“He transformado mi dolor en pasión por la paz y así he ampliado mi humanidad”.

Entrevista con Jo Berry, hija de una víctima del IRA,
y Pat Magee, militante del IRA

Versión completa de la entrevista con Jo Berry y Pat Magee aparecida en el
diario Público el 19 de junio de 2010. Realizada durante el encuentro en Bilbao

“Paz en positivo: un reto posible”, organizado por la Fundación Sabino Arana.

Juan Gutiérez y Juan Cordero me echaron una mano con todo, ¡gracias!

Jo Berry es hija de Sir Anthony Berry, miembro del Parlamento británico y del
partido conservador inglés asesinado por el IRA en el atentado del Grand Hotel
de Brighton de 1984. Pat Magee fue el militante del IRA que puso la bomba.

Tras
pasar 13 años en la cárcel, salió amnistiado gracias al Acuerdo de de Paz de
Viernes Santo en 1999. Ambos se encontraron en el año 2000 y exponen juntos
desde entonces su apuesta por la paz, el diálogo y la reconciliación.

Han realizado un documental para la BBC sobre su experiencia (Facing the enemy)
y ahora preparan un libro. Jo es presidenta de la organización Building Bridges
for Peace (Construyendo puentes para la paz) y de la Red Internacional por la
Paz. Pat es un defensor activo del proceso de paz en Irlanda del Norte. En el
veinticinco aniversario del atentado de Brighton, ambos fueron invitados a
hablar juntos en el Parlamento inglés.

No llevan nada apenas preparado cuando hablan en público. Parece como si en
realidad prosiguieran una larga conversación íntima. Cada encuentro es en carne
viva. No sólo se percibe el dolor, sino también una extraña alegría. Y sobre
todo la grandísima fuerza de una vulnerabilidad compartida.

¿Qué les ocurrió?

Jo. Cuando hace veinticinco años murió mi padre, a quien yo adoraba, decidí
emprender un viaje: renunciar a condenar a los demás, transformar mi dolor,
poner fin al ciclo de violencia y venganza. Una parte de mi anhelaba la paz.

Quería transformar mi trauma, pero ¿cómo? No lo sabía, me encontraba muy sola.
Pero tenía confianza para emprender el viaje, una semilla a la vez frágil y
fuerte.

Una noche, cuando volvía a casa en Londres, esperando el autobús me encontré con
un joven que venía de Belfast. Charlamos y cogimos finalmente un taxi juntos. Me
contó que su hermano había muerto a manos de soldados británicos. Entonces vi
claro qué tenía que hacer para transformar mi trauma en algo positivo:
convertirme en un puente. Construir un mundo en el que no estemos de pronto
divididos como ese chico y yo, sino donde podamos ser amigos.
Pat. Nunca es fácil hablar al lado de Jo, yo he dejado un legado terrible y
quiero reconocerlo. Crecí en una comunidad sin poder. Irlanda estaba dividida,
una minoría no era escuchada, todas las herramientas políticas estaban
proscritas. La violencia fue el resultado inevitable. No teníamos opciones y por
eso decidí participar en la lucha armada. En realidad, nuestra violencia surgió
de nuestra propia debilidad: no teníamos recursos políticos para cambiar la
realidad, sólo los encontramos mucho más tarde. Por eso no podíamos cerrar el
grifo del conflicto armado. Brighton fue un atentado importante dentro de una
campaña por llevar la guerra fuera de Irlanda, directamente a nuestros enemigos,
a las personas culpables del terrorismo de Estado. Entonces nos pareció la mejor
manera de actuar.

¿Cómo fue su encuentro?

J. En los años 80 y 90, visité muchas veces Irlanda del Norte. Era una auténtica
zona de guerra. Conocí a irlandeses que dormían totalmente vestidos porque esa
misma noche sus casas podrían ser asaltadas y ellos detenidos. En esas
condiciones era difícil dar con los espacios necesarios para elaborar mi trauma
emocional. Encontré mucha humanidad, pero era realmente difícil escuchar y ser
escuchada. Mi acento inglés sonaba como una amenaza para la gente. Tras el
acuerdo de paz, las condiciones cambiaron: entonces podía ser escuchada y
escuchar sin miedo.

Yo quería encontrarme con Pat para escuchar qué le llevó a asesinar a mi padre.
Pat salió de la cárcel gracias a los acuerdos de paz de Viernes Santo.

Cuando
escuché la noticia por televisión, sentí dolor e ira. Pero yo quería escucharle.
Algunos amigos intentaron organizarme una reunión con él. Un día, estando yo en
Irlanda del Norte en el año 2000, me llamaron y me dijeron: “¿quieres conocer a
Pat esta noche?” Yo me dije: “no estoy preparada, no tengo ganas en este
momento”, pero al final acudí. La reunión fue de una intensidad extraordinaria,
duró tres horas. Durante la primera hora y media, Pat se puso un sombrero
político: me daba razones y argumentos que justificaban el atentado que acabó
con mi padre. Yo no quería culparle, sino escuchar su historia, comprenderla.

Pero entonces algo sucedió y Pat me dijo: “me gustaría escuchar su dolor y su
ira, ¿qué puedo hacer para ayudarla?” Ahí empezó nuestro viaje.

P. Cuando salí de la cárcel, la situación era nueva. Yo me preguntaba qué nuevo
papel podía jugar. Un tiempo después, supe que Jo quería encontrarse conmigo.

Cuando me reuní con ella, yo llevaba puesto un sombrero político. Le explique
porqué había hecho lo que había hecho. Pero estar junto a alguien que escuchaba
me cambió profundamente. Entonces reconocí lo asombroso de aquel momento. Lo que
me dejó sin habla fue que Jo no expresaba ira. Todo hubiera sido más fácil para
mí si Jo se hubiese encolerizado o enfrentado conmigo. Pero su disponibilidad a
escuchar y conocer mi historia me desarmó. Y esa apertura ha motivado 10 años de
exploración conjunta.

¿Podría haberse usted acercado a Jo como ella lo hizo?

P. Habría sido un error que yo tomase la iniciativa de contactar con ella. Se
hubiese malinterpretado, habría sonado a autojustificación o a
instrumentalización. La iniciativa debe partir de la víctima, cuando ella siente
que el siguiente paso en su proceso es ir al encuentro del asesino.

¿Ha habido arrepentimiento o perdón?
J. Todo el mundo opina: “está bien que perdones”, “¿por qué no perdonas?” Perdón
es una palabra difícil. Hay un contexto cristiano de la palabra. ¿Y si perdono
pero más tarde siento de nuevo ira hacia Pat? En todo caso el perdón es un
viaje. Pero yo no tengo nada que perdonar. Yo no entré en este proceso para
cambiar a Pat. Para mí no se trata de perdón, sino de conocimiento. A veces,
después de escuchar la historia de Pat, creo que he comprendido con tanta
claridad su vida que no queda nada por perdonar y que de haberla vivido yo
habría hecho las mismas elecciones que él. Todos somos seres humanos
involucrados. Yo también estoy involucrada en el conflicto al formar parte de un
país que no escuchaba y diabolizaba al otro. Se trata de abrir otras opciones.

Ahora veo a Pat como a un ser humano, no como a un enemigo sin rostro.
P. Yo tomé mis decisiones conscientemente. No digo con ello que todas fueran
correctas. Pero mi exploración con Jo no tiene que ver con el arrepentimiento o
con la búsqueda del perdón. En todo caso trata de que haya menos conflicto
interior, menos dolor. Para mí esto no pasa por el perdón, sino por comprender.

Yo era responsable de tener una visión ciega del otro. No reconoces la
integridad de su posición, la legitimidad de sus argumentos. Hay que hacerlo.
Tener una imagen más completa, ese es mi aprendizaje. Conocer a Jo y a otras
víctimas ha ampliado mi visión.

¿Han sido criticados?
J. Sí, hay quien percibe este proceso de hacerse amigo del enemigo como una
amenaza. Los políticos lo temen. Pero recibo mucho apoyo, me siento cada vez más
fuerte en este camino y eso supera todas las críticas. Lo importante es
convertir el dolor en algo positivo, pero para las víctimas no hay dos caminos
idénticos, todos son distintos e íntimos. Mi transformación habría seguido sin
el encuentro con Pat, otros puentes pueden construirse. Cada cual debe hacer su
proceso y muchos no pasan por conocer directamente al asesino. Conozco a madres
que perdieron a sus hijos el atentado del 7 de julio en el metro de Londres y
emprenden otros caminos.

P. Yo siempre traté de proteger a mi familiares de las consecuencias de mis
decisiones. Me alejé deliberadamente de ellos. Sólo en los años recientes he
podido comprender cómo les afectaron mis decisiones. Mi familia no apoya las
decisiones que tomé, tengo un hijo comprometido con la no violencia. Pero apoyan
lo que hago ahora y eso ayuda. Creo que el documental que he hecho con Jo ha
ayudado a mi familia a entenderme. Cuanto lo estábamos rodando, algunas personas
de mi entorno se sintieron amenazadas. Me decían: “te han engañado”,
“¿de veras
que creías que podría salir en la BBC y justificar la lucha armada?” Pero en la
calle recibí muchas palabras de enhorabuena. Creo que ese documental sido muy
útil y ha contribuido al cambio de otras personas.

¿Se puede generalizar un caso tan excepcional?

P. Nuestra experiencia no es excepcional, odiaría pensar eso. De hecho, siempre
ha habido un proceso de diálogo por abajo en la sociedad que contribuyó a que
las comunidades estuvieran preparadas en su momento para la paz. Es más fácil la
reconciliación si hay proceso de paz, pero se puede dar antes.
Creo que en nuestra experiencia hay una lección aplicable a otros contextos y
situaciones: cualquier acuerdo debe ser incluyente, nadie debe quedar marginado,
todo el mundo debe ser escuchado. Cuando la gente se siente impotente recurre a
la violencia.
Yo no soy pacifista, pienso que en la situación en la que estábamos no teníamos
otra opción que la que elegimos, pero hoy es distinto, ahora podemos construir.
Dediqué casi treinta años de mi vida a esa lucha, diecisiete de ellos en la
cárcel que para nosotros era otro frente de lucha. Estoy encantado de haber
salido de este conflicto, de tener otras opciones ahora. Y sí, creo que el
conflicto armado abrió esas posibilidades, lo defiendo. Es muy duro decir esto
al lado de Jo. En el otro extremo está el lado humano del conflicto. Ahora estoy
en eso. Conocer a Jo ha amplíado mi visión. Y me hace estar menos en conflicto
conmigo mismo. Eso es lo mejor que puedo ofrecer ahora.

¿Cómo valoran los diez años de relación?

J. No se trata de valentía, sino de asumir un riesgo. Este proceso es como un
viaje en busca de respuestas. Es muy importante poder contar la propia historia.
Escuchar, ser escuchada, sin juicios. Que broten el odio y la ira, pero también
trabajar mucho internamente para canalizarlos de modo seguro. Sin embargo, en
este viaje hay que pagar un precio: no se puede olvidar. Cada vez que aparecemos
juntos, recuerdo muy vivamente la muerte de mi padre. Pero creo que el coste
personal es menor que la importancia de mi trabajo. Yo no puedo volver a ser una
persona normal. Para mí los encuentros merecen la pena, ensanchan mi humanidad.
Ahora hay más alegría en mi vida, más conexión profunda con el mundo.

Nuestra reconcilliación no es sólo emocional, tiene algo de político. Lo que hay
es una profunda transformación. Lo importante es que seguimos aprendiendo. Pat y
yo nos retamos cada vez que hablamos, tenemos opiniones muy diferentes, pero
seguimos comunicándonos. Es un desafío y a la vez un regalo. No es una
comunicación como la de los políticos: no se trata de juzgar qué posición es
correcta y cuál no. A mí me hace feliz por dentro hacer algo positivo con lo que
ocurrió. He transformado el dolor en pasión por la paz y así he ampliado mi
humanidad. Le agradezco a Pat haberme ayudado a hacer eso. No hay muchos hombres
del IRA capaces de escuchar a víctimas como Pat. Pat encontró la fuerza para
hacerse vulnerable. Y yo mantuve siempre la confianza en que él iba a hablar de
las emociones personales, también en público. Esa confianza nos hizo continuar
en esto. Ahora nos llamamos amigos.

P. Yo ya sabía en la cárcel que en el futuro tendría que sentarme con mis
enemigos de entonces: soldados británicos, lealistas, etc. Sabía que ellos
formarían parte conmigo del proceso de paz para Irlanda del Norte. Pero nunca
imaginé que pasaría diez años en este proceso con Jo. Desde la primera reunión,
me impactó su disponibilidad. Me emocionó. La sensibilidad, la capacidad de
escucha, la inteligencia… Veo todos esos dones en Jo y ahora pienso que
provienen de su padre, eso lo hace todo más duro. Encuentro muy difícil estar
junto a Jo, pero sé que he de hacerlo. Poco a poco las fronteras entre nosotros
se desdibujan, nos redescubrimos, pensamos juntos sobre el pasado y aprendemos
de él, entendemos mejor la medida de la pérdida, tenemos una mayor comprensión
del otro. Me siento muy honrado por la confianza de Jo durante todos estos años,
teniendo en cuenta que yo maté a su padre.

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Fuente original y comentarios: http://blogs.publico.es/fueradelugar/143/hacerse-amigo-del-enemigo

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Os copiamos aquí una entrevista anterior publiicada en 2.006 enEl País

«Estoy dispuesto a oír tu dolor y tu indignación»

La reconciliación entre la hija de un diputado ‘tory’ y el militante del IRA que le asesinó

Jo Berry y Pat Magee, en San Sebastián.

«Nunca le diría a Jo ‘perdóname’, porque sé que no puedo desh acer el mal causado»

Ella se animó para su primera cita pensando que él tendría más miedo al encuentro.

Reconocen que la suya es una experiencia muy singular, pero se niegan a admitir que sea la única. En cualquier caso, es extraordinaria. Jo Berry es hija de sir Anthony Berry, miembro del Parlamento británico que fue asesinado junto a otras cuatro personas en 1984, durante el congreso que celebraba el Partido Conservador de Margaret Thatcher en el Gran Hotel de Brighton. Pat Magee es miembro de la célula del IRA que colocó la bomba. Ambos mantienen un contacto regular desde hace seis años, poco después de que Magee, que cumplía cadena perpetua por el atentado, fuese excarcelado tras los acuerdos de paz en el Ulster.

La iniciativa fue de Jo Berry, una joven lectora de Gandhi a quien el impacto del asesinato de su padre situó en una encrucijada cuando tenía 27 años. «Pensé que tenía dos opciones. Seguir la de la no violencia, que me salía del corazón, o la otra más normal. Opté sin dudar por la primera», explica Berry. Pero antes de llegar a la experiencia de su reconocimiento mutuo -hoy la relatarán en San Sebastián, como plato fuerte de las quintas Jornadas de No Violencia Activa que organiza la asociación vasca Bidea Helburu, defensora de la no violencia y el diálogo para la solución de conflictos-, Berry recorrió un largo camino que le llevó a crear la organización Construyendo Puentes de Paz para tratar de extender proyectos de paz en distintas zonas del mundo en conflicto.

«Quería encontrar un punto positivo en la tragedia que me había ocurrido», rememora Berry. Por eso, un año después del asesinato de su padre, fue a Irlanda del Norte a «escuchar historias» de gentes de la comunidad republicana. Por ejemplo, lo que significa tener el Ejército británico en las calles, o experiencias en las prisiones. «Empecé a comprender por qué se había matado a mi padre, y encontré que en Irlanda del Norte la gente tenía mucho deseo de oír mi historia, y en Inglaterra no tenían interés», explica.

El encuentro con Pat Magee no fue casual, sino trabajado con insistencia desde personas cercanas a ambos. Jo Berry recuerda que, de todos modos, se produjo cuando «ya estaba curado algo» de su dolor y tenía la impresión de que «podía sacar algo» de sí. Por parte de Magee existía la preocupación de que pudieran enfrentarse, pero sus temores se disiparon cuando le aseguraron que Berry sólo quería hablar con él y conocer sus motivos. «Aunque ahora no soy miembro del movimiento republicano, me considero republicano, y el que me encuentre con Jo y otras víctimas es una contribución al proceso de paz [de Irlanda], en el que hace falta una reconciliación», señala.

¿Y cómo fue el primer encuentro? Berry describe con detalle el estado de ánimo «terrible» con que cruzó en el ferry para ir a Irlanda. Y recuerda que se consoló pensando: «Pat tendrá más miedo que yo de encontrarnos». La cita duró tres horas. «La primera hora y media Pat tenía puesto su sombrero político, que yo conocía bien», relata Berry. Después de transcurrido ese tiempo de conversación, Pat Magee confesó a su interlocutora: «No sé qué decir. Nunca he estado delante de alguien con la dignidad que tú tienes. Estoy dispuesto a oír tu dolor y tu indignación».

«Fue un momento impresionante, porque estábamos empezando otro viaje. Éramos dos seres humanos vulnerables compartiendo nuestras experiencias. Le conté muchas cosas de mi padre, que era un ser humano muy dispuesto a hablar, cosa que era para mí muy importante». ¿Y cuál fue la utilidad de esta experiencia? Berry lo explica así: «Hoy me doy cuenta de que, si me hubiese tocado vivir en la piel de Pat, hubiese podido tener su propia experiencia. Pero sólo me di cuenta de eso al escucharle y al sentir empatía, un sentimiento que también he experimentado al hablar con ex militantes republicanos y constatar el mito que lleva dentro el definir a alguien como enemigo».

Pat, por su parte, explica que el primer paso que hay que dar para entenderse es «reconocer». Y valora, en este sentido, la importancia del testimonio de Berry cuando ésta afirma que «ha llegado a darse cuenta de que, si estuviera en la misma piel y con la misma vida que otro, probablemente hubiera tomado las mismas opciones». Magee cree que es clave «respetar la integridad y la posición del otro», porque no hay blanco y negro en los conflictos.

En este punto Jo Berry interviene para precisar a Magee: «Hay que respetar la actitud del otro, pero no aceptar la violencia. Yo he hablado con muchos hombres que han matado y coinciden en que lo han hecho porque se han sentido no escuchados. Yo intentaba crear más recursos, más capacidad de escuchar. Creo que la violencia nunca da resultados, que es muy fácil que una víctima sea un victimario, y así el círculo se pone a rodar. Me apasiona conocer las raíces del terrorismo y de la guerra. Así es como siento curación dentro de mí».

Sin embargo, Pat Magee no abomina de la lucha armada, incluso delante de una víctima de ella. Y tampoco admite la contradicción que supone esto con el hecho de reconocer el mal que ha causado, algo que sí acepta. «Cuando estás cara a cara con alguien a quien has dañado, se abre una nueva dimensión, y uno se da cuenta de la pérdida que ha causado y de que también ha perdido una parte de sí mismo y de su humanidad», asegura. Pero, a la vez, insiste en que cree que en circunstancias extremas la lucha armada «está justificada». «Nadie en su sano juicio elegiría la violencia como primera opción».

¿Quizás por eso no hablan de perdón en su discurso habitual? Jo Berry asegura que trata de evitar el uso de esta palabra por sus «connotaciones cristianas». «Me alejo de eso. Quiero hablar de experiencias humanas y no de experiencias cristianas», precisa.

Por su parte, Magee lo explica así: «Nunca he pedido perdón por mis acciones. Lo que pido es que se comprendan, pero no por mí. Si entendemos lo que provocó esos 30 años de violencia [en Irlanda del Norte], quizás puedan surgir otras opciones. He dicho lo siento, pero no es pedir perdón. Nunca le diría a Jo ‘perdóname’, porque me doy cuenta de que no puedo deshacer el mal causado. Eso sí, soy consciente de que mi humanidad ha descendido por haber destruido una vida humana».

Publicado en El País.es

Autora: Genoveva Gastaminza – El País-

Visto en: ACOMPAZ.ORG

Educar para la Paz.

Resulta mucho más fácil educar a los pueblos para la guerra que para la paz. Para educar en el espíritu bélico basta con apelar a los más bajos instintos. Educar para la paz implica enseñar a reconocer al otro, a escuchar sus argumentos, a entender sus limitaciones, a negociar con él, a llegar a acuerdos. Esa dificultad explica que los pacifistas nunca cuenten con la fuerza suficiente para ganar… las guerras.

“Israel es rentista del Holocausto”, en ¡Palestina existe!, Madrid, Foca, 2002 [Prólogo y edición de Javier Ortiz] [Entrevista de Javier Ortiz]

Fuente original: Otros Cuadernos de Saramago

Foto: Vixs Pixs

Aquí encontrarás un listado muy amplio y completo sobre materiales de EDUCAR PARA LA PAZ.

Cuento – Llamaron Cerezo a su aldea.

Llamaron Cerezo a su aldea por el milagro de que floreciera ese árbol aquel día cuando, cansados de caminar sin rumbo, encontraron una corriente de agua cristalina al pie de un cerro.

Huían de la civilización. Desde que se habían convertido a la nueva religión que les prohibía matar aunque fuera en defensa propia, se habían visto obligados a escapar del mundo conocido en el que campeaba la violencia.

Con el edicto del emperador Caracalla que extendía la ciudadanía a todos los habitantes del Impero, los hombres tenían la obligación de servir a Roma y alistarse en las legiones y aprender a empuñar las armas. .

Echarían en falta muchas cosas, pero su fe era más fuerte que las comodidades a que estaban acostumbrados. Además estaba el amor que se tenían. El amor fraterno, más fuerte que todos los embates del destino y el amor conyugal, santificado por los votos que habían hecho ante Dios y ante el diácono.

Se despidieron de la familia y una mañana, de madrugada, salieron sigilosamente de su ciudad. EL día anterior habían celebrado las calendas de junio y la gente estaba durmiendo aún, recuperándose de los excesos de la fiesta. Nadie iba a echarlos en falta.

Emprendieron el camino por la calzada romana, con la idea de alejarse de ella la distancia suficiente para no ser encontrados y al mismo tiempo no tan lejos como para no poder volver y reanudar el contacto con el mundo civilizado cuando las cosas cambiaran o ellos fueran más fuertes y numerosos.

Querían vivir fieles a las enseñanzas del apóstol. Habían sido bautizados en la fe de Jesús el Cristo, el que predicó que para que hubiera paz en el mundo si te golpeaban en una mejilla, había que poner la otra y que había que perdonar no siete veces, sino setenta veces siete.

Era imposible practicar tales enseñanzas en el ambiente depravado de la ciudad. Aunque las persecuciones no eran tan temibles como lo habían sido unos años antes con el emperador Decio, todavía continuaban los edictos que perseguían a los cristianos. Como ocurriera en Roma, que se reunían en las catacumbas, también ellos en esta provincia, la más alejada de la capital del Imperio, tenían que esconderse para escuchar las charlas y la lectura de los evangelios. Tenían que disimular y evitar ser acusados de no adorar al emperador o no respetar a sus dioses. Para guardar mejor las apariencias algunos incluso asistían al espectáculo bárbaro del circo, aunque en vez de disfrutar con el espectáculo de gladiadores arriesgando su vida, se pasaran todo el tiempo rezando para que no hubiera demasiadas muertes entre estos hombres, muchos de los cuales se habían bautizado y por tanto se negaban a matar a sus contendientes, aunque eso conllevara el fin de sus días.

Tales espectáculos se le hacían insoportables hasta el punto de no poderlo aguantar más.

Se marcharon hasta que los tiempos difíciles pasaran. El emperador no era eterno ni el imperio tampoco. Se tenían noticias de Roma de que la disgregación de las provincias era inminente. Su Dios les protegería hasta entonces. Mientras, esperarían escondidos en los campos.

Llevaron consigo burros cargados con grano suficiente para sembrar y alimentarse hasta que la primera cosecha estuviera madura. También aceite, y brotes de olivo, y otros frutales, para que crecieran allí donde fueran. Entre ellos uno de cerezo, que fue el árbol que floreció primero. Por eso le pusieron el nombre a esa aldea que fundaron.

Alabad a Dios con panderos

Cantadle con címbalos e invocad su nombre

Porque es un Dios que pone fin a las guerras

Y me ha librado de mis perseguidores

Buscaron cuevas en los repechos de las rocas. Excavaron la tierra alrededor para hacerlas más grandes, lo suficiente para caber todos y protegerse de las lluvias y el viento hasta que pudieran construir viviendas mejores. Hicieron agujeros en la tierra y metieron las vasijas con parte del grano que debía esperar más tiempo a ser sembrado como garbanzos y lentejas. También guardaron una cantidad de cereales suficiente para asegurarse no pasar hambre durante el invierno en caso de mala cosecha. Y dejaron en las rocas, un poco más cerca de la cueva, los granos que les harían falta para la siembra.

Rezaban e todo momento, pero los rezos no les impedían trabajar duro asegurándose la subsistencia con hierbas y bayas, creando una infraestructura que les hiciese más fácil la vida el tiempo que tuvieran que pasar en aquellas colinas.

En los alrededores había muchas bellotas por el suelo, fruto de las encinas, y pinos repletos de piñas, tantas que todavía quedaban apiñadas junto al tronco algunas del año anterior, las que las ardillas no habrían podido comerse. Estos animales deambulaban libremente junto a conejos y liebres por el monte, tan cerca de ellos que no les costaría mucho trabajo atraparlos para alimentarse.

Contaban de otros cristianos, los eremitas, que se iban a vivir solos al desierto o a montes como aquel para fortalecerse espiritualmente. Su recuerdo les daba ánimos para perseverar, porque si estos hombres y mujeres habían sido conseguido pasar largos años en la soledad de los montes, ellos, que eran un grupo y tenían más medios, también iban a contar con la protección del Señor para mantenerse con vida.

Uno de ellos era soldado pero habían aprendido a cultivar la tierra. Se había visto obligado a hacerlo como muchos otros cuando la paga de Roma no llegaba y tenían que comer. Roma les había dado el derecho a las tierras que quisieran cultivar y se habían establecido como colonos entre la población autóctona, a la que algunas veces habían arrebatado las más fértiles o las más cercanas a los campamentos de las legiones. Hacía mucho tiempo de ello y las poblaciones ya no se rebelaban, Roma consideraba que estaban enteramente sometidas pero aún así, su ejército debía mantenerse dispuesto a luchar en cualquier momento. Por eso se unió al grupo de los que huían, más que por el temor a las persecuciones que nunca habían sido tan intensas en las provincias como lo eran en Roma. No quería seguir vinculado a la urbe que le obligaba a defender los intereses del emperador y participar en razias y campañas de castigo. Esas cosas que su religión les prohibía y de las que debían alejarse por el bien suyo y de sus hijos.

Tenían muy presente el sermón de la montaña, en el que Jesús había proclamado las bienaventuranzas: Bienaventurados los no violentos porque ellos heredarán la tierra, bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Imagen tomada de: http://gabrielrobledo.wordpress.com/2009/04/

El gasto militar no está en crisis

Desde un punto de vista estrictamente económico, el gasto militar es un dispendio que lacera hondamente los recursos que el Estado genera por la vía de los impuestos. En estos días en los que todo el mundo habla de economía no podía faltar el análisis del gasto militar; en este caso, los datos de la liquidación del ejercicio de 2009. También he querido centrarme en otro aspecto sangrante: los programas especiales de armamento. Si es verdad que el Gobierno no tiene ideas y que está pensando reducir la deuda en 15.000 millones de euros en los dos próximos años, congelando pensiones y reduciendo la ayuda a las personas dependientes y al desarrollo (entre otras medidas), aquí vamos a ofrecer otra perspectiva: entre el gasto militar del ejercicio de 2009 (o el de 2010, que será similar) y la deuda y compromiso de gasto generado por los grandes programas de armamento, tendríamos para cubrir esos 15.000 millones y aún nos sobrarían 41.131 millones de euros. ¿Quién da más? Según dicen, los inversores están perdiendo la confianza en la deuda española (¡qué de metáforas!), lo que ha propiciado que ésta esté siendo atacada. Si los inversores no tienen confianza en la deuda (que se recupera si el Gobierno recorta gastos sociales y favorece al gran capital) la venden; y si la venden el Estado, además de tener que renegociarla con otros especuladores (pagando intereses mayores, luego profundizando más en la deuda, que se recupera a medio plazo pero que aumenta a la larga) se queda sin liquidez. A buen seguro que en estos días no se ha contemplado la DEUDA a la que el GASTO MILITAR está coadyuvando desde que formamos parte de la UE. El GM no sólo genera una enorme deuda en los ejercicios corrientes (este trabajo se dedica, en parte, a analizar esta dimensión, a ver la diferencia entre lo presupuestado y lo gastado, puesto que siempre se gasta más, con lo que se genera un déficit que se tiene que financiar con Deuda Pública) sino que, además, la genera hacia el futuro. Un ejemplo son los grandes programas de armamento. No es sólo que el compromiso de gasto se acerque a los 30.000 millones de euros; también lo es que ese dinero, prestado sin intereses a un selecto grupo de empresas, no ha reportado beneficio alguno al erario y sí una enorme Deuda Pública. Debemos estar muy bien gobernados, porque si no, no se explica que con tanto atropello sigamos siendo tan buenos ciudadanos, tan pacientes, tan tolerantes. Debe ser que la voluntad general y la voluntad del Gobierno son coincidentes. Es posible que la distancia entre los gobernantes y los gobernados haya quedado abolida. Un país con 6 millones de pensionistas que pueden ver sus pagas congeladas, con casi 5 millones de personas en el paro, y con 8 millones en el umbral de la pobreza (según el Instituto Nacional de Estadística —Encuesta de Condiciones de Vida—, la crisis económica provocó que el 19,5 por ciento de la población se situara el pasado año por debajo del umbral de la pobreza, y según Cáritas, 1,5 millones de habitantes sufren pobreza extrema y alta exclusión social, y además, más de ocho millones de personas —repartidas en, aproximadamente, dos millones ciento cincuenta mil hogares—, padecen penurias) no necesita que unos sindicatos convoquen a un simulacro de Huelga (con un calendario de movilizaciones que no nos impida ver los partidos de la selección española de fútbol): este país debería estar patas arriba y deberíamos echar a la gentuza que nos gobierna, y con ella, a todos los reznos que no paran de enriquecerse a costa de la degradación de la vida y del planeta. A diferencia de la televisión, la información que puede leerse en estas páginas no lleva anestesia, por mucho que la repetición la haya convertido en un lugar común. A continuación adjuntamos un documento elaborado por José Toribio en el que hace un exaustivo análisis del gasto militar en 2009. Una de muchas cifras que nos sorprenderá es la de nuestro gasto militar diario que asciende a 73 millones de euros. Os animamos a su lectura. Nota de Educarueca.

Attached documents

Película – An act of conscience

(Abajo en castellano)

Narrated by actor Martin Sheen, this feature-length documentary chronicles the story pacifists Randy Kehler and Betsy Corner whose western Massachusetts home was seized by federal marshals and IRS agents after they publicly refused to pay federal taxes as a protest against war and military spending. When a young couple buys the contested home at action from the U.S. government for $5,400, they become involved in a political and moral battle much larger than what they originally bargained for.

World Premiere, Sundance Film Festival. Nationally broadcast on Cinemax, Sundance Channel, and Free Speech TV.

Narrada por el actor Martin Sheen, este largometraje documental relata la historia de Randy Kehler y Betsy Rincón, pacifistas cuya casa en el Oeste de Massachusetts fue confiscada por alguaciles federales y agentes del IRS después de que públicamente se negaron a pagar los impuestos federales como una protesta contra la guerra y el gasto militar. Cuando una joven pareja compra la casa impugnado la acción del gobierno de EE.UU. por $ 5.400, se ven involucrados en una batalla política y moral mucho mayor que lo que inicialmente se esperaba.

Estreno Mundial, el Festival de Cine de Sundance. A nivel nacional transmitido por Cinemax, canal de Sundance, y Free Speech TV.

https://thoughtmaybe.com/an-act-of-conscience/

Safo

Viví una larga vida en la belleza apacible de mi isla, Lesbos.
Y tuve que inventar un lenguaje nuevo para cantar los valores de la paz que yo y mis pupilas, las mujeres que habían venido a que les enseñara como conseguir la sabiduría, teníamos en la mayor estima.

No me valía la tradición literaria de mis antepasados, aunque éstos fueran tan ilustres como Homero. En la Grecia de mi época sólo se sabía cantar las hazañas de los guerreros que conquistaban ciudades y hacían esclavos a sus habitantes.

Los cantos épicos de la destrucción de Troya, que enervaban los ánimos de mis contemporáneos, a mí sólo me producían dolor. Lloraba de compasión por las mujeres troyanas: por Hécuba que había perdido a todos sus hijos y a la que los dioses, compadecidos por los aullidos de dolor que daba, transformaron en perra. Lloraba también por Casandra que había advertido de las desgracias que traería la guerra sin que nadie le hiciera caso. Y por Andrómaca, que vio morir a su marido y a su hijo a manos del enemigo…
Yo me negué a seguir esa tradición épica. Los valores de la guerra no eran los míos. Ni tampoco eran los de las mujeres que venían a mí a que les enseñara.

Para ellas compuse cantos de amor y de bodas: epitalamios, odas, pártenos, composiciones llenas de pasión en las que la única nota triste era la nostalgia.

Fuera de mi isla, los griegos seguían haciendo la guerra.
Yo resistía. Me oponía a los valores dominantes con el único, y para mí el más preciado, valor de la palabra.

Las mujeres de Lesbos, las lesbianas, no participamos en ninguna guerra, antes bien, cultivamos los afectos y la amistad entre mujeres.
Dejé que Alceo y Arquíloco hicieran el elogio de los valores masculinos: batallas políticas y conquistas bélicas. Yo elogié el amor, la belleza y la sabiduría. Esos valores eran nuestra resistencia allí, en Lesbos.

Imaginábamos que algún día lejano, también serían enarbolados por otras mujeres de lugares lejanos y que con ellos acabarían con la violencia de las guerras y los terrorismos.

Para esas mujeres del futuro, herederas nuestras, compuse el “Himno a Afrodita”:

“Acúdeme también ahora -le pedía –
Líbrame de mis congojas, diosa del amor,
Cúmpleme que logre cuanto mi ánimo ansía,
Y sé en esta batalla, para que me amen,
tú misma mi aliada.”

No alabé a ningún hombre, sólo al dios Apolo por ser el más excelso amante. Y entre las mujeres elogié a las más sabias, las que manifestaban mayor ternura, aquellas cuya mayor dignidad era asemejarse no a un dios ni a un héroe, sino a una diosa.

Describí en mis versos bellos jardines iluminados por la luna, huertos de sabrosas manzanas y olorosos rosales, campos de violetas silvestres por los que me perdía junto a mis amigas.

Escuchadme uno, tan sólo uno. Se titula :”Lo más bello es lo que uno ama”. Tiene veinticinco siglos de antigüedad. Escuchadlo. Aunque solo fuera por eso, por esos dos mil quinientos años de historia que han transcurrido desde entonces, es valioso.

Mujeres, yo creía que el cambio que iniciamos en nuestra isla iba a dar sus frutos muy pronto, que íbamos a conseguir un mundo en que se respetaran nuestros valores femeninos…Pero no, triunfó la épica, triunfaron los que cantaron a Aquiles y a Menelao.

El mundo conoce los nombres de muchos héroes: Héctor, Ulises, Ayas, Paris, todos unos asesinos. Sin embargo, de nosotras, no se sabe nada. Solo se nos nombra para designar una opción sexual ¡como si eso hubiera sido lo único importante en nuestra isla! ¡cómo si nuestra resistencia a la cultura dominante no hubiera tenido lugar! ¡como si nuestros escritos no tuviesen valor!

Nos menosprecian.

Han intentado borrarnos de la historia y casi lo han conseguido. Porque ¿qué sabe la gente de la calle de aquellas mujeres que habitaron Lesbos? Muy pocas mujeres se enorgullecen hoy de tenernos como sus antepasadas.
Es cierto que Aristóteles habló de mí en su “Retórica”, tengo que reconocerlo, pero ¿recuerdan cómo lo hizo? Me parece que me hizo un flaco favor. Y si no, juzguen ustedes por sí mismos. Explicaba que había lugares en los que se honraba a los sabios. Decía que así como los habitantes de Quíos honraban a Homero, los de Mitilene, aquella ciudad de Lesbos, honraba a Safo “aunque fue una mujer”. Sí, con esa sorpresa suya, los habitantes de Lesbos honraban a una mujer. Pero duró poco ese tiempo porque una cultura patriarcal se encargó de ensuciar mi imagen ya que no podían borrarla dela faz de la tierra.

Se ha dicho de mí que he sido lasciva, promiscua, una prostituta…Fue Séneca el que me llamó así. En su disculpa hay que decir que sólo se hacía eco de lo que otros escritores anteriores habían dicho. Él, tan íntegro para otras cosas, no se detuvo a averiguar si eran verdad o no los bulos que corrían de mí.

En otro escritor posterior, el latino Ovidio, pueden leerse todas estas grotescas leyendas que se han inventado sobre mi inmoralidad. ¿Inmoral? No tienen vergüenza. Inmoral porque mi moral no era la suya, porque para mí lo inmoral es la guerra.

Sólo a Platón tengo que mostrarle agradecimiento, dijo de mí en un epigrama que era la décima musa.

¡Ah, y al sabio Solón!. Se me llenan los ojos de dulzura cuando recuerdo al anciano sabio alejado de las intrigas cortesanas y las disputas jurídicas pidiéndole a su nieta que le enseñara mis canciones para aprenderlas antes de morir. ¡Que gran satisfacción ser estimada por un hombre tan sabio! Cuando la muerte se acerca y llega la hora de dedicarse a lo que realmente importa, entonces, un hombre sabio considera que vale la pena entretener su tiempo en aprender mis canciones.

Que la diosa me perdone si caigo en el pecado del orgullo al recordar mi pasado glorioso.

Porque hubo un tiempo en el que gocé de tal renombre que se me representaba en medallas y monedas. Mi figura aparecía en vasos y se me hacían estatuas.

Después se me fue olvidando. Se destruyó mi obra. O se fue perdiendo.
Pero no, no han conseguido borrarme del todo. No se conserva ninguna obra completa mía sólo quedan fragmentos de algunos poemas. Escuchen, escuchen y reflexionen.

“Dicen unos que un tropel de jinetes, otros
que el ejército a pie, y otros que la marina de guerra
es en la oscura tierra lo más bello,
pero yo afirmo que lo más bello es lo que uno ama.”

A lo mejor nuestra existencia no ha sido en vano.
A lo mejor esos veinticinco siglos han sido un puente en el tiempo, un paréntesis en la historia en el que la humanidad ha avanzado cojeando porque ha negado la presencia de su otra mitad.

A lo mejor, las mujeres de hoy reciben nuestro mensaje y comparten nuestros valores de belleza, sabiduría y amor.

A lo mejor, también ellas, hoy, proponen resistir a las guerras creando remansos de paz donde ir descubriendo los misterios de la vida.

Vislumbro grupos de mujeres, pequeños al principio, numerosos después, saliendo a las calles de sus ciudades, en silencio, vestidas de negro en señal de luto, con velas encendidas en la noche y grandes pancartas a la luz del día en las que se lee: “Saquemos la guerra de la historia y de nuestras vidas”

Oh, Afrodita, diosa del amor, no nos falles esta vez, no retires tu ayuda a las mujeres.

@ Luz González. Relato cedido por la autora.

Más información sobre esta autora: Luz González

http://escritorasfantastikas.blogspot.com/

Fotografía: Safo de Lesbos – Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Safo

Paramilitares condenados por la masacre de San José de Apartadó

La justicia impuso penas entre seis y 40 años de cárcel para paramilitares que participaron en la masacre en la que fueron asesinados cinco adultos y tres niños.

Varios juzgados de Antioquia condenaron a cinco ex paramilitares del frente Héroes de Tolová de las Auc por haber participado en la masacre de San José de Apartadó, ocurrida el 21 de febrero de 2005. Ese día fueron asesinadas ocho personas fueron asesinadas por paramilitares en complicidad con miembros de la Brigada XVII del Ejército.

El Juzgado Segundo Penal de Antioquia encontró culpables a Bionor Vargas Flórez y a Eulises Burgos del homicidio de los campesinos de San José y los condenó a 40 años de prisión.

Por su parte el Juzgado Primero Penal de Antioquia condenó a Jorge Luis Salgado David a una sentencia anticipada 16 años y ocho meses de cárcel. El despacho también condenó a Esaut José Feria Martínez a una sentencia de seis años de prisión y una multa de dos mil salarios mínimos.

José Joel Vargas Flórez, otro ex paramilitar que actuaba bajo las órdenes deDiego Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, fue sentenciado a 20 años de prisión por el Juzgado Adjunto al Primero Penal de Antioquia.

La Fiscalía estableció que el 21 de febrero de 2005 ‘paras’ del Bloque Héroes de Tolová guiaron tropas de la Brigada XVII del Ejército y después asesinaron a cinco adultos y tres niños en veredas de San José de Apartadó, un corregimiento de Apartadó, en Urabá antioqueño.

En Mulatos Alto asesinaron a machetazos a Luis Eduardo Guerra y su esposa Beyanira Aleiza, así como a Deyner Andrés, hijo de Guerra, de 11 años, cuyo cuerpo fue decapitado.

En La Resbalosa los ‘paras’ mataron a Alfonso Bolívar Tuberquia, su esposa Sandra Milena Muñoz, y sus hijos Natalia, de 5 años, y Santiago, de 2 años, así como Alejandro Pérez, jornalero de oficio.

En 1997, los habitantes de San José de Apartadó declararon su pueblo “Comunidad de Paz”, un espacio neutral a la guerrilla, los paramilitares, el Ejército y la Policía, decisión que le costó a la comunidad campesina señalamientos con todos los actores del conflicto.

Pocos días después de la masacre la Comunidad de Paz denunció que unidades militares de la XVII Brigada el Ejército habían participado en la masacre junto a un grupo de paramilitares del bloque Héroes de Tolová de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’.

Sin embargo el Gobierno y el Ejército negaron la versión y responsabilizaron a la guerrilla, gracias al testimonio de un supuesto ex miembro de las Farc que dijo que las familias fueron asesinadas porque querían abandonar la comunidad.

En marzo de 2005 el presidente Álvaro Uribe dijo que: “En esta comunidad de San José de Apartadó hay gente buena, pero algunos de sus líderes, patrocinadores y defensores están seriamente señalados, por personas que han residido allí, de auxiliar a las Farc y de querer utilizar a la comunidad para proteger a esta organización terrorista”.

Sin embargo la versión estatal empezó a caer con versiones libres de desmovilizados del Bloque Héroes de Tolová que dijeron que el Ejército perpetró la masacre con ellos.

Uno de ellos fue José Luis Salgado David, alias ‘Kiko’, quien narró cómo habían sido asesinados los niños: “estaban debajo de la cama. La niña era muy simpática, de unos 5 o 6 años y el peladito también era curiosito (…) Propusimos a los comandantes dejarlos en una casa vecina, pero dijeron que eran una amenaza, que se volverían guerrilleros en el futuro”.

Otros paramilitares que participaron en la masacre y admitieron su participación en el crimen ante las autoridades judiciales fueron Adriano José Cano Arteaga, alias ‘Melaza’, y Joel José Vargas, alias ‘Pirulo’. De ella también hizo referencia Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’, en su primera y única audiencia de versión libre realizada en junio de 2009 desde Estados Unidos, donde purga una condena de 30 años por delitos asociados al narcotráfico.

Las confesiones le permitieron a la Fiscalía proferir orden de captura contra el ex capitán Gordillo Sánchez y abrir investigación contra 66 militares de la Brigada XVII. Con el paso del tiempo se depuraron las responsabilidades penales y hoy son juzgados diez uniformados.

Las condenas por la masacre
En marzo de 2010, un juez de Medellín condenó a 20 años de prisión al capitán del Ejército Guillermo Gordillo. Además, tres ex autodefensas del Bloque Héroes de Tolová, Joel Vargas, José Cano y José Luis Salgado, se sometieron a sentencia anticipada y confesaron su participación en el crimen.

Además, la justicia está estableciendo cuál fue la participación en la masacre de 10 militares de la Brigada XVII: el coronel Orlando Espinoza Beltrán, el mayor José Fernando Castaño López, el teniente Alejandro Jaramillo Giraldo, el sargento Ángel María Padilla Petro, el cabo primero Sabaraín Cruz Reina, el subteniente Jorge Humberto Milanés Vega, el sargento Henry Agudelo Guasmayan Ortega, el cabo tercero Ricardo Bastidas Candia, el subteniente Edgar García Estupiñan y el sargento Darío Brango Agamez.

El 21 de junio pasado, la Fiscalía capturó nueve ex paramilitares en un operativo en Montería, Sincelejo y Riohacha para que rindan indagatoria por la masacre. El 26 de junio Hebert Veloza García, alias ‘HH’, aceptó desde Estados Unidos varios crímenes perpetrados en 2001 en la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Justicia y Paz.
Lunes, 28 de Junio de 2010

Es interensante ver la fuente original aquí.

DESCRIPCÓN PERIODÍSTICA DE LOS HECHOS.

Más información sobre la comunidad de paz de San José de Apartadó.

Reducir gasto militar para salir de la crisis económica.

Las medidas anunciadas por el gobierno de Rodríguez Zapatero para hacer frente a la crisis van dirigidas solamente a reducir el déficit público del Estado y así contentar las demandas del FMI y la UE para favorecer la recuperación de los mercados financieros.

Las medidas se concretan en reducir los salarios de los funcionarios, algunos gastos sociales, inversiones en infraestructuras, congelar las pensiones de los jubilados y poca cosa más. En general, son un despropósito, pues si bien reducirán el déficit de las cuentas públicas, por otro lado también mermarán sus ingresos al reducirse el consumo de la población a través de la reducción de salarios y no servirán para crear más ocupación y reactivar la economía.

Una oportunidad del gobierno para encontrar soluciones socialmente progresistas a la crisis, sería, entre otras posibles, reducir recursos del gasto militar para destinarlos a la economía realmente productiva, aquella que está ligada al desarrollo, a través de la salud, la educación y el crecimiento económico. Por ejemplo, sólo haría falta anular algunos de los gastos militares más inútiles, sobre todo los destinados a inversiones en nuevos armamentos para liberar recursos y hacer frente al déficit público así como para crear más ocupación.

En el Estado español el gasto militar del año 2010 está previsto sea de 18.000 millones € (50 millones € al día), de los cuales 2.414 millones € irán destinados a inversiones, en su mayoría para adquirir nuevos armamentos; en I+D se dedicarán 1.182 millones € en ayudas a industrias militares para investigar nuevos tipos de armas. Entonces, el Gobierno lo tiene bien fácil, sólo haría falta suspender las ayudas en I+D y la adquisición de algunos de los grandes proyectos, como por ejemplo el avión de combate EF-2000, el helicóptero Tigre, el avión A400M, el submarino S-80, o el blindado Leopard, con un coste global, de aquí a que finalicen los proyectos de 15.000 millones €. También podría retirar las fuerzas militares del exterior, especialmente las destinadas en la guerra de Afganistán, que el año 2009 tuvieron un coste de 713 millones € y que este año superarán más de 1.000 millones habida cuenta que se ha ampliado en 500 soldados el número de tropas a desplegar.

Otra cuestión es el número de fuerzas armadas de que dispone el Estado, este año se aspira llegar a 130.000 efectivos, y el objetivo es incorporar cada año entre 2000 y 4000 hasta llegar a los 170.000 efectivos. La crisis abre la oportunidad para un debate sobre cuáles son los peligros y las amenazas que sufre la sociedad española para mantener un ejército sobredimensionado, y adaptarlo a las necesidades reales de la defensa del país. Un ahorro en este terreno pasaría por no incrementar con más soldados este año 2010, y planificar una reducción de tropas a partir del año próximo hasta una cifra más razonable de 50.000 efectivos.

Unas reducciones presupuestarias de este tipo permitirían liberar del orden de 8.000 millones € anuales al Estado, e irían por el camino iniciado por otros países europeos. Primero fue Grecia que anunció una reducción del gasto militar de 1.000 millones € para este ejercicio. Y ahora Angela Merkel acaba de anunciar un plan de ajuste para Alemania en el que incluye una reducción de 40.000 efectivos de sus fuerzas armadas en los próximos cuatro años. Italia y Francia han suspendido algunos proyectos militares.

Alguien aducirá que eso es arrojar más gente al paro (soldados y trabajadores de industrias militares). No si se planifica una conversión de las industrias hacia la producción civil y a los militares se los recoloca en la administración en servicios civiles. Ahora tenemos una Unidad Militar de Emergencias, pues se convierte en una Unidad Civil de Emergencias y se convertirá en más eficiente y más barata, pues no llevarán armas.

Una cuestión que se acepta de manera generalizada desde el ámbito político y económico más ortodoxo, es que el aumento de recursos destinado a gasto militar es una inversión productiva en términos de eficiencia económica. Falso, el gasto militar entorpece el crecimiento de la economía productiva. De una parte, porque genera endeudamiento público, el cual comporta inflación al impedir que se generen ingresos en las arcas públicas; por otra, porque impide que recursos monetarios, de bienes de equipo, de conocimientos tecnológicos y de mano de obra improductiva que consumen los ejércitos y la producción de armamentos, que destinados al sector civil generaría mayores beneficios, a través de los denominados “costes de oportunidad”.

A lo que cabe añadir, la dependencia y subordinación de la industria militar del Ministerio de Defensa de los estados, lo cual hace que las industrias militares no desarrollen preocupación por el control de costes, no produciendo economías de escala y encareciendo el precio final del arma, que sea cual sea su coste acabará siendo igualmente adquirida por el estado. Esto ocurre en el sector militar industrial español, dónde no hay competencia, ni control sobre costes. Un par de ejemplos: el avión EF-2000 tenía un coste inicial de 6.263 millones € hoy es de 10.795; y el avión A400M con un coste inicial de 4.442 millones €, ahora España deberá contribuir con 550 millones para financiar los gastos suplementarios (4.000 entre España, Alemania, Francia y Turquía) que los atrasos han producido. Ambos aviones fabricados por Airbus Military obedecen a cuestiones de estrategia política, pero no tienen ninguna de racionalidad económica.

Así, una parte de los recursos que se tendrían que destinar al desarrollo real y crear riqueza desde el sector civil, se dedican a un servicio público de ineficiencia económica y social. Esta inercia de considerar las fuerzas armadas y el gasto que ocasionan, como un servicio social y económicamente productivo hace falta que sea revisada. Y la crisis es una buena oportunidad para abrir el debate sobre las amenazas que se ciernen sobre el territorio español y la necesidad de mantener un gasto militar tan elevado.

Artículo original aquí.

Las FARC tras la presidencia de Álvaro Uribe

Las operaciones militares que marcaron historia en el gobierno Uribe y otros asuntos en seguridad.

Al día siguiente de asumir el cargo, 8 de agosto de 2002, el presidente Uribe viajó a Valledupar y lanzó allí su política de seguridad democrática, una estrategia que marcaría sus 8 años de Gobierno.

Hacer un balance sobre el estado actual de la Farc, tras ocho años de duro enfrentamiento con los gobiernos presididos por Álvaro Uribe Vélez es un desafío importante ya que las cifras disponibles no siempre son consistentes y las informaciones abiertas al público son fragmentarias, imprecisas y ocultan sesgos importantes. Pero lo es más porque existe siempre la tentación de formular conclusiones a cuestiones de alto interés nacional -¿es alcanzable la paz?- a partir de información que poco aclara la intención política de las partes en conflicto.

En todo caso, es necesario afirmar que la guerrilla de la Farc ha sufrido un debilitamiento sustancial en lo concerniente a su capacidad militar. Entre 2002 y abril de 2010, las estadísticas oficiales indican que se abatieron 13.703 guerrilleros, se produjo la captura de más de 36 mil insurgentes y la desmovilización de otros 18 mil.

Aún si las guerrillas contaran con la flexibilidad necesaria para renovar sus bases en un 84 por ciento (de cada 100 guerrilleros muertos, capturados o que abandonan sus filas se podrían incorporar 84 nuevos), según indica un estudio de la Universidad Nacional, éstos son jóvenes menores de 18 años, sin experiencia de combate o ideología. En tales condiciones, los nuevos reclutas serían indiferentes a engrosar las filas de cualquier grupo armado competidor – ‘Águilas Negras’, narcotraficantes, grupos delincuenciales, los cuales ofrecen condiciones de ingreso similares – lo cual pone en tela de juicio la solidez de sus vínculos con las guerrillas.

Algunos analistas estiman que las Farc sufrieron una reducción del 50 por ciento de su pié de fuerza en el período. De la misma manera, ha perdido la mitad de sus frentes de combate (de 66 a 33) y un número importante de cuadros medios, vitales para la conducción de la guerra. Adicionalmente, han caído en combate o han sido apresados por el Gobierno ocho miembros del Estado Mayor Central y tres del Secretariado, un fortísimo golpe a la estructura de conducción estratégica de esta guerrilla.

Como si fuera poco, el investigador Camilo Echandía estima que las Farc han experimentado una caída de ingresos del 60 por ciento desde 2002. Aunque ésta organización hace presencia en zonas de cultivos ilícitos, enclaves agrícolas y zonas de explotación petrolera y minera, no ha podido consolidar su dominio ni puede sostener operaciones militares prolongadas en ellas. También es evidente que las cadenas de aprovisionamiento logístico, las comunicaciones y el acceso a recursos para continuar la guerra han sido debilitadas.

Todo ello explica la urgencia del repliegue estratégico de las Farc, su retorno a las prácticas de guerra de guerrillas, el minado de extensos territorios, el recurso a francotiradores y a los ataques selectivos en un intento por desmoralizar a las tropas, en fin, su decisión de persistir en el sabotaje para presionar el pago de extorsión (25 atentados contra los oleoductos y 52 contra las torres de energía en los cuatro primeros meses de 2010).

Tras ocho años de guerra contra las Farc, ésta organización tiene no solo poco margen de maniobra militar y un muy reducido espacio de maniobra política, a pesar de su eventual presencia internacional.

Son pobres las perspectivas para esta organización vivan como pez en el agua. Lo trágico, como me lo advirtió un amigo, es que el país aún no cuente con un nombre para la victoria.

JAVIER TORRES V.
Coordinador Doctorado en Estudios Políticos, U. Externado

Fuente original de este artículo: EL TIEMPO.