puedo” ha elegido debilitarse pues la responsabilidad que
comporta decir “no quiero” le parece excesiva. Es sólo una
fantasía ya que cuando tienen la oportunidad de cambiar el “no
puedo” por “no quiero” se les ve que adquieren una mayor
conciencia de su poder y también les deja de asustar de un modo
tan irracional el ejercicio de la propia responsabilidad.
He experimentado esto con alumnos propios y también con
alumnos de otros centros. Recuerdo que fue especialmente
conmovedor tratar este tema con unos alumnos de un Instituto de
Enseñanza Media al que me invitaron durante el curso 2002-2003.
El taller era vivencial e iba precedido de una breve intervención
mía sobre el planteamiento de las psicologías humanista en
general y la gestalt en particular. Era un día de invierno y
lloviznaba desde hacía muchas horas. Llegué al instituto y entré al
gimnasio -pues yo había pedido un lugar cómodo donde
pudiéramos movernos en libertad. Allí me esperaban unos quince
adolescentes con caras expectantes y algo asustados. El trabajo se
iba desenvolviendo en varias fases. En una de ellas, y después de
haber leído en común un cuento titulado El elefante encadenado,
tenían que sentarse a solas e inducidos por mí pensar en tres o
cuatro cosas que ellos sintieran “que no podían con ellas”. Podían
ser dificultades de aquel momento u otras pero que se repitieran
con cierta insistencia en sus vidas (“no puedo aprobar el curso”,
“no puedo aguantar el carácter de Fulanito”…) Les pedí que
fueran levantándose y que caminasen tomando conciencia del
espacio, de su forma de caminar, etc. Luego les dije que llevasen
su atención hacia los otros compañeros, que se en encontrasen con
ellos visualmente y, finalmente, les dije que se pusieran delante
de un compañero y, mirándole a los ojos, le dijese uno de los “no
puedo” que hubiese elegido. El otro tenía sencillamente que
asentir o decirle: “No, no puedes”. Hicimos cuatro encuentros con
esta estructura. Una vez finalizado el cuarto encuentro, les pedí
que se volviesen a poner delante de otro compañero y cuando lo
hicieron les dije: “Ahora mira a tu compañero/a y dile
exactamente lo mismo que antes pero en lugar de decir “no
puedo…”, empieza la frase diciendo: “No quiero…. y añades lo
mismo que hayas dicho antes”. Así lo hicieron. Yo notaba que
algunos habían entrado en un lugar profundo y poco frecuentado
de sí mismos. Me llamó especialmente la atención uno de los
chicos al que se le veía especialmente afectado. Estaba diciendo
“No quiero ser gay”. Antes había dicho: “No puedo ser gay”.

Ahora al repetir “no quiero ser gay”, “no quiero ser gay”… se
estaba dando cuenta de que dependía de él, de que estaba en sus
manos seguir sin aceptarse a sí mismo sometiéndose al calvario
que estaba viviendo o bien convertirse en el auriga de carruaje.
Empezó a sollozar y finalmente empezó a gritar a todos : “yo soy
gay”, “yo soy gay”… Había decidido y parecía que eso le hacía
feliz y le quitaba un gran peso de encima. Todos empezamos a
reirnos y a llorar, celebrando aquella declaración tan gozosa.
Ha sido a partir de escenas vividas como ésta y de otras, por
supuesto, vividas a nivel personal en las que yo he sido la
protagonista, que me he dado cuenta de lo importante que es
hacer, como decía al principio, pequeñas intervenciones
destinadas a que nuestros alumnos tomen conciencia de que el uso
que hacen del lenguaje puede condicionar toda una vida (la
propia y la de las personas que nos rodean).

A través de la PNL comprendí que eliminar el uso de
cuantificadores universales como siempre, nunca, jamás, todo,
nada, nadie… haciendo propuestas de concreción es parte de
nuestra tarea. Si oímos a algún alumno decir “Nadie me hace
caso” sabremos que de este modo está invitando,
inconscientemente, a los que tiene a su alrededor a que se
conviertan en ese misterioso nadie que no le hace caso nunca.
Desactivar esa auto profecía supone que le incitemos a precisar
preguntando, ¿quién no te hace caso? o ¿quién te gustaría que te
hiciera caso en este momento? También es recomendable
desterrar la presentación de creencias como juicios irrevocables y
esto es tan bien aplicable a nuestro propio lenguaje. Decimos: “Es
malo dar demasiada confianza a los alumnos” Y lo decimos así,
como si fuera una verdad sagrada e inamovible cuando es sólo
una creencia fácilmente revocable desde la experiencia: yo, sin ir
más lejos, puedo oponer mi propia experiencia que contradice
dicha formulación. Desterremos también las imprecisiones del
tipo. “Prometo mejorar mi comportamiento”, dicho así esto es
sólo un conjunto de palabras, pidamos de nuevo que concrete:
¿qué significa para ti mejorar el comportamiento?, ¿cómo
veremos los demás que efectivamente has mejorado tu
comportamiento?. Asimismo es peligroso el uso de operadores
modales de imposibilidad y obligación. Si oímos decir “Es
imposible ir por la vida diciendo la verdad” quizás convendría
preguntar ¿qué verdad te gustaría decir ahora mismo…?
Del mismo modo es importante estar atento al estilo explicativo
de nuestros alumnos si lo que deseamos de verdad es enseñar a
vivir. Seligman en su ensayo Aprenda optimismo (1990) nos
habla de cómo llegó a la conclusión de que el comportamiento
humano se encuentra controlado no solamente por los refuerzos
que va recibiendo del medio a medida que interactúa con él, sino
también por un estado mental propio del individuo y que está
constituido por las explicaciones que cada uno nos damos a
nosotros mismos de lo que nos ocurre. Seligman concluyó que
estamos determinados por las explicaciones que nos damos de lo
que nos sucede y estas explicaciones, a su vez, están
determinadas por la opinión que tenemos con respecto al lugar
que ocupamos en el mundo, si pensamos que somos valiosos o,
por el contrario, desistimos hace ya tiempo de alcanzar ninguna
valía.

Él concluyó que hay tres dimensiones decisivas en la pauta
explicativa: la permanencia, la penetración y la personalización.

• La permanencia aquejaría a todos aquellos que interpretan
los contratiempos como algo que permanecerá en el tiempo
mientras que aquellos que se sobreponen a los fracasos son
aquellos que interpretan que la causa de estos fracasos es
temporal: no es lo mismo decir “siempre me fallas” que
decir “en esta ocasión sentí que me fallabas”, no es lo
mismo decir “siempre me pongo fatal en los exámenes” que
decir “el día en que hice este examen estaba cansado”.

• La penetración tiene que ver con el alcance que uno le da a
aquello que ocurre. Uno le puede dar un alcance universal o
particular. No es lo mismo decir “todos los profesores están
contra mí” que decir “parece que fulanito me tiene algo de
manía”. No es lo mismo decir frente a un examen
suspendido: “¡Qué tonto que soy!” Que decir “No estudié
suficientemente para este examen”.

• La personalización tiene que ver con el que delante de
cualquier situación negativa yo puedo buscar la
responsabilidad dentro (causa interna),“no tengo talento
para la lengua”, o fuera (causa externa) y diré entonces, por
ejemplo, “el examen era difícil”.

He tenido que comprimir por exigencia del tiempo aquello que
me gustaría transmitiros y creo que no sería completo si no dijera
que comparto plenamente lo que Claudio Naranjo nos enseña de
la necesidad de liberar la instintividad, entendido esto como una
despenalización del placer y un valoración de la espontaneidad
por encima de la necesidad de control que tanto y tan bien nos han
enseñado. Dicen los autores de Carta a los maestros que
empiezan que las personas somos homo sapiens y homo demens y
la educación de ningún modo puede consistir en domesticar la
locura sino en enseñar a vivir inmersos en la tensión del diálogo
entre sapiens y demens. Crear espacios y tiempos para ese homo
demens es también una tarea pendiente.

Todo lo que aquí estamos diciendo no tiene sentido si no se
aborda desde la perspectiva que propone Claudio Naranjo: desde
una enseñanza que se transmita por ósmosis, por contagio y que
sea sobre todo el contagio de una actitud. Decía Ángel Gabilondo
en un artículo recientemente publicado en El País que “no es
cierto que sólo se contagien las enfermedades, también se
contagia la salud. Quien ha tenido la suerte de conocer a alguien
así no lo olvida nunca”. Yo tuve esa suerte al conocer a Claudio
Naranjo y aquí estamos ahora todos los asistentes a estas jornadas
para extender la salud y que nuestros alumnos puedan decir
alguna vez que tuvieron la suerte de conocernos porque como ya
dijo Platón “la voz del maestro es mucho más decisiva que
cualquier libro”. Efectivamente parece que el conocimiento de la
humanidad, de aquello que es ser humano, sólo se puede
transmitir por contagio. Dicen Steiner que existe una especie de
“erotismo de las almas” y que toda tarea pedagógica para que sea
tal ha de estar impregnada de dicho erotismo, en el sentido de que
educar sea mostrar nuestra alma al alumno y que éste sienta la
atracción y el deseo de emularnos.

Se trata, en definitiva, de advertir la importancia de nuestra
profesión y empezar por nosotros pues somos nuestra mejor
herramienta de trabajo, pero también podemos ser la peor. En
Lecciones de los maestros el mismo Steiner lo expresa de este
modo: “Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene
de más vital el ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo
más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto (…) Una
enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de
instrucción que, conscientemente o no, sea cínica en sus metas
meramente utilitarias, son destructivas. Arrancan de raíz la
esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y,
metafóricamente, un pecado. Disminuye al alumno, reduce a la
gris inanidad el motivo que se presenta. Instila en la sensibilidad
del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el
aburrimiento, el gas metano del hastío”.

Por todo esto planteo allá donde voy la necesidad de incorporar a
los planes de formación del profesorado programas de
autoconocimiento para los docentes, de los cuales para mí el
programa que aquí presentamos es un buen ejemploTodas las
tareas que se realizan en una sociedad, como las que se realizan
en cualquier sistema, desde las más humildes a las más grandes,
desde las más oscuras a las más visibles, todas, digo, sin
excepción son necesarias y contribuyen al mantenimiento del
sistema. La tarea de educar aunque dure toda la vida se produce
más explícitamente en un periodo de la vida y la diferencia con
otras tareas es que en aquel espacio, en el del aula, está
escondido, como si de una pepita de oro se tratara, el futuro. No
puedo imaginar un futuro mejor que el de una sociedad de
individuos felices y por eso éste debería ser privilegiadamente
(también ha sido una enseñanza que me ha llegado a través de
Claudio Naranjo) el objetivo primero de nuestra tarea y yo creo
que la felicidad la obtiene uno cuando habita la casa del ser, del
atreverse a ser uno mismo y cuando esto nos facilita el contacto
amoroso con otros seres.

Nada de lo que aquí digo puede ser entendido como una
obligación a añadir al ya cargado equipaje del maestro, sino como
una posibilidad que las administraciones deberían favorecer para
que, aquellos que lo deseemos, podamos recuperar un poco la
ahora tan maltrecha dimensión utópica de mejora y evolución del
hombre con la que abordamos nuestra decisión primera de dedicar
nuestra vida a educarnos mientras educábamos a otros.

Juana Gallardo Díaz

jgallar4(arroba)xtec.cat

La traducción como activismo

Sentado en un banco frío de la Facultad de Derecho de la UBA, Manuel Talens dice que la traducción puede darle voz a los que no la tienen o ya la perdieron. Y esa es una reivindicación del traductor que actúa como un activista y que trata de revertir el desequilibrio idiomático que produce el inglés y de que el mensaje social se desparrame en todos los idiomas posibles. «El darle voz a los que no la tienen es un acto voluntario practicado por activistas fuera del horario laboral para que la voz que clama en el desierto resuene asimismo en la plaza pública.» La definición llega por mail y corresponde a un Talens que cumple múltiples funciones. Es traductor, novelista, poeta, periodista, y estuvo hace pocos días en Buenos Aires participando del primer Congreso de Traducción Especializada organizado por el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.Talens forma parte de Tlaxcala un grupo formado por más de cincuenta traductores que trabajan con lenguas no tan masivas como el inglés. Militan traduciendo a idiomas hablados en Africa, Asia y al español y portugués textos que sólo se conocen en inglés. Además es médico y como tal, una de sus especialidades es la traducción médica. Allí, Talens encuentra que «nos guste o no, está sometida en la actualidad a la dictadura del inglés, lengua que -al igual que en otras épocas el latín, el español o el francés- es cualquier cosa menos inocente, puesto que su carácter imperial se lo impide.

Visto en la página de: Vamos a cambiar el mundo sin tomar el poder

Más información:

http://www.tlaxcala.es/

http://www.educarueca.org/article.tlaxcala

Educar versus enseñar

Desde hace dieciocho años soy profesora de filosofía y de lengua castellana
en un instituto de enseñanza secundaria y quisiera recordar con todos
vosotros cómo hemos llegado a donde estamos en la enseñanza pública y,
al mismo tiempo, quisiera narrar parte de mi propia historia con la
enseñanza y con el SAT (programa de desarrollo personal creado por el
Dr. Claudio Naranjo y en cuyas siglas hay una triple alusión: a la palabra
sánscrita que designa Ser y Verdad, a las iniciales de Seekers After Truth,
Buscadores de la Verdad, y, a través del simbolismo fonético, a una visión
tripartita -emoción, cuerpo e intelecto- de la realidad humana).
A la muerte de Franco, no os asustéis si voy tan lejos pues el repaso es
somero, cuando empezamos a poder pensar en voz alta, la enseñanza
también fue, por supuesto, motivo de debate. En un principio, tal y como ha
señalado Antonio García Santesmases, el debate se situó entre aquellos
(democristianos principalmente) a los que les interesaba garantizar la
libertad de los padres a la hora de elegir el centro en el que educar a sus
hijos y aquellos otros (la izquierda en general) que planteaban la libertad de
cátedra de los profesores. El debate pues estaba, según plantea el propio
García Santesmases, entre el pluralismo dentro de los centros escolares
frente al pluralismo de centros educativos. En los años 80-85 la reflexión
seguía girando en torno al mismo eje, pero algo empezó a cambiar en la
segunda mitad de la década de los 80. En 1987 se produjo la huelga de
estudiantes, en 1988 la de profesores y, finalmente, la huelga general del
14 de diciembre de ese mismo año. Esta secuencia cambió el curso de las
cosas y desplazó los términos del debate.

La nuestra fue una huelga dura, difícil, con momentos de crispación y de
exaltaciones, que ahora con el paso del tiempo se pueden interpretar como
el canto del cisne del colectivo de profesores en tanto que colectivo, aunque
hay indicios como para pensar que no somos un cisne sino una suerte de
ave fénix que intenta resurgir de sus propias cenizas, la prueba es que
estamos aquí, la prueba es que somos muchos lo que queremos seguir
intentando cambiar y mejorar realmente nuestra práctica profesional.
Celebramos el final de la huelga en la antigua sala de fiestas Cibeles.
Todavía recuerdo nuestro regocijo en aquella noche de celebración y
también recuerdo la falta palpable de motivo para dicha celebración. En
medio de la oscuridad de la sala de baile, de la música y del humo,
dábamos saltos y recuerdo que en uno de aquellos saltos, me encontré en el
aire con un compañero y le dije: “¿Tú sabes que estamos celebrando?” “Yo
no, me contestó, pero hemos aguantado, hemos aguantado”. Y desde
entonces… desde entonces yo tengo la impresión de que es a lo que hemos
dedicado más energía: a aguantar.

A partir de ese momento, el problema ya dejó de ser el anteriormente
señalado para pasar a ser la enseñanza pública directamente el tema de
reflexión. Las diversas leyes se iban y se siguen sucediendo. Se promovió
la LODE con la idea de impulsar un funcionamiento democrático en los
centros, iniciativa que languideció, por no decir directamente que murió,
ante la falta de resultados que se hizo visible inmediatamente después de
su aplicación. Luego vino la LOGSE con la intención inicial de favorecer
en principio la resolución de tres conflictos:

a) Que los alumnos no se vieran forzados a elegir entre la opción de
continuar estudiando o dirigirse tempranamente hacia el mundo
laboral, lo que implicaba un tronco común para todo el alumnado.

b) No enfrentar tampoco a los alumnos al dilema puro y duro de
estudiar o no estudiar, de ahí la escolarización hasta los dieciséis
años.

c) Evitar la sospecha de una escuela cobarde que no se atreve a mirar de
frente las desigualdades y, por tanto, dar cabida a la diversidad en las
aulas.

La verdad es que la supuesta resolución de estos tres dilemas ha sido a
costa de crear un dilema mayor entre lo que Santesmases llama la escuela
pública comprensiva (comprensiva con la diversidad, con los más
desfavorecidos…) y la escuela concertada selectiva (selección que ha
permitido, por ejemplo, invertir la clara tendencia de épocas anteriores a
que los alumnos de la pública obtuvieran mejores resultados que los de la
privada en Selectividad).

Todo esto ha ido generando sensaciones, comentadas en diversos medios y
foros, de frustración y cansancio entre los profesores, pero no nos
equivoquemos, porque como dicen los alumnos de la escuela de Barbiana
en Carta a una maestra, es el descontento lo que nos cansa, no las horas.
Creo que fue el músico Schumann el que un día preguntó: “¿Han oído
ustedes una música alegre?” La pregunta era, evidentemente, retórica
porque ya contenía la respuesta que él se aprestó a dar: “Yo no”. Yo, al
contrario que él, pienso que sí, que hay música alegre: la suya, a su pesar, a veces lo es. Creo que entre todos podemos aspirar en la enseñanza a formar
algo más que una orquesta de instrumentos desafinados. Estoy convencida
de que sin esa confianza básica no hay educación. En este sentido,
comparto las palabras de Savater cuando dice que “En cuanto educadores
no nos queda más remedio que ser optimistas, ¡ay! Es que la enseñanza
presupone el optimismo tal y como la natación exige un medio líquido para
ejercitarse (…) Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la
capacidad innata de aprender cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias,
hechos…) que pueden ser sabidos y merecen serlo, en que los hombres
podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”. (El valor
de educar)

Creo, y aquí empieza mi historia personal, que esta confianza básica en la
educación la tenía desde que hice la opción de ser profesora, pero sin duda
es una confianza que aumentó al experimentar el programa SAT al que
aludí al principio.

¿Las diferencias entre el antes y el después?, podía señalar muchas pero he
escogido tres: la conciencia, la aceptación y el amor. Paso a decir
brevemente algo de cómo vivo yo estas tres experiencias.:

a) Conciencia: Ser consciente de lo que yo soy, de la realidad tripartita
explicada por Claudio Naranjo, fue para mí fundamental porque esta
conciencia arrastró felizmente numerosas microconciencias: la de
mis necesidades, la de mis deseos, la de mis sensaciones y mis
emociones… en definitiva, la conciencia de mi humanidad y, sólo
después de verla en mí, pude reconocerla en todos aquellos con los
que me relaciono en el ejercicio de mi profesión: compañeros,
alumnos, padres… Creo que eso es lo que debe ver en mi clase una alumna cuando hace dos años me regaló un libro en el que puso con
letra conmovedoramente esforzada: “Esta clase es muy agradable.
Cuando estamos contigo, tu presencia y tu voz es muy especial para
nosotros”. O esta otra que, después de pedirme permiso, me escribió
en la agenda este mismo mes de junio, que yo era buena profesora
“no sólo por la materia que nos enseñas sino porque nos enseñas a
ser alguien en esta vida porque nos das lecciones que aunque no
creas nos ayudan muchísimo”.

Esta conciencia fue la primera en aparecer cronológicamente (lo digo en
relación a los otros elementos seleccionados, la aceptación y el amor).

El
mismo año que entré en contacto con la terapia Gestalt, aterricé de golpe en
un primero de ESO, pues hasta el momento dada mi especialidad de
filosofía había trabajado siempre en bachillerato. Aterrizar en el planeta
ESO -como le han llamado los autores de un libro – fue para mí una
conmoción, conocer la gestalt lo fue también en otro sentido. Quizás por
eso formaron un mismo eco en mi interior y, enseguida, me encontré
analizando mi experiencia docente con todo aquello que estaba
aprendiendo de la gestalt..

Había leído que igual que nuestra percepción necesita cerrar las figuras
que llegan incompletas a nuestros sentidos, de nuestra mente emana una
necesidad asimismo de completud, de cerrar lo abierto, de acabar lo
inacabado, de tener, en definitiva, experiencias completas, pero había leído
también que muy a menudo, las experiencias quedan abiertas, como
heridas, formando lo que en el lenguaje de la gestalt se conocen como
gestals inconclusas o “asuntos pendientes”.

El ciclo de la experiencia, según esta teoría está constituido por diferentes
momentos y cada momento puede quedar interrumpido por la acción de un
mecanismo de defensa. Cada interrupción supone un fracaso en el contacto
y, por tanto, crea un déficit en la comunicación.

No es mi propósito explicar aquí teoría, sólo quiero decir que empecé un
diario de experiencias interrumpidas en mi práctica docente y he aquí un
fragmento de este diario que entonces empecé. El primer paso del ciclo de
la experiencia es aquel que va del reposo a la sensación y este paso puede
quedar interrumpido por la represión de la misma sensación. Con este
mecanismo lo que hacemos es desensinbilizarnos y esto es lo que escribí:
“Las consecuencias de esta desinsibilización son importantes para aquel
que protagoniza esta derrota sin lucha alguna. ¿Pero qué pasa si aquello
frente a lo cual nos desensibilizamos no es un “aquello” sino un “aquél”?
¿Qué sucede si ese aquél tiene doce años y lo vemos cada día? Ese “aquél”
se llama Manuel, hace 1º de ESO y nunca he logrado que articulara una
frase completa. Un día me acerco a él, porque es imposible hacerme oír en
medio de unos que se insultan, de otro que saca un bocadillo para
mostrárselo con saña a Hasan, que está haciendo el Ramadán, etc. y
después de sortear esa carrera de obstáculos, llego por fin hasta Manuel y
cuando le pregunto algo, éste empieza a mover la cabeza de un lado a otro
dirigiendo su mirada quizás al cielo, quizás al aire, quizás al techo (¿quién
sabe hacia dónde mira Manuel?) y lo hace con la sonrisa del que llega de
muy lejos a un lugar ignoto e incomprensible. En este caso la desconocida
a la que sonríe soy yo, porque no nos engañemos, Manuel me ve de lejos
tres veces por semana durante una hora, un tiempo probablemente
insuficiente para que su cerebro registre una imagen coherente de mí.

Hoy, que he podido, por fin, acercarme a él contesta a mis preguntas con
sonidos que en el fondo salen de su boca sin articular y que yo intento unir
en un esfuerzo por encontrar una manera de entender el vaivén de su
mirada. Cuando estoy con él, Gabriel , otro compañero al que jamás logro
tener sentado más de dos minutos, ha visto que me he puesto al lado de
Manuel y viene hacia nosotros. Mientras yo intento construir un puente
entre Manuel y yo, Gabriel se dedica a poner bombas en la bóveda de ese
puente porque se coloca al otro lado y va diciéndole a Manuel que no me
haga caso, que no conteste a mis preguntas, que se vaya con él… Y como
veo que el vaivén de la cabeza de Manuel aumenta de velocidad, dividido,
como está, entre prestarme atención a mí -la gran desconocida- o prestar
atención al otro niño al que conoce más, aunque sea sólo a través de sus
constantes malos tratos, desisto de mi empeño, le digo que se tranquilice y
que ya hablaremos otro día… Pero le miento, le miento, su existencia en
aquel rincón de la clase me hace demasiado daño y a partir de ese día voy
a “reprimir” cualquier dato que proceda de él, con el resultado de que
durante varios días no veo” a Manuel , no “veo” que mira distraídamente el
chapotear de la lluvia en el patio mientras yo explico los pronombres, no
veo cuando recojo su libreta que ésta está casi vacía y que merece algo más
y algo distinto a aquel formal: “Tienes que esforzarte más, Manuel.
Firmado: Juana”. Tampoco veo que tiene doce años y que no sabe casi leer
ni escribir… y como yo no me entero de todo esto no voy a poder hacer
nada para ayudarlo. Y, quizás, pienso, Manuel está completamente solo
porque no sé si todos optamos por la misma “ceguera” frente a él. Quizás”.
Analicé muchas interrupciones del ciclo de la experiencia de este modo y
fue germinando en mí la convicción de que conocerme más a mí misma era
un camino para mejorar la calidad de mi presencia en las clases.

Jaume Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, expone lo que él
considera el decálogo de la innovación educativa. El segundo mandamiento
de este decálogo dice: “El cambio educativo depende de lo que los
profesores hacen y dicen; resulta tan simple y tan complejo como esto”.
Pues bien de lo que hago, digo y, yo añado, siento yo me hice más
consciente con el SAT. Ser consciente de uno mismo es siempre interesante
pero lo es particularmente, en nuestra profesión cuando comprendemos
aquello que por evidente nos pasa a veces desapercibido y es que al enseñar
no transmitimos cosas o realidades sino que transmitimos significados, es
decir construcciones hechas por otros hombres, construcciones hechas por
nosotros mismos… y por eso es importante saber qué es uno y qué mapas
maneja para saber qué está transmitiendo. Ni somos máquinas ni nos
dirigimos a máquinas: lo queramos o no, en la escuela, con cada gesto, con
cada palabra, estamos contestando siempre a la misma y machacona
pregunta que gravita sobre cada una de las situaciones allí planteadas.
Dicha pregunta es ¿qué es eso de ser hombre?.

b) Aceptación: La aceptación es el segundo aspecto que he señalizado
como parte de mi aprendizaje en el SAT. De Claudio Naranjo he
aprendido a concebir y experimentar las situaciones y las relaciones
como un organismo vivo que tiende a la autorregulación. Fue un
me colocó, con extraordinaria
feliz hallazgo para mí porque
delicadeza, en brazos de la aceptación. Que acepte no quiere decir
que me resigne. En la resignación siempre hay algo de resentimiento
porque lo que estoy diciendo es: yo me resigno porque no tengo más
remedio, pero ¡ay! ¡cómo desearía que fueras o que las cosas fueran
de otro modo!… Aceptar en cambio es asentir sencillamente a lo que
hay.

Este tema de la aceptación implica a mi juicio elegir entre dos opciones:
“enseñar” o “educar”. El verbo enseñar proviene de otro que quería decir
“poner el sello”, educar, en cambio proviene de educare, “nutrir”, y
educere, “encaminar hacia”. Yo, personalmente, elegí hace tiempo nutrir y
encaminar hacia, porque advertí que lo otro, “querer poner el sello”, negar
la realidad tal y como es para adaptarla a mis deseos no sólo resultaba
estéril e ineficaz para los alumnos sino que también tenía un efecto
corrosivo sobre mi corazón.

Aceptar implica dar un espacio a las necesidades de los alumnos, que no
son exclusivamente las de adquirir conocimientos enciclopédicos. Yo lo
hago introduciendo pequeñas experiencias. Este año, por ejemplo, les
propuse un día que, voluntariamente, saliese uno y los otros, después de
estar mirándolo durante unos minutos en silencio, empezasen a levantar la
mano para decir tres cosas que les gustaban de la persona que había salido.
Os leo uno de los testimonios que recogí. Se trata de un chico muy tímido,
de 2º de ESO, al que le cuesta relacionarse con el resto de la clase:
“Espero que no te importe lo de las faltas de ortografía pero esto me sale de
un tirón y me saldrá más de una. Perdóname, porfa. Me he sentido muy
bien porque la gente te dice lo que piensa, así te vas más contento a casa,
con más alegría gracias a tus compañeros, que esas cosas no te las dicen
nunca pero cuando te las dicen, puedes hacerte más amigo del compañero
gracias al ejercicio. Por eso pienso que podríamos hacer más ejercicios de
este tipo, había personas que lloraban al decirle unas cosas tan bonitas y
eso va tan bien…”

La aceptación también afecta a nuestra concepción de la autoridad. Soy
consciente de abordar ahora un tema frente al que somos muy sensibles
los enseñantes. De hecho confieso haber tenido la tentación de eludirlo para
evitar la posible consecuencia de que se abra un debate en torno al mismo.
Espero, sencillamente, poder haceros llegar alguno de mis titubeos acerca
de él.

Plantea Philippe Meirieu en su libro Frankenstein educador una pregunta a
pedagogos y educadores: “¿Es posible abandonar toda veleidad de “hacer”
al otro y, si es que sí, no se cae entonces en la impotencia o el fatalismo?
Dicho de otro modo: ¿se puede ser educador sin ser un Frankenstein?”.
Voy a intentar contextualizar esta pregunta. Después de recordar aquella
sentencia de Kojève según la cual “el dominio es un callejón sin salida
existencial”, Meirieu plantea que, a veces, en la enseñanza nos colocamos
precisamente ahí, en ese callejón sin salida, y entonces el diálogo
imaginario podría ser, según Meirieu, éste, que serviría para cualquier
relación en la que está tan presente el tema del dominio que acalla
cualquier otro impulso o anhelo. Uno de los implicados diría:

“- Te quiero conforme a mis proyectos; te quiero para satisfacer mi deseo
de crear a alguien a mi imagen o a mi servicio; te quiero para que hagas
que me sienta importante, sabio, eficaz, “un buen padre” o un buen
enseñante; te quiero para estar seguro de mi poder.

A lo que el otro, inevitablemente, contestaría:

– Pero te condenas a ser sometido, y me condenas a serlo, porque no puedo
ser tú sin tomar tu puesto y destruirte; no puedo parecerme a ti sin
manifestar mi libertad y escapar a tu poder, no puedo cumplir lo que deseas
sin sentir la necesidad irresistible de romper mis cadenas y girar contra ti la
violencia que llevas en ti.”

Es un diálogo como dije imaginario, que cumple una función simbólica, la
de expresar el tema que a menudo se ventila en las aulas: el del poder. La
dinámica es perversa y compleja, no maniquea. Los roles se alternan, las
víctimas son los verdugos y los verdugos son las víctimas.

Cuando cuestiono el que el poder sea un tema tan importante en la
enseñanza, no estoy cuestionando la autoridad en nuestra tarea como
docentes, sino que me inclino más por la recuperación de la autoridad en su
significado más genuino que en latín tiene, entre otros significados, el de
“hacer crecer”. Sólo el cuidado y el amor hacen crecer. No quito valor o
necesidad a elementos como las medidas disciplinarias que son, a mi juicio,
indispensables en tanto que suponen la transmisión de una información
relevante en el proceso de socialización, como es la de la existencia de
unos límites. Pero de ningún modo podemos permitir que se conviertan en
figura de nuestras reuniones y debates y, a veces, eso ocurre en claustros y
reuniones de equipos docentes. Hablar en exceso de los problemas
contribuye a mantenerlos. Por eso deberían ser, en mi opinión, breves y
efectivas, las comunicaciones destinadas a tramitar este tema.
Será de este modo como la educación dejará de gestionar tanto el tema del
poder para ocuparse más de otro tema a mi juicio descuidado hasta ahora:
el tema del amor.

c) El amor: Claudio Naranjo dice en uno de sus libros que “la
verdadera crisis es una crisis de relaciones humanas, más bien la
crisis de un mal antiguo en las relaciones humanas, una incapacidad
de relaciones fraternales, de verdaderas relaciones amorosas, un mal
antiguo que ahora hace crisis porque se hace insostenible” (La
agonía del matriarcado). Lo que vivimos es pues una crisis de amor,
de ahí que él plantee el desarrollo de una “pedagogía del amor”.

Fromm recoge en su libro El arte de amar una definición de Marx a
propósito del amor, según la cual el amor, para que no nos haga
desdichados, tiene que ser un amor “productivo”, en el sentido que
logremos añadir a nuestra condición inicial de personas que amamos, la de
ser amados. Fromm pone ejemplos de cómo sucede esto en diferentes
ámbitos: en el ámbito de la terapia, por ejemplo, el amor se da cuando el
terapeuta empieza a sentir que es curado por su paciente, en el ámbito de la
educación esto se produce cuando el profesor aprende de sus alumnos y
esto sólo puede darse, como deduzco por mi propia experiencia, cuando las
personas implicadas se relacionan en su globalidad y combinan y
comprometen en la relación sus ideas, pero también sus sensaciones y
emociones.

Que el amor era importante ya lo supieron los griegos que parece,
efectivamente, que lo supieron milagrosamente casi todo. Cuentan en este
sentido que Aristóteles recibió el encargo de una familia muy rica de
Atenas de que instruyera a su joven hijo. Él aceptó el encargo, pero al
tercer día envió al joven a su casa con un recado para sus padres: “Diles a
tus padres que yo no puedo enseñarte nada”. Extrañados los padres, cuando
recibieron el mensaje fueron a preguntarle a Aristóteles por el motivo de
tan drástica determinación y Aristóteles les contestó: “Es que vuestro hijo
no me ama”.

Amar y ser amados parece que sea una buena base para el ejercicio de
nuestra actividad, pero estoy convencida de que sólo se puede dar lo que se
tiene. Por este motivo, para el desarrollo de esa pedagogía del amor, es
necesaria una formación integrativa del profesorado que nos permita una
mayor y mejor conexión entre su propia dimensión intelectual, sensitiva y
emocional.

Quizás estas ideas suenen extrañas a una parte de la comunidad educativa
pero comparto plenamente la creencia de Claudio Naranjo de que “para que
renazca el espíritu es necesario hablar otros idiomas, es necesario despertar
a la sed, dejar de sentirse que se está lleno” y en estos momentos parece
que, para nosotros, los enseñantes, “despertarse a la sed”, consiste,
precisamente, en mirar hacia direcciones diferentes a las habituales… y sólo
así la educación se convertirá en un acto simple y primario de mamar,
mamar, como decía Shakespeare, la leche de la ternura humana.

Otro artículo de esta misma autora:

http://educarueca.org/spip.php?article433

Dinámica – BARÓMETRO DE VALORES

Dividimos el espacio central en dos partes. Si es posible pintamos con tiza una raya en el suelo como si de una pista de tenis se tratara. Toda la gente se agrupa en el centro. Una persona leerá una frase un tanto ambigua, desde el centro, como si fuera jueza del partido.

Les pediremos que se posicionen totalmente a la izquierda las personas que están a favor del contenido de la frase. Las que están en contra se colocarán totalmente a la derecha.

Comienza el debate. Si alguna persona quiere suavizar su posicionamiento extremo dará un paso al centro expresando sus razones. Otras personas que puedan sentirse convencidas por esta opinión pueden también modificar su posición. Así irán hablando de una en una hasta que toda la gente haya podido participar.

Aquí van algunas frases a modo de referencia pero cada persona que coordina el taller puede aportar las suyas.

– La violencia siempre genera más violencia

– Siempre ha habido guerras y no lo podemos cambiar

– Educar para la paz es educar para la desobediencia

– La única forma de evitar una invasión es la violencia

– Donde hay justicia siempre hay paz

– La noviolencia es “poner la otra mejilla”

– La protesta violenta puede estar justificada por las situaciones de injusticia en la que viven algunos pueblos.

Es mejor no alargar el Barómetro demasiado. Probablemente con dos o tres frases será suficiente para ir escuchando opiniones.
.

OTRA VARIACIÓN.

Yo veo el nombre de esta actividad que viene de lo que es un barómetro. Una linea alargada y gaduada.

Así que practico esta dinámica de debate en una sala alargada en la que nos imaginamos una línea recta.

En un extremo está la postura más negativa. En el otro la más positiva.

Digo una frase y cada cual se coloca sobre la línea de manera gradual adecuando su acuerdo o desacuerdo desde el extremo más negativo hasta el más positivo.

A continuación cada cual expresa su opinión explicatoria de la postura.

Quien quiere se cambia de lugar en base a los debates que se van produciendo.

Podemos intentar redactar la frase con una redacción por acuerdo mutuo.

Y repetimos la actividad con otra frase.

*

PUEDES ENCONTRAR MÁS TÉCNICAS DE DEBATE EN ESTA CARTILLA DE FUNCIONAMIENTO DE GRUPOS.

Dinámica – REFRANES

Cada participante escribe un refrán, que constará de dos partes, en un papel que luego partirá para dividir las dos partes del refrán.

Pasamos una parte del refrán a la persona que está a nuestro lado para que intente dar sentido a las dos partes que ahora tiene en su mano. Ese trozo de papel con la primera parte del refrán que cada participante ha pasado a otra compañera o compañero que tenía delante (o detrás, o al lado pero siguiendo todas las personas un mismo criterio) seguirá viajando por toda la clase para formar múltiples y divertidas combinaciones.

Si contamos con tiempo también podemos pasar a representar teatralmente alguno de los refranes que hemos utilizado en esta dinámica.

La intención es simplemente pasar un rato divertido, favorecer la interacción entre personas que habitualmente no se sientan juntas y en definitiva, mejorar la comunicación.

Manifiesto de Tlaxcala – Por los traductores de Tlaxcala

Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística, nació en diciembre de 2005, creada por un pequeño grupo de ciberactivistas que se conocían a través de internet y descubrieron que compartían intereses comunes, sueños comunes y problemas comunes. La red creció con rapidez y hoy consta de muchos miembros que traducen a más de diez lenguas. Este Manifiesto expresa su común filosofía.

Todas las lenguas del mundo deben contribuir, y así lo hacen, a la hermandad del género humano. Contrariamente a lo que muchos creían, una lengua no es sólo estructura gramatical, palabras engarzadas de acuerdo con un código sintáctico, sino también, y sobre todo, creación de significado a partir de nuestros sentidos. Con ellos observamos, interpretamos y expresamos el mundo desde un lugar personal, geográfico y político determinado. Por eso, ninguna lengua es neutra y en sus genes lleva la huella de la cultura a que pertenece. El latín, primera lengua imperial, alcanzó su apogeo sobre los restos de las lenguas que destruyó conforme las legiones romanas extendían su dominio territorial por el sur de Europa y el norte de África. No parece extraño entonces que en los albores del Renacimiento fuese la lengua española, hija genética del latín, quien repitiese una nueva devastación, esta vez entre los pueblos conquistados en el continente americano.

Imperio y lengua imperial van siempre juntos y son, por definición, depredadores. Rechazan la alteridad. Toda lengua imperial se constituye en sujeto de la Historia, narra ésta desde su punto de vista y aniquila (o trata de aniquilar) el de las lenguas que considera inferiores. La Historia oficial de un imperio no es nunca inocente, sino que está motivada por el afán de justificar hoy sus actos del ayer para proyectar hacia mañana su propia versión.

Nadie conoce el sufrimiento de los pueblos conquistados por el Imperio Romano, ya que no han quedado pruebas escritas de aquella derrota, que significó la desaparición de sus culturas. Por el contrario, las lenguas vencidas en América por el Imperio Español sí dejaron testimonio. Hacia los años cuarenta del siglo XVI, muy poco después de la conquista de México, Fray Bernardino de Sahagún ensambló lo que hoy se conoce como el Código Florentino, una mezcla de relatos náhuas (el náhuatl es la lengua de los antiguos aztecas) e ilustraciones pictóricas que describen la sociedad y la cultura prehispanas. Un segundo testimonio, que contradice al primero, es el Lienzo de Tlaxcala, transcrito asimismo en el siglo XVI por el mestizo Diego Muñoz de Camargo, quien basó su narración en los frescos pictóricos de sus mayores -los nobles tlaxcaltecas-, quienes describieron en imágenes la llegada de Hernán Cortés y la caída de Tenochtitlán. Tlaxcala era en aquel tiempo la ciudad-estado rival del imperio azteca de Tenochtitlán y ayudó a Cortés a destruirlo, con lo cual firmó su propia sentencia de muerte, ya que el nuevo Imperio Español que nació de aquella derrota significó el sometimiento de todos los pueblos precolombinos -ya fuesen aliados o enemigos de la corona española- y la pérdida casi absoluta de su cultura y de sus lenguas.

En nuestros días, el poder imperial se sitúa en los Estados Unidos de Norteamérica, cuya lengua oficial es el inglés. Fiel a las características conductuales de todo imperio, la lengua inglesa impone ahora su ley. Países o territorios enteros han perdido o están perdiendo sus lenguas vehiculares bajo la influencia del inglés. Filipinas o Puerto Rico son sólo un ejemplo entre otros. En el África subsahariana el falso prestigio acordado al inglés, al francés, al portugués o a muchas lenguas vernáculas destruye una lengua materna local cada dos semanas, según la UNESCO.

No es malo que exista una lingua franca que facilite el conocimiento mutuo en estos tiempos globalizados, pero sí lo es que ésta transmita la ideología de superioridad que la caracteriza, la cual, consciente o inconscientemente, exhibe su desprecio por las lenguas “subalternas”, es decir, por todas las demás. El complejo de superioridad que acompaña siempre a una lengua imperial es tan consustancial a su esencia que hoy se observa incluso entre los activistas anglófonos implicados en la lucha por un mundo mejor: sus medios de comunicación son una prueba tangible de que los escritos que publican traducidos de lenguas “subalternas” constituyen sólo un porcentaje insignificante de su contenido. Las traducciones desde el inglés a otras lenguas son abrumadoramente superiores a las de sentido inverso. Todos somos culpables de haber aceptado hasta ahora tal desigualdad.

Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística, nace como homenaje posmoderno a la desventurada ciudad-estado del mismo nombre que cometió el gravísimo error de confiar en una lengua imperial -el español- para luchar contra otra de menor calibre -el náhuatl- y comprobó demasiado tarde que no se debe confiar en las lenguas imperiales -en ninguna de ellas-, pues utilizan a las subalternas sólo como palanca para sus propios objetivos. Los traductores globales de Tlaxcala pretenden enmendar del destino perdido de los antiguos tlaxcaltecas.

Los traductores de Tlaxcala creen en la alteridad, en la bondad de acercarse a otros puntos de vista, y por eso se comprometen a desimperializar la lengua inglesa publicando en todas las lenguas posibles (incluido el inglés) las voces de los escritores, pensadores, dibujantes de cómics y activistas que hoy redactan sus textos originales en lenguas a las que la influencia avasalladora del imperio no les permite hacerse oír. Asimismo, los traductores de Tlaxcala facilitarán a quienes desconocen el inglés que conozcan las ideas de escritores anglófonos situados en los márgenes o publicados en medios pequeños, difíciles de encontrar.

La lengua inglesa, en su calidad de aparato institucional del conocimiento, es hoy una estructura global de poder mediante la cual representa al mundo a su imagen y semejanza sin pedir permiso a las demás lenguas y culturas. Los traductores de Tlaxcala están convencidos de que es posible derrotar a los amos del discurso y anhelan difuminar dicha estructura para que el mundo llegue a ser multipolar y multilingüe, diverso como la vida misma.

Los principios que Tlaxcala utiliza para seleccionar textos son que éstos reflejen los valores esenciales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la búsqueda de un respeto cabal de los derechos y la dignidad de la persona. Los traductores de Tlaxcala son antimilitaristas, antimperialistas y se oponen a la globalización corporativa neoliberal. Aspiran a la paz y a la igualdad entre todas las lenguas y culturas. No creen en la guerra de civilizaciones ni en la actual cruzada imperial contra el terrorismo. Se oponen al racismo y al establecimiento de muros o alambradas -ya sean de carácter físico o lingüístico- que impiden la libre circulación de ciudadanos e ideas en el planeta. Buscan promover el florecimiento del Otro, reconocerle su derecho, respetarlo, lograr que deje de ser objeto de la historia y pase a ser sujeto en un plano de equidad. Este esfuerzo es voluntario y gratuito. Todas las traducciones efectuadas por Tlaxcala llevan el signo del copyleft.

¡Traductores e intérpretes de todas las lenguas, conectaos y uníos! ¡Webmasters y blogueros de todos los colores del arco iris que compartís nuestras preocupaciones, contactadnos!

La fecha del 21 de febrero no fue escogida al azar para la publicación de este Manifiesto: durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta el 21 de febrero fue la jornada anticolonialista y antimperialista mundial.

“El hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído, sino también ser creído”. Cobarde e impunemente y por órdenes del futuro dictador Somoza, el 21 de febrero de 1934 fue asesinado en Nicaragua el General de Hombres Libres Augusto C. Sandino, un día después de que se firmasen los Acuerdos de Paz, tras los cuales Sandino se retiraba a vivir de forma pacífica en una cooperativa campesina al norte del país.

Paradigma e inspiración del patriotismo nicaragüense, Sandino simboliza el espíritu de dignidad nacional, de lucha antiimperialista y antidictatorial con la tenaz resistencia a la ocupación e intervención de EEUU llevada a cabo por su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, formado por campesinos y obreros que combatieron con machetes de trabajo, fusiles oxidados y bombas fabricadas con latas rellenas de piedras y trozos de hierro, derribando aviones enemigos casi a pedradas y, sobre todo, preservando en alto una moral y un amor patrio sin límites frente a un ejército entreguista e invasor cien veces más poderoso. Representante de los humildes y explotados de Nicaragua y de Latinoamérica, Sandino demostró heroicamente que el campesinado sí puede organizar una resistencia triunfante por la autonomía nacional.

Otro día como éste, el 21 de febrero de 1944, París amaneció con sus paredes cubiertas de carteles rojos que anunciaban la ejecución en el Monte Valérien de 23 “terroristas”, miembros de los Trabajadores Inmigrantes Francotiradores y Partisanos, la primera organización de resistencia al nazismo en territorio francés. El líder del grupo, Missak Manouchian, de 36 años, era un superviviente del genocidio armenio, un inmigrante. A los colaboradores franceses que asistieron al juicio sumarísimo ante el tribunal nazi y que lo tacharon de meteco, Manouchian les respondió: “Ustedes heredaron la ciudadanía francesa, pero yo me la gané”.

“El tiempo de mártires ha llegado y, si soy uno de ellos, será por la causa de la hermandad, la única que puede salvar este país”. Éstas fueron las últimas palabras de Malcolm X antes de ser asesinado durante una reunión en Harlem, el 21 de febrero de 1965, a manos de tres miembros de la Nación del Islam, que Malcolm había abandonado en 1963 para crear la Organización de la Unidad Afroestadounidense. En abril de 1966, sus asesinos fueron condenados a cadena perpetua, pero los que planearon al asesinato -los Amos del Imperio- quedaron impunes, como en la mayoría de los casos.

Malcolm X, alias El-Hajj Malik El-Shabazz, cuyo nombre original era Malcolm Little, tenía 39 años. Había regresado de una peregrinación a La Meca, donde descubrió la universalidad tras convivir con peregrinos de todos los orígenes. Uno de los motivos de su ruptura con la Nación del Islam fue que ésta había mantenido contactos con el Ku Klux Klan para discutir sobre el establecimiento de un estado negro independiente en el sur de EEUU, de la misma manera que el fundador del sionismo, Theodor Herzl, había solicitado el apoyo de los peores antisemitas para su proyecto de un Estado judío. Para Malcolm, cuyo padre había sido una víctima del Ku Klux Klan, tal colaboración era inconcebible.

En este día de remembranza ponemos a Tlaxcala bajo el patrocinio de aquellos tres luchadores por la causa de los pueblos, Sandino, Missak Manouchian y Malcolm X.

Ciberespacio, 21 de febrero de 2006

Firmantes:

AIENA Caterina,
ALMENDRAS Nancy Harb,
ANGUIANO Rocío,
BOCCHI Davide,
BOULOS Zaki,
BUEMI Valerio,
CILLA Antonia,
DÍEZ LERMA José Luis,
GIUDICE Fausto,
HADDAD Ramez,
HAUN Agatha,
HIRSCHMUGL Eva,
INDA Elaine,
JUÁREZ POLANCO Ulises,
KALVELLIDO Juan,
LECRIQUE Yves,
MANAI Ahmed,
MANNO Mauro,
MARTÍNEZ, Miguel,
NOZAL Abbé,
PÁRAMO Ernesto,
POUMIER Maria,
RIZZO Mary,
SANCHIS Carlos,
TALENS Manuel,
TARRADELLAS Àlex,
VITTORELLI Manuela,

Más información: http://www.tlaxcala.es

Visto en: http://nodo50.org

Dinámica – DIBUJO A DOS MANOS

Dividimos la clase en parejas por medio de la dinámica de los puzzles.

A continuación damos a cada pareja un lápiz y un folio que han de partir en 3 partes iguales.

Les explicamos que en esos trocitos de folio han de realizar tres dibujos. Para el primer dibujo deberán tomar el único lápiz que tienen con las dos manos (una de cada persona que forma la pareja). Antes de realizar el dibujo no podrán tener ninguna comunicación (en absoluto) entre la pareja. Por supuesto no podrán acordar qué cosa van a dibujar puesto que no se les permitirá tener ninguna comunicación.

Para el segundo dibujo podrán hacer 4 preguntas que se respondan con SI o NO. Una vez hechas las preguntas empezarán a realizar el segundo dibujo sin ninguna comunicación hablada más.

Para realizar el tercer dibujo podrán hablar durante todo el tiempo que quieran y consultar todas las dudas que se les ocurra. No hay ningún límite en la comunicación.

EVALUACIÓN:

¿Cómo se han sentido? Seguro que alguna persona no se habrá sentido muy bien y es necesario y muy importante que lo exprese. ¿Se han sentido igual en la realización de los 3 dibujos?

¿Quién ha tomado la iniciativa más veces? ¿Vivimos situaciones similares en la vida real? ¿Nos sentimos comodXs cuando tenemos que tomar la iniciativa? ¿Nos sentimos comodXs cuando nos imponen comportamientos que no compartimos? ¿Preferimos no tomar la iniciativa para evitar errores?

¿Hemos vivido un conflicto? ¿Podemos ganar un conflicto? ¿Qué le pasa a la otra persona cuando vamos a ganar un conflicto? ¿Existe otra forma de regular conflictos en la que no haya que ganar o perder?