DISCIPLINA MILITAR EN LAS AULAS

DISCIPLINA MILITAR EN LAS AULAS

J. Rada / D. Fernández

Las comunidades están aplicando medidas más duras para disminuir la violencia en los colegios. La nueva Ley de Menor permitirá ordenes de alejamiento para los alumnos acosadores.

¿Falta disciplina en los colegios españoles? Después de analizar las últimas medidas que están tomando las comunidades para mejorar la convivencia y disminuir la violencia en las aulas, la respuesta parecer ser clara: sí.

Para el Ministerio del Interior la situación también es preocupante. Hace unos días anunció la puesta en marcha en enero de un plan para reforzar la presencia policial en los alrededores de colegios e institutos. El objetivo, combatir el tráfico de drogas y las pandillas juveniles en los centros educativos.

NUEVAS MEDIDAS

Valencia: Plan Previ (prevención de la violencia en las aulas). Empujones, collejas, motes…cualquier manifestación de violencia queda reflejado en un registro del Gobierno regional.

Murcia: El año que viene se endurecerán los castigos. Dañar las instalaciones supondrá la expulsión durante cinco días. Agredir a compañeros y profesores y falsificar documentos académicos se castigará con un mes fuera.

Andalucía: Los colegios están obligados a avisar a los padres si sus hijos faltan.
Madrid: La Policía Municipal tiene agentes tutores en los centros más conflictivos. El Gobierno regional no ha puesto en marcha ningún tipo de medida excepcional.

País Vasco: Más profesores en los recreos, «el momento más propicio para el acoso», según el Gobierno vasco, que ha abierto la web www.ikasle.net/ para asesorar a alumnos y padres.

Cataluña: El próximo año la Generalitat pondrá en marcha una campaña de sensibilización para prevenir casos de violencia en los colegios. También facilita el cambio de centro a los alumnos que sufren acoso.

El 3% de los alumnos

SUFRE ACOSO

El 3% de los alumnos de la ESO (12-16 años) sufre acoso escolar o bullying, según un estudio del centro Reina Sofía. La mayoría de las víctimas son chicas (el 60%). Otro 8% reconoce que suele agredir a sus compañeros. El 90% de los acosados, no obstante, no calla: se lo dice a profesores o padres.

Nueva ley: ORDEN DE ALEJAMIENTO

El Consejo de Ministros ya ha aprobado en su fase inicial la reforma de la Ley del Menor, que aún debe ser refrendada por el Parlamento. Una de las novedades es que el juez podrá dictar una orden de alejamiento para que al alumno acosador no se pueda acercar a la víctima.

Dónde asesorarse Y DENUNCIAR

SOS Bullying, servicio creado por la Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza (93 301 29 13) y en la comunidad de Madrid, en la web www.acosoescolar.info, una iniciativa del Defensor del Menor.

¿Aquellos maravillosos años? La escuela, década a década

Lisa Valero (década de los 50-60)

«El trato siempre era de usted»

«Yo estudié en un colegio de monjas, llamado Loreto. Era una educación muy rígida, el trato siempre era de usted, pero no existía un castigo físico. Se trataba mas bien de un sistema de puntos, que se renovaba cada semana. Cuando una superaba sus puntos de castigo la enviaban al ropero para ayudar a las monjas, y te ponían un cero en todas las asignaturas de la semana. También te dejaban sin recreo al mediodía. Los profesores se implicaban más en los asuntos entre los chicos, eso es cierto, cuando se peleaban unos con otros en el recreo».

Sergio González (Década de los 60-70)

«Te daban muchos capones »

«Estudié en un colegio de curas, y la verdad, lo pasé mal. Los castigos consístían en capones o te tiraban de las patillas. Había mucha disciplina, pero no centrada tanto en el estudio, sino en cumplir sus normas de cara a la galería. En cuestión de enseñanza de idiomas era fatal, su fuerte consistía en la geografía y la historia. Para mí, que era tímido, el ambiente era demasiado opresivo. Además, no veías a una chica en la vida. Cuando alguien se portaba mal, naturalmente, pagaban justos por pecadores. El ambiente entre los chicos, eso sí, no era tan brutal como ahora».

Raquel Acuña (Década de los 80-90)

«No se te ocurría faltar al respeto»

«Fui a un colegio de monjas. Es cierto que era estricto, pero a nivel académico te inculcaban más conceptos que en otras escuelas. A pesar de todo, no eran muy estrictos con la religión, ya que yo era atea y no tuve ningún problema. Quien levantaba la voz contra una profesora era expulsado. En aquella época no se te ocurría enfrentarte a un profesor, como ocurre ahora, había más respeto. Creo que ello se debe a que fuimos una generación criada por nuestras madres».

«Prefiero la cárcel antes que ir a la escuela»

Quien habla así es Josep, un chaval leridano de 15 años. Durante mucho tiempo repitió esta frase a su madre, que creía que sólo era una excusa de su hijo para no ir al colegio. La verdad era muy distinta. Josep vivía su particular calvario: era acosado por varios de sus compañeros.

La trágica historia de Josep es pieza clave en el libro del periodista Javier Ricou, Acoso escolar (RD Editores). Ricou analiza las causas y las consecuencias del bullying. «Siempre ha habido acoso escolar. Lo que pasa es que ahora los jóvenes son más crueles porque la sociedad que les sirve de modelo es más cruel. Todos somos responsables: padres, profesores y medios», explica a 20 minutos.

GUÍA SOBRE EL ‘BULLYNG’

– Síntomas: Cambios en el estado de ánimo del chaval. Se muestra huidizo, con ansiedad, de mal humor. Evita salir a la calle. Finge enfermedades para no ir al colegio. Apenas tiene amigos para su tiempo de ocio.

– Consejos si eres víctima: Comunicar cuanto antes el maltrato, tanto a los padres como a la dirección del centro educativo. Si no eres víctima, pero eres testigo, hay que pedir ayuda. El silencio perpetúa el acoso.

– Consejos para los padres: Lo peor que se puede hacer es minimizar el problema pensando que es cosa de chicos. Nunca hay que desconfiar de lo que dice vuestro hijo. Si asegura que es acosado, acudid al profesorado.

CIENCIA Y RELIGIÓN

CIENCIA Y RELIGIÓN

Somos un grupo de docentes de todos los niveles educativos que estamos muy preocupados por el bajo nivel cultural en nuestra sociedad, los altos índices de fracaso escolar y la proliferación de telebasura.

Para salir de esta situación queremos traspasar los muros de las escuelas, los institutos y las universidades, llevando la cultura y la educación a ámbitos en los que hasta la fecha hemos estado ausentes, en los que nuestra dejadez ha privado a muchos ciudadanos del derecho universal a la cultura.

Como primer paso, queremos llegar a un acuerdo con las autoridades eclesiásticas para que nos cedan un diez por ciento del tiempo de las misas con el fin de que profesores especialistas en las distintas disciplinas puedan llegar más fácilmente a los creyentes mediante breves intervenciones didácticas.

Estamos estudiando cuál sería el momento idóneo para insertar en las misas contenidos científicos y culturales, tal vez inmediatamente después de la consagración o justo antes del padre nuestro.

Está claro que algunos feligreses podrían, con razón, objetar que ellos no tienen porqué aumentar sus conocimientos ni su cultura, ya que acuden a misa con el sólo fin de orar y escuchar la palabra de Dios.
Para solucionar este problema, y aunque pudiera parecer inconstitucional, a la entrada a la Iglesia les haríamos rellenar un formulario para que manifestaran su preferencia por la religión o la cultura.

Una vez identificadas estas personas, podrían abandonar en el momento adecuado la nave principal de la Iglesia y reunirse en las capillas laterales, la cripta o el salón parroquial. Con el fin de evitar agravios, estas personas podrían recibir durante ese rato charlas de carácter no cultural ni educativo pero muy relacionadas con los contenidos que se estén impartiendo en ese momento al resto de los fieles desde el altar.

Por ejemplo, los feligreses que no quieran repasar la tabla periódica, estudiarán los efectos perniciosos de los colorantes alimentarios, los que no quieran hacer ejercicios de educación física podrán ver un documental sobre la obesidad, y los que no quieran repasar los verbos irregulares ingleses podrían estudiar estadísticas sobre la importancia de hablar idiomas en el mundo moderno.

Los obispos nos han adelantado que no habría problema en computar el tiempo de cualquiera de estas actividades como tiempo equiparable al dedicado a escuchar la palabra de Dios, a la oración, a la contemplación, la penitencia o a la caridad y en ningún caso podrá discriminarse el acceso a la salvación eterna a los fieles en razón a sus preferencias religiosas o educativas.

Tampoco han puesto la más mínima objeción a la aparente contradicción derivada de que el contenido de las misas esté basado en la fe y las creencias, en contraste con la naturaleza científica y académica de los contenidos que habitualmente impartimos en las aulas.

En un primer momento, las clases se impartirían sólo durante las misas obligatorias de los domingos y fiestas de guardar, para más adelante extenderse a otros actos religiosos de asistencia no obligatoria como bautizos, bodas, comuniones, funerales, ejercicios espirituales, ordenaciones sacerdotales e incluso ceremonias de canonización o beatificación.

Pero, ¿de dónde saldría el dinero para pagar al profesorado que trabaje los domingos?. Sin duda alguna de los donativos que los fieles depositan en los cepillos, del porcentaje de impuestos destinados al sostenimiento de la Iglesia Católica o, en general, de los presupuestos de la Iglesia.

Para garantizar la calidad de las enseñanzas impartidas, nuestra asociación gestionaría directamente el dinero aportado por la Iglesia y con él contrataría a profesores de sólida formación pedagógica y científica que se encargarían de impartir las clases durante las misas.

Naturalmente, dado el carácter eminentemente laico de las clases, no dudaríamos en despedir fulminantemente a aquellos profesores que no mantuvieran una coherencia laica entre su vida profesional y personal haciendo cosas como casarse por la iglesia, acudir a misa semanalmente o participar en cualquier tipo de actos religiosos.

Finalmente, llevaremos nuestras negociaciones hasta el mismo Vaticano, con cuyas autoridades firmaríamos un Concordato que garantizara la continuidad de nuestra noble tarea docente en las iglesias durante los años venideros.

LA IGLESIA POLARIZA A ESPAÑA -Vicenç Navarro

LA IGLESIA POLARIZA A ESPAÑA

El rechazo eclesiástico a la reforma educativa sólo persigue mantener a ultranza privilegios de clase

Una característica de la educación primaria y secundaria en España es su polarización por clase social. En general, el 30% de la población, de renta superior (burguesía, pequeña burguesía y clase media profesional de renta alta), envía a sus hijos a las escuelas privadas, mientras que el 70% restante (clase trabajadora y clase media de renta media y baja) los matricula en la escuela pública.

Ni que decir tiene que existe permeabilidad entre los dos tipos de centros escolares, de manera que hay niños de las clases pudientes que van a la pública e hijos de las clases populares que van a la privada. Pero, en general, hay una separación clara entre la escuela privada y la escuela pública en España, según la clase social de los niños a los que sirven. La escuela española es, pues, altamente clasista.

En realidad, según el último Informe Pisa sobre los sistemas educativos de los países de la OCDE (el grupo de mayor desarrollo en el mundo), España es uno de los países en los que la clase social de las familias tiene mayor importancia a la hora de configurar las oportunidades educativas de sus hijos. Es más, el mismo estudio señala que esta acentuación de la división social es una de las causas más importantes del escaso desarrollo educativo español.

Esta polarización social de la escuela se reproduce como resultado del enorme poder político y mediático del 30% de renta superior del país y de los poderes fácticos afines a este sector de la población, entre los cuales la Iglesia católica juega un papel clave: posee el 70% de los centros de enseñanza privada en España.

Esta identificación de clases pudientes e Iglesia ha sido una constante en la historia de España, lo cual explica la hostilidad que grandes sectores de las clases populares han tenido históricamente hacia la Iglesia católica. Sólo cabe recordar que los condenables incendios de iglesias y conventos, que tuvieron lugar los días después del golpe militar en 1936, fueron consecuencia del conocido apoyo que le prestó la Iglesia española, que interrumpió un Gobierno popular, democráticamente elegido, que había introducido el derecho a la educación y convertido la escuela pública en el centro de la enseñanza (hasta entonces controlada en su buena mayoría por la Iglesia).

LA POLARIZACIÓN social de la educación reproduce así la estructura de clases del país. La mayoría de los grandes empresarios, banqueros, directores y gerentes de las cajas de ahorros, legisladores, altos funcionarios de la Administración, miembros de las Academias Reales, periodistas y creadores de opinión, entre otros (lo que en terminología anglosajona se llama el establishment) son productos de las escuelas privadas (y envían sus hijos a las escuelas privadas), mientras que la gran mayoría de sindicalistas, trabajadores y miembros de las clases populares han sido educados en las públicas. La escuela consolida de este modo una de las estructuras sociales más rígidas y con menos movilidad social existentes hoy en la Unión Europea de los Quince.

Los recursos por alumno son un 32% mayores en las escuelas privadas de la Iglesia que en las públicas, y ello, en gran parte, debido a las subvenciones que las primeras reciben del Estado (2.700 millones de euros al año). Estas ayudas son justificadas por parte del Estado y por parte de la Iglesia, por, entre otras razones, la necesidad de garantizar con fondos públicos el derecho de los padres que deseen dar formación religiosa católica a sus hijos. Es éste un derecho escrito en la Constitución española como consecuencia de la enorme influencia que las fuerzas conservadoras tuvieron en el proceso de transición de la dictadura a la democracia (un derecho inexistente en gran parte de las constituciones de los países democráticos vigentes en el mundo), y que el Gobierno socialista respeta continuando tal financiación.

El punto al que la Iglesia y las clases pudientes (y los instrumentos políticos de las derechas, desde el Partido Popular en España a los nacionalistas conservadores en Catalunya) se oponen con gran agresividad es a que se tomen medidas para que se diluya la acentuación de la división social de la educación española (que se basa en la selección por parte de las escuelas privadas del alumnado por clase social), impidiendo que tales escuelas privadas continúen escogiendo a sus alumnos –excluyendo a niños de las clases populares, incluidos los inmigrantes (que necesitan mayores recursos para su integración)–, tal como está ocurriendo hoy.

ÉSTA ES LA cuestión clave de la conflictividad presente. Es una lucha de clases encubierta en la que la Iglesia, una vez más, defiende a ultranza sus privilegios. La mal llamada escuela privada (la auténticamente privada es únicamente un 5% de toda la escuela en España) está financiada públicamente y antepone los intereses particulares sobre los generales, no actuando como un componente del sistema público educativo.

Por otra parte, el bajo gasto público en educación es también consecuencia del poder de las clases pudientes (que envían sus hijos a la escuela privada y que se oponen a pagar más impuestos para aumentar el dinero público invertido en educación), y que creen erróneamente que no les afecta la escasez de recursos de la enseñanza pública. En realidad, la calidad de la escuela privada concertada depende de la calidad que posea la pública, tal como señala el Informe Pisa. La reforma educativa de los gobiernos progresistas tiene que, además de incrementar sustancialmente el gasto público en educación, eliminar esa polarización social que está reproduciendo una estructura totalmente clasista que afecta negativamente la calidad del sistema educativo.

Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

El Periódico, 15/11/05

LA ESCUELA LAICA según Puente Ojea

GXXI: Ud. critica la capacidad de elección de la educación por parte de los padres ¿quién se tiene que encargar de ello?

P. O.: Lo que hay que crear es la escuela laica. El laicismo es la columna vertebral del progreso de este país. Y yo añadiría, aunque con mucho menos valor, el republicanismo, que es la forma democrática. En Grecia no hay palabra para república, es demokratía, la democracia es la república. Laicismo y republicanismo. ¿Y qué es el laicismo? La separación absoluta entre confesiones religiosas, iglesias y Estado.

Como esto aquí no sólo no se ha progresado, sino que se ha ido marcha atrás, evidentemente, los padres, al arrogarse ese derecho de optar por la educación de sus hijos, están creando ya una situación psíquica que hace que el niño, conforme va creciendo, tiene el impulso, la energía que le da una serie de creencias míticas pueriles. En un mundo, ahora, donde la escuela y la universidad ya están totalmente dominadas otra vez, es muy difícil poner en cuestión el sistema. Pagas un precio tan caro, en tu porvenir profesional… el silencio se impone porque el hablar se paga carísimo. Yo creo que una Declaración de Derechos Humanos no puede decir “los padres tienen un derecho preferente a elegir la educación de sus hijos. Porque hay un derecho de los hijos. Cuando ha salido del útero, el hijo es un sujeto de derechos, pero hay algunos derechos que, por su condición biológica, ese sujeto de derechos no puede actuar, son, por decirlo así, derechos durmientes. El Estado, la comunidad, las instituciones públicas, tienen que crear una escuela no para educar a los niños, sino para darles la instrucción -que es otro concepto- y la información básica que el resultado de la investigación científica ha puesto en nuestras manos. Dársela. En forma neutral, incluso explicándole las opciones éticas. Y eso tiene que ser la escuela pública, universal y gratuita. Y el que no quiera esa escuela, porque no se puede imponer, va a la que quiera, pero se la paga usted. ¿Por qué la Declaración … incluye artículos como ése? En esa organización de Estados que se llama Naciones Unidas, los dos tercios, y me quedo muy corto, son patriarcalistas, fideístas, retrógadas, con una idea de Dios verdaderamente dogmática y autoritaria.

http://www.generacionxxi.com/ojea.htm

EL FALSO CRATES

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El mito de la “promoción automática” o cómo la derecha ha conseguido colar su discurso educativo

El falso Crates

José Emiliano Ibáñez – Profesor integrante de Concejo Educativo de CyL y del Foro Social de Palencia

¿Por qué el discurso conservador y clasista ha calado en ciertos sectores progresistas e incluso algunos que se consideran radicales de izquierda?

Mientras que algunos medios de comunicación y gentes más o menos progresistas se resisten, con buen criterio, a tomar como cierta la información interesada que da la derecha, cuando se habla de educación se cree a pies juntillas casi cualquier cosa con el mismo origen. Uno de los ejemplos más sangrantes es el de la “promoción automática”, escogida por el PP como pretendida evidencia de que había que reformar el sistema educativo (reformar “hacia atrás”: y nuestro atrás es el franquismo). Si eso fuera cierto tal como lo cuentan: ¿por qué hay alumnado repetidor? ¿por qué en torno a un tercio de estudiantes no obtiene el título de la ESO, que es una enseñanza obligatoria?. Si resulta que periodistas y gentes del común fácilmente tienen familiares o amistades cuyos hijos o hijas repiten curso, ¿cómo pueden repetir tal inexactitud o abierta falacia? Lo que llamaban “promoción automática” era la organización de la educación primaria y primeros dos cursos de la ESO en ciclos de dos años, por lo que no se repite en el primer curso del ciclo, pero sí en el segundo [1]. En este aspecto, una ley tan reaccionaria como la LOCE, del mismo PP, el cambio que introducía era que el primer ciclo de la ESO pasaba a considerarse dos cursos independientes y, por tanto, se podía repetir en los dos; en Primara, los ciclos quedaban igual. O sea, que dejaban lo que llamaban “promoción automática” igual en casi todos los casos, pero ya no lo llamaban así, pero consiguieron que se dijese en los medios: “se acabó la promoción automática” decían incluso en los medios de comunicación menos afines al PP). Sorprendente. [2]

La educación tiene numerosos y graves problemas: los aprendizajes resultan insuficientes, son mayoritariamente academicistas y superficiales, sigue predominando la memorización y el ejercicio más o menos mecánico y troceado sin aplicación vital ni práctica, falta la elaboración personal, escasea (cuando no se combate) la colaboración, el sentido crítico y la acción colectiva… y los excluidos escolares son, en mucha mayor proporción, los de las clases populares. ¿Se habla de todo ello como problemas educativos? No: la derecha, con los sectores corporativistas al frente, ha impuesto que sólo se indigne la opinión pública ante la “falta de esfuerzo” y la conflictividad en las aulas.

A uno, como profesor, le gustaría que el esfuerzo fuese mayor y el ruido menor, pero, de ahí a que se desvíe toda la responsabilidad al alumnado y sus familias, va un abismo. ¿Es la solución excluir a quien le cuesta más trabajo estar motivado o tiene menos apoyo en casa? ¿Es la solución hacer aún más selectivo el sistema escolar? ¿Es la solución aumentar la obediencia acrítica del alumnado? Sí, es la “solución” para que quienes tengan éxito académicos queden con las vías despejadas, y el sistema educativo y la sociedad deje claro que en el fracaso sólo interviene la responsabilidad individual, olvidándonos de la obligación de promover la igualdad social. Es la “solución” para quienes quieren un sistema todavía más individualista y clasista.

Pero no hemos respondido a la pregunta inicial ¿por qué este discurso conservador y clasista ha calado en sectores progresistas e incluso pretendidos radicales de izquierda? Algunas cuestiones pueden ayudar a explicarlo:

La manipulación de los problemas reales y la idealización del pasado. Los sectores conservadores han utilizado un desinterés y los problemas escolares para llevar la situación a su terreno. Han utilizado algo que es verdad, como que el esfuerzo tiene importancia, por ejemplo, para sacar la conclusión interesada de que entonces no hay que hacer más, ni hay que cambiar los métodos, ni hay que mejorar los recursos, ni hay que trabajar de otra manera porque el que quiere estudiar estudia y el que no, no. Hay una simplificación interesada también cuando se echa toda la culpa a la LOGSE; hemos hecho importantes críticas a esta ley (no las mismas que la derecha, por supuesto), pero decir que la LOGSE tiene la culpa de la falta de interés, de la falta de esfuerzo… ¿es que la sociedad actual es la misma que la de hace unas décadas? ¿es que nadie se acuerda del fracaso de los primeros cursos de la FP en el anterior sistema? ¿y de la población que no estudiaba?

Un cierto `elitismo’, más o menos disimulado: hay profesores/as que quieren hablar de la igualdad social en clase… pero sólo con quienes encajan en un determinado perfil académico, sin el alumnado que sufre la desigualdad en su propia vida, y que quizá como efecto de ello tiene más dificultad para seguir una educación no pensada para él. A veces, bajo una argumentación izquierdista se intuyen olores nostálgicos o corporativos.

El `mi-hijismo’: llamemos así a considerar que el verdadero progreso social empieza por los propios hijos/as y pensar en términos como “sí, el colegio es de monjas, pero les exigen mucho…”o “mejor en el Instituto X, que va a estar en un mejor ambiente…”. Seguramente no resulta ajeno a esta realidad otra más general: la instalación en el individualismo y la renuncia a una verdadera mejora colectiva.
La voz dominante es la de quienes tuvieron éxito escolar y disfrutan de una posición social asentada. Parece mentira que alguien pueda idealizar una educación como la franquista… pero se está haciendo, a menudo con la idea de “a mí me fue bien, luego debía funcionar bien”: ¿miramos la proporción de gente que no estudió más allá de la primera escolaridad? ¿miramos los índices de lectura de la población que se educó en el franquismo -de toda la población, no del círculo de amigos/as licenciados/as-? En cambio, no se oye, igual que en otros temas, la voz de las familias que, aún intentándolo, se encuentran que es la escuela tradicional la que no responde a sus demandas, y que encima les echa la culpa del fracaso escolar de sus hijos. Recojamos una de estas voces (real y contundente): “Si ellos enseñan a una, porque una no ha aprendido casi nada en la vida, nada más que trabajar, pero una quiere lo mejor para nuestros hijos y viene del colegio y dice mamá y esto, y qué te explico yo, si yo sé menos que tú, porque los de antes sabemos hasta que están en segundo o tercero, ya no sabemos explicarles nada; la primera cartilla se la he enseñado a todos mis niños, pero ya nada más. Que los maestros se esfuercen más con los niños, y los niños también y las familias; que ayudamos en todo lo que podemos, pero los que estamos trabajando todo el día y los padres, que vienen de trabajar y se bañan y se tiran en el sillón, y trabajar en la calle y en la casa y con los niños, y no podemos con todo.” ¿Hemos visto reproducidos mensajes similares en algún medio de comunicación? Los Muñoz Molina y los Javier Marías, por ejemplo, ¿tienen amistades en su círculo que les informen de estos ángulos de la realidad? ¿por qué se permiten hacer generalizaciones a partir de lo que les cuenta algún familiar o conocido/a que trabaja en educación, sin documentarse, sin ese rigor que echan en falta en el alumnado?

Las contradicciones internas y limitaciones de reformas que fueron sólo educativas y de carácter muy moderado, enmarcadas en contextos neoliberales (como fue el caso de la LOGSE). Aquí habría mucho que hablar, pero resumámoslo en lo denuncia que hicimos en los primeros noventa: eran del gobierno del PSOE, pero la orientación de la reforma la dieron los socialdemócratas, la escribieron en el BOE los tecnócratas y la financiaron los neoliberales que, además, orientaban la cultura social con aquello de que España era el país en que uno más fácilmente podía enriquecerse (como dijo Solchaga). Estas contradicciones laminaron parcialmente el discurso progresista.

¿Y qué pasa con la actual reforma promovida por el PSOE? La LOE elimina bastantes de los elementos más reaccionarios de la LOCE, pero se queda corta: los cambios han de ser de mayor calado y en una línea de defensa radical de la educación pública. Es decir, no resulta criticable por lo que afirman los sectores conservadores, sino más bien por lo contrario, y en contra de lo que ciertos discursos vienen defendiendo.

Más información Diversos análisis y propuestas en torno a la educación pueden verse en www.concejoeducativo.org

[1] También se promociona si ya se ha repetido y no se aprueba, pero, en este caso con las áreas pendientes.

[2] Otros cambios eran de mucha mayor trascendencia (itinerarios, favorecimiento de la privada, etc.), pero no sólo se trata aquí de mostrar, como ejemplo, la falsedad de un mito concreto.