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NI UN EURO, NI UNA PALABRA, NI UNA VIDA MÁS PARA LAS GUERRAS. NO EN MI NOMBRE.
Yolanda jb / Sábado 29 de julio de 2006
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AUTORA: Alicia Barbero Domeño

La tendencia del ciclo armamentístico internacional de estos últimos años muestra un aumento del gasto militar mundial a unas cifras que ya superan el billón de dólares y se sitúan en los mismos niveles que la Guerra Fría. Por otro lado, la política de exportaciones de las principales potencias también muestra una tendencia al alza, y es desalentador conocer que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU acumulan el 88% de estas. Otro aspecto a sumar es la proliferación ilícita de armamento ligero sin ningún tipo de legislación que controle este tipo de exportaciones.

Además, recientemente, la campaña “Armas Bajo Control” publicó un informe denunciando las violaciones de embargos de armas impuesto por Naciones Unidas durante la última década, sin haber llevado a tribunales a ninguno de sus infractores.

Esta tendencia armamentística mundial muchas veces viene justificada dentro del actual marco de la lucha antiterrorista cuando hasta el momento no se ha demostrado que la estrategia óptima de combatir este problema sea la militar.

Diversos organismos internacionales alertan que la inversión en gastos militares a nivel mundial es de media diez veces más que los gastos en ayuda humanitaria, dieciocho veces más que la ayuda al desarrollo transferida al tercer mundo desde los países de la OCDE (los económicamente más desarrollados) y siete veces más grande que los pagos que se exigen a los países del Sur en concepto de servicios (intereses y amortizaciones) de la deuda externa. Es decir, pareciera ser que los derechos básicos quedasen supeditados a cuestiones de defensa y de militarización. Esta tendencia de comportamiento que manejan los gobiernos plantea una concepción militarista de la seguridad que olvida por completo los paradigmas de seguridad humana promulgados hace una década por el PNUD, centrados en la satisfacción de las necesidades básicas y diarias de la población y en la expansión de sus oportunidades y libertades fundamentales.

El Estado Español, aunque no es uno de los países europeos que más destina en defensa, también se incluye en esta tendencia mundial militarista: su inversión en gasto militar estaría en torno al 2% de su PIB y dedica un 26% del total del fondo para I+D presupuestado para este año mientras que para grupos de investigación de las Universidades y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dedica sólo el 9’2%. España es el segundo país que más porcentaje de su PIB destina a I+D militar, superado únicamente por los EEUU, mientras que estamos a la cola de países europeos en la inversión de educación, salud, cooperación al desarrollo, entre otros.

Pero por suerte, este actual y desalentador panorama que predomina en las altas esferas de decisiones políticas coexiste al lado de los inmensos esfuerzos ciudadanos que desde hace años de un lado a otro del mundo cuestionan esta concepción militarizada de la seguridad. Es esperanzador el incremento de iniciativas ciudadanas que realzan una seguridad basada en asegurar los derechos básicos y libertades fundamentales a la mayoría de la población. Por tanto, al lado de esta falsa concepción de la seguridad que nos imponen, siempre han convivido prácticas que hacen avanzar, por un lado, hacia la regulación del ciclo armamentístico y de proliferación de exportación de armas (la campaña Armas Bajo Control liderada por AI, IANSA y Oxfam sería un ejemplo), la existencia de códigos regionales vinculantes de control de exportaciones de armas, o el impulso a conseguir en el presente año la implementación de un Tratado Internacional de Comercio de Armas. Por otro lado, se incrementan las prácticas de desobediencia ciudadana a mantener las estructuras y gastos militares en los países mediante campañas de objeción de consciencia, objeción fiscal a los impuestos de guerra... insumisión a los ejércitos, así como de denuncia a la investigación armamentista, a la ocupación del cuerpo, mente y territorio, a la militarización de las fiestas y la vida civil tanto en tiempos de guerra como de paz.

Todas estas iniciativas pasan desapercibidas cuando están marcando otras concepciones de seguridad así como plantean estrategias diferentes de prevenir y/o resolver los conflictos, ambas desde una perspectiva humana y constructiva. En conclusión, las voluntades políticas deberían desempeñar un mayor papel en escuchar, promocionar y incorporar en sus decisiones los puntos de vista de todas estas iniciativas pacifistas y feministas que se fundamentan en el reconocimiento de las necesidades y fragilidades de las personas y de sus territorios como punto de partida para promover la sostenibilidad de la vida y el planeta. Desde una visión a largo plazo e incorporando las voces de mujeres palestinas, grandes víctimas de una doble militarización, “es importante la denuncia continuada en la oscuridad, pero a la vez, encender velas sin parar que nos guíen el camino para un mañana donde nuestras hijas e hijos puedan vivir en paz y con dignidad”.

Escola de Cultura de Pau (UAB)

Dones x Dones

FUENTE: Escola de Pau


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